El detrás de los Jaguares: cómo nació el nuevo equipo de rugby argentino
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El detrás de los Jaguares: cómo nació el nuevo equipo de rugby argentino

Luego del ingreso de Los Pumas al Rugby Championship, la Argentina participará desde este año en el Super Rugby, el certamen de equipos más competitivo del mundo, con la franquicia Jaguares.

26 de Febrero 2016

El 26 de febrero no será un día más para el rugby argentino. Esa tarde, en el Free Stadium de Bloemfontein, Sudáfrica, los Jaguares, la primera franquicia argentina en el Super Rugby, hará su debut oficial en el principal torneo de equipos de este deporte en el Hemisferio Sur. La cita, más allá de la fecha y el rival, los Cheetahs, simboliza, para el universo de la ovalada, el salto evolutivo que necesitaba para consolidar su lugar en la elite internacional. Un ajustado calendario de seis meses, largos viajes alrededor del planeta y, al menos, 15 partidos, aguardan en este reto que reto que pondrá enfrente, cada año, a los mejores rugbiers del mundo.

La confirmación de la franquicia argentina en el torneo fue el paso que faltaba en el proceso de profesionalización del alto nivel en el rugby nacional, una transición que involucró a Los Pumas, la gestión dirigencial y a toda la estructura de formación y competencia local, hasta hace no mucho reducida a los certámenes de clubes y a un puñado de partidos con selecciones extranjeras. El tercer puesto conseguido por el seleccionado en el Mundial de 2007 fue el gran disparador. Inesperado para muchos, no tan sorpresivo para sus protagonistas, aquel logro marcó un rumbo y planteó, al mismo tiempo, la necesidad de cambios para continuar en la senda del crecimiento. Retirado tras ese Mundial, Agustín Pichot, capitán del seleccionado que se colgó el bronce en 2007, dejó la camiseta y se calzó el traje de dirigente.

Su rostro fue el emblema de las negociaciones ante la World Rugby, la entidad madre del deporte a nivel internacional, y la Sanzar, la organización que nuclea a las uniones de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, los países que marcan el pulso del rugby mundial. Primero llegó el turno de Los Pumas, que en 2012 concretaron su anhelo de contar con un torneo anual al sumarse al Rugby Championship para medirse con los All Blacks, los Wallabies y los Springboks. Algunos años después, con victorias ante australianos y sudafricanos y una nueva semifinal mundialista, en la edición 2015 del campeonato, llega el momento de buscar nuevas credenciales, ahora entre equipos, en el Super Rugby.

Esta incorporación, además de ratificar a la Argentina en el primer nivel internacional, completa la agenda de alta competencia para los jugadores locales. Este torneo se disputa semanalmente durante el primer semestre del año, y luego de la final, el 6 de agosto, se inicia la etapa de seleccionados en el Rugby Championship, que arranca a fines de ese mes y finaliza en octubre. A diferencia de años anteriores, con la exigencia concentrada en partidos esporádicos y los jugadores repartidos por diferentes partes del planeta, de acá en adelante el calendario ofrecerá una temporada ininterrumpida de torneos, con los jugadores basados permanentemente en la Argentina y la posibilidad de medirse continuamente con los mejores.

Nueva etapa

Este salto al profesionalismo impulsó, al mismo tiempo, cambios en toda la estructura de la Unión Argentina de Rugby, tanto a nivel deportivo como dirigencial y organizacional. Para completar el plantel de los Jaguares, la UAR contrató a los más de 30 jugadores que participarán en esta primera experiencia, e impuso esa condición como requisito para participar tanto en esta franquicia como en Los Pumas. Con foco en el desarrollo a largo plazo, Jaguares se apoya en muchos jugadores jóvenes con experiencia mundialista, como Agustín Creevy, Leandro Senatore, Tomás Lavanini o Nicolás Sánchez, goleador en Inglaterra 2015, más algunos experimentados como Juan Martín Hernández o Juan Martín Leguizamón.

Otros consagrados como Marcelo Bosch, Marcos Ayerza, Horacio Agulla o Juan Fernández Lobbe, con contratos vigentes con clubes en Europa, quedaron al margen del certamen y, en principio, tampoco podrán vestir la camiseta de Los Pumas. Bajas sensibles para una temporada sin interrupciones.


“Desde chico siempre soñé con jugar en este torneo que es el mejor campeonato del mundo. Para mí es un sueño. Además, podemos estar en Argentina, vivir acá y estar cerca de nuestras familias”, explica Creevy, capitán del seleccionado y, a partir de ahora, de los Jaguares, que, al igual que Senatore, se desvinculó del club inglés Worcester Warriors para firmar con la UAR y poder integrar los equipos argentinos. Estos casos, o el del propio Hernández, que dejó el Toulon francés, ilustran el camino que siguieron la mayoría de los rugbiers que arrancaron la pretemporada el 4 de enero.

“Es la oportunidad de seguir en crecimiento personal y conocernos en el juego”, analizó el capitán, formado en San Luis, de La Plata. Raúl Pérez, asistente del entrenador de Los Pumas Daniel Hourcade, fue designado como director técnico de la franquicia, con Felipe Contepomi, Martín Gaitán y José Pellicena como sus ayudantes, en un equipo independiente pero cercano al del seleccionado. “Si bien son los mismos jugadores que Los Pumas, queremos que Jaguares sea un equipo con una identidad propia”, anticipó Pérez el día de la presentación de la franquicia, que disputará todos sus partidos como local los sábados a las 18, en el estadio de Vélez.

En el área dirigencial, la UAR decidió contratar a un especialista extranjero para conducir y gestionar este crecimiento. Desde mediados de agosto de 2015, el neocelandés Greg Peters, quien supo desempeñarse como CEO de la Sanzar, ocupa el cargo de manager del rugby profesional de la entidad.

“El Mundial de 2007 fue el punto de partida de todo este plan que nos llevó a la alta competencia. La diferencia con los mejores se viene reduciendo en los últimos cuatro años, especialmente desde la incorporación al Rugby Championship, y poco a poco los vamos a ir alcanzando”, relata Peters.


 

“Tenemos un plantel fuerte, pero necesitamos tiempo para tener un desempeño óptimo. Son muchos viajes largos con cambios de horario y un mismo grupo de rugbiers, algo que los otros países ya vivieron. Nos va a llevar un tiempo acostumbrarnos a enfrentar a los mejores”, cuenta Peters, que desde su rol supervisa temas de organización, el negocio y el marketing alrededor de los Jaguares.

El ingreso de la franquicia en el Super Rugby, según cuentan en la UAR representa el 35 por ciento de las erogaciones de la entidad, también tuvo su impacto en el aspecto comercial. La renegociación de los contratos con sponsors (Personal, que auspicia el nombre del torneo, y QBE Seguros son algunos de los que ya se sumaron) y el incremento en los ingresos en concepto de los derechos televisivos son dos de los principales rubros que  elevarán el presupuesto anual de la UAR para 2016, que según estimaciones extraoficiales, rondará los 250 millones de pesos.

Fueron años de gestiones, victorias resonantes, mofas sobre las ‘derrotas dignas’, logros históricos y la convicción de querer enfrentar y ganarles a los mejores. Luego del premio para Los Pumas, llega la hora de los Jaguares, con los mismos jugadores pero distinta camiseta y rivales que hace poco se veían por televisión. Serán seis meses intensos, con más de 67.700 kilómetros de viaje y 15 partidos casi sin descanso. Parte de la misión está cumplida. Ahora, a jugar.

De dónde viene

“Es la NBA del rugby”. Agustín Creevy, capitán de Los Pumas y, ahora también, de los Jaguares, definió así al Super Rugby, el torneo más competitivo a nivel equipos, que cumple dos décadas este año. Nació por iniciativa de la Sanzar, la organización integrada por las uniones de Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda, como una liga regional que permitiera, a las tres grandes potencias, contar con un certamen local que acompañara la transición al profesionalismo. Doce participantes (cinco de Nueva Zelanda, cuatro de Sudáfrica y tres de Australia) disputaron, en 1996, la primera temporada del llamado, por entonces, Super 12.

Con la participación de los mejores jugadores de esos tres países, y una cuidada puesta en escena en cada partido que supo capitalizar el fervor de los aficionados por la ovalada en esa parte del mundo, el campeonato se estableció como el mayor torneo de clubes de rugby a nivel regional. Con la misma receta de rugby-espectáculo, en 2004 el número de equipos se amplió a 14, y a partir de esa ampliación, el certamen asumió un nuevo nombre (Super 14), que cambiaría nuevamente en 2011 con la incorporación de un nuevo conjunto, para convertirse en el Super 15. Tras cinco años de vigencia de ese formato, la expansión a 18 participantes y el debut, además de la Argentina, de Japón, con su franquicia Sunwolves, demandó una reestructuración del esquema de competencia y la adopción de la nueva identidad para la liga: al igual que el Tres Naciones, el certamen anual que disputaban las selecciones de Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda, rebautizado Rugby Championship tras la incorporación de Los Pumas en 2012, el torneo de equipos disputará este año una nueva temporada con nuevo nombre, más partidos y la misma exigencia.

 

El original de esta nota fue publicado en el número de enero de Clase Ejecutiva.



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