La historia de Dina Mired, la princesa y empresaria que recaudó US$ 30 millones para combatir al cáncer
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La historia de Dina Mired, la princesa y empresaria que recaudó US$ 30 millones para combatir al cáncer

Nacida como Dina Khalifeh, cambió su apellido en 1992, cuando se casó con un príncipe jordano. Tras obtener un título real, aprovechó la exposición para fundar una organización que ayudara a erradicar la enfermedad de la que su hijo es sobreviviente. Su visión de la realeza, las mujeres, el mundo árabe, y los sistemas de salud a nivel global.

Por @CaroPotocar 17 de Agosto 2017

Es la mañana de un miércoles de agosto cualquiera y en Palermo hay una princesa.  No es la reproducción de un personaje de Disney en forma de muñeca ni la ganadora de un concurso de belleza. Dina Mired es de carne y hueso, y cuando se busca su nombre en Google aparecen antes de él las siglas H.R.H. -Su Altera Real”, por sus siglas en inglés-. De la misma casa real que la reina Rania de Jordania, la princesa de visita en Buenos Aires camina por un salón de La Rural sólo secundada por su asistente, que le recomienda tomarse unos minutos para descansar y tomar un café. Ella agradece el ofrecimiento pero decide seguir trabajando. No vino al país a ponerse a disposición de ningún político, sino de LALCEC (Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer), una organización cuya causa la toca muy de cerca.

Como declara en su Twitter, Dina Mired se define antes como madre de tres que como princesa -título que obtuvo en 1992, al casarse con el príncipe Mired-. Con un master en Negocios, fue durante más de 15 años directora general de la King Hussein Cancer Foundation, organización que fundó en 2002 después de que uno de sus hijos sobreviviera a la leucemia.  Fue la gestión de esa entidad –en la que logró recaudar más de US$ 30 millones para combatir a la enfermedad– la que le permitió ser elegida como la nueva cara de la lucha mundial contra el cáncer: hoy es presidenta electa para el período 2018-2020 de la UICC (Unión Internacional contra el Cáncer, por sus siglas en francés).

En diálogo con Mujeres que hacen, la princesa Dina Mired de Jordania habló sobre cómo su conocimiento en materia de negocios la ayudó a convertirse en una referente social a nivel global y cuál es su visión sobre la realeza, las mujeres, el mundo árabe y los sistemas de salud en todo el mundo.

 

Conociste a LALCEC porque la ONG es miembro de la UICC, una organización que vas a presidir durante los próximos dos años. ¿Cómo fue que te eligieron para ocupar ese puesto?

Yo dirigí la King Hussein Cancer Foundation (KHCF) por 15 años, una organización increíble. Empecé sola con una secretaria que no hablaba inglés, así que yo hacía de todo: desde los comunicados hasta las presentaciones para las empresas a las que íbamos a visitar. Fuimos creciendo lentamente hasta lograr recaudar US$ 30 millones y salvar la vida de miles de personas. Movimos a toda la comunidad; hasta recibimos a niños que venían con sus chanchitos para donar el dinero que les habían regalado en sus cumpleaños. Después de vivir esa experiencia me di cuenta de que quería ayudar a que otros países de ingresos bajos y medios como Jordania pudieran acceder a tratamientos de calidad contra el cáncer. Apliqué a este puesto y me eligieron.

 ¿Cuál fue tu reacción al recibir la noticia?

Me sentí feliz y orgullosa de mi misma por varias razones. Que me hayan elegido siendo mujer, árabe, no médica y de un país en desarrollo me convierte en un mensaje de esperanza para todos los que creen que la lucha contra el cáncer depende sólo de los doctores y el primer mundo. Creo que esto demuestra que todos podemos hacer algo. Norteamericanos y europeos ya lideran muchas ONGs, y está bien porque ellos pueden leer sobre nuestros problemas; pero no los ven en primera persona, no los viven. Al principio me pregunté si estaba realmente calificada para este tipo de puesto, pero después me di cuenta de que ser madre de un sobreviviente de cáncer te hace conocer mejor que nadie sobre lo que se siente la enfermedad, la agonía que atraviesa la familia de cada enfermo, cuán horrible es no tener acceso a un tratamiento de calidad y el dinero que cuesta encontrarlo.

¿Cuánto te ayudó el ser princesa?

Me ayudó al dirigir la KHCF, porque cuando pedía reuniones a CEOs para que se sumaran a nuestra causa, ciertamente el título me abría muchas puertas. Pero después de esa primera media hora –y me reconozco afortunada, porque no me daban nunca menos que eso–, nadie estaba dispuesto a poner de su dinero en la organización. Volvía a llamarlos y sus secretarías me decían que ellos estaban de viaje, aunque no fuera así.

¿Cuál fue el secreto para recaudar US$ 30 millones, entonces?

Gestionar a la organización como un verdadero negocio. En muchos países en desarrollo, las ONGs se ocupan nada más que de vender galletitas, lo que es genial, pero no cuando luchás contra el cáncer. Eso necesita de millones. Para comprometer a las empresas, tenés que llevar tu organización como a negocio: con departamentos de finanzas, asuntos legales, gobierno, marketing y comunicación. Nosotros empezamos así. Yo reunía a mi equipo, me ponía algo de maquillaje y salía con mi laptop a tener miles de reuniones. En cada una explicamos quiénes éramos, cuál era nuestra intención y qué teníamos para dar, para después preguntar que nos podía ofrecer el otro. Ahora todo el mundo quiere apoyar a la KHCF. Muchas casas reales tienen sus fundaciones, y a todas ellas el tener un título les abre puertas, pero conseguir que alguien done su dinero año tras año no es tan fácil. Por eso creo que el secreto está en manejarlas como a un negocio; un negocio con un corazón, pero un negocio al fin. Las ONGs tienen que comunicar lo que hacen y asegurarle a cada uno de sus colaboradores que el dinero va a ir a donde tiene que ir. Si lográs que te respeten por eso, la gente tiende a quedarse con vos. Nosotros lo vemos incluso ahora, que a pesar de que la situación alrededor de Jordania es muy mala, la recaudación sube.

¿Cómo se acomoda tu trabajo a los conflictos que hay en la región?

Jordania aloja a más de un millón de refugiados y ha sido muy difícil para nosotros. El turismo cayó por el miedo que genera la región, aún cuando Jordania es un país muy seguro. También disminuyeron las inversiones y el comercio con nuestros países vecinos desapareció. Alojar a los refugiados afectó a nuestro sistema educativo y también de salud. Ellos son personas, y por supuesto que entre un millón, algunos tendrán cáncer. Nosotros hacemos lo que podemos por ayudarlos, pero somos un país pequeño y realmente no damos abasto.

¿Quiénes creés que son los principales responsables de que conseguir un buen tratamiento contra el cáncer alrededor del mundo sea tan difícil?

Creo que gran parte del problema se centra en la falta de un buen management. Es verdad que en todo lo que respecta al cáncer se deben agregar seis ceros a la izquierda; y no se trata sólo de fabricar medicamentos, sino de construir hospitales y centros enteros dedicados a la enfermedad con una maquinaria específica. Pero con una acción a nivel nacional, el dinero se consigue. Y aún así algunos países no saben cómo organizarse. En 1997, cuando mi hijo fue diagnosticado, Jordania tenía un centro de cáncer con todo lo necesario. Sin embargo, la gente iba allí a morir, porque el sistema no funcionaba. Desde KHCF copiamos el modelo del St. Jude Children's Hospital y todo empezó a funcionar. Pero hasta ese momento, vi a increíbles doctores de Jordania y Palestina trabajando en los Estados Unidos, sólo porque la gestión en nuestros hospitales era un desastre. Lo difícil es eso, poner al sistema en funcionamiento. Y hacerlo bien.

¿Cuál creés que es la mirada que tiene el resto del mundo sobre los países árabes?

A mí me tocó vivir en los Estados Unidos mientras mi hijo estaba siendo tratado por su cáncer. Allí pude ver las noticias que pasan en los medios sobre nosotros, y creo que el problema está en cuánto nos generalizan. Porque somos distintos. La gente del Levante es distinta a los árabes de África y ellos a los saudíes. Yo misma vi cómo los medios nos retratan y me asusté. Pero eso es porque todo lo que muestran es a gente enojada, y no a todos aquellos que llevamos una vida normal. Y ni siquiera muestran los motivos detrás de esos enojos. Es triste.

¿Y sobre las mujeres en el mundo árabe?

En Jordania hay muchas mujeres que lideran organizaciones. Estamos presentes tanto en empresas como en el ejército y la policía, y somos muy respetadas. Por supuesto que siempre hay lugar en la agenda para que las mujeres demos un paso adelante, pero en Jordania somos parte de todos los aspectos de una sociedad. Yo estoy muy orgullosa de ser mujer y haber nacido en mi país. Amo el hecho de que en los países árabes el género no es tan sexualizado como en los países occidentales, donde el foco se pone muchas veces en el afuera. Abrís una revista y todas hablan sobre las Kardashian y el aspecto físico que se debería tener, y eso, como madre de una niña, no me gusta. Yo preferiría que ella sea apreciada por lo que hay en su cerebro, y no por su aspecto. No somos un objeto sexual.

¿Cómo es ser parte de la realeza y convivir con personajes como la reina Rania y el rey Abdalá II?

Lo que sucede en Jordania es que salvo el Rey y la Reina, el resto de la realeza no está realmente atada a demasiado protocolo. Somos muy cercanos al resto de la gente y cada uno de nosotros trabaja en algo distinto. Para nosotros, el título es sinónimo de servicio, y no un pase para vivir de fiesta. No es algo que podés tomar y ya, sino que debés ofrecer algo a cambio. El único aspecto diferente al de una vida normal es que sos siempre visto como un ejemplo a seguir, y eso lleva trabajo. Más allá de eso, todos somos iguales. Eso es de lo que te das cuenta cuando tu hijo tiene cáncer. Cuando él fue diagnosticado, la parte principesca se fue por la ventana y sólo quedamos dos padres durmiendo con su hijo en una habitación, tratando de ayudarlo y afrontarlo todo como un equipo.



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2 Comentarios

fwat Reportar Responder

"Dar a vasto" no es una expresión válida, lo correcto sería "dar abasto".

fwat Reportar Responder

"Dar a vasto" no es una expresión válida, la expresión correcta es "dar abasto".

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