14 de Febrero 2018

Creó una orquesta-escuela en su ciudad natal y su proyecto se volvió nacional

Valeria Atela es la cabeza de este proyecto que cumple 20 años y logró captar la atención del Papa Francisco. La música como herramienta para la integración.

Creó una orquesta-escuela en su ciudad natal y su proyecto se volvió nacional

A 120 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en una ciudad de poco más de 33.000 habitantes, nació un proyecto que, sin proponérselo, se multiplicó a lo largo y a lo ancho del país. Un efecto contagio que Valeria Atela, fundadora de la Orquesta-Escuela de Chascomús, nunca imaginó. Este año se cumple el 20º aniversario de esta herramienta de integración a través de la música. “La inclusión es solo el primer paso de una integración, que es lo que necesitamos todos como personas, poder encontrarnos en la diversidad de nuestros pensamientos y, entre todos, encontrar un mensaje común”, asegura la musicóloga en diálogo con Mujeres Que Hacen. Los difíciles inicios, el arduo desarrollo y el soñado presente de un proyecto que multiplica.

Oriunda de la ciudad que vio nacer a Raúl Alfonsín, Atela comenzó a desarrollar lo que sería la semilla de la orquesta-escuela mientras estudiaba para convertirse en Licenciada en Música en la Universidad Católica Argentina (UCA). Sin embargo, el plan, que en sus inicios tendría alcance nacional, se dio por finalizado antes de empezar. “Mi idea era iniciarlo y después dejar a alguien, pero hablé con la Municipalidad (de Chascomús) y estaban muy enchufados para hacerlo”, recuerda. Luego de conseguir que una empresa local financiara la compra de los instrumentos, Atela se encargó de desarrollar los lineamientos pedagógicos, ya que, según ella, “se trataba de una escuela de vida a través de una orquesta”.

La Orquesta-Escuela de Chascomús nació oficialmente en 1998 y de los 30 alumnos que formaron parte de la etapa inicial hoy el número creció a 800 niños que tocan de manera activa en las varias orquestas que la componen. “Contando ex alumnos ya pasaron más de 6000 chicos por la propuesta. Incluso atravesó generaciones y hoy hasta tengo nietos en la orquesta”, cuenta la profesora de música. Y destaca que la idea primigenia de la orquesta era que estuviera formada en un 80 por ciento por chicos en situación de vulnerabilidad y en un 20 por ciento por inscripción abierta: “Con eso generás variedad. La única salida que tenemos como humanidad es la integración”.

El proyecto, poco a poco, fue escalando. Primero se convirtieron en teloneros de la Sinfónica Nacional de Chascomús, luego la ciudad fue declarada Capital Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles y en 2005 se creó la Fundación Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Argentina (FSOIJAR) con el proyecto de Atela como núcleo fundacional. No obstante, también hubo piedras en el camino. “La primera generación fue complicada porque quizá le sacábamos una mano laboral a la familia. En el pueblo nadie trabajaba un instrumento, no existía, los chicos tenían que estar cuidando a sus hermanos o trabajando en la changa familiar. Pero ahora las familias vieron que hay muchos chicos que trabajan de la música. Fue todo un proceso”, explica. Hoy son alrededor de 40 profesores los que trabajan en la Orquesta-Escuela de Chascomús, pero ya son más de 45 los proyectos que integran la red argentina.

Fue José Antonio Abreu el creador de “El Sistema” –nombre con el que se conoce al Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles de Venezuela–, modelo que, sin saberlo, la chascomusense replicó en el país. Cuando el maestro venezolano se enteró de esto, rápidamente apoyó el proyecto e incluso envió profesores para fortalecerlo. Aquella vez más de 200 jóvenes, incluso desde Uruguay, se trasladaron a Chascomús para una jornada que acabaría sentando las bases de El Festival, que este año tendrá su sexta edición. “Van a venir chicos de 24 jurisdicciones del país”, adelanta Atela. El proyecto de Chascomús también fue reconocido por la iniciativa Scholas Ocurrentes y una pequeña delegación de la orquesta interpretó una canción para el Papa Francisco en el Vaticano.

Si bien creció a pasos agigantados, la presidente honoraria de FSOIJAR expresa que la Orquesta-Escuela todavía tiene algunas cuentas pendientes. “Me parece que estamos en la etapa de institucionalizar esto. Hasta ahora se hizo de una manera muy artesanal, con mucho amor por supuesto, pero hay aspectos que deben profesionalizarse”, detalla. Y agrega: “Se sostiene todo por el voluntariado de los que estamos y me parece que hay que pasar a una etapa más institucional, de tener algunas cosas garantizadas”. La integración es la música y la orquesta es el instrumento. “Un instrumento igualador maravilloso”, concluye.



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