La ejecutiva de Kimberly-Clark que lidera un área global desde la Argentina
Negocios

La ejecutiva de Kimberly-Clark que lidera un área global desde la Argentina

Por Eugenia Iglesias 11 de Enero 2018

La historia profesional de Cecilia Molina (43) tuvo varios momentos de quiebre. Ingeniera en Sistemas, es oriunda de San Nicolás y tuvo su primera experiencia en Techint, donde ingresó como pasante y luego se incorporó definitivamente al equipo, en el que estuvo ocho años, hasta que una tarde al volver a su casa se encontró con que alguien le había robado todos sus ahorros. Con el objetivo de recuperar lo más rápido posible ese dinero, aceptó una oferta laboral en México y dejó todo. Estaba convencida de que tenía que empezar de nuevo.

 

Mientras tanto, Kimberly-Clark había decidido traer la operación de América latina de IT a la Argentina y necesitaba alguien que liderara este nuevo equipo. “Yo no tenía la experiencia, pero les dije que les iba a demostrar que era la persona indicada”, recuerda. Fue así como volvió al país y se puso a cargo de todo el equipo técnico. Un grupo nuevo, que tuvo la posibilidad de formar desde cero, con tan buenos resultados que al tiempo decidieron sumarle la operatoria de Europa y los Estados Unidos. Fue en ese momento cuando, embarazo de por medio, Molina recibió su primer ascenso.

 

“Tenía clarísimo que quería hacer carrera. Me gustaba IT y me gustaba liderar gente”, asegura. La ingeniera estaba en la cresta de la ola. Sin embargo, al tiempo recibió su segundo batacazo. Con 34 años le ofrecieron promoverla a directora y manejar las operaciones a nivel global. Significaba convertirse en la directora más joven de la historia de IT en la empresa, una oferta que no podía rechazar. Pero el puesto requería ir a vivir a los Estados Unidos y, al consultarlo con su pareja, la negativa llegó enseguida: “El headquarter para Sistemas queda casi en el límite con Canadá. Le dije a mi marido que iba a poder esquiar y dedicarse a las cosas de la casa. Le propuse encargarse de lo que suele encargarse una mujer. Pero su vida no era esa”. Tuvo que decir que no y pensó que se cerraba cualquier tipo de posibilidad de carrera a futuro.

 

Tres años después, apareció una nueva búsqueda, esta vez como directora para el mercado latinoamericano y que podía hacerse desde Buenos Aires. “Apliqué y perdí contra alguien mejor que yo. Le pregunté al CFO cuáles habían sido las razones, todas válidas, y le pedí que me dijera qué tenía que hacer para ser la próxima”. Su capacitación implicaba viajar a Costa Rica y esta vez llegó a un acuerdo familiar en el que ella estaba tres semanas afuera y una en casa hasta que terminara la formación. Ya eran dos los hijos a cuidar y, con su marido, armaron una red para que todo funcionara.

 

Con esa experiencia ganada logró alcanzar su posición actual, de directora de Sistemas de Finanzas, Recursos Humanos y Legales a nivel global. “Tuve que esperar bastante, pero llegó. El mismo puesto que pude haber tenido a los 34 lo tuve a los 41. Pero sé lo que quiero y lo que no en cada una de mis decisiones, aunque obviamente sé que todo lo que elija va a tener consecuencias que no siempre van a ser rosas”, admite.

 

Inmersa desde la universidad en un mundo tradicionalmente poblado por hombres, Molina asegura que se hizo lugar gracias a la perseverancia. Se trata, según la ejecutiva, de tener en claro las debilidades propias y ponerlas sobre la mesa para luego demostrar que se puede estar a la altura de los desafíos. “Acá es algo muy de talento. A veces pienso que las mujeres no avanzamos tanto por los paradigmas que nos ponemos solas. A mi hija Julieta siempre la motivo a que sea emprendedora y que elija ser lo que quiera ser. Yo, en esta decisión, obviamente perdí algo. Perdí tiempo con mis hijos, pero también les di un montón de cosas: que cada uno tiene que hacer su carrera, que nada viene de arriba, que una mujer puede ser ingeniera, cabeza de compañía, y tener una familia”.

 

Insiste en la idea de que el crecimiento no está cruzado por el género, sino por el talento y las decisiones personales, y admite que ve a muchos de sus compañeros hombres sufrir tanto como ella cuando viaja y extrañan a sus familias. Sin embargo, destaca que las compañías deben reconocer que la mujer tiene una realidad distinta y, especialmente con la maternidad, van a tener nuevas necesidades: “Reconocer que esas cosas les pasan a las mujeres y poner esa realidad dentro del día a día”. Ella vivió algunas políticas dentro de Kimberly-Clark que, asegura, facilitan el crecimiento de las madres dentro de la organización, como trabajar menos horas progresivamente según la edad de su bebé y poder elegir no viajar o hacerlo, llevando a un acompañante y a su hijo para seguir amamantando, con los gastos cubiertos.

 

Por último, destaca que alienta, tanto a las mujeres como a los hombres de su equipo, a planificar su carrera y tener en claro qué es lo que quieren para que puedan balancear sus prioridades y seguir creciendo en la corporación: “Ponemos lo personal en la discusión. La clave es que se reconozca al que quiere y al que no quiere seguir creciendo y ayudar a que la gente pueda poner ese plan de carrera. Y saber qué dejás y qué no en ese viaje”.

 

La versión original de este artículo fue publicada en la edición 287 de Revista Apertura. Enterate cómo conseguirla acá.
 



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas