Claves para atravesar el año financiero sin sobresaltos
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Claves para atravesar el año financiero sin sobresaltos

Qué costos tener en cuenta. La incidencia de los impuestos. El impacto de los gastos extraordinarios. A qué destinar los ingresos adicionales.  Por Mónica Fernández 15 de Abril 2015

 

 

La primera recomendación de los expertos en planificación financiera personal es hacer un diagnóstico minucioso. Como si uno fuera un médico a punto de operar, deberá tomarse el trabajo de anotar todos los detalles y signos vitales de su economía.

Lo primero, ver si hay deudas que se vienen arrastrando y si están encuadradas dentro de un plan de pagos (un crédito, por ejemplo) o si van a la deriva (tarjeta de crédito). Luego, identificar, con el mayor detalle posible, ingresos y egresos corrientes, con sus respectivas actualizaciones (o proyecciones) para este año.

Evaluar el escenario es otro punto fundamental, antes de resolver asuntos más puntuales, como si conviene hacer pagos anuales del impuesto inmobiliario o si vale seguir usando a destajo la tarjeta de crédito, montados en las 12 cuotas sin interés que fomenta el Gobierno.

Uno de los tips claves es tomar el control. Fernando Garabato, director de Finanzas Corporativas de BDO Argentina, pasa en limpio el paso a paso para comenzar a organizarse y armar la planilla de cálculos. “En primer lugar, se deben tener en cuenta todos los gastos fijos del grupo familiar”, indica. En este sentido, agrega, se incluyen los gastos de vivienda (crédito hipotecario, alquiler, expensas, impuestos, servicios), los de educación (colegio de los hijos, si se está cursando algún posgrado o curso), los de personal auxiliar o doméstico, las cuotas de financiación pendientes con tarjeta de crédito (por ejemplo, viajes, compras de bienes durables hechas en cuotas), gastos de alimentación y salud (compras de supermercado, medicamentos de ingesta regular) y cualquier otro costo fijo.

“En cada concepto, se deben tener en cuenta los distintos aumentos que ya hayan tenido o puedan sufrir en el año, basándonos en lo que ocurrió el año anterior”, agrega Garabato. Otra columna corresponderá a los gastos variables, “tratando de prever los que puedan darse a lo largo del año”, añade el especialista.

“En un contexto inflacionario, lo fundamental es movilizar los pesos y no dejarlos parados porque, ahí, es donde se genera la pérdida del poder adquisitivo”, subraya Francisco Marra, analista de Bull Market. “Este es el punto principal e inicial para cualquier planificación financiera. Por lo tanto, con los ingresos, podemos hacer dos cosas: gastarlos o invertirlos”, plantea. En tal sentido, apunta: “Por el lado del gasto, también, habría que planificar la realización de los extraordinarios que uno tenga en mente, en cuanto se disponga del dinero para ellos y no dejarlo inmovilizado”.

En esta categoría, entran desde la renovación tecnológica hasta la compra de un paquete de turismo para las vacaciones de invierno. Si el proyecto está dentro del plan diseñado, ni bien se presente la oportunidad, será bueno concretarlo. Así, se evitará que el dinero se desvalorice en una caja de ahorro y, además, uno podrá cubrirse de eventuales subas que ese bien o servicio pueda sufrir en su precio dentro de los próximos meses.

Finalmente, cualquier planificación financiera debe incluir un apartado para el ahorro, de corto o largo plazo. Mejor, claro, si se pueden lograr dos fondos separados: uno, para atender imprevistos y otro, de más largo aliento, para capitalizarse, con miras al retiro o la etapa pasiva.

El efecto de la inflación sobre el dinero que queda ocioso, obliga a ponerse activo en la gestión y “hacer trabajar” todo dinero excedente. En este punto, por ejemplo, entra la disyuntiva sobre si pagar o no en forma anual o anticipada aquellas obligaciones que ofrecen un descuento por el abono total en una sola cuota, como las patentes, el impuesto inmobiliario y algunas cuotas sociales o matrículas. La respuesta casi unánime: no.

“En caso de disponer de efectivo, los descuentos son convenientes desde el punto de vista financiero, siempre y cuando, el monto del pago anual con descuento sea menor que el valor actual de las cuotas a lo largo del año. Para que esto se cumpla, la tasa de descuento debe igualar a la tasa anual de variación de precios”, explica Garabato. En casi ningún caso, los descuentos superan el 10 por ciento.

Entonces, billete que sobra debe ir a capitalizarse. La idea rige para lo que pueda separarse mes a mes y, también, para el total, o una porción, del aguinaldo o los bonos y compensaciones especiales otorgados por las empresas.

El dólar ahorro es una alternativa. Especialmente, para quienes tienen sueldos relativamente altos, en relación de dependencia. Uno puede destinar allí hasta el 20 por ciento de su ingreso (restricción de la AFIP). En las recomendaciones de los analistas aparecen, en tanto, opciones como los bonos de corto plazo en dólares y las obligaciones negociables (ONs) de compañías con alto rating, para los más conservadores, y algunas acciones, para los más jugados. Los plazos fijos están descartados, si lo que se busca es mantenerse a salvo de la erosión inflacionaria. Básicamente, por su bajo rendimiento.

En tal sentido, Pablo Castagna, Managing director de Wealth Management de Puente, señala que, en este momento, existen negocios “interesantes” a través de los bonos en dólares. Menciona al Bonar 24, que rinde 9,5 por ciento anual, en dólares, como “sumamente atractivo”. Contrasta contra un plazo fijo en esa moneda (1,5 por ciento anual).

Por su parte, Marra recomienda, a corto plazo, un Boden 2015. “Es un título por el que se pagan pesos y, en octubre, pagará dólares. Entonces, rendirá más de 15 por ciento en dólares y nos cubriremos ante una posible devaluación”, explica. Recomienda comprarlo mes a mes. “Si, en cambio, invirtiéramos en un plazo fijo, que paga 20 por ciento anual en pesos, a fin de año, habremos perdido un 10 por ciento de valor adquisitivo”, remarca.

Un dato a tener en cuenta: las inversiones en títulos públicos están exentas de Ganancias y Bienes Personales para inversores particulares, subraya Edelstein.

En tanto, para el ahorro a mediano plazo, Castagna sugiere armar una cartera con una posición de 15 por ciento en acciones, con un horizonte de inversión de dos años. En tal sentido, recomienda papeles de bancos, energéticas y petroleras.  



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