Cómo saber si un proyecto dará dinero
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Cómo saber si un proyecto dará dinero

Es la pregunta que muchos se hacen a la hora de emprender. El análisis de Andy Freire. Por Carla Quiroga 27 de Agosto 2014


 

“Conceptualmente, cuando se crea algo que solucionó un problema existente de una manera distinta. Cuando se logra eso, quien padece ese problema debería estar dispuesto a pagar por esa solución más de lo que costó producirla. Si alguien no lo está, la idea es bullshit, aire empaquetado. La creatividad es el libre albedrío de la mente para pensar distinto, mientras que innovación es cuando ese proceso creativo condujo a un resultado que solucionó algún problema”, reflexiona, en un mano a mano con la revista Apertura, Andy Freire,  un entrepreneur nato, entrenado en ese mecanismo de expandir los límites de su zona stretch sin angustias. De hecho, y bajo esa premisa, dio cada uno de los pasos de su historia empresaria, con proyectos como Officenet, Axialent, Restorando, Quasar y Avenida.

Trabajo y resultados. Tener un emprendimiento y saber cuánto producirá es clave. Foto: Archivo.

El especialista agrega que, al igual que emprender, innovar no es para todos: “El planteo es cómo te animás a jugar con tu vida para dar un paso más en lo que es tu definición de no ser innovador. Es muy valioso que todas las personas se animen a algo que, en su contexto natural, les cueste experimentarlo. El secreto es que, al hacerlo, no sientan angustia sino entusiasmo, excitación y curiosidad. Hay gente que goza pero no es hábil para hacerlo porque no sabe pensar lateralmente. Es clave cómo entendés los problemas de las cosas que te rodean, pensás soluciones que no fueron creadas. La innovación es encontrar soluciones nuevas a problemas viejos. Mucha gente no tiene la capacidad de pensar distinto y, frente a un problema, siempre lo encara de la misma manera. Por lo tanto, genera el mismo resultado. Estos perfiles no tienen esa cultura de la innovación, que es: “Si no está roto, rompelo igual y volvé a reinventarlo porque, si no, tarde o temprano, vegetás”.

¿No es una mirada muy idealista, en un contexto macro tan cruel como el de la Argentina?

Sí. De hecho, la Argentina no se caracteriza por ser un país altamente innovador. Ocupa el puesto 56 en el índice mundial de Innovación, que incluye a 142 economías del mundo. Este es un país que, muchas veces, genera la necesidad de estar en estado de resolver problemas en el corto plazo pero no en tener la tranquilidad para poder innovar en el mediano. Ese es un problema porque se necesita largoplacismo. La esencia de la innovación es aprender a equivocarte y, a veces, la Argentina no te lo permite porque la macro te toma de costado y te eyecta por el aire. En los Estados Unidos, te equivocás cinco veces y te dicen: “Qué fantástico. Todo lo que debés haber aprendido”. En la Argentina, en cambio, te estigmatizan. De todas formas, en el fondo, tenés que tener éxito. Si te fundiste 40 veces, no fuiste innovador porque no encontraste soluciones a problemas, no generaste valor porque, si lo hubieras hecho, la gente hubiera comprado tu propuesta. El secreto de un proceso de innovación contiene tres pasos: animarte a tomar riesgos, equivocarte y capitalizar el aprendizaje. Sin este último, no vale la pena hacerlo. Hay que tomar un riesgo calculado, con un foco profundo en aprender.



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