De CEO a dueño: la historia de un ejecutivo que dio el paso
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De CEO a dueño: la historia de un ejecutivo que dio el paso

Después de 5 años en el puesto, Miguel Maximiliano Livi decidió dejar la oficina de Director Ejecutivo para ser el nuevo propietario de Royal Class, compañía aérea de vuelos privados. Tres años después de tomar la decisión y en primera persona, luces y sombras del cambio.

Por Carolina Potocar 16 de Septiembre 2016

“Era como cuando intentás sacarle una tiza a alguien de la mano: podés romper un pedazo y quedarte con él en tu mano, pero siempre el otro se va a quedar con un pedacito final”. El devenir profesional de Miguel Maximiliano Livi lo llevó, en una u otra compañía y por más de 15 años, a conocer de memoria la sensación, al ocupar durante todo ese tiempo el cargo de Director Ejecutivo y convivir al mismo tiempo con el deber de dar explicaciones, propio de quien maneja una organización, pero en los papeles, no la posee.

Sin embargo, el punto de inflexión llegó tres años atrás, cuando el licenciado en Administración de empresas, en ese momento  CEO de Royal Class (compañía de servicios aeronáuticos privados con sede en Aeroparque), decidió hacerse cargo de su ambición más relegada: la de pasar a ser dueño.

“Fue concretamente el 1 de agosto de 2013. Esa madrugada, a la hora cero de ese día pasé a ser dueño”, rememora Livi, en diálogo con Apertura.com. “Toda mi vida me preparé profesionalmente como directivo de empresas, pero nunca como ejecutivo entrepreneur”, dice quien antes de Royal Class había ocupado el puesto de CEO en Sacoa y Grupo Eulen, compañía de capital español especializada en brindar servicios de higiene y limpieza, seguridad y soporte a distintas empresas, en la que el argentino tuvo a su cargo a 4.000 empleados.

Livi, quien asegura que haber realizado un MBA fue fundamental para transitar el proceso, sostiene que fue la oportunidad la que lo ayudó a detectar su deseo de ser dueño. “Creo que uno tiene adentro suyo intereses escondidos difíciles de detectar en la superficie del día a día, pero debe ser que en mí había una llamita que estaba atenta , esperando el mejor momento, y que cuando la oportunidad llegó, se encendió”, reflexiona.

Sobre las sensaciones que le generó el considerar la apuesta, el magíster en Administración de Negocios confiesa que “más que miedo, el desafío le generó dudas”. “Por otra parte, el apoyo de mi familia y lo interesante de la propuesta pesó tanto que sentí que valía más la pena el riesgo de aceptarla que la duda de qué hubiera sucedido si no lo hacía”, agrega. A la hora de dar el paso, sin embargo, el contexto no ayudó. “Las autoridades del momento habían decidido que Aeroparque tenía que estar despejado de la aviación privada, y eso nos complicó mucho”, recuerda.

En el otro extremo, fue el personal de Royal Class quien sí le dio el visto bueno a Livi, que afirma: “Para mí fue crítico el convencimiento del equipo de que sí se podía ir para adelante sin la banca de nuestros anteriores accionistas; y eso se refleja hoy, porque en este tiempo no hubieron casi cambios en nuestra estructura y la dinámica del día a día es la misma”.

Del mismo modo, fue también esa confianza en sus empleados la que lo ayudó a convencer a sus ex jefes de que él era el indicado para continuar con la firma. “Cuando me preguntaron ‘¿Qué te hace creer que sin nosotros a vos te va a ir mejor?’, mi respuesta fue que iba a poder dedicarle el 100 por ciento del tiempo a ejecutar, y ni un 1 por ciento a dar explicaciones”, comparte quien, a lo largo de su trayectoria, tuvo que rendir cuentas hasta a distancia y a superiores ajenos a la coyuntura local.

Al día de hoy y con experiencia como propietario, reconoce que aspectos del cambio que creyó serían buenos terminaron convirtiéndose en una  dificultad. “De lo primero que me di cuenta es que la posibilidad de ir al correo antes de que cerrara a las 18 horas y renunciar ya no existía; fue una variable que no había tenido en cuenta, que no estuvo en mi análisis”, revela.

Al mismo tiempo y con respecto a la metáfora de la tiza, añade: “Ese enojo por no poder tener la última palabra a la hora de tomar una decisión como CEO también me brindaba, de alguna forma, cierto alivio, porque al fin de cuentas me amparaba; pero el día que pasé a ser dueño, ese día me dieron el pedacito de tiza que nunca había tenido antes, y la sensación de responsabilidad que ese hecho contrajo fue muy intensa”.

Aunque el primer año fue el más duro, pagar los sueldos dejó de ser un trámite y ante las vicisitudes dejó de existir un superior al que recurrir, Livi dice que hoy es más feliz. “No tenemos deudas, tenemos una rentabilidad moderada, nuestros balances están ordenados, las cargas sociales pagas; estamos vivos y sanos”, bromea. Luego de superar el mayor de los desafíos y realizar, gracias a sus allegados y a través de modelos de leasing, la compra de dos aeronaves propias –convertirse en accionista mayoritario sólo le dio la propiedad de la empresa y los derechos de la marca–, el piloto comercial se sigue despertando, a tres años del 1 de agosto de 2013, “con ganas de ir a trabajar”.



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2 Comentarios

Facu Crimella Reportar Responder

Muy interesante!!!

HECTOR D´AMORE Reportar Responder

FELICITACIONES. ESTIMARÍA CONTACTO PARA ESTABLECER DIALOGO CON MIGUEL LIVI. GRACIAS.

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