Scioli, licencia para no desentonar
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Scioli, licencia para no desentonar

El gobernador de la provincia de Buenos Aires hace un culto del equilibrio. Su guardarropas es tan sobrio como políticamente correcto. Construyó una imagen de estabilidad que su look refuerza a través de outfits predecibles. No arriesga, ¿no gana?

Por Lorena Pérez 26 de Julio 2013



Daniel Scioli comenzó a sobresalir en el entorno del poder político desde su debut, que lo llevó al Congreso como diputado por la ciudad de Buenos Aires, siendo parte de la primera camada de figuras reconocidas que se acercaron a la política sin formación específica ni militancia previa. El actual gobernador de la provincia de Buenos Aires monta su expertise en cargos que hasta la persona más preparada desearía contar, sumado a una buena imagen que logró consolidar durante su etapa como deportista en competencias de carreras de motonáutica y acentuada por su positiva capitalización del accidente en el río Paraná, donde perdió el brazo derecho. ¿Por qué? Desde entonces, el exvicepresidente de Néstor Kirchner eligió refugiarse en un mensaje esperanzador y motivador. Este rasgo de su personalidad es lo que también lo caracteriza en su comunicación desde lo institucional.


Scioli con Mauri en planta residuos SuarezJuntos. Daniel Scioli y Mauricio Macri, juntos en un acto. Uno con corbata; el otro, elegante sport. 

Como craneadas por Francis Underwood, el personaje que juega el actor Kevin Spacey en House of cards, la serie de drama político que se emite por Netflix, las apariciones públicas de Daniel Scioli parecen pensadas y delimitadas para que encastren perfectas, seña que se extiende a su vestimenta, en sintonía de equilibrio sobrio según la ocasión y que apela al hombre común y corriente. Su silueta deportiva se mantiene y se trasluce en los trajes negros y azul noche con los que se deja ver en sus actividades públicas. Las camisas blancas y celestes colaboran a una imagen correcta que se potencia cuando sube el tono de las corbatas: discreto en azules, mejora cuando las maquilla en naranjas y tonos que derivan de la paleta del ladrillo o rojizo y alguna estampa.

Fue de la mano del expresidente Carlos Menem que Daniel Scioli se lanzó al mundo político, y su segunda parada fue con el cargo de Secretario de Turismo y Deporte de la Nación: desde entonces, mantiene el mismo estilo discreto en su labor oficial. Scioli cae bien, aunque a ciencia cierta no se sepa qué está pensando realmente: siempre es medido y nunca será su look el motivo de alguna aspereza. Se diferencia de sus colegas ya que, al no contar con argumentos políticos basados en una carrera de raza, es más cercano a los ciudadanos, por lo que tampoco desentona en su estilo casual, compuesto sin artificios por básicos como jeans, camisas y campera.

Scioli y Karina apertura sesiones 2013Pareja. Junto a Karina Rabolini, su mujer y primera dama de la provincia de Buenos Aires. 

Lo que a otros políticos le atacan, a Scioli se lo dejan pasar. Y hasta logra aumentar su imagen positiva cuando lo critican, visibilidad que compone también con la ayuda de los medios de comunicación, listos para escuchar su mensaje políticamente correcto. El gobernador no se caracteriza por tener un guardarropa de múltiples colores ni variados estilos, punto que comparte junto a su esposa Karina Rabolini, una de las pocas mujeres argentinas que puede hacer gala de la elegancia en el país. Clásicos, atemporales y discretos, siempre se los ve bien vestidos, puntualizando en su aura de presencia en la escena que los pone como punto de referencia.

Preocupado, ocupado, dubitativo y tranquilo, otro de los rasgos que caracteriza a Scioli es su sonrisa. Nada parece sacarlo de su eje, aunque tampoco él se las rebusque para confrontar: responderá con el gesto adecuado cuando las palabras no sean las protagonistas de su mensaje, tal como sucedió en las horas previas a los pactos electorales por el cierre de listas. Scioli decidió twittear que “lo importante es el futuro de la Argentina”, ilustrado por un foto familiar, junto a su nieta y luciendo él nuevamente una remera naranja, de entrecasa.

No es casual que Scioli sea uno de los líderes políticos que se perfila como candidato en las elecciones presidenciales de 2015. La fórmula está comprobada: una buena imagen dice más que mil palabras. El gobernador lo sabe, y se mantiene en esa línea acompañado por un look que no molesta ni arenga y que lo acerca a la población, correspondido por actitudes.

Un acierto: Así como sigue en la línea del kirchnerismo, proclama su rebeldía al dejarse fotografiar con opositores. Punto a favor cuando posa junto a Macri, distendidos y sin chicanas, pasando por alto que ambos buscan llegar a la presidencia en 2015.

Un desacierto:
Desde las palabras, siempre se muestra con intención de acompañar el proyecto liderado por la Presidenta, aunque su lenguaje corporal emite otro significado. Un parlamento de disconformidad colaboraría con no dejarlo ver como un robot.

Una sugerencia:
Karina Rabolini es una mujer hermosa, dueña de una presencia sofisticada. El gobernador podría aumentar su compañerismo público siendo más cariñoso con la primera dama provincial, ya que ella transmite dulzura y transparencia.

 
*Autora de www.blocdemoda.com



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