Las herederas del creador del Cabsha empezaron de cero y fundaron su propia chocolatería
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Las herederas del creador del Cabsha empezaron de cero y fundaron su propia chocolatería

Su abuelo, de origen ruso, huyó de la guerra y recaló en la Argentina. Historia de un ida y vuelta dulce.  Por @XaviLedesma 06 de Junio 2017

Dicen que la historia se repite y, aunque pase mucho tiempo en el medio, el inconsciente lleva a frecuentar los mismos lugares que uno ya vivió. Dadi Marinucci comenzó Vasalissa Chocolatier junto a su hija Federica en 2006, a casi 20 años de que su padre vendiera la famosa fábrica donde se producía el Cabsha. Hoy las herederas de la famosa golosina tienen 6 locales y producen 2500 kilos de chocolate por mes.

Pero esto comienza mucho antes, cuando Abrascha Benski nacido en Rusia, huyó de las guerras y los conflictos y se convirtió en un trotamundos que recorrió Rumania y Beirut hasta que recaló en la Argentina. Su esencia era la de un emprendedor nato: pasó de vender flores de azúcar en la salida de los cines hasta ser socio en una chocolatería. En nuestras tierras apostó por el rubro textil sin éxito, hasta que volvió a su metier: el chocolate. Benski estaba fascinado por el dulce de leche y decidió crear una golosina que combinara ambos productos: así nació el bocadito Cabsha –fonéticamente, en un dialecto árabe, quiere decir “te quiero”-.

“Al principio vivíamos en Vicente López y alquiló un garaje en Belgrano R. para poner la fábrica. Después nos mudamos a ese barrio y teníamos el negocio literalmente al lado de casa”, recuerda Dadi Marinucci sobre su papá en diálogo con Mujeres que hacen. El círculo se repite y la fábrica de Vasalissa Chocolatier en Los Polvorines está a tan solo unas cuadras de donde viven Dadi y Federica.

“Vasalissa nace cuando encontramos un libro de mi abuelo con las técnicas básicas de chocolatería. Ahí pensamos en hacer trufas para Navidad”, recuerda Federica. La idea de Benski era vender la fábrica de Cabsha y comenzar un nuevo negocio, esta vez junto a sus hijas, pero ellas estaban más interesadas en el arte. Pero si bien estaba dedicada a la fotografía, Dadi asegura que este hecho “despertó algo muy querido” de su infancia. Fue entonces que decidieron comenzar con Vasalissa, pero, según ellas, lo sentían “más como un juego que como un negocio”.

El primer local fue el de Martínez y, como todavía no contaban con máquinas, la mayor parte de sus productos eran trufas. “Yo regalaba muchos bombones también y las chicas me retaban”, comenta riendo Dadi, quien recibió de parte de su marido los US$ 70.000 que necesitaban como inversión inicial.

A pesar de que aseguran que no sentían una “presión” por ser parte de la familia que creó una de las golosinas argentinas más populares, sí reconocen que sentían la necesidad de hacer todo con los mejores materiales. “Creo que nuestro éxito fue que nunca nos propusimos hacer una empresa para ganar dinero sino que era un homenaje a mi papá y a sus valores”, explica Dadi.

Dadi y Federica Marinucci, madre e hija, son las fundadoras de Vasalissa Chocolatier.

Aunque el bombón de dulce de leche es el producto más pedido, el cliente puede encontrarse desde macarons y sfogliatellas hasta los helados artesanales en palito llamados “ice cream pops”. Dadi y Federica creen que la regla para introducir un nuevo producto en el catálogo de Vasalissa es simple: “Solo hacemos lo que nos gusta comer a nosotras”.

La estética de los productos, garantizado por la carrera de Bellas Artes de Dadi y de Escenografía de Federica, va de la mano con la calidad de chocolate que ellas consideran como innegociable. “Nosotras usamos chocolate belga para asegurarnos que sea 100% derivado del cacao”, detalla Dadi y agrega que están analizando comenzar a utilizar chocolate francés.

Para ellas, respetar el legado de Abrascha Benski era muy importante. Por eso, una de sus primeras actividades como nóveles empresarias fue acudir a la feria ISM de dulces y pastelería en Colonia, Alemania, para empaparse de la actualidad del negocio de la chocolatería. Madre e hija aseguran que la ayuda de los proveedores fue muy importante en los comienzos de Vasalissa, ya que, muchos de ellos antiguos conocidos del fundador de Cabsha, les prestaron máquinas y las guiaron para ir llevando el emprendimiento familiar. Pronto vino la apertura del segundo local en Callao y así fueron creciendo paulatinamente hasta lograr 6 boutiques a la calle.

El negocio creció y poco a poco las responsabilidades comenzaron a ser mayores y los volúmenes eran excesivos para que solo trabajen dos personas. “Teníamos una visión casi de almaceneros y contratamos más personal para ordenar la administración y que se encarguen de la parte comercial”, señala la hija de Benski. Al mismo tiempo compraron una pequeña fábrica en Los Polvorines que fue agrandándose año a año debido a la gran demanda de producción que tenía la empresa.

Hoy Vasalissa se convirtió en una gran empresa y ellas sostienen que, además de no haberlo pensado como un negocio, otra de las claves fue el tener un objetivo claro que les sirviera como faro. “Sabíamos lo que queríamos hacer y cómo hacerlo, no nos importaba que nos llevara mucho tiempo”, finaliza Dadi.



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2 Comentarios

Mariela Zapata Reportar Responder

Muy reconfortante saber que con pasión y dedicación podes crear un buen producto

Rol Ini Reportar Responder

Muy lindo proyecto. Puedo sugerir la producción de chocolates sin azúcar , ni químicos. Somos muchos los que no consumimos azucar (no por enfermedad...por salud)

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