Guía para indicarle a un miembro de la junta directiva cuándo debe irse
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Guía para indicarle a un miembro de la junta directiva cuándo debe irse

Por Andrew Hill 09 de Noviembre 2016

Más difícil que sacar por medio de votación a un miembro es reconocer cuándo te ha llegado el momento de salirte.

Existe un recurso global que parece poco probable que jamás se agote: los candidatos a las juntas directivas. Olvidate de las advertencias sobre el efecto disuasivo de la creciente carga de trabajo, de los riesgos y las incertidumbres cada vez mayores, de las molestas regulaciones y del escrutinio cada vez más intenso, todas las cuales son, por cierto, verdaderas y lo han sido por lo menos durante los últimos 15 años. Nada parece alejar a los directores de la sala de juntas una vez que han sido parte de ella. 

Sin embargo, existe una sombra que se cierne sobre las ambiciones de los miembros de la junta de permanecer en su posición: la revitalización: la necesidad de que las empresas incorporen a nuevos y diferentes directores a la sala de juntas.  

Más de un tercio de los miembros estadounidenses de juntas directivas cree que alguien en su junta directiva debiera renunciar, una cifra que se ha mantenido estable desde que PricewaterhouseCoopers (PwC) comenzó a hacer la pregunta en su encuesta anual de las juntas de EEUU en 2012. Pero, aunque las juntas evalúan las habilidades de sus miembros más de lo que solían hacerlo, solamente la mitad de los directores dijeron que su compañía había hecho algunos cambios dentro de la junta después de estas autoevaluaciones.  

La membresía en la junta todavía proporciona acceso a una poderosa y estimulante red; no es de sorprender que pocos quieran apartarse del carrusel de gobernanza, y mucho menos decirles a otros que se vayan. Como me comentó un miembro de una junta directiva la semana pasada durante la conferencia Outstanding Directors Exchange (ODX) del Financial Times en Nueva York, es difícil decirle a tu cónyuge que no nos podemos reunir con ese amigable director y su esposa para cenar este fin de semana porque acabo de conspirar para sacarlo de la junta por votación.  

La compañía asesora ISS señala que entre las más importantes 1,500 compañías estadounidenses cotizadas en la bolsa de valores, menos del 15 por ciento de los puestos de la junta directiva están ocupados por directores que se incorporaron durante los últimos dos años. Eso es a pesar de la fuerte concienciación acerca de la necesidad de buscar nuevos miembros entre un grupo más amplio, y de muchas iniciativas para alentar a más mujeres y minorías étnicas a solicitar participación en estas juntas.  

Por lo tanto, a continuación les ofrezco una guía —basada en los comentarios extraoficiales de los participantes en el evento ODX— de los tipos de directores que debieran ser los primeros en la fila para ser ‘revitalizados’:

Los holgazanes

Un cuarto de los directores encuestados por PwC citó la falta de preparación para las reuniones como una razón por la que un miembro del consejo debiera ser reemplazado. Ese porcentaje ha aumentado significativamente desde 2012, tal vez en correlación con la cantidad de trabajo que ahora se les asigna a los directores. Una gran cantidad de material de lectura actualmente se coloca en los apéndices de los documentos de la reunión, según lo expresado por un director con quien conversé, lo cual parece ser una manera efectiva de ‘animar’ a los miembros de la junta a ignorarlo. 

Los que tienen que aventajar a los demás

Éstos son los miembros de la junta que, en palabras de un director ejecutivo estadounidense, "consideran la conversación con el director ejecutivo como una prueba de inteligencia, una batalla de ingenio". Muy a menudo, expresó esta persona, la situación puede "degenerar en una enorme disfunción". 

La mayoría silenciosa.  

Una presidenta especializada en compañías con problemas me dijo que, al interrogar a los directores de su nueva junta por vez primera, se había sorprendido al descubrir que cada uno había individualmente decidido hace mucho tiempo que el director ejecutivo era inadecuado. Ninguno se había atrevido a decírselo.   

La vieja guardia

Ni la edad ni un largo tiempo de servicio debieran significar una descalificación automática para un cargo. De hecho, en palabras de un director que pertenece a varias juntas de empresas incluidas en el índice S&P 500, a los "individuos que han participado durante más tiempo" se les facilita no hacerle caso al impacto potencial de decisiones específicas sobre su reputación personal. 

"Están más preocupados que los nuevos miembros por encontrar la respuesta correcta" para la compañía, agregó ella. Aun así, aquellos miembros que han ocupado su posición durante un largo tiempo y han perdido la capacidad o el deseo de plantear las cuestiones difíciles deben ser, según lo expresó en su frase extremadamente educada, "inducidos a seguir una transición de salida".  

Los "sofocadores"

En el peor de los casos, los directores ejecutivos que ascienden para asumir la presidencia ‘asfixian’ a sus sucesores. "Mi presidente... no creía que nadie pudiera dirigir la empresa, sino él", comentó un ex director ejecutivo la semana pasada, a la vez que el actual director agregaba: "Si te autodefinís basándote en tu papel como director ejecutivo y el papel cambia, será muy doloroso, y es probable que de hecho no te recuperes". 

Pero los líderes corporativos que resienten la supervisión de los miembros de la junta también pueden convertirse en una carga. Otro individuo que no era un ejecutivo recordó cómo un director ejecutivo se volvió tan sospechoso que, si veía a un miembro de la junta intentando conversar con uno de los miembros del equipo ejecutivo durante una recepción, inmediatamente se encaminaba hacia ellos para acabar con la conversación. 

Lo que sucede en las juntas en su mayoría permanece dentro de las juntas. Eso es tanto una virtud como una desventaja. Los directores debieran ser los mejores jueces de la conducta de sus compañeros y los mejor posicionados para desafiar a un débil miembro de la junta. La alternativa es esperar a que un agresivo activista con una lista de reemplazos lo haga por ellos. 

Los miembros de juntas directivas presentes en el evento ODX dijeron que pensaban que serían lo suficientemente maduros como para darse cuenta de que les había llegado el momento de partir. Pero como lo demuestran los datos sorprendentemente estáticos de sustitución, una cosa es pedir que se revitalicen las juntas, y otra muy distinta es admitir que eres tú el que necesita ser ‘revitalizado’.



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