La difícil historia detrás de la diseñadora que viste a la reina Máxima de Holanda
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La difícil historia detrás de la diseñadora que viste a la reina Máxima de Holanda

Una charla íntima con Graciela Naum, acusada de trabajar con talleres clandestinos y cuyo hermano fue víctima del clan Puccio. Por Carla Quiroga 16 de Mayo 2016

Fue y es la diseñadora argentina  predilecta de Máxima Zorreguieta, reina de Holanda. Lleva en sus entrañas la pasión por la moda. La entrepreneur Graciela Naum lidera la marca de ropa que lleva su nombre (GN), con cinco puntos de venta y planes de expansión.

De cuna de textiles, siempre supo que su destino estaría ligado a las telas. Su padre abrió la primera fábrica de seda en la Argentina. Su hermano mayor, Emilio “Milo” Naum, fue el creador de McTaylor y de McShoes, además de “ fuente de inspiración” de su vida.

Las vueltas del destino, los 12 años en Córdoba, la familia y la maternidad (es mamá de Matías, Dolores y Santiago) no la desviaron de su camino del mundo de la moda. Arrancó con Mumi, una línea de ropa infantil. Y llegó la oportunidad de producir 4000 trajes de baño para Milo, el hombre asesinado por el clan Puccio cuando se resistió a ser secuestrado. “Son situaciones que duelen siempre”, rememora, con lágrimas en los ojos. Mantenía una estrecha relación con su hermano: “Él me enseñó todo, a mirar el producto y el respeto por el cliente. Antes de aprobar una colección, examino las prendas, porque el interior es como su alma”.

Lo recuerda, hace una pausa, mira a su alrededor y se sorprende al descubrir que su oficina tiene las mismas características que la de su hermano: vista a un jardín interno, el mismo escritorio y su sillón, “heredados”. Su voz se entrecorta, pero continúa. “Con Milo entendí que la moda no es frívola”. Museóloga, Naum supo surfear los tragos amargos. La sorpresiva pérdida de su hermano la sumergió en una profunda depresión durante meses, que pudo superar.

En 2005, la acusación de utilizar talleres clandestinos fue otro sinsabor. “Fue muy duro, devastador, porque nunca tuve una causa, no era cierto y fue una operación en mi contra por haber sido la elegida por Máxima”, recuerda y asegura que aquella experiencia dejó su aprendizaje. Pudo especializarse en RSE en tiempos en los que pocas empresas realizaban acciones de sustentabilidad. 

El broche de oro fue la carta de felicitación de la Casa de Orange por cómo había manejado la crisis. Hoy, tiene el reto de mantener una marca de ropa en un mercado competitivo. En la compañía también trabaja su marido, Jorge Aguirre, con quien lleva 40 años de casados. “Fue difícil hasta que pudimos separar las áreas, acomodar las cargas. Todo nos llevaba a una discusión. La solución fue delimitar las responsabilidades y que las decisiones se tomen en el equipo gerencial”, finaliza.

Nota publicada en el One shot del diario El Cronista, Mujeres que hacen.



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