Verón: “Antes que en el fútbol, el Gobierno podría invertir ese dinero en colegios y hospitales”
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Verón: “Antes que en el fútbol, el Gobierno podría invertir ese dinero en colegios y hospitales”

Ídolo y emblema con la camiseta del Pincha, se consagró presidente de Estudiantes con más del 70 por ciento de los votos. Con perfil de CEO, aspira a gestionar al club platense bajo los estándares de eficiencia de los campeones europeos. Su opinión sobre Fútbol para Todos, el futuro de la AFA y el azote de los barras. Por Esteban Lafuente 29 de Enero 2015

 

 

“Las cosas hechas sueltas no sirven para nada. Tiene que haber un hilo conductor en todo lo que hacemos”. Juan Sebastián Verón sabe de qué se trata ser líder. Lo fue dentro de la cancha –en Estudiantes, Europa y la Selección argentina– y lo es hoy, del otro lado del escritorio. Siempre entendió, también, que su carrera como jugador alguna vez concluiría, pero que ese inexorable momento –que estiró cuanto pudo, aunque el físico hacía tiempo pedía un respiro– no pondría fin a su vínculo con el fútbol, elemento que, al fin y al cabo, hilvana las escenas de su propia vida.

Nunca se alejó del rojo y el blanco de Estudiantes, la institución que, gracias a padre e hijo, tiene al apellido Verón a la altura de un prócer. Volvió de Europa en plenitud para ganar casi todo lo que se propuso con la camiseta del Pincha, y luego asumió que podía darle a su club, y a su vida, algo más que goles. Hoy, tras conseguir más del 70 por ciento de los votos en las elecciones de octubre de 2014, es el presidente de Estudiantes, un rol que ejerce con la firmeza y el carácter que mostró, durante años, con los botines y la cinta de capitán en su brazo.

A los 39 años, una edad que escapa a la tendencia del resto de sus colegas –algunos de los cuales lo superan por décadas–, y sin experiencia de gestión en un cargo similar, el reto es mayor. Pero no se asusta. “Es algo que busqué y fui pensando, sobre todo en el final de mi carrera, cuando uno mira para adelante y trata de proyectar qué quiere hacer. Iba imaginando y viendo dónde me podía meter y desde dónde quería seguir vinculado al deporte o al fútbol”, explica Sebastián, como lo llaman en el club. Luce igual al Verón futbolista: con su mirada profunda, la cabeza afeitada a la perfección, su barba candado marcada al milímetro y una figura siempre estilizada, como si nunca hubiera dejado los entrenamientos del equipo en el country de City Bell. Pero es distinto.

El Verón presidente entendió los desafíos y las circunstancias de su nuevo rol. La Brujita se toma el tiempo para contestar cada pregunta, gesticula con sus manos, habla pausado, sereno y hasta poniendo cuidado en la pronunciación de cada frase, lejos de aquellas palabras austeras y apuradas del jugador. “Me atrae la posibilidad de gestionar, llevar adelante un club y darle una impronta propia”, agrega, en la intimidad del despacho de Presidencia de la sede del club, en pleno centro de la ciudad de las diagonales. Allí se lucen copas, diplomas y trofeos históricos mientras, en el piso, una réplica enmarcada de la boleta de la agrupación ADN Estudiantes que lo consagró en su actual cargo aguarda que le asignen su lugar en la pared.

El mate y un paquete de yerba aparecen, en esa oficina, como los únicos elementos personales. Las prioridades, en estos primeros meses de mandato, son otras. “Lo primero que tenemos como objetivo es cambiar la mirada de la organización del club, la forma de gestionar y de pensar la vida del deportista. Si bien, a diferencia de lo que viví en Europa, lo nuestro es una mezcla de amateurismo con profesionalismo, intentamos que puedan combinarse las dos cosas, que en un mismo ámbito puedan convivir ambas instancias y que el club también pueda estar involucrado dentro de las problemáticas que surgen con respecto a los chicos, los mayores y la comunidad en general. Ese, para nosotros, es un foco importante”, explica.

La experiencia acumulada durante las dos décadas que jugó en el más alto nivel profesional en Italia y el Reino Unido le sirvió a Verón para incorporar valores y prácticas que, según afirma, intentará inculcar a la dinámica de su club en estos tres años de mandato. Más allá del plano deportivo, que en una institución con la trascendencia de Estudiantes resulta ineludible, su foco está orientado hacia la conducción y la administración. “Afuera, la gestión tiene un perfil mucho más profesional y ejecutiva. Hay una relación más orientada hacia lo que es una empresa de lo que estamos acostumbrados en un club local. Hay una mayor fluidez y la organización se lleva mucho más tranquilamente: las estructuras están mejor contenidas, hay referentes en cada área y desde lo operativo es más sencillo. Eso no es fácil trasladarlo acá, porque en otros países los clubes son sociedades anónimas, con dueño; pero en algún punto tenemos que llegar a eso, tener esa referencia para ser lo más operativos posible”, sostiene, con un enfoque digno de un CEO.

El escenario, no obstante, aparece algo más complicado. La dimensión económica, entre deudas y urgencias, plantea condicionamientos y necesidades a la mayoría de los clubes argentinos, en un escenario que no es ajeno a lo que ocurre en Estudiantes. Una deuda de $ 276 millones, de acuerdo con el informe presentado por Verón y su equipo dos meses después de asumir, representan un lastre que demanda ingenio para reducir al mínimo su impacto y evitar que la rueda se detenga.

“Es el principal problema que tenemos: estamos dentro de un rulo y una inercia de todos estos años que es mala y a la que, en algún momento, trataremos de darle un corte para gestionar como tenemos pensado”, plantea. En ese punto, la charla se interrumpe: un colaborador ingresa con varios papeles en su mano y le pide a Verón que complete unos documentos, él pide disculpas y comienza a estampar su firma en más de dos decenas de cheques, como supo hacer infinidad de veces con los autógrafos para sus fanáticos... Toda una síntesis de la rutina que le demanda su nuevo rol.

¿Qué cosas vivió afuera que le gustaría poner en práctica como directivo en Estudiantes?

Los clubes tienen, desde el orden y la planificación, un punto en común. A mí, el que me sorprendió especialmente fue Manchester United: se llega a un punto a veces muy estructurado, pero donde nada pasa de casualidad sino porque está generado, cada cosa está en su lugar y a su tiempo. Son años de trabajar de una manera y de crear esa cultura. Hay una oficina para el jugador que resuelve todo lo que pasa en su vida, para que se dedique solamente a jugar al fútbol. Esas cosas obviamente que acá van a llevar su tiempo, pero la idea es darle al jugador la contención necesaria para que juegue, y la contención al socio y al hincha para que disfrute de todo lo que tiene el club.

¿Cómo encontró al club?

Primero, noto improvisación. Pero no le echo la culpa a alguien en particular, sino que veo que es un método que nunca nadie se puso a ver de qué manera solucionarlo porque, en algún punto, hasta queda cómodo. El tema es darle un corte y empezar algo nuevo o distinto. En todos los estamentos del club hay improvisación y voluntarismo, que es bueno hasta un punto, pero que en una institución como Estudiantes no sirve porque no te va a hacer dar un salto de calidad.

¿De quiénes se rodeó para iniciar este proceso?

Se fue dando. En la medida que vas sumando gente también ellos van arrimando personas que, como esto no es una empresa y no son cargos pagos, tienen que tener medianamente el tiempo y las ganas. Después, la idea fue buscar tipos capacitados en las áreas o secretarías que van a ocupar. Hoy tenemos mucha gente vinculada al club, y creo que el día de mañana no necesariamente tendrán que estar ligados afectivamente a Estudiantes. La idea es que podamos tener profesionales en márketing o comunicación que estén todo el día disponibles y metidos en la vida diaria del club.

¿Cuál es su opinión sobre la figura de los empleados rentados en los clubes?

En los puestos clave me parece que hay que tenerlos. Nosotros apuntamos a tener un estadio, más la sede y el country, y para generar negocios necesitás profesionales especializados que estén abocados a explotar eso comercialmente. Lo mismo en comunicación: necesitás estar y que el socio se sienta cerca del club, porque es un potencial inversor.

¿El club vive de lo que ingresa por televisación? (NdeR: Alrededor de $ 23 millones anuales)

Hoy sí, pero tenemos que tratar de que no sea tan así. Queremos que sea un recurso, importante, pero no el único motivo al que te aferres para sobrevivir. Pero hoy, dada la situación en la que estamos, es un recurso clave. Y estamos obligados a descapitalizarnos vendiendo jugadores jóvenes para tapar los agujeros que tenemos: nos encantaría tenerlos un poco más, pero lamentablemente no podemos. Estaría bueno planificar un poco más. Las inferiores, en líneas generales, siempre han dado su rédito y el club ha vendido muy bien. El problema es que no es un horno donde ponés el pan, lo sacás y lo vendés.

Hablando de cuidar, ¿no teme exponerse en este nuevo rol? Hay varios casos de exjugadores (Daniel Passarella, Carlos Babington) a quienes no les fue bien como directivos.

De esos ejemplos siempre va a haber; pero la verdad es que, para pensar algo mejor, desde donde te pares, te tenés que involucrar. Es eso: te tenés que exponer. Si no, buscá la comodidad. Para mí era mejor quedarme en mi casa. En 2006, cuando volví, llegué en una época buena del club y tuve la suerte de salir campeón. Una es quedarte con que la gente te reconoce, te quiere y nada más. La otra es buscar qué más podés hacer y desde dónde. Hay que meterse. Siempre vas a encontrar quien te diga: “Che, no hagas esto”, “Este no tiene experiencia” o “Mirá que aquel o este fallaron”. Me tiene sin cuidado lo que opinen los demás. Recién hace unos meses que estamos en gestión y esto dura tres años. El tiempo siempre pone las cosas en su lugar.

A lo largo de su carrera, ¿qué entrenadores le transmitieron ideas que puede aplica hoy?

Directores técnicos tuve muchos, pero el rol dirigencial no sé si te lo da un técnico. Sí, por la manera de trabajar, Alex Ferguson, en Manchester, fue más que un técnico, desde lo organizativo: él armó esta oficina de la que hablaba en el club. Después, en general, mis entrenadores estuvieron volcados a lo futbolístico.

¿Cómo se ve de acá al final de su mandato?

Ojalá que el club esté ordenado y consiga estabilidad. Obviamente que lo económico es variable, pero ordenado es otro tema. Ahora nos llueven cosas de todos lados y nos cuesta encapsular el problema como para saber de dónde viene... Ojalá podamos tener estabilidad para poder ir en busca de los objetivos que tenemos por delante.

Verón, como dirigente

Con la sorpresiva muerte de Julio Humberto Grondona, el 31 de julio de 2014, se abrió una nueva era en el fútbol argentino. El histórico mandamás de la AFA ejerció la presidencia de la entidad durante 35 años y hoy, sin una figura fuerte, la sucesión es uno de los temas calientes. “Lo que hacía Julio no lo puede hacer nadie más”, plantea Verón, en una perspectiva que, por un lado, describe el particular estilo grondonista y, por otro, no esconde el pedido de cambio en la organización de la entidad. El nombre del presidente de Estudiantes aparece, junto a figuras como Marcelo Tinelli o Matías Lammens –referentes de San Lorenzo de Almagro–, como parte de una nueva camada de dirigentes que apunta a alzar su voz en Viamonte 1366.



“Mejorar la AFA es cosa de todos, y de apoyarse entre distintos directivos para llevarla adelante”, plantea el hombre que jugó tres Mundiales (Francia 1998, Corea-Japón 2002, Sudáfrica 2010) con la celeste y blanca. Su mirada, aquí, replica los pilares sobre los cuales propone trabajar en su club: gestión, orden, eficiencia. “Todo este tiempo, la AFA estuvo manejada de una forma, con la que podés coincidir o no. Se han ganado cosas y en otras estamos atrás, pero veo que en todos los ámbitos se puede mejorar. No hay que tener miedo a tomar decisiones y a que, por salir de esa zona de confort, te puedan criticar. Los cambios siempre tienen valoraciones y críticas. Para mí, lo importante es modernizarse, profesionalizarse, adaptarse a los tiempos de hoy, desde las estructuras organizativas hasta la medicina deportiva o el fútbol juvenil”.

¿Aspira a ser presidente de AFA?

Aspiraciones, no. Sí, obviamente que en todo lo que pueda ayudar para mejorar la calidad del fútbol y del espectáculo en todo sentido –para el público, para el futbolista y para las instituciones– estaré dando una mano. Hay que tratar de evolucionar con el fútbol argentino pero, te repito, no es cuestión de uno sino de conjunto. Todos los que estamos en este tema tenemos que estar preparados. Y quienes tengan ideas y ganas que vengan, porque hay mucho para mejorar y hay que empezar por algo para hacerlo.

Desde 2009, el Estado es titular de los derechos de televisación del fútbol. ¿Cuál es su opinión?

Nos llevamos bien. Hoy el Gobierno es socio del fútbol y es un poco lo que hay. El día de mañana se verá cómo sigue este vínculo. Que el Gobierno tenga que gerenciar el fútbol en su totalidad no es algo en lo que coincida: preferiría una apertura a lo privado y que el Gobierno, si quiere dar una ayuda, lo haga, pero también al fútbol formativo. Obvio, con una inversión direccionada, teniendo control, sabiendo desde dónde empezar y cómo hacerlo. Me gustaría, porque estarías apostando primero al valor humano, no sólo a lo deportivo, sino a lo educativo y social. Eso, sobre todo en estos tiempos, es fundamental.



¿Cambiaría Fútbol para Todos?

Si se quiere, que sea un mix. Si al Gobierno le interesa el fútbol porque quiere que siga como está ahora y que la gente pueda tener acceso libremente, está perfecto. Pero no me parece que se sostenga sólo desde un lugar. El Gobierno podría invertir parte de ese dinero en colegios, hospitales... Hay otros lugares importantes también, ¿no? Y además, si algo de eso puede ir destinado hacia lo formativo, realmente daría una mano grande a los clubes.

¿El vínculo AFA-Estado condiciona a los clubes?

Hoy, realmente, no. No participo de las reuniones de AFA con el Gobierno, y tienen una manera de informar las novedades que, por ahora, es normal. No creo que condicione.

¿Qué opina sobre el nuevo torneo de 30 equipos en Primera División?

El formato de torneo largo me gusta, pero con menos equipos. No tengo nada con los que ascendieron y me parece bien que todos se hayan ganado la chance de jugar en Primera; pero, cuando ves cómo se va a distribuir el campeonato, te das cuenta por qué no se puede. Las fechas se empiezan a jugar un jueves y terminan un lunes: eso te da la pauta de por qué tienen que ser menos. Treinta equipos, para mí, son muchos. Económicamente no le sirve a los clubes y a la programación del fútbol tampoco, pero hoy es así y hay que disputarlo.

¿Cómo analiza el problema de la violencia en el fútbol? ¿Cómo es la situación en Estudiantes?

La realidad es que tratamos de controlarlo. Más de eso nosotros, en los clubes, no podemos. Sí podríamos, pero teniendo el respaldo político. Cuando sea una decisión política ir contra los barras, iremos todos juntos hacia adelante. Ahora, como no la hay, lo que hacemos desde el club es tratar de controlarlos y, si tenemos información de algún foco de violencia, como nos ha ocurrido, sancionamos a los que tengamos que sancionar. Los clubes, en líneas generales, están en eso. Alguno los tendrán más enquistados que otros, pero uno trata de controlar para que no pase nada.

Verón y su mirada política

Juan Sebastián Verón vivió gran parte de su vida en el exterior. Emigró en 1996, en pleno menemismo, y volvió dos décadas después, en 2006, durante la presidencia de Néstor Kirchner. Algo más de cinco años habían pasado de aquel trágico diciembre de 2001 y, mientras de su mano Estudiantes marchaba hacia su primer campeonato local en 23 años, el país avanzaba en su recuperación. “Había cierta estabilidad, no se miraba tanto si el dólar subía o bajaba”, recuerda. No obstante, el excapitán de Estudiantes marca el contraste entre aquellos años iniciales de la ‘década ganada’ y el último año del kirchnerismo en el poder: “Antes veías que la gente podía invertir, no tenía miedo con temas como la inflación, los mercados o la parte inmobiliaria. Algo pasó en estos años. Pasamos de que medianamente el país caminara para adelante a hoy, que está completamente parado. Ahora nadie quiere mover nada y mucha gente tiene incertidumbre y prefiere esperar”.

La construcción aparece, en la mirada de Verón, como uno de los sectores más debilitados de la economía, en una situación que afecta directamente al club y sus ambiciones de completar la remodelación de su histórico estadio en la intersección de 1 y 57. “Es el peor momento, por lo que veo en lo más inmediato. Hay gente que compró un terreno para construir y no quiere hacerlo ahora, y nosotros estamos haciendo un monumento. No es fácil, porque todos los días se modifican los precios y eso complica mantener el programa de la obra o encontrar alguien que nos dé una mano en lo que es financiación. Hay que romperse la cabeza para encontrar los fondos”, plantea.

Vivió en el país durante gran parte del ciclo K, ¿cómo lo analiza?

No soy fundamentalista y sé reconocer lo bueno y lo malo. Hubo momentos buenos y otros malos. Hoy estamos en una situación donde no se mira ni se escucha al que piensa distinto y se ve sólo lo que se quiere ver. Por ahí, en otro momento había mayor amplitud, más diálogo. Ahora se está encerrado, como si cada uno se metiera en una caja y no viera nada más que la posición propia. Cuando es así, es difícil mejorar: se escucha sólo a la persona que se quiere escuchar y, si decís “bien” te tiran de un lado y si decís “mal” te tiran del otro. Si planteás que el Gobierno hizo algo bien, sos kirchnerista; y si decís que hizo algo mal, sos golpista. No hay punto medio, y no me parece bien: no está mal analizar las cosas, y el que está enfrente tuyo tiene que saber escuchar. En esto hace falta usar un poco el sentido común para analizar. Y tampoco está mal decir “Me equivoqué en esto” y, del lado crítico, “La verdad es que acertaron en lo otro”. A veces se es demasiado rígido, viendo todo blanco o negro, pero hay grises.


 

¿Qué temas de actualidad lo preocupan más?

Lo primero en lo que pongo el foco es en la situación de los chicos, pero la realidad es que los abuelos tampoco la pasan bien. Hay mucha gente que en el día a día tiene sus dificultades, y a lo que apuntamos desde el club es a trabajar con los más chicos y a darle la chance de hacerles ver otra cosa: que descubran lo que es la vida en un club, ser parte de un grupo, que puedan tener otro ámbito donde crecer y moverse, en algún punto brindarles contención. Acá muchas veces hay una transmisión de valores desde la solidaridad muy importante, y desde ese lugar tratamos de llenar ese vacío.

Algunos colegas, después de jugar en Europa, deciden quedarse a vivir. ¿Manejó esa opción?

Nunca pensé en quedarme afuera. Siempre pensamos en volver acá. Llegamos en un momento en el que el país estaba bien, estable, y nunca nos detuvimos a pensar en los problemas. Uno va para adelante, y la realidad es que podemos decir que vivimos bien, aunque nos gustaría hacerlo de otra forma.

¿En qué sentido?

Hoy estás un poco habituado a vivir con todos los sentidos puestos a ver si pasa algo, en cómo está la familia, cuándo salen, si vuelven o no. Me gustaría poder hacer como mi mamá, que me largaba a la calle y sabía que, cuando bajaba el sol, volvía a mi casa sin problemas.

¿Sigue en pie esa vida de club de barrio en este contexto social?

Se mantiene. Con lo que vivimos acá hay una transferencia casi genética, de familia, con chicos que vienen porque eran socios el papá o el abuelo, en muchos de los casos. El club creció mucho –tenemos 40 mil socios–, y lo real es que, con el tema de la obra del estadio, nos falta espacio, porque podríamos contener a muchos chicos más. La dinámica y el sentir del club es algo que sigue, pero va mutando. Antes pasabas todo el día en el club, y hoy por ahí no tanto porque todo ha cambiado. Yo me iba caminando, no tenía celular, mi mamá no sabía nada mío más que que andaba en el club y que cuando se hacía de noche, volvía. Hoy, eso sería complicado por el tema de la inseguridad.

¿Es lo que lo preocupa especialmente?

Obviamente que sí, ¿a quién no? Pero te acostumbrás. Es feo acostumbrarse a algo tan malo como la inseguridad, pero es lo que vivimos hoy.

¿A qué atribuye sus causas?

Tendríamos que ir muy a fondo... Hay problemas de trabajo y de educación a partir de los cuales los chicos van perdiendo los valores y el respeto. Y obviamente, al no tener, en muchos de los casos, una salida, lo primero que piensan es ir a robar. También, quienes tendrían que brindar seguridad deberían ponerse a trabajar en algo serio, y que el tipo que delinque no entre por una puerta y salga por la otra al rato. Pero el tema es que hay un problema social importante a modificar para brindarle a los más jóvenes la contención necesaria.

La charla se interrumpe nuevamente. La puerta del despacho se abre y un colaborador de Verón pasa el aviso: “Sebastián, está la televisión abajo, para la nota”. Los tiempos cambiaron para La Brujita: la misma persona que, sobre el final de su carrera, supo pasar meses sin dar entrevistas, ahora ajusta su agenda para cumplir con los pedidos que se acumulan. Con la misma tranquilidad con la que se manejaba en el círculo central de cada cancha donde le tocó jugar, acepta los últimos disparos del fotógrafo, da el trago final a su gaseosa light y se despide. Con una última frase: “Me alegra despertarme todos los días y, en algún punto, saber que puedo hacer algo nuevo por mi club y por el fútbol”.



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