De restaurar sillones en el Centro Cultural Kirchner a tener su propio proyecto artístico
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De restaurar sillones en el Centro Cultural Kirchner a tener su propio proyecto artístico

La historia detrás de la emprendedora que logró re inventar el negocio familiar.

Por Jimena Crapanzano 15 de Noviembre 2016

Felicitas Diamante nació en el seno de una familia de emprendedores. Sus padres, desde hace treinta años, tienen un negocio donde fabrican y venden sillones, sofás y algunos otros muebles, distribuido en dos showrooms en Zona Norte -más específicamente, en Beccar y San Isidro-. Se trata de Diamante Sillones, la empresa familiar ganadora de una licitación del Estado Nacional que la puso a cargo de restaurar la tapicería histórica del mobiliario original del antiguo Palacio de Correos y Telecomunicaciones, hoy transformado en el Centro Cultural Kirchner.

El tradicional negocio del que Felicitas participó desde joven logró reconvertirse cuando la emprendedora se animó a probar suerte en un rincón de uno de los showrooms: en Beccar, la hija de los dueños de Diamante Sillones creó, junto a su colega Julieta Benassi, “Atelier Textil”, un espacio donde ambas combinan el arte y el diseño en diferente tipos de telas.

En un comienzo,  la empresa nació con la idea de vender artículos para el hogar. No obstante, con el advenimiento de las grandes cadenas que se dedican a vender ese tipo de mercadería, los padres de la emprendedora se vieron relegados en el mercado y, entonces, comenzaron a fabricar sillones. Así empezó todo. Y junto a ello, la vocación de la co fundadora por el arte y las telas.

“Siempre me gustó el arte, cuando era chica iba a un taller donde pintaba. Siempre fui muy estética. Yo quería trabajar en algo estético”, cuenta Diamante, quien cursó durante un año y medio la carrera de Diseño de Interiores pero que luego abandonó. “Sentía que ya sabía mucho sobre arte porque lo viví desde chica”, confiesa. Fue durante 2015 que decidió dar el gran salto y crear Atelier Textil, un taller creativo y artesanal donde las artistas aseguran que cada diseño es único e irrepetible, confeccionado en base a los gustos y preferencias de cada cliente que visita el showroom.

“La idea  del Atelier surgió porque yo pinto cuadros, y siempre me gustaron los géneros y las telas. Mi papá tenía un local de decoración, de venta de sillones, y yo quería salir un poco de esa idea”, recuerda la emprendedora en diálogo con Mujeres que hacen. Si bien el Atelier está ubicado dentro del local de sus padres, el trabajo que hace Felicitas lleva su marca registrada en la firma de cada uno de sus productos. “Siempre trabaje dentro de la empresa de mis padres, ahora sigo con el objetivo de sacar una línea de telas moderna e independiente del negocio familiar”, anticipa entusiasmada.

De esa forma, el negocio familiar que se inició hace treinta años viró hacia el arte. Lo que los diferencia, según comentan desde el emprendimiento artístico, es que todos compran las telas en los mismos proveedores, y por ende se repiten los diseños. En cambio, en Atelier Textil dicen utilizan telas que son únicas y que pueden usarse para tapizar, hacer fundas, almohadones, o lo que el cliente quiera. “Cuando un diseño ya se utilizó no se puede repetir”, sostiene Felicitas.

El proceso de diseño consiste en comprar las telas en crudo y teñirlas con tinturas naturales. Una vez hecho esto, el producto tarda una semana en secarse. Cuando la tela está teñida y seca, buscan diseños ingeniosos para  continuar el proceso. Por último, integran las estampas con pintura especial para telas. 

Los productos se fabrican a pedido, por lo que el primer contacto con el Atelier es generalmente vía e-mail. Aunque aún no lleva la cuenta de la cantidad de ventas realizadas, desde el micro emprendimiento afirman que por día reciben entre tres o cuatro personas en el showroom. “Hacemos la producción por pedido, y siempre estamos viendo lo que quiere cada cliente. Para mí, cada tela es una obra de arte”, resalta Felicitas.



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1 Comentario

rex hewlett Reportar Responder

Diamante! tremendo apellido jaja

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