Dejó su carrera de basquetbolista y hoy es CEO
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Dejó su carrera de basquetbolista y hoy es CEO

Por Lucila Lopardo 08 de Noviembre 2016

Vélez Sarsfield, Independiente de Avellaneda, All Boys, Estudiantil Porteño y Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque fueron los escudos que Maximiliano Gutierrez lució en su pecho durante su carrera como basquetbolista. A los 24 años, la incertidumbre por el futuro y el mandato familiar, que le remarcaba “hay que estudiar”, lo llevaron a retirarse del parquet y terminar su licenciatura en Marketing en la Universidad Centro de Altos Estudios en Ciencias Exactas (Caece). “La decisión fue de golpe, me costó. Tenía un ingreso garantizado por el deporte. Hoy, lo veo y no era tan bueno. Pero tuve que abandonar para seguir estudiando y dedicarle más tiempo al trabajo”, detalla, desde su oficina de gerente General de la filial del laboratorio alemán Boehringer Ingelheim, que ocupa hace menos de un año.

El trabajo al que se refiere era un puesto de asistente administrativo en Bellows (actual Microclar Argentina), donde comenzó a los 18 recién cumplidos y del que, cinco años después salió con experiencia en ventas y marketing. “Después de esos cinco años, tuve un punto de inflexión”, reconoce Gutierrez. Recibió dos propuestas: una, con un salario superador, en el departamento comercial de Carrefour; y otra, en Laboratorios Andrómaco, que, aunque no implicaba una mejora económica, la eligió, según él, por pura intuición. “En ese momento no lo sabía. Pero fue la llave de entrada a la industria, una decisión de vida”. En Andrómaco pasó 10 años, cuatro ascensos –el último, para gerente de Trade Marketing–  y realizó un MBA en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) financiado por la compañía. 

El próximo paso implicaba saltar de una compañía nacional a una multi. “Quería entender cómo se ve el negocio del otro lado y qué podía aportar yo. No fue fácil; me fui llorando de Andrómaco”. Gutierrez pasó de la comodidad que le dio ese laboratorio, al que define como familiar, a un contexto más agresivo y exigente. Primero, en Merck Be Well, como gerente de Ventas, y, luego, en Abbott, como gerente Comercial. “Más que arrancar de cero, el desafío era demostrar que uno puede aportar algo desde el punto de vista cultural a la compañía”, explica. Para él, “nadie puede ser mejor profesional que persona”, por lo que su forma de encarar sus nuevas posiciones fuera de Andrómaco fue armando buenos equipos. “El básquet fue clave para mi desarrollo de carrera. Me ayudó a entender la importancia del trabajo en equipo, del esfuerzo y la estrategia”.

Hacia noviembre de 2015, llevaba tres años liderando la operación de Abbott para el Cono Sur y analizaba la posibilidad de migrar con su familia a San Francisco, California, para tomar una nueva posición en la compañía. Estaba convencido de que se iba a jubilar en ella. “Estaba satisfecho con mi carrera, con el trato y el equipo de trabajo”. Pero un llamado de un headhunter le abrió otra alternativa: liderar la operación para la Argentina, Uruguay y Paraguay de Boehringer Ingelheim. “No estaba en una búsqueda. Por eso, le dije: ‘Estoy en un momento feliz de mi vida, no siento que tenga que cambiar”, reconoce. Sin embargo, el trabajo era desafiante, desde el contexto hasta la magnitud del negocio y los objetivos a alcanzar. Su ADN de deportista emergió: sintió la necesidad de ponerse a prueba, salir de la zona de confort. Hoy, mientras juega en campeonatos amateurs, está al frente del plan que tienen el laboratorio alemán de hacer, en dos años, más lanzamientos que en los últimos 10.

 

Leé la entrevista completa en la revista Apertura, edición 273.



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