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Inversiones: vuelven las cláusulas de arbitraje internacional para zanjar diferencias comerciales

Por *Martín Elizalde 12 de Enero 2016

Una de las mayores demandas que se le hizo al gobierno anterior, y que en principio parecería que se modificará en el actual, es la necesidad de lograr un mayor flujo de inversiones externas para motorizar el crecimiento y el desarrollo.

En ese sentido parecen ir varias de las medidas que se tomaron en los primeros días de la administración Macri, y sería esperable que en un tiempo prudencial las inversiones externas realmente comiencen a crecer.   

En caso de que se generen conflictos comerciales entre los capitalistas extranjeros y sus socios argentinos, la justicia local no entusiasma en términos de celeridad de procesos y agilidad para el uso de pruebas varias.

Este factor puede resultar una barrera. Debido a eso, los especialistas sugieren la inclusión de cláusulas arbitrales en los contratos respectivos, para someter diferencias a tribunales de árbitros más especializados y más ágiles.

Dichas cláusulas no son algo nuevo, dado que ya se utilizaron en la ola de inversiones de los años 90´ y también luego en las que, en menor medida, siguieron llegando. La novedad, ahora, es que las pruebas que se deben analizar y presentar, frente a dichos conflictos, no son más de papel sino digitales. 

Prueba digital

Hoy en día, más de un 90 % de la documentación comercial es digital. ¿Cómo y dónde se recolecta, preserva y produce? Simple, los arbitrajes actuales conllevan informes de peritos informáticos, quienes son los que colectan la evidencia.

En  el país, esta recolección se puede hacer in situ, en los ordenadores o servidores de la partes en conflicto, o remotamente, accediendo a servidores externos. Gran parte de la documentación que fluye entre las partes en un contrato está, lógicamente, en la nube.

Para que dicha información sea válida, se debe respetar la cadena de custodia de los documentos que se sometan ante el tribunal arbitral. La cadena de custodia es análoga a una bitácora en la que se registra minuciosamente el tratamiento de la información digital: personas involucradas, herramientas informáticas utilizadas, etc. Eso se debe realizar con las herramientas y tecnología adecuadas, algo que ya está disponible en nuestro país.

Que dichas definiciones estén claramente enmarcadas en los contratos entre las empresas inversoras y las locales no es solo algo que puede facilitar la resolución de conflictos a través de tribunales internacionales, sino también una vía para facilitar dichas inversiones, en una nueva era, como es la era digital.



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