El tóner, víctima de los robos en las oficinas
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El tóner, víctima de los robos en las oficinas

Un estudio de abogados denunció a un empleado por haberse robado cartuchos. No es la primera vez que la justicia debe actuar ante ese delito.  

Por Venessa Wong 04 de Febrero 2013




KODAK - Impresora - IMG

Rápido... ¡escondan el tóner! El New York Times informó que los fiscales están acusando a un ex empleado del estudio de abogados Fried, Frank, Harris, Shriver & Jacobson de robar miles de cartuchos de toner de la fotocopiadora, por un valor de más de US$ 376.000, y revenderlos en el mercado negro durante los últimos dos años. El hombre, Adrian Rodriguez, habría vendido los cartuchos, que tenían un precio de mercado de US$ 80 a US$ 259 cada uno, por US$ 10 para tinta negra y US$ 15 para color.

Los cartuchos de impresión de tóner, que tienen un alto precio comparado con, por ejemplo, las lapiceras, son un blanco popular entre los ladrones de oficina, junto con ítems de gran valor como electrónicos y otros equipos (las lapiceras Bic en la oficina se venden a US$ 4 una caja de 60, que prácticamente ni valen el esfuerzo). Y Rodriguez no es el primero en tratar de salirse con la suya en robos de tóner en el lugar de trabajo:

• En 2011, Marque Gumbs, ex empleado del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center, fue condenado por robar más de US$ 1,5 millón en cartuchos de impresión de tóner del hospital de Nueva York y fue sentenciado a siete años de cárcel, informó el New York Times.

• En 2007, Michael D. Peller, ejecutivo de Cuentas de la compañía de provisión de papeles Aos Acquisition en New Jersey, admitió haberse robado 30.000 cartuchos de tóner que valían US$ 1,72 millón entre 2003 y 2005, informó el Record.

• En septiembre de 2011, un trabajador de una tienda de impresión de Australia, en Sidney, fue procesado por robo de 23.000 cartuchos de impresión de tóner a su empleador, equivalentes a US$ 2,4 millones, según el Sydney Morning Herald. La policía también encontró 313 cartuchos en su casa que habrían sido robados.

Así que la próxima vez que la oficina se quede misteriosamente sin tóner, sepa esto: probablemente es porque esté imprimiendo demasiados e-mails. O su compañero de cubículo es una mente maestra criminal.



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