De qué se trata la metodología de trabajo inspirada en el rubgy que quiere ganar terreno en las empresas
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De qué se trata la metodología de trabajo inspirada en el rubgy que quiere ganar terreno en las empresas

A través de liderazgos situacionales y deadlines de corto plazo, el scrum busca promover tanto innovación como productividad. En qué consiste.

Por Carolina Potocar 19 de Mayo 2016

La popularidad del rugby en la Argentina está creciendo, y no sólo gracias al nacimiento de los Jaguares. En el mundo empresarial, hay una práctica surgida en los ’90 que hoy está ganando terreno: la de, a la hora de desarrollar nuevos productos o servicios, utilizar metodologías ágiles de trabajo como el Scrum. Asociada desde sus inicios al desarrollo de software, esta forma de trabajo que toma su nombre del deporte regido por la ovalada y promueve los liderazgos situacionales, un feedback activo y un aprendizaje rápido alcanza cada vez a más sectores.

Desde Kleer, firma de coaching especializada en metodologías ágiles, sus entrenadores sostienen que “el agilismo busca poner a las personas y sus interacciones por encima de los procesos”. ¿Qué significa esto? En vez de centrarse en la obligación de entregar un producto o servicio determinado en cierta fecha y de cierto modo, técnicas como el Scrum privilegian la colaboración con el cliente y con el usuario, e intentan que en todo momento haya una respuesta activa al cambio antes que seguir un plan establecido.

“A la hora de innovar, este tipo de metodologías pueden representar una solución adecuada, porque cuando se trata de trabajar sobre un producto innovador, no hay nadie que tenga la receta exacta”, propone Juan Gabardini, Agile Coach y entrenador, en diálogo con Apertura.com. Sobre la forma de trabajar de los equipos ágiles, el especialista detalla: “Se toma como norma la necesidad de armar equipos multidisciplinarios, experimentados y de alrededor 7 personas (± 2), en los que todos aportan en los procesos y todos son valiosos, entonces los liderazgos son situacionales”.

Así, “en un momento determinado, la persona que analiza el mercado y que conoce los intereses de los clientes que van a usar el producto o servicio puede liderar el proceso de trabajo, pero luego ese mando pasa al equipo desarrollador”. Como en el rugby, dice Gabardini, “la persona que tiene la pelota es la que va decidiendo qué hacer”.

Carlos Peix, Agile Coach & Trainer en Kleer.

Según los expertos de Kleer, “el marco de trabajo ágil considera que las personas más indicadas para tomar las decisiones son las que se encargan de realizar el trabajo. Es decir, rompe con la estructura jerárquica de equipos en la que las capas altas organizan el trabajo de las inferiores, lo distribuyen, lo revisan y realizan su seguimiento".

 

Para Carlos Peix, Agile Coach y entrenador colega de Gabardini, “metodologías como el Scrum en particular están construidas alrededor del riesgo, sobre la base de que cuando estás innovando vas a estar expuesto al riesgo, entonces el foco se pone en diseñar y construir un producto o servicio enfocado en el campo y en recibir feedback que atraviese al instante el proceso de trabajo y reducir los riesgos a la hora de salir al mercado”.

Dentro de las metodologías ágiles, el Scrum es una de las más difundidas. Para sistematizar la detección de errores y encontrarlos lo más tempranamente posible, los proyectos se dividen en pequeñas iteraciones o sprints (de entre 2 y 4 semanas), al final de las cuales se presenta al cliente una versión, progresivamente más evolucionada, del producto o servicio final. De este modo, el Scrum busca sustituir largos períodos de análisis y especulación teórica por hechos tangibles; cada par de semanas se construye una pequeña porción del producto, que sirve para validar si se está avanzando en la dirección correcta.

“El objetivo es maximizar el feedback del cliente, darle oportunidades frecuentes de comprobar si el producto le aporta el valor que esperaba”, explican desde Kleer. De esta manera, se genera un contexto de aprendizaje acelerado, en el cual se busca “fallar rápido”: si existe un error, es preferible descubrirlo a las dos semanas que a la entrega final varios meses (o incluso años) más tarde.

Tanto Gabardini como Peix aseguran que, al ir en busca de todo lo que puede fallar desde el comienzo, lo que permite esta metodología es “llegar a la fecha de entrega final con una menor carga de estrés, porque los resultados ya fueron en gran parte testeados”. “Esto se ve reflejado en los niveles de satisfacción de los empleados, y es uno de los principales beneficios de trabajar aplicando Scrum”, comenta Peix a este medio. Por su parte, Gabardini cree que los beneficios también alcanzan a los niveles medios y altos de la pirámide organizacional de una compañía. “Cuando una persona toma decisiones sobre proyectos de dos o tres años de duración, eso tiene implicaciones de política corporativa muy fuertes. En cambio, en los proyectos que aplican el agilismo, jefes de equipo, directivos y gerentes no se juegan su carrera cada vez que toman decisiones sobre un proyecto”.

Juan Gabardini, Agile Coach & Trainer en Kleer.

Además de la satisfacción del empleado, Gabardini menciona aspectos como la focalización en el valor que va a recibir el usuario final y su consecuente consciencia del valor del negocio como beneficios extra. “Además, la mejor forma de generar conocimiento es a través de las personas, y el Scrum permite eso. Y mejor aún, permite que ese conocimiento quede en la compañía, y luego se aplique en otras áreas de la empresa”, insiste.

Para instalar esta práctica en una organización, indica que lo mejor es comenzar con un equipo, hacer adaptaciones que vayan en sintonía con el ADN de cada compañía y pasar a trabajar con cada vez más equipos. Aunque advierte que “en una organización muy grande esto puede llevar años”, Peix comenta que los ciclos de aprendizaje son cortos, menores a los 3 meses, y la entrega de valor tiene lugar en forma frecuente”.

Entre las empresas que ya aplican esta forma de trabajo se encuentran la agencia de viajes argentina Plataforma 10, la agencia de creatividad digital peruana Nodos, y el Ministerio de Modernización del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.



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