El detrás de escena del Zoo: infraestructura vieja, animales en peligro y el rol del sindicalismo
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El detrás de escena del Zoo: infraestructura vieja, animales en peligro y el rol del sindicalismo

El Gobierno de la Ciudad trabaja contra reloj para analizar el destino del predio de Palermo.

Por Carla Quiroga 14 de Enero 2016

La primicia de Apertura.com sobre la decisión del Gobierno de la Ciudad de iniciar el proceso de cierre del Zoológico porteño para reconvertirlo cayó como un balde de agua fría.  Mientras Andy Freire, Ministro de Modernización, Innovación y Tecnología del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires analiza las alternativas para modernizar un zoo de tiempos de antaño, se sabe que

Jardín Zoológico S.A,  la empresa a cargo de la concesión firmó con el Gobierno de la Ciudad hace apenas cuatro meses un acta con vigencia hasta el 2017 –año en el que vence el contrato de concesión-   con condiciones renegociadas, en la que incluso los accionistas comprometieron planes concretos de inversión  relacionados con la continuidad del negocio. Se había firmado un acto de compromiso mutuo, era un momento de paz, afirma una fuente del sector aun sorprendida con la noticia.  Renegociación que se llevó a cabo durante la gestión de Gabriel Astarloa como director de Concesiones,  recientemente nombrado Procurador General de la Ciudad.

Otro punto clave en la interna que gira en torno a la noticia es la pata sindical. A fines del 2014, se conformó  una comisión interna  liderada por cinco empleados, la mayoría cuidadores. Son delegados que representan a los cerca de 180 empleados –que cobran un sueldo promedio de $ 14.000- y que dependen del sindicato de trabajadores municipales (SUTEGBA), un gremio poco conflictivo al que Mauricio Macri el año pasado les cerró una paritaria del 38, 8 por ciento en sus sueldos cuando el promedio rondó el 30 por ciento.

Lo paradójico, afirman en el sector, es que esa comisión se alió con asociaciones proteccionistas que promueven el cierre del zoológico a través del Movimiento Revolucionario de trabajadores del Zoológico. “Es insólito, no contemplan que pueden quedarse sin trabajo, no se preguntan qué pasará con sus puestos. La única posibilidad es que alguien les haya realizado alguna promesa de otro tipo”, afirma la misma fuente, quien reconoce que tras el cambio de Gobierno amainó la conflictividad, dejando entrever que la mano detrás de los roces sería de un sector de La Cámpora, que habría fogoneado las acciones de protesta de los empleados que se realizaron durante el 2015 como parte de una estrategia que perjudicara a Mauricio Macri.

Por otra parte, no fue casual  que en septiembre de 2014 el Ministerio de Desarrollo Económico y la Agencia de Protección Ambiental (APRA) firmaran una resolución para la creación de la “Comisión para la transformación del Jardín Zoológico”. Poco después la Subsecretaría de Derechos Urbanos, Espacio Público y Medio Ambiente de la Defensoría comenzó con las inspecciones para seguir de cerca el estado general en que se encuentra el zoo porteño y comenzaron las medidas de fuerza por parte de los empleados.

Los animales son la gran preocupación del Gobierno porteño. De hecho, en abril del año pasado, el Gobierno porteño presentó a través de la Agencia de Protección Ambiental (APRA) un programa de transformación. Además de querer garantizar su bienestar, la gran cantidad de especies hace complejo el trabajo de cierre. Según información del propio zoológico, allí conviven 2500 ejemplares de 350 especies, en un predio de 18 hectáreas.

En octubre, los trabajadores le reclamaron a la empresa por el estado de salud de los animales, y denunciaron que existen muertes prevenibles y sufrimiento de las especies. En 2015, dos lobos marinos, de 10 y 15 años, murieron. Según las denuncias de la ONG Sin Zoo, la muerte de uno de ello se debió al estrés (hizo 15 shows en un día) y otro por la ingesta de alimento dado por la gente. Sin embargo, desde el Zoo habían desmentido esta versión. No fue la única del año: también se denunció la muerte de una jirafa recién nacida.

A esto se le suma la necesidad de ajustar algunos temas para que los números del negocio cierren.  Hoy la empresa le otorga al Gobierno porteño un canon mensual  de $ 1.010.000 por la explotación del predio  en un contexto en el que la afluencia de visitantes viene en decadencia. El año pasado el Zoo recibió 800.000 visitantes de los cuales sólo pagó la mitad, cuando en años anteriores llegó a tener 3.000.000 anuales. De hecho, la empresa mantuvo hasta el 31 de diciembre un plan de retiro voluntario con poco éxito en el que ofrecía hasta 35 por ciento por sobre la indemnización. “Hay que reconvertir. Se achica el canon o se reacomoda al plantel. Trabajan la misma cantidad de gente que cuando lo visitaban el doble de personas. No significa sacar cuidadores sino analizar cómo se reacomoda a la gente destinada a atención al público”, agrega un hombre fuerte de la industria, que asegura que en caso de que se decida finalmente cerrar las puertas del predio, la Ciudad debería hacerse cargo del incumplimiento de un contrato y de la reubicación de las personas que trabajan  en el Zoo. A eso se suma el alto costo logístico y el estrés que significa para las especies los traslados.

Quienes saben del tema afirman que la clave es cambiar el concepto recreativo por uno educativo. Se especula con varias posibilidades presentadas en proyectos de ley que ya están en la Legislatura porteña como la de convertir al predio en un paseo público donde ya no habría exhibición de animales, armar un parque ecológico, o un centro de educación ambiental y una Cruz Roja para animales rescatados del tráfico, eliminando la exhibición de los animales. 

Sin ir más lejos, Claudio Bertonatti, director del Zoo hasta el 2013 , un profesional con fuerte  trayectoria en Vida Silvestre, había elaborado un proyecto basado en modelos como el del Centro de Conservación del Bronx en Nueva York. Pero renunció y comunico sus razones en una carta en Facebook. “Estoy conmovido. Y les pido disculpas a todos por no haber terminado la transformación de un zoológico centenario en un centro de rescate de fauna y de educación ambiental. Yo no pude lograrlo, pero eso no quiere decir que otros no puedan. El Zoológico fue pensado a "lo grande" y 125 años más tarde merece adecuarse, tarde o temprano, a servir a la conservación de la naturaleza. No hay otro camino ni otra opción. Ese cambio es solo cuestión de tiempo”, dijo en su carta de despedida.

En su lugar asumió Gabriel Aguado, un veterinario ex Temaiken, quien en declaraciones a diferentes medios reconoció la necesidad de reconversión del predio.  En una entrevista realizada a Radio 10, el ejecutivo negó la mudanza, admitió el deterioro de las instalaciones y defendió el zoo. "Si hoy hubiera que hacerlo, de ninguna manera se haría en ese lugar, pero cuando sucedió estaba a 3 km de la ciudad. Las dimensiones, deberían ser más grandes, también los recintos. Pero en ese tiempo había un desconocimiento de las necesidades de los animales. Las jaulas tipo carcelarias no tienen que estar más, está es una premisa mundial ", concluyó en la entrevista radial.

Lo que está claro es que definitivamente no será un proyecto inmobiliario en una de las zonas más caras de la ciudad. El zoológico cuenta con 52 edificios –algunos de 1875- declarados como Monumento Histórico Nacional. Esto impide que el parque sufra modificaciones profundas en su infraestructura.

Para reconvertirlo, ¿habrá que cerrarlo? Con todos los intereses sobre la mesa, el tiempo dirá el destino de las 18 hectáreas del parque de Palermo.



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