Soledad Silveyra: “Me perturba que no haya cambios en el transporte”
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Soledad Silveyra: “Me perturba que no haya cambios en el transporte”

La actriz que está de gira por todo el país con una comedia de Woody Allen, acaba de estrenar el dramático unipersonal Nada del amor me produce envidia. En una coyuntura en la que “por momentos el debate político no se puede dar”, Solita, opina sobre la actualidad política, económica y social de la Argentina.

Por Jesica Mateu 12 de Agosto 2013




Soledad Silveyra no para. A la gira por el interior del país que realiza hasta el mes próximo con Humores que matan, la comedia de Woody Allen que protagoniza junto a María Valenzuela, la actriz suma un raid de notas que comenzó poco antes de estrenar el unipersonal Nada del amor me produce envidia, del dramaturgo Santiago Loza, dirigida por Alejandro Tantanian.

Amable y fresca, recibe a Clase Ejecutiva en su departamento de Recoleta que, dicho sea de paso, “está en venta” al igual que un terreno que posee en el barrio en donde también viven sus nietas. Tanto despojo se debe a que “me harté de los gastos que requieren”. Y si bien aún no sabe cuál será su próximo destino, tiene claro que “necesita del verde y del silencio pero no de tanto espacio ni de un cuarto de vestir como el que tengo. Regalo mucho y me puedo deshacer de muchas cosas más”, recalca.


Siempre presente. Televisión, teatro y cine forman parte de su vasta trayectoria, en la que también actuó junto a Sandro. 

Solita, como se la conoce desde hace décadas, ha sido siempre una gran autogestora. “Será porque yo no recibí nada. Todo lo que veo a mi alrededor salió de mí. La necesidad me ayudó a valorar las cosas”, reflexiona a la vez que se asume como “indomable” frente a sus hijos que, cada tanto, la retan por no ser muy dócil en lo que a sus consejos económicos se refiere. Aunque, al mismo tiempo, señala que “mal o bien tengo dos casas, un terreno y un auto”. Ríe. Es que se acuerda, incrédula, que por repararlo le pidieron $ 100 mil mientras que, el mismo modelo, un Passat, pero cero kilómetro, costaría $ 80 mil. “No quiero gastar en un auto; me parece muy superfluo”, reniega. Preguntarle por la inflación se torna inevitable. “Creo que tenemos un empresariado responsable; hay precios que se aumentan sin motivo”, responde la reconocida actriz.

¿No cree que el Gobierno también tiene su responsabilidad en los índices de inflación?
Creo que hay un poco de cada lado. Hay una manera de atacar a esa inflación provocada. Y cuando las cosas vienen de provocación, se contesta con más provocación y ahí ya perdemos la educación. Eso me preocupa. Pero creo que hay que defenderse y que la capacidad de defensa del Gobierno es fuerte. Y que la oposición tiene un grave problema: le es difícil ponerse de acuerdo. Aunque cuando los veo juntos a Lilita (Carrió) y a Pino (Solanas), digo, joder, lo que ha hecho Cristina (Kirchner). Ojo, tampoco creo que estén demasiado lejos. Y quiero creer que todos queremos el bien de la Argentina. Pienso, eso sí, que tenemos un problema de distribución. Algunos distribuyen más la torta que otros.

Soledad Silveyra¿Cómo analiza la gestión de Cristina Kirchner?
En líneas generales, apoyo. No comparto cuando la cultura tiene que tomar partido. Creo que la cultura es un campo que nos pertenece a todos. El blanqueo también me molestó un poco. Y me da terror el transporte. Es un tema que vengo cuestionando desde la época de Jaime (N.de la R: el exsecretario de Transporte investigado por corrupción). Me perturba cómo viaja la gente que labura y que en todo este tiempo no hayamos podido realizar grandes cambios. Ojalá que Cristina pueda llevar a cabo esto de los trenes de carga... No puedo entender que se entregue todo el poder a los camiones. Y después, bueno, siempre protesté porque los argentinos ahorráramos en dólares. Tengo un tema con el empresariado también: hay mucha economía en negro. Creo que no somos patrióticos en eso. Y entiendo que la gente tenga su desconfianza pero ¿cuándo va a ser el momento en que creamos? Un país se hace con los impuestos y ahorrando en nuestra moneda.

A todo esto, el unipersonal que cada lunes Silveyra interpreta en el teatro Maipo, plantea el dilema de una costurera que confecciona un vestido disputado por Libertad Lamarque y Eva Perón. “En el fondo, la disyuntiva de a quién es entregado el vestido es una excusa para hablar de la soledad; de lo que es ser un pobre ciudadano que está en medio de poderes que no lo tocan. Se trata de pensar en el yo y en no dejarse arrastrar ni por un lado ni por el otro”, reflexiona la actriz, a la vez que asegura que poner en cartel esta obra en un contexto en el que pareciera que hay que estar a favor o en contra del Gobierno, es casual pero, al mismo tiempo, una decisión atinada.

La tendencia de ser amigos o adversarios, “me preocupa. Me gustaría que estuviéramos todos más abiertos. Me encanta el debate político. Lamento que haya momentos en los que no se pueda hacer”, asegura. Y considera que han influido en que la situación se tornara un tanto beligerante “la ley de medios y los impuestos al campo... Cuando uno quiere distribuir de otra manera, los poderes saltan”, opina.

Así las cosas, la blonda actriz no descarta recorrer el país con funciones de Nada del amor me produce envidia, luego de terminar su gira con Humores que matan. Es que “adoro viajar por tierra adentro”, reconoce. “Vengo de Trenque Lauquen. Me quedé tan enamorada de la ciudad que pensé en irme a pasar la vejez allá. Ha tenido un intendente, (Jorge) Barracchia, que ha sido una maravilla. Tuve el honor de conocerlo cuando hice campaña con Carrió, cuando entré a la política de casualidad, como un gran equívoco”, repasa.

¿Por qué un gran equívoco? ¿Se arrepintió?
No me arrepentí porque fue una experiencia maravillosa. Pero fue un equívoco porque no estaba, ni estoy, preparada para ser diputada. Tendría que estudiar bastante para saber lo que es una banca. En ese momento pensé que el profesor (Alfredo) Bravo me llamaba para apoyar la lista; no para ser diputada. Le hubiera dicho que no. Pero todo eso fue un sábado y el lunes se presentaban las listas. Pero eso, de alguna manera, me pinta porque hice 6 mil kilómetros de campaña con Lilita. Aprendí muchísimo estando encerrados en ese departamento, sin dinero para las boletas... Después lamenté que no se siguiera; me sentí un poco abandonada.

¿Qué valora de aquella experiencia con el ARI?
Lo que me llamaba la atención eran sus discursos, su retórica, su manera de comunicar. Aprendí el coraje. Vi muchas cosas que me ayudaron a crecer. Y un aprendizaje importante fue lo que me dijo el encuestador Enrique Zuleta Puceiro: ‘los artistas están acostumbrados a ser queridos mientras que en la política no te va a pasar y vas a perder afectos’. Por eso, si algún día me meto en política, lo voy a hacer ad honorem. No podría cobrar un peso. No creo en las cajas; en el cómo sale la plata para las campañas. Siento que hay un compromiso con algo que no me gusta. Por eso considero que para poder hacer política hay que tener guita. Me doy cuenta de que me costaría muchísimo. Pero es un problema mío porque soy muy autogestora. Apoyando a un gobierno, jamás le pediría laburo.

¿No estaría dispuesta a recibir grandes sumas de dinero del Estado en proyectos para Canal 7 como fue el caso de algunas otras figuras que simpatizan con el Gobierno?
Trabajaría en Canal 7 si me llaman como actriz. Pero presentar un proyecto como productora y que me entreguen una cantidad de guita, no. ¡No lo hago! Debería ser algo que me asegure que le voy a entregar al país un producto que gane en todos los festivales; un proyecto maravilloso que no me lo comprara ni Canal 13 ni Telefé y que fuera súper redituable. Perderle un mango al Estado es algo que me pone de la cabeza. No podría.

¿Cuáles cree que son las prioridades de la agenda nacional?
Educación, transporte y, obviamente, seguridad aunque creo que el tema está más inflacionado respecto a lo que pasa en otros países. Siento que el mundo no está mejorando la calidad de vida. A veces la civilización pareciera que va en contra. No puedo creer que sigan habiendo guerras y me duele que lo económico siempre justifique todo.

¿Cómo ve la gestión del Gobierno porteño?
Reconozco que la ciudad está muy revoltosa. Veo que se está haciendo mucha obra; tal vez demasiado en paralelo. El jefe de Gobierno necesita llegar al 2015 con una cantidad de obra que, evidentemente, es infraestructura necesaria para la ciudad. Y los subtes... volvemos a la misma historia. La gente va hacinada. Hay que darle una solución urgente y quisiera que hubiera un mayor diálogo entre todos.

¿Cómo describiría a la sociedad argentina?
Somos los más quejosos del mundo y queremos sacar proyecho de todo. También simpatiquísimos, abiertos y grandes anfitriones. Tenemos un país maravilloso que tiene de todo. Pero hay mucho para mejorar. Tenemos mucha responsabilidad en lo que nos pasa. Nos falta involucrarnos mucho más, tener un sentido de la sociedad más comunitario y saber comunicarnos.

 
Amores que nunca se olvidan
“Me he enamorado de dos políticos: Chacho Álvarez y Hernán Lombardi. Y David Viñas que, de alguna manera, es un hombre político. Con todos sigo siendo amiga. Aprendí mucho con los hombres, los quiero mucho. Yo no tuve papá, entonces uno lo paga en los vínculos. Pero me he sentido muy amada y he amado profundamente. Y como soy una enferma de la verdad y de que todo sea como el primer día, ninguno me ha durado más de 7 años. Excepto el papá de mis hijos, José Jaramillo, que creo que es el hombre que más amé en mi vida”.



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