Cómo afectó el cepo cambiario los giros al exterior
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Cómo afectó el cepo cambiario los giros al exterior

Qué hacen los operadores de este sector para continuar realizando transacciones. Historias de personas afectadas por la medida.

Por Christian Atance 04 de Enero 2013




Delia Chaparro vive en Señor de los Milagros, una humilde barriada en el municipio de Ventanilla, al norte de Lima, Perú. Desde hace más de una década, su vida diaria se sustenta en buena medida en las ayudas periódicas que recibe de sus dos hijos, quienes trabajan en la Argentina. Pero, hoy, se siente más que preocupada. Es que, como muchos de sus vecinos, esta madre de familia de 68 años vio cómo el monto y la periodicidad de las remesas que ellos le giran disminuyó progresivamente en estos meses.

“La última vez, mis hijos sólo me enviaron medicamentos, a través de otra persona”, se lamenta. Chaparro es una de las tantas receptoras de remesas en países vecinos que se vieron afectadas por el cepo cambiario. El endurecimiento de las restricciones de acceso al dólar impuso nuevas reglas en la industria, como un esquema de costos sensiblemente más alto, límites máximos al monto a enviar y el cierre momentáneo de algunos destinos en el exterior. “El negocio no se está reorganizando, sino que intenta sobrevivir en medio de la incertidumbre”, señala Sergio Pérez Ruiz, director Ejecutivo de More Money Transfers, una remesadora fundada en 2003 en Uruguay y que opera en varios países de América latina.

DOLAR BLOO
Hoy, las empresas que operan en la legalidad funcionan como sociedades comerciales. Pero este status actual genera complicaciones. “La principal es que no contamos con un código de compra de dólares como los que tienen, por ejemplo, las empresas que operan en comercio exterior”, explica Pérez Ruiz. Ante la imposibilidad de acceder al mercado oficial para hacerse de las divisas, las agencias formales recurren a distintas estrategias. Una es compensar los giros que entran al país con aquellos que salen. Así, evitan tener que salir a comprar dólares. “Es la única herramienta que tenemos válida para ser competitivos y poder vender giros de la Argentina hacia afuera”, explica Pérez Ruiz.

Por eso, hoy, las estrategias de marketing apuntan mucho más a captar los fondos de emigrantes argentinos que residen afuera que a publicitar servicios a escala local. A diferencia de otros países de la región, como México, Colombia y Perú, y la mayoría de las naciones centroamericanas, que son netamente receptores de remesas, la Argentina mostró, en la última década, un saldo bastante más balanceado. El volumen de dinero girado por emigrantes argentinos en los Estados Unidos, España, Italia y otros países de Europa es ligeramente superior al monto que los inmigrantes que residen en la Argentina envían a sus familias de origen.

Según un estudio anual que elabora el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin), miembro del grupo BID, en 2011, el país recibió remesas por US$ 1011 millones frente a los US$ 886 millones de 2010. Pero, en 2012, las cifras de ingreso podrían ser menos alentadoras, debido a la crisis de los mercados laborales en España e Italia, dos de los destinos favoritos de los emigrantes argentinos, y a la mayor reticencia a usar canales formales.

Así, en función de las remesas que ingresan, las operadoras abren o cierran el grifo. Por ello, la mayoría limitó el giro saliente a montos que oscilan entre US$ 300 y US$ 500. Otras, incluso, suspendieron momentáneamente los servicios a ciertas plazas, como Europa, Asia y África, para concentrarse, exclusivamente, en los países de América latina. Por otro lado, las remesadoras formales, que no captan dólares y sólo toman pesos porque no están autorizadas a intermediar cambio de monedas, encontraron en el contado contra liquidación, una operación bursátil legal, la forma de suplir esta falta de acceso. Allí es donde, precisamente, se está moviendo el costo de las transferencias en la actualidad, explican los representantes del sector.

La comisión, la comisión...

Pero el tipo de cambio también genera un dolor de cabeza: la percepción de que las comisiones cobradas en el país son las más caras del mundo, un status que, por muchos años, le correspondió a México. Es que, para cubrirse legalmente, se suele calcular el monto en dólares a girar al cambio oficial e incluir, en los gastos, el costo de la comisión y el diferencia con el paralelo. Por ejemplo, al enviar US$ 350 a través de una agencia formal a Perú, pagaría $ 1680 por el tipo de cambio y una comisión de $ 550, gastos cercanos al 33 por ciento. “Muchos creen que los costos de los giros aumentaron con el cepo cambiario.

Pero las comisiones se siguen manteniendo estables, entre 3 y 5 por ciento. Lo que cambió es el valor del dólar que se toma como referencia”, explica un operador. Así como en el sector inmobiliario se utiliza el “dólar ladrillo”, que promedia el oficial con el blue, en el mercado de remesas, los giros se hacen, actualmente, siguiendo dos tipos de cambio: el “dólar liqui”, que usan las empresas registradas, y el blue, que emplean las agencias que operan en negro. Pero la brecha, que, en momentos, llegó al 10 por ciento, genera distorsiones en el mercado y el incremento de la competencia desleal. En el circuito informal, las agencias toman dólares.

Algunas, incluso, también pagan en moneda estadounidense las transferencias provenientes del exterior. En el sector formal, las transferencias internacionales se liquidan en pesos. También en ese caso, la distorsión es grande. Dependiendo del agente pagador con que trabaje la remesadora internacional, el giro puede abonarse a tipo de cambio oficial, camino que toman aquellas que tienen a bancos locales como corresponsales, o a uno similar al de contado contra liqui.

“Lo que pocos tienen en cuenta es que muchos giros que se reciben en la Argentina se pagan por encima de $ 6. Y no por ello se está cometiendo un delito fiscal”, se explica. Si bien las remesadoras tienen la opción del contado con liquidación, es una operación particular. Completarla implica inmovilizar el dinero en Nueva York cerca de un mes, mientras las agencias pagan en plazos de 24 a 72 horas. “Es un costo financiero difícil de soportar en un negocio de centavos”, admite Pérez Ruiz. Por ello, el tipo de cambio es la herramienta con la que las agencias suelen regular el mercado.

“Cuando la demanda de giros salientes es mayor a la de las remesas ingresantes, el tipo de cambio implícito sube para desalentar operaciones”, explica el representante de otra agencia. Quienes más utilizan el servicio de remesas al exterior son los inmigrantes de Bolivia, Perú y Paraguay y, en menor medida, los de Chile y Uruguay. Aquellos que cuentan con los papeles en blanco pueden realizar los giros con sólo presentar su DNI. El mercado de las remesadoras formales es dominado por Western Union, que, a juicio de los operadores, detenta un share cercano al 70 por ciento. Otros jugadores son Latin Express, Maguiexpress, More MT y MoneyGram. El sector informal opera a través de varias agencias ubicadas, mayoritariamente, en las zonas de Liniers y Once. Con este nuevo escenario, el mercado de remesas salientes sufrió un descenso importante. “La caída está vinculada a los límites que nos autoimpusimos, ante la falta de capacidad operativa, más que a una menor demanda de mercado”, explica Pérez Ruiz.

Las trabas a los giros llevaron a los inmigrantes a buscar fuentes alternativas, como los expresos de larga distancia o amigos y familiares que viajan a sus países de origen. Muchos peruanos optan por trasladarse a Paraguay y girar, desde allí, los fondos, a costos más accesibles. El tema ya es, también, fuente de preocupación de los gobiernos de Perú, Bolivia y Paraguay. El Congreso peruano estudia una exención de impuestos para que la merma que sufren quienes reciben las remesas no sea tan grande. Según estadísticas del Banco Central de ese país, el año pasado, llegaron desde la Argentina remesas por US$ 148 millones. Con las restricciones cambiarias, se espera que este año se envíen US$ 45 millones menos.

Por su parte, inmigrantes paraguayos y distintas entidades empresariales solicitaron al Gobierno que el estatal Banco Nacional de Fomento abra una sucursal en Buenos Aires para abaratar y agilizar los envíos de dinero a ese país. Eugenio Nigro, subdirector de Desarrollo de Negocios de Xoom, una empresa de transferencias de dinero vía Internet con sede en Miami, ve, también, una disminución de las remesas entrantes por canales formales: “El mercado argentino no tiene el mismo pulso que México, Brasil o Colombia, que, este año, crecen al 10 por ciento”.

Bajo control

El Banco Central está en proceso de generar un marco regulatorio para la actividad, que, hasta el momento, no cuenta con una legislación específica. El proyecto podría dejar abierta la posibilidad de que la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias extienda sus controles hacia este sector. Si bien, en la práctica, las remesadoras no están reguladas por el BCRA, existen aspectos que las vinculan con la autoridad monetaria.

Periódicamente, el sector reporta información al Central. También, cumple con protocolos de la Unidad de Información Financiera (UIF). Desde julio, las empresas deben informar las operaciones realizadas en el mes calendario anterior que superen los $ 5000, ya sea en una o varias transacciones. En el sector, tienen otros temores. Uno es el establecimiento de topes a las comisiones.

El otro, la virtual nacionalización del envío de dinero al exterior en concepto de ayuda familiar. Una posibilidad que estaría manejando el Gobierno es que este servicio, en el futuro, sólo quede en manos del Correo Argentino. “El mercado podrá limitarse pero no desaparecerá. Hay un millón de paraguayos que viven en la Argentina y que seguirán necesitando mandar dinero a su país porque allí es donde tienen sus afectos”, concluye Pérez Ruiz.


La edición original de este artículo se publicó por primera vez en la revista APERTURA (Noviembre de 2012).

 



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