En Venezuela, la revolución no se transmitirá por televisión
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En Venezuela, la revolución no se transmitirá por televisión

Primero, protestas; después víctimas y recriminaciones inevitables. La vida se pone cada vez más difícil en las violentas calles de las ciudades venezolanas. Pero eso no significa que un cambio de régimen esté próximo.

Por John Paul 14 de Febrero 2014



Las protestas callejeras que dejaron tres muertos el miércoles después de que fuerzas pro y antigubernamentales se enfrentaran, sucedieron después de una semana de reuniones dispersas en todo el país. El detonante fue el arresto de cuatro estudiantes el 6 de febrero en el estado occidental de Tachira. Desde entonces, pequeños grupos de personas, coordinados a través de los medios sociales bajo el hashtag #LaSalida, se han reunido en ciudades provinciales.

Algunas de estas protestas se volvieron violentas después de que la Guardia Nacional intentó dispersar las multitudes. Las protestas nacionales del miércoles fueron de otra magnitud. Los cálculos aproximados sugieren que la multitud en Caracas llegó a 20,000 personas. Los informes sugieren que pandillas pro-gubernamentales en motocicletas atacaron a la multitud. De cualquier forma, fue el peor disturbio desde que el Presidente Nicolás Maduro ganó la elección del año pasado por un pelo, después de que su mentor, Hugo Chávez, falleciera.

Venezuela - Protesta

Protestas. Las manifestaciones en las calles venezolanas dejaron tres muertos. Foto: Bloomberg. 

Dada la riqueza petrolera de Venezuela – posee las mayores reservas de energía a nivel mundial – es tentador hacer comparaciones con la "Primavera Árabe". Pero sólo hasta cierto punto. Sí, el gobierno socialista de Venezuela se encuentra a la defensiva: el diseño de políticas económicas es incoherente; la inflación es superior al 50 por ciento; uno de cuatro productos de la canasta básica no se encuentra en los supermercados, mientras aumenta la escasez; y se merman las reservas de divisas. El gobierno también se encuentra plagado de facciones y está dividido en sí mismo. Sin embargo, controla la importantísima industria petrolera, el ejército y los principales medios de prensa.

Al mismo tiempo, la oposición tiene sus propios retos y divisiones internas. Algunos líderes de oposición de línea dura apoyan las protestas estudiantiles. Otros, como el ex candidato presidencial Henrique Capriles, adoptan una línea diferente. Argumentan que las marchas que se vuelven violentas sólo logran caer en el juego del gobierno, ya que éste a su vez puede acusar a los marchistas de ser "saboteadores" que desean repetir la situación de 2002 cuando las grandes protestas callejeras provocaron un golpe que sacó a Chávez brevemente del poder. "Quieren derrocar al gobierno a través de la violencia," dijo el Presidente Maduro en televisión estatal anoche. "No tienen ética, ni moral ... No vamos a permitir más ataques."

De hecho, el reto que siguen enfrentando el movimiento estudiantil y la oposición es encontrar formas de incluir a las clases más pobres venezolanas, las cuales, en su mayoría, aún apoyan al gobierno y dependen de sus políticas de redistribución y dádivas para su bienestar. Hasta hoy, la oposición no lo ha logrado. El gobierno ha seguido ganando elecciones, aunque el apoyo a éste continúa disminuyendo. 

Las protestas políticas esporádicas, cada vez más comunes en la pasada década, a menudo se apagan en pocos días, después de que los residentes se cansan de las calles bloqueadas y el humo de llantas quemadas. En lugar de ello, los moderados de la oposición señalan que los mayores éxitos de la oposición, como convertir a los bastiones electorales de Chávez en territorio de la oposición, son fruto de concentrarse más en las preocupaciones diarias de los votantes que en teatrales protestas callejeras.

Aún así, la situación está cambiando rápidamente. Mientras continúa deteriorándose la situación económica, existe la posibilidad de que las protestas escalen. La clave es cómo responderá el gobierno. Si las reprime violentamente, corre el riesgo de crear peores disturbios en el futuro. Mientras tanto, la oposición principal debe balancear muy cuidadosamente el apoyo a los sentimientos que alimentan el descontento detrás de las protestas, mientras que, a la misma vez, esquiva acusaciones de que intenta desestabilizar el país.

Una muestra de lo que podría suceder se dio el martes, cuando el Sr. Maduro dijo en televisión nacional que pretende renovar una ley que le permite inhabilitar a los candidatos políticos que amenacen la paz social. Stratfor, la consultoría de riesgo político, concluye: "Fue un disparo de advertencia a los líderes de oposición, y podría predecir una política gubernamental más agresiva, diseñada para limitar la oposición política."



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