Cómo le está yendo a los cines argentinos
Negocios

Cómo le está yendo a los cines argentinos

Seis films representaron al 38 por ciento de los tickets. Radiografía de un negocio en alza. Por Esteban Lafuente 12 de Enero 2016

Desde aquellas primeras experimentaciones casi artesanales de los hermanos Lumiére y el ilusionista Georges Méliès, a fines del siglo XIX, hasta las actuales superproducciones computarizadas, el cine, siempre, fue una atracción que logró cautivar a los espectadores a nivel mundial y mantener su vigencia con el correr de los años.

En la Argentina, la pantalla grande vive un momento de expansión. A fuerza de promociones, películas convocantes y tecnología, el sector ya supera los 44,7 millones de espectadores en el acumulado de 2015 (hasta octubre) y una recaudación que se sitúa por encima de los $ 2763 millones, según datos de la consultora Ultracine. Estos números reflejan respectivos crecimientos del 18 y del 62,8 por ciento, frente al mismo período del año anterior, en el que se llevaban acumulados 37,8 millones de espectadores y $ 1697 millones de taquilla.

“Los cines dependemos de las películas y, cuando hay buen material, la gente se vuelca a verlas”, explica Martín Álvarez Morales, CEO de Cinemark y Hoyts, en un análisis que apunta a los estrenos exitosos que llegaron a la pantalla grande. “Tanques” –así se los llama en la industria– como “Minions” (4,9 millones de espectadores), “Rápidos y furiosos 7” (3,4 millones) o “Intensa mente” (2,8 millones), los tres films más vistos del año, de acuerdo con Ultracine, resultaron el principal insumo de las cadenas para impulsar su negocio, luego de un 2014 de números más modestos, en el que sólo seis películas superaron el millón de espectadores (al cierre de esta edición, fueron nueve los títulos que ya habían superado esa marca en 2015).

“En 2015 tuvimos seis films que hicieron, prácticamente, el 38 por ciento de los tickets. El anterior tuvo dos factores que hicieron que el mercado cayera: no hubo un producto tan importante y compitió contra el Mundial de Fútbol. Si comparamos con 2014, el crecimiento es muy bueno. Pero, si se mira contra 2013 (N.d.R.: 41,7 millones de espectadores) es muy bueno aunque no tan espectacular”, agrega Pablo Borello, gerente General de Village Cines Argentina, cadena que opera, actualmente, ocho complejos y proyecta la apertura de tres nuevos espacios fuera de Buenos Aires.

Su referencia a Brasil 2014 no es menor: el torneo, disputado en junio y julio, redujo la asistencia a las salas en el período pico para el sector. Así, según Ultracine, la primera mitad de 2015 cerró con un crecimiento del 14,5 por ciento frente al mismo período de 2014 en el número de entradas vendidas, para alcanzar los 25 millones de boletos. Es el volumen más elevado en un primer semestre desde 1986.

En cartel

En junio de 2015, finalmente, se aprobó la compra, en el mercado local, de la cadena Hoyts por parte de Cinemark. La operación, que se había concretado en mayo de 2011 y llevó a esta última empresa a desprenderse del complejo que operaba en Adrogué, consolidó la posición de liderazgo de la compañía. Según Ultracine, que releva 872 pantallas en el país, en la Argentina, uno de cada tres espectadores concurrió, este año, a una sala de alguna de estas marcas, que acumulan 15,2 millones de espectadores (34,2 por ciento de participación).

De ese total, 9,8 millones corresponden a Hoyts. Con un ticket promedio de $ 61,31, esta cadena comprende a los dos complejos con mayor concurrencia del país (Unicenter, con 1,8 millón, y Abasto, con 1,6 millón) y a siete de los principales 10. En tanto, los 5,5 millones restantes son de Cinemark, que muestra un valor de entrada promedio de $ 69,27. La fusión entre ambas, aprobada después de años, es cuestionada por parte de otros players. Y no sólo por la dimensión actual de la compañía combinada. “Se espera que crezca porque queda con la posibilidad de tomar más posiciones”, explica el responsable de un competidor.

Jugador importante en la exhibición de películas a nivel mundial, Cinemark cerró 2014 con una facturación global de US$ 2682 millones, según su último balance anual, de los cuales US$ 783 millones (29,2 por ciento) fueron producto de sus operaciones fuera de los Estados Unidos. En el primer semestre de 2015, sus ingresos totalizaron US$ 1068 millones. Originó US$ 386 millones fronteras afuera.

Entre los exhibidores en el país, un escalón por detrás se ubica Lumiére, una firma que opera la programación de un conjunto de decenas de cines en distintos puntos del país, con 6,1 millones de entradas vendidas, a un promedio de $ 56,20. En tanto, el tercer puesto corresponde a la cadena Village Cines, que acumula 5,6 millones de tickets en sus ocho complejos, con un monto promedio de $ 70,74. Según su último balance anual, cerrado el 30 de junio, la empresa facturó $ 469 millones, con un incremento nominal del 34,5 por ciento frente a igual período de 2014. De ese total, $ 289 millones surgieron de la venta de admisiones.

Por su parte, completan el listado de cadenas con mayor convocatoria en lo que va del año National Amusements, Cinemacenter y Multiplex. El primero opera los complejos Showcase e Imax. Registró 4,5 millones de espectadores, con entradas promedio de $ 65,08 y $ 104,87, respectivamente. Cinemacenter tuvo 3,9 millones de asistentes, a un ticket unitario de $ 57,11, y Multiplex, 1,4 millón, a $ 56,55 por boleto.

Los ingresos del sector se reparten entre las distribuidoras de películas y los exhibidores, en un esquema a bordereaux. Este modelo determina un porcentaje para cada uno, que se modifica según la película y la semana de cada título en cartel: en el estreno, es mayor la parte que queda para el distribuidor y, conforme pasan las semanas, aumenta el porcentaje de la recaudación que se lleva el cine. “Es un esquema variable porque no es lo mismo un ‘tanque’, que se sabe que tendrá mucha recaudación, con una película de la que no se espera mucho. Pero, en general, es mitad para cada uno”, explica Gabriel Feldman, CEO de la cadena Multiplex, que opera cinco complejos, con un total de 29 pantallas.

Además de las entradas, el otro gran flujo de ingresos para las cadenas es la venta de alimentos y bebidas, que creció en participación año tras año, en la medida en que los espectadores incorporaron el hábito de sumar pochoclo, nachos y gaseosas a su salida. “Antes, el candy era el 15 por ciento del negocio. Ahora, ya es el 30”, reconoce Borello. Según el balance de Village, la cadena llegó a los $ 160 millones por ventas complementarias, rubro en el que incluye la comercialización de alimentos. “Si no estuviese el candy, el negocio del cine sería distinto. Es una categoría adicional, que no genera un gran costo”, sintetiza Feldman, quien atribuye a este rubro una participación que oscila entre el 30 y el 35 por ciento de la facturación de Multiplex.

Nueva escena

Hoy, la digitalización de las salas en la Argentina es casi total, un escenario que, según comentan desde las empresas, tuvo un efecto positivo tanto en la calidad de las películas como en la dinámica de negocio. El costo de US$ 1300 a US$ 1500 que requería producir cada copia en material fílmico representaba, para las distribuidoras, un limitante a la hora de planificar el número de cintas que tendría cada película en su estreno, un escollo que, ahora, se diluyó.

“Salir con 100 copias era tener US$ 150.000 clavados sólo en copiado. Ahora, no tiene costo porque las películas son un archivo en un disco rígido. Eso permite que las distribuidoras puedan tener más salas y más recursos para hacer campañas y comunicación. A los cines, también, nos da más flexibilidad. Antes, teníamos que usar una copia por sala. Hoy, podemos pasarla en varias, según la necesidad y la demanda”, cuenta Feldman, cuya empresa inauguró recientemente un nuevo cine en el shopping Las Palmas del Pilar.

A su vez, la digitalización fue uno de los factores que explican el crecimiento en el número de espectadores, especialmente, en el interior del país, que, por una cuestión de costos y de disponibilidad de cintas, sólo exhibían las películas semanas después de su estreno.

“Las distribuidoras, en general, hacían copias para el estreno en Buenos Aires y las principales ciudades del país. El resto de los cines quedaba relegado a cuando dejaran de proyectarse en esas salas porque esas mismas copias se mandaban al interior. Esto trajo una mejora en la calidad, no sólo de la oferta, sino de la proyección porque las cintas llegaban rayadas o muy deterioradas y, a veces, había que cancelar las funciones del jueves, el día estipulado para el estreno, porque se demoraba el traslado. Además, como era bastante tiempo después de la fecha del estreno nacional, toda la publicidad que se hacía de la película ya no tenía ningún efecto”, relata Gabriela Zamora, gerenta Comercial de Cinemacenter, que, de los 15 complejos que opera con su marca, 14 son el interior. “En todas esas ciudades más chicas, se ve un aumento en el número de espectadores porque hay más opciones para ver la película. Capital y Gran Buenos Aires, que, siempre, tuvieron los estrenos, eran el 57 por ciento del total de entradas del país. Hoy, bajaron al 54 por ciento. Además, hubo un ahorro de costos en el aspecto logístico”, completa Borello.

El estreno simultáneo en todo el país relegó, a su vez, a la piratería, una de las grandes amenazas del cine, ya que capitalizaba esa brecha y llegaba con las películas antes que la pantalla grande. “Veníamos de años de boom de la piratería. Afectaba mucho, especialmente, en las primeras semanas. Pero, ahora, ya no tiene esa ventaja y no complica tanto”, detalla Nicolás Tarantino, gerente de Programación de Atlas Cines.

El escenario tecnológico del cine actual también comprende a la tecnología 3D. Si bien tiene sus años en el mercado, alcanzó un nivel de madurez que se sostiene y, también, da cuenta del alza del número de espectadores en los últimos años. Así lo indica Borello: “Los números mandan. Cuando se introdujo el 3D, en 2008, teníamos un mercado de 32 millones a 34 millones de entradas en el país. En los últimos 12 meses, ya son 50 millones y una de cada cuatro representan películas 3D. Hubo un pico de 30 por ciento en 2012 y, después, se estabilizó en 25 por ciento, que es lo que explica, fundamentalmente, ese crecimiento”. La entrada de estas películas, que tiene un valor más alto que las convencionales –entre 15 y 20 por ciento, según la cadena–, cierra el círculo de conveniencia para distribuidoras y exhibidores, que, conforme crece la participación del 3D, ven un crecimiento en el valor del ticket promedio.

Con la instalación de proyectores digitales y equipos con iluminación láser en algunos complejos, que mejoran la calidad de la imagen y extienden la vida útil de los equipos, el próximo paso para las grandes cadenas es la transmisión vía satélite de contenidos. De esa manera, explica Álvarez Morales, se optimizará el aspecto logístico para los cines y se multiplicarán las posibilidades de las salas para utilizar su estructura y proyectar, allí, otro tipo de material. “Se reciben, directamente, los contenidos por antenas parabólicas y se abren puertas gigantescas para un montón de eventos. El hecho de transmitir digitalmente permite, si se cuenta con los derechos, transmitir un partido o un recital en vivo, con audio e imagen cada vez mejor”, acota el ejecutivo de Cinemark-Hoyts, en cuyas salas se proyectaron desde recitales de Chayanne hasta partidos del Mundial 2010 y óperas clásicas.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas