Claves para entender por qué cae el precio del petróleo
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Claves para entender por qué cae el precio del petróleo

El valor de los barriles varía y las causas son múltiples.  29 de Octubre 2014

Los fundamentos del mercado de petróleo no han cambiado mucho, así que no hay necesidad de entrar en pánico ante el reciente colapso en los precios, dijo Abdullah al-Badri secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

“Lo más importante es que no deberíamos entrar en pánico. Realmente necesitamos sentarnos y pensar y ver cómo se desarrollará esto”, fueron sus palabras textuales.

El precio del crudo referencial Brent del Mar del Norte ha caído más de un cuarto desde un máximo superior de 115 dólares por barril en junio debido a que abundantes suministros de petróleo de alta calidad han saturado la demanda en muchos mercados, llenando las reservas en todo el mundo.

El Brent operaba a cerca de 86,80 dólares por barril luego de alcanzar un mínimo de 82,60 dólares por barril hace dos semanas.

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Pocos temas son más significativos para el futuro de la economía mundial. Este año, crecieron las amenazas a la provisión mundial de crudo, con la turbulencia en Irak, las tensiones entre Rusia y Occidente, y la agitación en otros países petroleros, como Libia. Pero los precios cayeron.

En gran medida, ello se debió al auge de la producción en los Estados Unidos. Entre 2011 y 2013, ese país incrementó sus niveles en 2,2 millones de barriles diarios, más que el aumento total en la demanda planetaria.

Si bien el panorama inmediato para la provisión de petróleo luce benigno, las perspectivas a largo plazo son más inquietantes. Si las economías emergentes –sobre todo, China– siguen creciendo, también, lo hará su demanda petrolera. Un puñado de países, como Canadá, Brasil o México, tiene perspectivas realistas de elevar su producción para satisfacer esa demanda. Pero una buena parte de las expectativas recae sobre los Estados Unidos.

En opinión de Per Magnus Nysveen, de Rystad, una consultora de Noruega, los Estados Unidos ocupan el papel de “productor variable” que, alguna vez, desempeñaban Arabia Saudita y otros miembros de la OPEP: aumentar la producción en momentos de precios altos, para estabilizar el mercado si la producción estadounidense dejara de crecer –o, peor, si empezara a bajar–, los precios podrían dispararse.

David Hughes, geólogo y uno de los mayores escépticos sobre el shale, cree que es probable que eso ocurra en los próximos dos años. Señala que los pozos de shale son diferentes de los convencionales por el hecho de que su producción cae a mucha más velocidad. Si no se perforan más pozos, el gran yacimiento de Ghawar, en Arabia Saudita, perderá, cada año, el 5 por ciento de su producción. Pero, en Bakken, las pérdidas serán del 45 por ciento, advierte.

Este año, crecieron las amenazas a la provisión mundial de crudo, con la turbulencia en Irak, las tensiones entre Rusia y Occidente, y la agitación en otros países petroleros, como Libia. Pero los precios cayeron.


En Dakota del Norte, la producción está creciendo –en abril, superó 1 millón de barriles diarios– porque hay demasiados pozos nuevos para perforar. Pero Bakken necesita unos 1400 pozos nuevos sólo para mantener estable sus volúmenes. A mayor aumento en la producción, más perforaciones nuevas se necesitan para sostenerla.

El problema se agrava por la amplia variación en la calidad de las reservas de shale. La variedad de Eagle Ford, por caso, abarca 32 condados pero apenas seis aportan el 89 por ciento de su producción petrolera, explica Hughes, fundador del Global Sustainability Research, una firma de consultoría.

Su argumento es que, mientras se explotan los “puntos dulces” con las mejores reservas, las empresas serán empujadas a las rocas menos productivas, que arrojan rendimientos menores. Con el tiempo, la perforación dejará de ser lucrativa y la actividad se deprimirá, lo que hará caer la producción. “El precio del petróleo tendrá que ser mucho más alto para que sea económico perforar en esos condados menos productivos”, observa Hughes.

En los Estados Unidos, la industria del shale sigue siendo joven. Los primeros pozos horizontales exitosos fueron perforados en 2002, en el caso del gas, y en 2008, en el del petróleo. Por lo tanto, hay gran incertidumbre acerca de qué pasará con las reservas a largo plazo.

Phani Gadde, de la consultora Wood Mackenzie, alega que hay buenos motivos para ser optimistas sobre la producción futura. “La industria del shale recién empieza. Ni siquiera, llegó a la adolescencia. Todavía, no se determinó qué es lo mejor para maximizar la producción. Así que hay margen abundante para el crecimiento”, observa.

Ninguna bonanza puede durar para siempre. Llegará un momento en el que Eagle Ford y Bakken decaerán, como pasa hoy con el Mar del Norte y el North Slope, de Alaska. El ritmo frenético del crecimiento en la producción estadounidense se tornará, cada vez, más difícil de sostener, aunque más no sea porque el sector trabajará a partir de una base más elevada.

Hugues advierte que, cuando llegue, la decadencia será rápida. Pero el negocio petrolero está enfrascado en una batalla interminable, entre los recursos y la creatividad de la industria para determinar cómo extraerlos. Y, por ahora, el ingenio humano parece ir ganando.

Extracto de nota publicada en la edición de octubre de la revista Apertura.



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