Horst Paulmann:
Negocios

Horst Paulmann: "Con un mercado abierto, la Argentina subiría como espuma"

El empresario chileno, CEO de Cencosud, explica por qué cree que su "amigo Guillermo" (por Moreno) no está en lo cierto. 

23 de Julio 2012




Mónaco.- La vida de Horst Paulmann -CEO de Censosud- bien podría servir de guión para una película sobre crisis, oportunidad, caída y despegue. En una palabra: entrepreneurship, en su más pura acepción. Tras una huida, al mejor estilo de la familia Von Trapp (protagonistas de “La novicia rebelde”) de su Alemania natal, los Paulmann aterrizaron a fines de los ’40 en América latina. Primero, en la Argentina (Ingeniero Maschwitz, Provincia de Buenos Aires) del primer gobierno de Juan Domingo Perón. Un año más tarde, el hambre de progreso de su padre los llevó a Temuco, ciudad chilena de más de 30.000 habitantes y 670 kilómetros al sur de Santiago, donde gerenció el restaurante Las Brisas. Nada hacía pensar, entonces, que ese “pequeño bar’, como lo denomina “Don Horst” –así lo llaman sus colaboradores–, sería la piedra fundacional de un imperio de retail que, 72 años más tarde, está presente en cinco países de la región, emplea a más de 140.000 personas, factura más de US$ 15.500 millones anuales y, desde fines de junio, cotiza en Wall Street. Al calor del sol monegasco, el empresario dialogó en exclusiva con APERTURA. Cuenta cómo se hace para crecer en uno de los entornos económicos más inestables del mundo, repasa su experiencia regional y explica por qué le tiene una fe casi ciega a la Argentina.

Tras su arranque en el sur de Chile, se decidió, a fines de los ’70, a abrir un hipermercado. ¿Cómo surgió esa idea?

La traje de un viaje a Alemania. Durante el gobierno de Salvador Allende, habíamos sido expropiados. Aproveché el tiempo para viajar a Europa y me encontré con los Carrefour y las grandes cadenas de hipermercados europeos. Y, ahí, supe: este es mi sueño.

¿Qué le hizo pensar que el concepto podía llegar a funcionar como modelo de negocios en el Chile de esa época?

Como emprendedor, hay que tener un sueño. Y yo, simplemente, supe que ese era mi sueño cuando vi cómo funcionaban en Europa. Por eso, cuando volví, me puse a construir dos hipermercados en Chile, que funcionaron fabulosamente bien. Pero Chile era tan pobre en ese tiempo que no había lugar en dónde poner un tercero. Y ahí fue cuando dije: “Vamos a la Argentina”.

CENCOSUD¿Cómo supo dónde abrir su primer negocio en la Argentina?

Alquilé un helicóptero, sobrevolé todo el país, todo Buenos Aires, para ver cuál era una buena ubicación y, en 1981, iniciamos la construcción del Parque Almirante Brown, en Lugano. Una semana antes de la apertura, invitamos a todos los supermercadistas para que conozcan el lugar. Y escuché que algunos decían: “El alemán se va a estrellar; le vendieron un terreno imposible”. Sin embargo, fue uno de los lugares que más éxito nos generó y que incluyó tres ampliaciones. Con esa experiencia de base, empezamos, luego, a construir el Unicenter. Pero, cuando estábamos a media construcción, se vinieron el Plan Austral, el Plan Primavera... Fue una época complicada para nuestros comerciantes. A pesar de todo, funcionó muy bien y, hoy, ya llevamos 30 años en la Argentina. Realmente, para mí, fue lo mejor que me pudo haber pasado, llegar a la Argentina, como la primera compañía chilena.

Quiere decir que conoce los altibajos de la economía argentina a la perfección y en todas sus posibles formas. Con ese expertise, ¿cómo ve hoy al país?

Ayer, me preguntaron aquí, en Mónaco, en dónde hay que invertir en América latina. Mi respuesta fue: “En la Argentina y en Brasil”. Aunque ellos me cuestionaron que ni la Argentina ni Brasil crecen como antes.

¿Qué les respondió?

Les dije que, en los países de América latina, la economía siempre sube y baja. Nosotros estamos muy contentos con nuestras vivencias y seguiremos invirtiendo. La última muestra es el Jumbo que abrimos, ahora en junio, en Quilmes. Y, a futuro, seguiremos abriendo todos los meses dos o tres nuevos locales.

Inaugurar un Jumbo, en estos días, en la Argentina, con un cepo cambiario, con restricciones a la exportación y a la importación, es una muestra de confianza. Sin embargo, no todos los empresarios extranjeros lo ven así y aducen que las actuales no son las mejores condiciones para invertir. Usted tiene trato con el Gobierno. ¿Qué respuesta recibe cuando trata de transmitir esas dudas?

Hoy, estamos en Mónaco, con 59 emprendedores que están entre los mejores empresarios del mundo. Y, de este grupo, que participe un argentino (N.d.R.: por Marcos Galperín, fundador de MercadoLibre) me da una tremenda alegría y es una muestra de excelencia de la que la Argentina es parte. Eso prueba que su país está para mucho más. Sin embargo, el hecho de cerrar las importaciones, es, a la larga, negativo porque la gente deja de invertir. No es nuestro caso, porque seguiremos invirtiendo. Pero la Argentina tiene que moverse como un mercado libre y, créame, entonces, la economía subirá como espuma. Somos gente de trabajo y nos enfrentamos a una posibilidad tremenda. Y creo que mi amigo Guillermo (N.d.R.: por Moreno, el secretario de Comercio) está tomando el camino equivocado.

Cencosud no se queda quieto y va por más. ¿A qué apunta para el corto plazo?

Nuestras inversiones en otros países nunca se fijan en el corto plazo. En 1981, Rolf Stocker, el ex gerente del Deutsche Bank, me dijo: “Señor Paulmann, si usted viene a la Argentina, no lo haga para invertir y volver con su plata a los tres o cuatro años. Tiene que hacer un plan de inversión a largo plazo. Y, después de esos 10 años, haga otro más, por otra década”. Y, así, lo hacemos: vamos a los países para quedarnos. Como chilenos, con un país extraordinariamente chico, estamos obligados a salir al exterior. Por eso, no venimos a hacer la plata fácil o rápida. 

La inflación es, hoy, nuevamente una de las principales preocupaciones para gran parte de analistas y economistas independientes. ¿Cuánto temor tiene a que pueda quedar fuera de control?

Realmente me preocupa y mucho. Entre los cinco países de América latina en los que tenemos operaciones, la Argentina tiene, lejos, la más alta tasa de inflación. Y no se deja sujetar con decretos y con leyes. Es como si se quisiera tapar con un dedo la olla. Ojalá, ojalá, que no terminemos otra vez en un cuadro parecido al que ya vivimos. La inflación es lo peor que hay para la gente trabajadora y es muy difícil manejar una compañía con un 10, 20 ó 30 por ciento de inflación anual.

¿Presiente que la situación podría llegar a descontrolarse?

Yo sólo espero que esto no suceda. Ojalá, ojalá que nunca volvamos a tener en la Argentina épocas de hiperinflación. Desde mi punto de vista, la solución es la apertura del mercado. Con eso, estoy seguro, la Argentina irá para arriba como un avión.

A partir de las cifras de 2009, el 50 por ciento de los ingresos se generan en Chile, el 30 en la Argentina y un 10 en Brasil. En función de cómo está la economía regional en los últimos tiempos, ¿se puede esperar un cambio en ese mix? ¿Podría diversificarse en segmentos que no sean retail?

Estamos creciendo muy fuerte en Brasil. Después de tres años y medio, hoy, nuestra operación es más grande que la operación de supermercados de la Argentina y más grande que la operación de supermercados de Chile. Así que, en el rubro de supermercados, que es nuestro principal negocio, ya es más fuerte Brasil. Como dije, no pensamos en dejar de lado a la Argentina, seguimos invirtiendo. Pero, también, estamos creciendo fuerte en Perú. Allí, reciben a los empresarios con los brazos abiertos. Por ejemplo, el Gobierno nos preguntó: “¿Qué necesitan para invertir más en el país?”. Eso es algo increíble. A mi juicio, Perú será un país que pasará a Chile de aquí a muy pocos años, con un crecimiento impresionante y con un apoyo impresionante del Gobierno hacia el empresario. Si la Argentina abre un poco su economía, puede llegar a ser un país al que no lo sujeta nadie. Por lógica, la Argentina debería ser el país que lidere en América latina. Y eso, créame, con un mercado abierto, se puede conseguir de un día para otro.

Si uno ve hoy la Argentina, esa no parece ser la idea más generalizada entre sus políticos.

Creo que hay distintas formas de pensar, que uno puede o no estar de acuerdo. Para darle un ejemplo: mi amigo Guillermo (Moreno) está convencido de lo que está haciendo. Yo estoy convencido de que no es el camino correcto. El tema es que es muy difícil saber qué es realmente lo correcto porque ninguno de nosotros es un sabio, que sabe todo. Aprendemos todos los días. Y, en la Argentina, hay que aprender todos los días, hay que adaptarse al mercado. Esto, nosotros lo hicimos y, gracias a ello, nos fue bien.

¿Dónde se ve Horst Paulmann en 10 años?

No me queda otra que jubilarme. Lo malo es que, cuando uno tiene 77 años, se siente un pibe de 35 pero la gente, de afuera, no lo ve así (ríe). Pero, también, es cierto que la cabeza no es la misma de la de ese pibe de 35 años. Para nosotros, es muy importante mantener joven a nuestra compañía. Disfruto la tremenda suerte de tener tres hijos, que conocen muy bien la empresa. Por eso, estoy muy tranquilo: sé que la segunda generación ya sabe lo que es el negocio. Lo mamaron de chicos. Y, además, tengo 10 nietos, que vienen por el mismo camino. O sea, hay una semilla tremenda para que haya Paulmanns por muchos años más.

Versión del artículo publicado en la edición N°223 de la revista Apertura (julio de 2012)



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