Sebastián Crismanich: “Eligieron a Bergoglio y grité como si ganara otro oro”
Lifestyle

Sebastián Crismanich: “Eligieron a Bergoglio y grité como si ganara otro oro”

Conquistó la medalla máxima en los Juegos Olímpicos de Londres en la disciplina de taekwondo. A un año del logro histórico, analiza dar el salto a la política en su Corrientes natal. Y confiesa que lo desilusionó que el Olimpia de oro fuera para el boxeador Maravilla Martínez.

 

Por Federico Cornali 30 de Septiembre 2013

 

El campeón luce bien esta tarde. Lleva camisa elegante, pantalones pinzados y zapatos. En el Complejo Costa Salguero se disputa por primera vez el Open G1 del Taekwondo WTF, uno de los eventos más importantes de este deporte a nivel mundial, y Sebastián Crismanich es la cara oficial del certamen. Todos lo buscan: quieren una foto, un abrazo, un autógrafo, lo que sea. Él accede a los requerimientos, aunque por momentos se distrae con los combates que se disputan en simultáneo. Y, aunque está fuera del tatami y no tiene su dobok (indumentaria reglamentaria), tira una, dos, tres pataditas cortas, casi sin darse cuenta. Como esos técnicos de fútbol que cabecean a la par de sus jugadores...

Sabe que su nombre se asocia, desde el 10 de agosto de 2012, a una medalla dorada, más valiosa cuanto que rompió una racha nefasta para el país. Desde los Juegos Olímpicos de Londres 1948 que la Argentina no lograba subirse a lo más alto del podio en una prueba individual. Aquella vez fueron Delfo Cabrera en maratón y los boxeadores Rafael Iglesias y Pascual Pérez los que alcanzaron la presea. El logro máximo puso a Crismanich en un pedestal.


La gloria. Crismanich alcanzó el oro en Londres 2012 a puro golpe. 

Si hasta lo bautizaron “el Messi del taekwondo”. Pero cuando venció al español Nicolás García Hemme en la final de la categoría hasta 80 kilogramos no cortó con esa sequía únicamente, sino que hizo pedazos la barrera del anonimato que tanto sufre el deportista amateur. “Días antes de lograr la medalla iba a pedirles una foto a Manu Ginóbili, Luciana Aymar, Luis Scola y otros de la delegación.

Luego de la medalla, eran ellos los que venían a pedirme una foto a mí”, dice el muchacho de 26 años que supera el metro ochenta y ya acumula más de 25 mil seguidores en su cuenta de Twitter (@seba_tkd). Y agrega, con su innegociable tonada correntina: “De ahí, para arriba y para abajo, tuve la enorme aceptación de todo un país. Me felicitaron desde las máximas autoridades, como Cristina Kirchner, hasta gobernadores e intendentes. También personajes como Marcelo Tinelli: compartimos un almuerzo y me halagó a morir”.

Todo esto podría marearlo. Y no. Porque sabe de dónde viene. “Mi familia es la parte más importante de mi equipo. Mi hermano es mi mejor sparring”, comenta sobre Mauro, su entrenador y consejero, su amigo y ladero. “Te juro por Dios que con mi padre y con Mauro no hemos podido sentarnos a hablar de lo que pasó aquel día de la final. Se nos hace un nudo en la garganta por la emoción. Vivimos este proceso a puro pulmón, por eso valoramos el triple lo conseguido”.

De a ratos, su mirada vuelve a desviarse hacia los tatamis del Open G1. Se siente en su hábitat, y quiere hacer mucho más por los que tienen su misma pasión, y por el amateurismo en general. Por eso utiliza su imagen positiva, que le permite ir de la Casa Rosada a los estudios de Ideas del Sur. También es pura franqueza. Especialmente cuando se refiere al gesto más esperado, el más simbólico del deporte nacional: el Olimpia de Oro. En la edición 2012, a pesar de ser Crismanich campeón olímpico, el galardón se lo llevó el boxeador Sergio Maravilla Martínez.
Crismanich-oro 2 CLASE
“Sentí decepción porque esta vez era el momento del taekwondo, el momento mío. Y no es por alimentar mi ego: no me hace falta ninguna estatuilla de ningún color para saber quién soy. Simplemente sabía que eso le iba a dar otro vuelo a mi deporte”. También avanza sobre otra cuestión que lo incomodó luego de consagrarse en Londres: “Cuando uno trasciende hacia el éxito aparecen los que quieren dañarte o lograr un rédito con falsedades. Se dijo que vendí mi auto, que llegué sobre la hora, que me tuve que pagar el hotel y todo el viaje. Y a mí realmente me dio bronca porque, justamente, uno tiene que saber agradecer el apoyo que se nos está dando”.

Dice no entender mucho de política, pero coquetea todo el tiempo con su futuro en la gestión pública. “Sé que siendo un funcionario público podré aportar mucho. Me gustaría ayudar a que la sociedad crezca y la política tal vez sea el mejor camino. Pero eso lo sabré una vez que me retire. La gente ya me está pidiendo que sea funcionario público”. Habla de Néstor y de Cristina, gobiernos diferentes bajo los cuales dejó la adolescencia para convertirse en adulto: “No soy un experto en la materia, pero como ciudadano me doy cuenta de cuando las cosas se van encarrilando. En este proceso, si bien hay muchas fallas, también hay innumerables virtudes que uno puede percibir con sólo caminar por la calle. Y, si me preguntás como deportista, ni hablar: hay un antes y un después del kirchnerismo, nos han dado mucho”.

Previo a su consagración en Londres, Crismanich residía en Córdoba, a pesar de ser un correntino de pura cepa: “Tuve que irme a otra provincia por falta de infraestructura y apoyo”. Hoy está de vuelta en la ciudad que lo vio nacer, en el corazón del litoral. Y volvió seducido por la propuesta de Carlos Mauricio Espínola, exregatista que consiguió medallas olímpicas (dos de plata y dos de bronce) en Atlanta 96 y Beijing 08, y que hoy es el intendente de la ciudad de Corrientes.

Con relación a la reciente derrota del candidato kirchnerista a la gobernación, Crismanich es contundente: “Pude ver crecer la gestión de Camau. Le tenía poca fe, porque no veía cómo un exdeportista podía dirigir a toda una comunidad. Pero me encontré con una realidad completamente distinta y un enriquecimiento cultural en la gente que desearía para toda mi provincia. Hasta no cumplir sus objetivos, no descansa, no duerme, empuja constantemente. Es mi referente, no sólo como atleta, sino por sus grandes gestos con la gente”.

Más allá de su anhelo de conseguir otra medalla en Río 2016, Crismanich tiene otro sueño por cumplir: conocer al papa Francisco. “Intentaré verlo cuando vaya al Grand Prix que se hace en Europa, en diciembre. Él también es un referente, y un orgullo total para los argentinos. Cuando eligieron a Bergoglio grité como si hubiese ganado otra vez la medalla dorada”.

Foto: Archivo Clase Ejecutiva.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas