Carlos Ben, presidente de AySA: “Por el balance, estaríamos en bancarrota”
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Carlos Ben, presidente de AySA: “Por el balance, estaríamos en bancarrota”

El número uno explica por qué no lo desvela que, de los $ 8000 millones que factura la empresa, $ 6500 millones sean subsidios.

Por Carla Quiroga 31 de Marzo 2014




Cualquiera que mira el balance diría que la compañía está en bancarrota”, dispara Carlos Ben, presidente de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), la empresa a cargo del servicio de red sanitaria desde 2006, cuando, en el cuarto año de vigencia de la Ley de Emergencia Económica que congeló las tarifas de las utilities, el Gobierno canceló la concesión otorgada a Aguas Argentinas en 1993. Desde entonces, Ben, un abogado platense con más de 43 años en la industria –fue el gerente más joven de la antigua Obras Sanitarias, con 2000 personas a cargo; luego, fue director de Aguas Argentinas “pero sin acceso a información clave”, aclara–, avanza con un ambicioso plan de inversiones, que suma $ 16.400 millones desde la renacionalización.

Entre 1993 y 2001, cuando estuvo en manos privadas –su último accionista fue el grupo francés Suez–, sus desembolsos anuales habían sido de poco más de US$ 150 millones, que cayeron a US$ 12 millones –también, cada 12 meses– entre 2001 y 2006, según relevó FIEL. Desde la expropiación –el 90 por ciento de las acciones pasó a estar en manos del Estado y el resto, a un programa de propiedad participada (PPP) de los empleados–, se realizaron obras de expansión pero, también, de recuperación de las instalaciones. “Tomamos la empresa en estado de abandono. Habían bajado al mínimo indispensable las inversiones y los gastos de mantenimiento. Y se detuvieron las no visibles del servicio”, relata Ben.

Carlos BenHonestidad brutal. Según el número uno, si fuera por el balance "estarían en quiebra". Foto: Apertura.

AySA sumó tres plantas depuradoras, duplicó la capacidad de tratamiento de otras dos, construyó una instalación de ósmosis inversa y una de potabilización en Tigre, con capacidad para procesar 900 millones de litros diarios. Esto le permitirá incorporar al partido de Escobar al área de cobertura y dar servicio a 400.000 nuevos usuarios en los próximos cinco años.

En un contexto crítico a la gestión de las empresas renacionalizadas –Aerolíneas y sus US$ 2 millones diarios de pérdida son el ejemplo más concreto–, AySA no es de las más cuestionadas. Ni siquiera, por los usuarios. “Hubo inversiones que no se habían hecho porque las tarifas estaban congeladas, con una inflación acumulada que, entre 2001 y 2006, alcanzó al 300 por ciento e ingresos que, en dólares corrientes, habían caído de US$ 590 millones, en 2001, a US$ 170 millones, en 2006. Pero el trato es desigual. AySA recibe subsidios siete veces mayores respecto a 2006”, observa Santiago Urbiztondo, economista Jefe de FIEL, especialista en regulación de servicios públicos. No obstante, reconoce los avances en infraestructura.

Las inversiones permitieron incorporar a 2,2 millones de personas al servicio de agua y a 1,7 millón, al de de-sagües cloacales, prestación a la que no accede el 44 por ciento de los 7000 millones habitantes del planeta, dice Ben, un hombre del entorno íntimo de José Luis Lingieri, secretario General del gremio de Obras Sanitarias.

Ben afirma que maneja la compañía con un chip alejado de lo que llama “mirada economicista ‘entra, sale, resultados’”. No lo desvela que, de los $ 8000 millones que la empresa registró como ingresos en 2013, $ 1250 millones hayan sido por facturación de servicios y $ 6562 millones, por subsidios (hay otros $ 284 millones en créditos externos). “No se trata de ganar dinero, sino de asegurar una necesidad básica. Hoy, el 40 por ciento de las 10 millones de muertes anuales ocurridas por razones hídricas son de niños”, explica. AySA tiene 10,5 millones de usuarios, en un área de concesión con 12 millones de personas. El objetivo de Ben es que, en 2015, todos tengan agua potable. En cloacas, los usuarios son 7,3 millones y la aspiración es lograr la cobertura total en 2019.

“Por cada dólar invertido en agua y saneamiento, se ahorran US$ 19 en atención hospitalaria, según las Naciones Unidas”, asegura. Se define como “una persona de suerte” por el período que le tocó. Sin ánimo de hacer demagogia, aclara, subraya la decisión de CFK de tomar al servicio sanitario como política de Estado. “Los políticos no lo miran porque los beneficios se ven a largo plazo. No hay resultados inmediatos en las urnas”.

Ben asegura que administra con eficiencia. De los $ 6562 millones de subsidios del año pasado, $ 4840 millones fueron a obras. “Trabajamos con inversiones estructurales, a 50 años”, indica. Agrega que el resto ($ 1722 millones) financia la operación.

En 2007, AySA tenía 3981 empleados. En 2013, 5063. Un ratio de 2,68 cada 1000 conexiones de agua, por debajo del parámetro internacional (3). Urbiztondo pone la lupa sobre los gastos: “El costo operativo subió 210 por ciento en dólares entre 2001 y 2013, superior a cualquier medida de aumento de cobertura. El alza, en dólares, contiene un incremento del 140 por ciento del costo laboral y del 325 del operativo no laboral”. “¿Por qué aumentó tanto la contratación de servicios y tercerizados para la operación?”, se pregunta. “Lo que parece ser un servicio barato, se paga caro, a través de los subsidios”, concluye.

“¿Caro? Hay que analizar el ahorro por muertes o enfermedades hídricas. Además de consultarle a los intendentes sobre cuántos edificios se construyeron, luego de que instalamos las cloacas”, replica Ben. Respecto al aumento del plantel, dice: “¿Cómo se atienden a los nuevos usuarios y las 100.000 intervenciones que recibimos al año sólo en Capital Federal?”. Ben espera que un posible cambio de Gobierno no le quite prioridad en la política de subsidios. “Es una lección aprendida. No puedo imaginar un retroceso”, finaliza.

La edición original de este artículo se publicó por primera vez en el número 243 de la revista Apertura.



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