En primera persona: cómo emprender en pareja (y vivir para contarlo)
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En primera persona: cómo emprender en pareja (y vivir para contarlo)

Gabriel e Itatí decidieron desarrollar juntos su propia marca de zapatillas. La estrategia para lograr que el negocio –y la relación- funcionen bien.  Por Joaquín Garau 24 de Mayo 2016

Detrás de las ganas de crear Puro, un proyecto que vendiera zapatillas de diseño de autor, Gabriel Pozner e Itatí Montechiani tuvieron que afrontar los problemas clásicos de los emprendedores pero, también, vivir la aventura de trabajar junto a la pareja.

Se conocieron hace 11 años, cuando él hacía fletes para una casa de decoración en la que ella trabajaba. Mientras ellos salían, el proyecto nacía tibiamente.

“Me pareció que había un segmento no explorado como la zapatilla entre medio de la copiada y la de afuera”, explica Pozner, en diálogo con Apertura.com. “Empezamos a hacer un par a medidas y luego buscamos cómo fabricar en masa, fueron 2 ó 3 años de ver cómo fabricarlas”, detalla el emprendedor.

Así, en pareja, empezaron a ir a Plaza Serrano los fines de semana con esos primeros modelos. En la feria de artesanos, diseñadores y “buscas” que se dan cita en Palermo, probaron la suerte de los diseños. “El gran problema es que la gente, cuando tiene que usar zapatillas, apunta a la marca, y cuando sacás una nueva, le cuesta entrar en confianza”, detalla sobre el modelo de negocio.

Paralelamente, además de aprender a llevar un emprendimiento adelante, Gabriel Pozner y su pareja tuvieron que descubrir cómo se combina el amor con el negocio.  

“Tuvimos varios tiempos de diferencias; hicimos terapia y eso nos ayudó a acomodar los roles, porque al principio hacíamos todo entre los dos”, cuenta Pozner, quien explica cómo se resolvió la situación para que todos se vieran beneficiados: ellos y su negocio. “Con el tiempo cada uno fue desarrollando su espacio, su área. Ahora, tanto ella como yo decidimos sobre nuestra área en particular y el otro respeta”, asegura.

Con un nuevo local de 110 metros cuadrados en el barrio porteño de San Telmo bajo el brazo, en el cual invirtieron $ 250 mil, asegura que la experiencia de emprender en pareja no es para todos. “Hay gente que no te lo quiere mezclar. Lo recomiendo si estás dispuesto a todo. Nosotros nos podríamos haber separado, y a veces no te peleás como pareja sino por líos de laburos; pero si vas a creciendo y lo vas aceptando es buenísimo”, relata el emprendedor y jura: “A las cinco cortamos y se habla de otra cosa, porque si no te invade la vida”.

Ahora, ya asentados, tienen en mente seguir creciendo en la Argentina. “La idea es crecer como marca argentina de diseño, que propone, que no está agarrada por la moda”, dice Pozner y cuenta que el local que se abrió en Chile “está creciendo”.

Así, con 45 mil pares vendidos al año y locales en Palermo y Rosario, los dos emprendedores buscan –además de que los números cierren- hacer un “producto argentino”. O dicho por ellos mismos: “Que a la gente le cope la idea y la marca”.



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