Pettinato: “Para hacer lo mismo que los otros, están los demás”
Lifestyle

Pettinato: “Para hacer lo mismo que los otros, están los demás”

A sus 60 años, cumple una asignatura pendiente: conducir un programa en la Rock&Pop. Una crónica imperdible de una tarde compartida en los estudios de la radio junto al más irreverente conductor del país y su equipo más cercano de cómplices. 

Por Juan Manuel Compte 26 de Mayo 2016

“Son las 15.27 en la Argentina…”, anuncia una voz impostada, en exagerado castellano neutro. Es Alberto Ladilla, uno de sus álter egos, parodia del presentador mexicano de CNN, Alberto Padilla. Hace poco menos de media hora que arrancó el programa. “Noticias de las que NO vamos a hablar”, se llama el segmento. Bailando 2016, el tema. “Es el campeón. Hay que derrotar a Fede”, sentencia tajante el conductor, ya con su propia voz.

Roberto Pettinato está sentado al centro del estudio, de frente al control. El logo de la Rock&Pop, grande, a su espalda. A su derecha, destaca un póster de Jimi Hendrix –foto en blanco y negro de él fumando, con un sombrero de ala ancha– entre las decenas de imágenes y recortes que componen el abigarrado collage que tapiza el ambiente. Pettinato tiene la frondosa cabellera plateada –envidia de muchos de su edad– algo revuelta. Luce una barba tupida, bastante más oscura. Remera violeta, de mangas largas, arremangadas. El rostro de Kate Moss en el pecho y una leyenda –Stoned moss– que hace un juego de palabras, en inglés, entre el apellido de la súpermodelo y sus vicios no tan privados.

El Pettinato cosecha 2016 –60 años cumplidos en diciembre– dejó atrás las tinturas coloridas o, en el otro extremo, el look yuppie –trajes a medida, peinados con gel– de antaño. También son postal del pasado la barba bífida y el mameluco con los que se lo reconocía hace tres décadas, cuando aportaba saxofón, creatividad y arte a Sumo, banda legendaria del rock de acá. Hoy, colgantes y anillos le confieren un aura de rockstar maduro.

Tal vez sea la palabra que, artísticamente, lo defina hoy: madurez. Este año, arrancó con Radio Rana, envío diario en la tarde de la Rock&Pop. Es la primera vez, en su carrera, en la que consigue un lugar en la grilla de esa emisora, donde el rock vive. Llegó a los estudios de la calle Conde, en Colegiales, después de una década en La 100, la FM de Radio Mitre (Grupo Clarín), y un paréntesis en La Mega (Indalo Media). Un destino al que, sabía, alguna vez llegaría, por más largo e incierto que fuera el camino. Él dice que, por un lado, este nuevo ciclo radial significa trabajo. “Pero unido a un concepto de renovación que suelo hacer y que aconsejo. Cada tanto, hay que cambiar. Quedarse aburre, quema, liquida y no genera deseo”, agrega, en un intercambio de mails –sólo concede entrevistas por escrito– con Clase Ejecutiva. “Por eso, muchos me dicen que hice tanto y distinto –continúa–. Todos tenemos talentos ocultos que no conocemos porque no queremos averiguar. Nunca entendí por qué no nos lo proponemos. Me gusta la idea de estar en la Rock&Pop. Así, la gente, ahora, me dice por qué no estoy en otra radio distinta (ja, ja, ja). ¡Se la pasaron años diciéndome que no podía ser que estuvieran todos ahí y yo no, en los ‘80! Pero, bueno… Por lo menos, me dejaban ir de visita (ja, ja)”. Esa reinvención, sigue, implica haber juntado el “desparpajo” del stand up, con la radio y el rock. Destaca que con su espectáculo Pettinato Café Concert viene de llenar teatros en Salta, Jujuy y Tucumán, después de cinco años. “Yo no iría a ver a los Rolling Stones cinco veces… ¡Imaginate!”, dimensiona. Sobre Sumo x Pettinato (SxP), su nueva banda, dice que es un proyecto “impensado, casi irrealizable. ¡Y la gente lo adoró! Son tres cosas que te enmarcan en la línea correcta”.

¿Y qué significa la radio?

No tener que peinarme, bañarme y maquillarme. Por lo demás, el desafío es volver a la radio psicodélica y de cierta locura sorprendente, y no la mesa de gente hablando, sin saber, de cualquier pavada que lee en el diario. Eso es lo que intentamos. Que salga bien todos los días es algo que nadie puede hacer. Hasta los Beatles tenían discos chotos. Pero uno intenta salir del común. Salirse de lo que hacen los demás. ¿Por qué? ¡Porque, justamente, para eso están todos los demás! ¿Por qué ser más de lo mismo?

***

“Roberto es muy intenso. Cada programa resulta muy distinto a otro”, describe Martín Messutti. Con 11 años en la Rock&Pop, 25 trabajando en radio, hace su primera experiencia como coordinador con este programa. Él y Sergio Freytes (operador) son quienes deben seguirle el paso –y, también, marcárselo– desde el control. Messutti conoció a Pettinato un mes antes de la salida al aire. “Hicimos química enseguida. Acepta lo que le vamos marcando”, apunta. Cuenta que el nombre, Radio Rana, surgió de la capacidad de adaptación que tienen los anfibios, algo que Pettinato recordaba porque era la causa por la que a uno de sus abuelos le gustaba dibujarlos. El ritmo es fuerte. En segundos, se pasó página al Bailando y salta a la mesa el nombre de Osvaldo Laport. “Cuando muera, nos va a dejar su perfume”, dictamina El Lord, como a Pettinato lo llaman sus seguidores (él, en un código compartido de sarcasmo, los trata de “anoides”). De alguna forma, ya se está hablando de otra cosa. “¿Qué es lo que nos pasa con Harry Potter? Genera violencia cuando se habla de él”, interpela a quienes lo rodean (no viejos vinagres, precisamente): su hijo Homero (co-conductor), Mariana de Iraola (locutora) y Miguel Gruskoin, humorista, guionista y su amigo de décadas. En el control, un televisor sintonizado en TN informa sobre la desaparición de “un abogado de Lázaro Báez” (sic). En el estudio, se discute sobre qué provoca más fanatismo: la saga de Harry Potter o la de Star Wars.

***

“La gente que trabaja conmigo debe tener el entusiasmo de decir: ‘Me llamó Pettinato’. Y ellos tienen un concepto de mí, seguramente. Soy muy exigente en los primeros dos meses y, después, suelto las riendas para que todo el mundo haga lo que entendió. Por lo general, me funcionó. Es importantísimo que, si trabajás conmigo, entiendas de qué te hablo. Entonces, ¡los siento a todos a ver mi mundo! Mis DVDs, las series o aquello de lo que tenemos que influenciarnos. Si vos no conocés a Letterman, Leno, Conan o quien fuere, ¿cómo vamos a hacer para que entiendas que esto es un late night? La vez pasada, charlé con Jimmy Fallon de lo mismo, en un rinconcito de su escenografía”.

***

“Roberto es un artista. Lo es en la libertad que tiene para expresar cosas. Un gran artista. Tiene amplitud, es multifacético: músico, conductor, periodista…”, lo describe Gruskoin. Faltan 10 minutos para que arranque el programa y está sentado, casi recostado, en un sillón de cuerina negra que está al final del pasillo central de la radio. Radio Rana está pintado grande, en grafiti, en la pared. “Un día como hoy, murió Lenny: 28/12/15”, también se lee.

Calvo, con incipiente barba blanca y anteojos finos, tiene voz grave y serena. Conoció a Pettinato en 1982, en la redacción de la revista Satiricón. “Él era crítico de rock y todo un personaje en sí mismo. Llegaba con ese mameluco naranja y esa barba bífida… En poco tiempo, me di cuenta de que era una personalidad expresiva, muy televisiva”, recuerda. Habla de él como su “amigo de toda la vida”. La columna de la revista Gente, Duro de acostar, Listos ya!, Que parezca un accidente, Un aplauso para el asador, Un mundo perfecto, algunos de los proyectos que, menciona, emprendieron juntos.

Empezaron a transitar ese sendero a inicios de los ‘90, cuando Pettinato empezó a hacer humor en televisión, con Gerardo Sofovich. “Petti fue el que más exploró el formato de humor estadounidense en la Argentina. Él incursionó con los late night”, indica. En 1994, Orsai a la medianoche, programa diario en TyC Sports, en el que Pettinato hizo dupla con Gonzalo Bonadeo, marcó un hito para la carrera del conductor. Por esos años, Gruskoin y su amigo le pagaban a una persona en los Estados Unidos para que les grabara videos de los shows de Conan O’Brien y David Letterman. “Nosotros tratamos de imitar ese humor (irónico, sarcástico, satírico) y no a los cómicos populares que había en la Argentina”, explica Gruskoin.

Para él, en la radio, Pettinato puede conjugar las múltiples facetas profesionales que, en sus palabras, “lo hacen un tipo fuera de lo común”. Elogia su capacidad de improvisación. “La música, además, es un gran apoyo para la radio”, añade. Le observa como defecto que su bagaje cultural hace que maneje un metalenguaje que, en una emisora masiva, a veces, puede resultar incomprendido. “Tiene un perfil ABC1. A través de su carrera, fue famoso pero no popular…”.

A la distancia, Pettinato interrumpe: “¡Estás hablando mal de mí! ¡Ahora vas a quejarte por lo del acordeón! ¡Seguro!”. Gruskoin se ríe. La referencia es a un acordeón que él le prestaba a Pettinato y, después de un show de Sumo, desapareció. “¡Se lo afanaron! ¡Y él siempre me echó la culpa a mí!”, proclama El Lord, antes de retornar a sus aposentos...

Gruskoin retoma la charla sobre su amigo. “Tiene una manera de ser demasiada directa o frontal. Eso puede ser antipático. Pero, si te tiene incorporado, es muy amable y generoso”.

Hoy, después de muchos momentos de intensidad personal y laboral –sobre todo, en televisión–, lo ve muy bien. “Los años, el tiempo, dan otra sabiduría”, dice, en contraste con épocas en las que el éxito y la fama, tal vez, no producían el efecto más aconsejable.

***

El reloj del control indica 16 de abril. Está un día adelantado. En realidad, es 15, viernes. Tanda. A la vuelta, saldrá al aire la consejera de la Facultad de Psicología de la UBA. La Justicia porteña decidió que sus estudiantes puedan acceder a una tarifa social en el subte. Un productor pega el grito: tiene a la entrevistada al teléfono. El estudio está vacío. “¿Qué es esto? La Justicia ordenó que… No entiendo nada”, dice Pettinato, apurado en la vuelta, después de leer un papel que, todavía, tiene en su mano. Se enciende la luz roja. “Estamos hablando con Dalila Duek, consejera de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires porque…”, la presenta.

“Muchas gracias”, la despide, tajante, cuando ve que, después de un par de minutos, le hacen señal de corte desde el control. En la mesa, siguen hablando sobre los gobiernos que no priorizan la educación universitaria. “Y, así, les fue con la Noche de los Lápices”, dice Pettinato sobre Onganía. “Te confundiste de noche”, lo corrige Gruskoin. Le apunta que quiso referirse a la de los Bastones Largos. “Bueno… Es que fueron duras las noches de este país…”, se justifica.

***

16.16. Hora del móvil. Sale Frank, desde Cabildo y Olazábal. Tarde de viernes negro, de puro diluvio. Pero ese rincón de la frontera entre Belgrano y Núñez, esta vez, no se inundó. Sin vecinos paseando en gomón, desde la calle, se dicta teoría y práctica sobre el paraguas, con un vendedor ambulante. Frank Di Pasquale es mucho más que un movilero. Es, como tuiteó Pettinato, “el mejor manager que el dinero puede comprar”.

Representante y productor artístico general, sirve a El Lord desde hace cinco años. Pettinato llegó a él para hablar sobre proyectos que siempre había querido hacer y nunca había podido concretar. Por ejemplo, un show de stand up. “No se animaba a pararse frente al público”, cuenta Frank. Me quiero portar vien se llamó esa prueba de inicio. Pettinato hizo 400 funciones por todo el país, Chile y Uruguay. “Hoy, Roberto está lúcido como artista. Abierto, receptivo. Asumido como estrella. No significa que se la crea, sino que asumió su talento artístico”, continúa el manager. Su representado, agrega, está en una etapa de llevar adelante sus proyectos: tocar música en vivo, hacer otro show de stand up y, más que hacer radio, hacerla en la Rock&Pop.

“Roberto es Rock&Pop desde siempre. Cada vez que se iba a concretar, había algún tema contractual o algo que lo impedía”, cuenta. Su proyecto radial para 2016 era una AM. “Queríamos hacer algo revolucionario. Pero nos llamaron y vinimos acá porque era la Rock&Pop”, cuenta Di Pasquale. “Anestesiada, no deja de ser la Rock&Pop. Es una marca. Roberto Pettinato, también. Y, asociadas, podemos ofrecer un producto genuino”.

Producto genuino significa uno en el que Pettinato pueda ser él, amplía. Pasar la música que le gusta, con su propia bandeja para vinilos. Hablar de rock porque sabe de rock, sin necesidad de impostar la voz y simular una jerga fierita, ejemplifica. El manager resalta los atributos de su producto: “Talentoso, hipersensible, muy receptivo. Generoso para trabajar. Le da mucho espacio al productor. Sabe jugar con el equipo. Exige, es cierto. Pero porque dice que, cuanto más arriba está el resto, más lo elevan a él”.

Compensa ese estándar con el clima que crea en su troupe. “Más que equipos, le gusta formar familias. Una vez, me dijo: ‘No quiero subirme a una combi, darme vuelta y no saber quiénes son los demás’”, ilustra. Di Pasquale agrega que, como líder, Pettinato sabe qué esperar de cada uno. Ejemplifica con su experiencia. El movilero de Radio Rana iba a ser Felipe, otro de sus hijos. Pero el chico, todavía, no se sentía preparado. “Roberto me dijo: ‘Entonces, andá vos’. Estoy seguro de que ya lo tenía pensado de antes”.

***

Nací conductor. Ismael Salgado, gran director, me preguntó qué estaba haciendo. ‘Nada’, le contesté, porque tocaba en Sumo. Y me dijo: ‘Me divierte mucho tu columna que hacés en tal diario. ¿Te animás a hacerla en televisión?’ Y se dio así… Entré de conductor. Creo que reemplacé a Vicentico, ¡que se dormía en los sillones del estudio! Y a Ruth Infarinato (o algo así)”.

Así, se metió en la pantalla de la televisión. La hizo estallar en el verano de 1996 con Duro de acostar (Telefé), debut con gloria del late night show en el aire argentino. “¡Fue el mejor desde hace 25 años! Algo hice bien. Pero fue adelantado para la época y la gente no lo supo ver. Hoy, es peor: ¡todos creen poder hacer uno! (ja, ja, ja). Pero copian la cáscara”.

Otro hito en su carrera fue Indomables, rebautizado Duro de domar a partir de 2006, cuando pasó de América a El Trece. Tiempos en los que, todavía, no había beligerancia entre los Kirchner y el Grupo Clarín –más bien, al contrario– y Diego Gvirtz, productor del programa, militaba para esa causa común. Después, Gvirtz eligió a qué corona seguir sirviendo. Y la identidad que tomó el producto, que migró a la cámporafriendly grilla de Canal 9, coincidió con un período en el que Pettinato dejó su conducción.

El año pasado, durante el tramo final de DDD, retornó, como si, en lo personal, hubiera cerrado el ciclo iniciado en 2003 e interrumpido en 2009. ¿Qué siente hoy, que el programa ya no está en el aire? “Me parece lógico que no esté porque Gvirtz le vendió todo a Cristóbal López y los empleados quedaron en la calle. O sea, no es que no siguió por otra razón más política, de peso, digamos, como si fuera 6-7-8, al que yo mismo habría cerrado si hubiera asumido como Presidente, porque tiene cero autocrítica y, sospecho, ninguno era K de verdad (eso era lo que más lástima me daba)”, responde.

Amplía: “Pero, bueno… Ya no está, dirás vos. Y yo diría: ‘Sí. Y, ahora, ¿qué hay? ¿Gente cocinando? ¿Bailando sobre un escenario vacío?’. Y es que asistimos a una tele más lavada que nunca. ¿Y por qué? Por no saber culturizarla, instruirla o nutrirla de algo. ¡Es como decir: ‘No tenemos dinero pero, encima, queremos gente que sea aún más light que una saborizada de pera!’ Y así es ahora. Bueno, son políticas. Los otros tenían lo suyo, también. Pero quiero aclarar que eso de la pluralización es una absoluta mentira. Ahora, si pluralizar es poner gente de todas las corrientes pero, oh casualidad, no tienen nada que decir, ni nada que aportar, ni esclarecer en una sociedad, entonces, sí: es pluralizar pero con azúcar impalpable”.

Hecho el descargo, el momento del balance. “Duro de domar fue muy bueno en su primera etapa, de 2006. Este último año, cuando los K se retiraban y yo entraba, bueno, me dijeron que dijera lo que quisiera y ellos harían lo suyo. Lo hice un buen tiempo y, como siempre, no quedé pegado con nadie. Y, aun si quedara pegado… ¡Estamos en un país en el que Mirtha Legrand, ahora, es la abanderada de los trabajadores! Ja, ja, ja,ja”. Remata: “Por un lado, está bueno vivir en un país así. ¡Sos eterno!”.

***

Termina la tanda. Pettinato se pone serio. Empieza a hablar de rock. Elige a Luis Alberto Spinetta. Todos se acuerdan de su poesía, cuando cantaba “Ahí va el anillo del capitán Beto por el espacio”, introduce. Pero explica que, en ese entonces, la banda de El Flaco, Invisibles, “sonaba, todavía, medio Zeppelin”. “La gente se acuerda de esa canción. Pero éste era el single. Y sonaba así…”, da el pie para que empiece La llave de mandala. “Chan, chan, chan”, marca él, al aire, con su voz, los riffs y golpes de bajo y batería. Se calla. Deja que la música fluya…

Gracias al rock, Pettinato se inició en el periodismo. “Un amigo, Miguel Gruskoin, me dijo que se podía escribir lo que yo decía y me convirtió en una estrella de Satiricón (ja, ja, ja, ja). No podía creer que esto se pudiera escribir y que te paguen. Me gustó siempre porque leía Nuevo Periodismo, de la mano de Tom Wolfe y demás gente. Quería y estaba copado en ser reportero, el de la película Alta fidelidad o una de esas de coleccionistas de discos. Así, entré en Expreso Imaginario”, cuenta. Evoca, en la piel de cronista, haber ido tres veces a la casa de Bernardo Neustadt. “Para hacerle, aun, más preguntas”, justifica. O perseguir, durante días, a Carlos Monzón. “Pero, flaco, ¡esta nota no termina nunca!”, le contestaba El Campeón cada vez que lo veía. “Pero logré que me dijera cómo vivía un knock out y que el sexo y el alcohol lo ponían loco. Ahí mismo, conocí a su mujer. A los tres días, la mató”.

Menciona a Tom Wolfe, Pipo Lernoud, Alfredo Rosso, Fernando Basabru, Truman Capote, Norman Mailer –“y otros desconocidos”– como sus maestros. Su mejor producción periodística, dice, fue en la revista Libre, publicación que, con desnudos en su tapa y títulos contundentes, graficó al máximo el destape de los ‘80.

A Pettinato, el oficio periodístico le dejó cosas que aplicó, y sigue haciendo, en su diversificada y prolífica carrera. “Aprendí a preguntar… ¡Y a perder la ansiedad de contestar yo mismo! Creo que el periodista que no es curioso no sirve. Siempre, digo que te tenés que interesar, como si fuera lo más importante del mundo, por lo que tenés enfrente, así sea una vedette. Si encontrás un avión enterrado y está completo, ¡no puede faltar la pregunta de si hay cadáveres o no!”

***

Pettinato nació en la embajada de Ecuador en Buenos, el 15 de diciembre de 1955. Roberto, su padre, estaba asilado. Había sido Director de Institutos Penales y fundador de la Escuela Penitenciaria de la Nación durante las presidencias de Juan Domingo Perón. La gestión de Eduardo Lonardi ya era historia –no llegó a cumplir dos meses– y la dupla Pedro Eugenio Aramburu-Isaac Rojas se había encargado de enderezar el rumbo de la Revolución Libertadora, por la, presumían, blandura de quien, en septiembre, había proclamado “Ni vencedores ni vencidos” como conciliadora consigna del golpe que había encabezado.

Los Pettinato se exiliaron en Ecuador, Perú y Chile, países en los que el jefe del hogar se dedicó a hacer lo que sabía. Infancia poco común la del recién nacido, construida con imágenes inusuales para el hijo de una familia muy normal.

–¿Qué recuerdos tiene de esos años? ¿Cuáles son los que, de alguna manera, más lo marcaron?

–La temporada en la selva peruana. El conocer las hormigas tangarana, que comen carne humana y te dan fiebres de 40 grados. Comer carne de mono y que mi papá me dijera que era parecida a la carne humana… Nunca chequeé cómo él sabía eso (ja, ja, ja).

En fin, son muchas cosas e imágenes. Es complejo porque no creo que a nadie le importe si viajé en una piragua con presos y un sacerdote en la punta, con una 45 en la cintura, porque se venían tirando todos los cocodrilos de un lado y del otro, y que darían vuelta la piragua con un solo hicico… Ah…Ahora que lo cuento, suena interesante… (ja, ja).

–¿Qué es lo que más recuerda y valora de sus padres?

–Mi mamá cantaba zarzuelas y le encantaba la radio. Y mi padre era estricto pero humano. No era el típico padre militar. ¡De hecho, no era el militar clásico, sino del Servicio Penitenciario! Siempre, me gusta cuando pasan las imágenes de Robledo Puch porque, ahí, sale mi papá. Porque, cuando se les escapó, dijo que sólo se entregaba si lo hacía ante Pettinato. Y así fue. Está en todos los videos. Pero nadie conoce a ese señor de canas, que va al lado de Puch esposado con él.

***

“Son muy pocas las cosas que me gustan de The Clash. Lo siento. No puedo soportar Should I stay or should I go. Eso no es The Clash”. La luz roja ya está encendida y el retorno devuelve al conductor despotricando contra una banda punk a la que, hoy, se la reconoce más por estar en la track list de cualquier DJ de boliche, fiesta de 15 o casamiento que por haber sido de las pioneras de ese género de explosiva y ruidosa rebeldía. Polémica en el rock está en el éter. “Los Beatles son un grupo de música pop. Por supuesto, son tipos que tienen los dedos manchados de mermelada por haberlos metido en todos los frascos”, le replica rápido a Homero, cuando el hijo comete la osadía de rotular al cuarteto de Liverpool como banda de rock.

Pausa. Para entrevista telefónica al presidente de la cámara de taxis. En la tevé del control, TN informa que Uber no cobrará por sus viajes durante una semana. “Hace un mes que estamos hablando de algo que, hace dos meses, no existía en nuestro país”, concluye El Lord. Nueva pausa. Only happy when it rains, de Garbage, para rendir tributo al día. Son las 16.58 y el programa entra en su última hora, la más intensa. Llega Walas, el cantante de Massacre. Voluminoso, pelilargo, barbudo. “¡Signore!”, exclama frente al anfitrión, ni bien entra al estudio. Lo saluda con una reverencia. “¿Cómo le va, Walas? ¿Siempre con su gorrito?”, lo recibe él, ya en el aire. Se reanuda Polémica en el rock. En la tele, la noticia vuelve a ser el abogado de Báez. En Radio Rana, si los Beatles fueron una banda de rock o de pop. “Banda de pop-rock, en todo caso”, la salomónica decisión de El Lord. Homero porfía. Pide que el programador ponga Dig a pony. “¿Esto es una banda de pop?”, cuestiona, enérgico. “Cuando empiezan a cantar, sí”, responde, displicente, el padre.

Homero (28) le hace el contrapunto. Duelo generacional premeditado. “Que esté Homero fue idea de Roberto. Estuvo planteado de entrada que co-condujeran. Hicieron una primera experiencia en Pinamar, durante el verano, y anduvo”, cuenta Di Pasquale, el multimanager. “Es muy talentoso, maneja un código similar”, agrega.

“Él quiso que estuviera. Yo estaba por agarrar una propuesta de otra radio, a la que no quería mucho ir. Entonces, él me trajo la idea de co-conducir. En Pinamar nos fue bien”, el turno de hablar del hijo. “Es verdad: hoy hace las cosas que le gustan hacer”, responde, consultado sobre el actual momento de su padre. Pettinato tiene cinco hijos. Tamara –32, expanelista de Intrusos–, Homero, Felipe (23) y dos más chicos, de 7 y 5 años, de su segundo matrimonio. Además, tiene un nieto, de 6 (hijo de la mayor). “Todos los hijos aportan algo –reflexiona él–. Lo que no hay que hacer es ser ‘el devoto’ de los hijos. Ellos, al nacer, son hijos. Pero, la mayoría del tiempo, son seres humanos independientes. No son hijos las 24 horas. ¿Se entiende?”. ¿Cómo se conecta con ellos? ¿Cómo los acompaña, particularmente, a los mayores, que ya caminan solos y, encima, en los crueles pasillos de los medios? “Charlas, chistes, idas y vueltas. Terminaron los tiempos en los que los buenos padres eran, únicamente, los que se sentaban a hacer la tarea o ayudarlos a pintar un mandala. Hoy, hay muchos padres en un mismo padre y, desde la web a los celulares, los juegos, todo lo interactivo, son pedazos de los padres en otros formatos”.

De todas formas, Pettinato los tiene cerca. Comparte la co-conducción con Homero. Y, con Felipe –community manager y columnista de espectáculos del programa–, el show de stand up. Ellos lo admiran. Se nota cuando hablan de él. O, simplemente, cómo lo miran. En algún tramo de la tarde, Felipe –con su esmerada semejanza a Michael Jackson– entra a la sala de producción, apurado. Pide $ 50. Al rato, entra al estudio. Lleva un café con leche, cargado, mucha espuma. Es para su padre.

***

La rutina ordena un segmento grabado. Es él, imitando a Tato Bores, con un monólogo de actualidad. “Vermú con papas fritas y good show”. Ahora, suena Preso en mi cárcel, de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota. Él se toma una pausa. Comparte un rato con su joven equipo de producción: Agustín Bacca, Agustina Goñi y Matías Di Pasquale (hijo de Frank). Se lo oye gritar. “Él no pudo ser saxofonista de Sumo. Yo sí. Él no compuso Estoy rodeado de viejos vinagres. Yo sí. Él no escribió No sé lo que quiero pero lo quiero ya. Yo sí. ¡Basta de él!”. Ironía pura. Caiga quien caiga. Nunca hubo feeling entre Pettinato y Mario Pergolini. “Me da lo mismo que Pettinato sea el conductor de CQC”, declaró en público Mario cuando su mayor criatura televisiva arrancó la temporada 2013 con su rival en la conducción. “Había que chocar ese auto, eh”, chicaneó desde su micrófono en Vorterix, a fines de 2014, cuando El Trece lo sacó de su grilla. ¿Pettinato siente que fue un error haberse probado ese traje negro? “Nooooo. Al contrario. Siempre quise ese programa. Pero no lo agarré en su época de gloria, de dinero, viajes y producciones espectaculares. Pero no importó. Fue otro lugar del que muchos dijeron: ‘Al fin, llegó el que tenía que llegar’”.

La sombra de Pergolini ya no se proyecta por los pasillos de la Rock&Pop. Voz emblemática de su época dorada, dejó un recuerdo poco feliz en la emisora, luego de su reciente paso como director artístico (2014), cuando la radio pertenecía al dúo Spolsky-Garfunkel (hoy, es de Fénix Entertainment Group). En 2015, la radio cumplió 30 años. “El rock no envejece. Se hace cada día más grande”, se lee en el mural que rinde ese tributo. Verbo que se hizo carne en Pettinato.

¿Con quiénes conectás mejor en la radio: jóvenes, de tu edad?

Ojalá pudiera tener edad. Hice lo que pude para envejecer de cabeza, por lo menos. Pero no hay caso. ¡Mi cabeza siguió siendo, cada día, idéntica a la de los 23! (ja, ja, ja, ja). No entiendo lo de la edad. Lo digo siempre. No está en mi mecanismo de pensamiento y la enseñanza espiritista. No lo vivo así. No tengo idea del público. Sé que hay gente del otro lado. Si yo fuera una persona comercial, obviamente, sería un éxito mortal. Pero nunca me propuse eso. Siempre, me gustó decir que es genial hacer algo para pocos. Por eso, nunca tuve un éxito. Y, cuando lo tuve, fueron 14 puntos. Pero no con tirar perros desde un octavo y ver si rebotan… Sino que lo hice con… ¡Yoko Ono!

***

De adolescente, conoció a Perón. Acompañó a su padre a un almuerzo en Nino –mítico restaurante de Vicente López–, organizado en los días en los que El General había retornado al país, finalizado su exilio. “Emocionante para un militante de 17 años. ¡Claro que sí! Pero, después, no tenía a quién contarle porque mis compañeros sólo querían ir a Comunicaciones a bailar en carnavales (ja, ja, ja)”, recuerda.

Alguien con sus inquietudes artísticas e intelectuales no es indiferente a la política. Recurre a las risas de nuevo cuando se le pide que analice aciertos y errores del matrimonio Kirchner. “Ni idea, ni me interesa. Sería muy aburrido de mi parte. Me lo reservo”, responde. “Sí puedo decir que demostraron una enorme capacidad. Punto. Capacidad para generar negocios y formas de que el dinero entre. Ahora, que después se lo hayan quedado (una parte o lo que fuese) en corrupción, es otra cosa. ¡A mí me daría mucha pena tener un gobierno que, ni siquiera, se las ingenia para generar la forma de hacer, primero, el dinero!”.

Como comunicador, la gráfica signó sus ‘80. La televisión, los ‘90. Y ese medio y la radio, la última década y media. ¿En cuál se sintió más o menos incómodo para trabajar?, se le pregunta. “Muchos dicen que Menem te dejaba decir de todo. Puede que sea cierto…Pero, la verdad, nunca me dijeron nada. Más allá de lo que te dirían en cualquier medio y en cualquier gobierno que, apenas sube el nuevo, comienzan a transar y a tener sus pequeños negocios en común. Todos deben vivir de todos. Por eso es que tenemos la sensación de que no podemos creer, fielmente, en nadie. Bueno, ¿cuál es la novedad en esto? Los humanos ya desconfiamos de todo y nadie tiene la verdad de todo porque el planeta entero trabaja para otro planeta entero, que está superpuesto a éste y que es la mente de los que más tienen, que manejan las cosas de acuerdo a su conveniencia. Y es así. Nada podemos hacer. Lo siento por la mala noticia (ja, ja)”.

¿De qué lado de la grieta sintió que se quedó? “Hoy, la grieta es la misma y, en el futuro, será la misma de la misma. Lo que hicieron bien los K fue enseñar a muchos a ver los diarios y sus tendencias. ¡Pero, después, nos dimos cuenta de que, a la vez, también aprendíamos a ver a los K! Entonces, se dio un laberinto de espejos que, creo, sirvió para madurar y, por lo menos, no seguir creyendo en Disney. Hoy, la grieta continúa y, por lo menos, en los medios, se ve claramente. No existe oposición de nada, ni en humor, ni en nada. ¡Me recuerda a cuando los K se ofendieron con Tinelli porque los imitaban en su programa! Este nuevo gobierno es más listo y delicado y no va al frente. Pero la grieta iniciada por los anteriores les toca a los que suceden y los que suceden, obviamente, tienen sangre en el ojo por los que se fueron dejando plazas llenas. Eso sí… Pero, también, las arcas del resentimiento a flor de piel. Es así”, advierte. Según él, el kirchnerismo tenía una forma, en sus palabras, “un poco burda” de promoción y, dice, marketing. “Malísimo. No sabían comunicar, siquiera, las cosas que hacían bien, porque te las repetían con tal mal tino que hasta eso te irritaba. Una mala, pésima, política publicitaria y marketinera. ¡Los del Pro ganaron, justamente, con eso! Hasta repitiendo los mensajes peronistas confundieron a todos y hasta quedaron en el debate como los salvadores de la patria y pobre Scioli, que decía la verdad, nadie lo escuchó. Ahora, ¡tampoco sabemos qué estaría haciendo Scioli en este instante como presidente! ¿Se hubiese venido toda esta debacle, como él la anunció de su contrincante, hacia él mismo? No lo sabremos nunca. La gente, tan harta, terminó votando globos y un cambio. Bueno, ya lo creo que lo tenemos y una hermosa revolución de la alegría. Que, tal vez (y ojalá así sea) esté en el odontólogo y estén, aún, arreglándole las caries…¡Pero no todas las caries vienen de antes! Recuerden, ja, ja, ja, ja, ja. En cinco meses de chocolatines, globos y dulces, tal vez, se generaron otras. Ja, ja, ja”.

Banderitas y globos aparte, observa problemas más profundos en la sociedad. “Que a nadie le importa nada de la otra persona. Nadie quiere a los pobres. No los quieren tener cerca. Y a nadie le importa lo que le sucedió a una chiquita en el Norte o lo que fuera. Y, eso, los políticos saben que son diarios de ayer. Saben que sólo tienen que lamentarse en un sólo móvil de (Santiago) del Moro y nada más. Por eso, el debate es el opio de la inacción. ¡El opio de los pueblos! Eso, más la desinformación del periodismo, en general. Y, si le sumamos que el Gobierno, que no tomaba ni una medida en contra de la sociedad como los K, resulta que la mitad no los vota… Entonces, ya no sabemos a quién creerle”.

Por primera vez, surge Mauricio Macri con nombre y apellido en sus respuestas. “No creo que sea una mala persona. Pero es su primera presidencia, que no sigue a un tenue (Fernando) de la Rúa. ¿Se entiende? Bueno, él quería llegar a presidente también. Seguramente, se pueden hacer planes sobre la marcha. El primer día  –siempre me encanta recordar esos primeros días, en los que se dice cualquier cosa y, después, el propio periodismo se encarga de tapar –, Macri decía: “No me dejaron un mango en el Central”. Y, a los pocos días, hablan de apenas 37 mil millones o no sé qué. ¡¿Podés creer que, todavía, dudo si había o no dinero?! Y, hablando de grietas, y de políticas, ¿sabés dónde se nota quién está de cada lado? Es simple: fijate cuántos hablan de Báez y cuántos no hablan de los Panamá Papers y listo. Ahora, por lo menos, es más fácil saber quién es quién (ja, ja, ja). Pero, también, es cierto que fueron, por primera vez, muy claros y, sin dar explicaciones de los planes, en decir: ‘Cuando paguemos a los buitres todo mejorará’. Bueno, ahora se habla del segundo semestre. Y, si los sindicatos, que, de pronto, son nuevamente los salvadores de la Humanidad, se le ponen de culo… Sospecho que sólo nos resta creer… ¡Y es probable que, de alguna forma, se tenga que levantar algo para poder chapear en tu vida! Todo presidente, todo gobierno, tiene sus vergüenzas, su vida privada, su vida pública y su vida secreta. Bueno. Pero todos tienen baluartes y pequeñas antorchas que levantar. Espero que este gobierno encuentre las suyas”.

***

Pasó You have killed me, de Morrissey. También, Word up (Korn), Diggin’on a hole (Stone Temple Pilots) y Matchbox: la versión que los Beatles grabaron de este rock clásico de Carl Perkins, con Ringo Starr en la voz. “Vos vas después de la tanda, eh…”, le pega el grito el coordinador. Vuelve al aire. “¿Pongo algún disco nacional? Hoy estoy muy nacional”, dice, sentado junto la bandeja reproductora de vinilos que tiene sobre la mesa del estudio. Toma Rock de la mujer perdida, de Los Gatos. Habla de la tapa. “Siempre dijimos que era Ciro. Pero no: es una mina. Espantosa. Pero era una mina. No Ciro”, cuenta. Ciro es Fogliatta, el tecladista de la banda. Sigue hablando sobre el beat nacional. Agarra otro disco. Es de Los Mentales. “¡Ah!... Mirá cómo se parecían a Almendra”, le cuenta a los demás, que lo miran en silencio y con atención. Recala en La Joven Guardia. Vuelve a Los Gatos. Se recuerda de chico, yendo a los carnavales en San Lorenzo para verlos. “Yo no iba a bailar. Iba a ver grupos de rock”, explica. Acota rápido, al pasar, como si dijera una obviedad: “Era gordo. Las minas no me daban bola”. En esas noches de Boedo, Los Gatos sonaban como Led Zeppelin, asegura. “La entrada de Pappo fue tan demoledora para esa banda... Creo que Lito se sintió overwhelmed con la entrada de esa fuerza que era Pappo”, analiza. Elogia a Nebbia como cantante de rock. “Cuando lo vea, se lo voy a decir. Su voz en Rock de la mujer perdida, así, tan plomiza, densa, te explota la cabeza”, destaca. “Mujeeerr, vas a entenderrr…”, lo imita.

Sobre rock, El Lord Pettinato no decreta: pontifica. Habla en serio. Entusiasmado pero en serio. Focalizado, con esa voz serena y flemática. Se le encienden los ojos. Se apasiona. Walas, el invitado, lo sigue en ese viaje mágico y misterioso de nombres de bandas, músicos y géneros. Brasil, la escala. Hablan de Os Mutantes, grupo ácido de fines de los ‘60. “Una mezcla de Syd Barrett y chamamé”, los define. “El brasileño loco es recontraloco”, sentencia. “También… ¿Querés probar psicotrópicos? ¡Tenés a todo el Amazonas al lado!”. En el televisor del control, TN volvió a cambiar de noticia: “Se define si Dilma va a juicio político”. Sincronicidad, le dicen los que entienden de metafísica.

Faltan 20 minutos para que termine el programa. Pettinato cuenta que acaba de recibir la primera copia del álbum que grabó con su nueva banda. “Recién me llegó el máster. En algún momento saldrá”, dice. “No es un tributo, no es un homenaje. Es Sumo por Pettinato. Son los únicos temas que sé tocar”, le cuenta a su invitado. Agrega que armó una banda de equis (sic) a los que conoció en distintas circunstancias. Los guitarristas, por ejemplo. Uno, dice, es del estilo de Robert Fripp (King Crimson) y el otro, Hendrix. “Tocaba en una banda que hacía homenajes a Hendrix. ¡Y toca como Hendrix de verdad!”, abre los ojos.

Debede es el tema que está en punta. “Vamos a hacerlo escuchar”, avisa. “Te doy los auriculares para que lo escuches bien”, le ofrece a Walas. “Recién me llegó la copia. Así suena Sumo por Pettinato, en la Rock&Pop”, presenta. We walked down to the disco / on that Saturday night…”, se empieza a oír. Él, con otro par de auriculares puestos, baila parado. Gira sobre su eje. Hace la mímica a la letra. Se divierte. Sonríe. Disfruta. Goza. “Disco, baby, disco”. Se siente sapo en su pozo.

***

“SxP es un lazo que une generaciones. No lo hago por los nostálgicos, sino por aquellos que aplican su buen oído… Y, tal vez, sí algo de nostalgia. ¡Pero llevan a sus hijos! ¡O a los hijos de sus amigos! ¡El público que nos viene a ver es así! Y recibí los mejores elogios, desde Mollo (NdR: Ricardo, ex Sumo, líder de Divididos) hasta la gente, que te dice: ‘Ahí está el espíritu de Sumo’. Y esa era la idea. ¡Nadie va a creer que voy a cantar como Luca! Apenas, si canto como Germán (NdR: Daffunchio, otro ex Sumo, Las Pelotas) o Ricardo… Pero, una vez, el concepto es lo que importa. La idea de una banda que rescato. Las zapadas, los climas de voz de Luca con los delays y ecos… Y una forma más loca… ¡Por momentos, somos un grupo de música progresiva porque eso, también, le gustaba a Luca! Entonces, quiero formar o reformar esa época de la banda. Por eso, tal vez, no hago Los viejos vinagres, que era ya de otra”.

¿Extrañás a Luca?

¡Ahora lo sufro! ¡Ja, ja, ja, ja! Porque me doy cuenta de que no entiendo cómo podíamos hacer 22 temas cuando, en el cuarto que canto o toco, quedo demolido. Ja, ja, ja. La intensidad de Sumo no radicaba sólo en el baterista o en los guitarristas, o en el saxo. Creo que el que tiene que estar al frente, como Luca, debería haber sido tremendo. Y, por otro lado, entendí el amor verdadero que tenés que sentir por esa música. ¡Porque, claramente, no podés aburrirte de tus propias canciones, quiero decir! Y tocarlas por la mitad, o sin onda, porque estás cansado. Ja, ja, ja, ja.

¿Cómo imaginás que él habría sido hoy?

Es inimaginable para mí porque desencarnó cuando debía hacerlo. Mucha gente, siempre, se pregunta eso porque cree poder hacer una ecuación en perspectiva. Es absurdo. ¿Cómo sería El Gordo Porcel hoy? ¿Cómo será Michael Jackson? ¿Con más operaciones o menos narices? Es imposible. ¿Cómo sería Lennon? ¿Seguiría con Yoko? ¿O se casaría con Juanita Viale, que lo conoció en Punta del Este en la casa de (Nicolás) Repetto? No lo sé.

Este año se cumplirán 30 de un hito de Sumo: su recital en Obras, editado en VHS tras la muerte de Luca. ¿Con cuánta gente te cruzaste que te dijo que estuvo ahí?

Todos nos dijeron, siempre, que estuvieron ahí. No tiene importancia. ¿Qué podés decir? “¿Ah, mirá? OK”. La idea de los ‘80 como locura narcótica y demás no es cierta. Y es más: ¡éramos muy poca gente caminando por la calle a las 8 de la mañana hablando! Es como pensar que todos usaban los pelos en gel y volados en las manos. Había de todo. Pero todo sí fluía y las compañías grabadoras hacían el resto. Por momentos, la gente olvida que, detrás de todo, hay un comienzo tierno y fluido. Y, también, sincero. Pero, después, de inmediato, se convierte en una industria, con 20 mil Boy Georges copando la escena.

En una entrevista, dijiste que eras un pibe que escuchaba a los Beatles y Hendrix, que respondía que quería vender panchos en Nueva York cuando le preguntaban qué quería hacer. ¿Seguís siendo él?

Después de todo lo que hablamos antes de política, no me cabe la menor duda de que no me equivoqué. Yo pensaba entre ser pobre en mi país y ser pobre en Nueva York pero, a la noche, irme a buscar clubes de jazz, que no son caros, para ver esa música y escucharla… Prefiero Nueva York. Nunca lo logré. Ahora, tal vez, lo haga… Y viva del alquiler de mi departamento. Sospecho que, en Nueva York, en unos años, serán como… ¡230 panchos! Ja, ja, ja, ja, ja.

***

17.58. Pasó la última hora de programa, el tramo más intenso y compacto de ese día. Walas ya no está en el estudio. Durante los últimos minutos, diseccionaron, tema a tema –para desgracia del programador, que debía tenerlos en punta –, Revolver, de los Beatles, para definir en qué género encasillar a los Fab Four.

Todavía, queda cierta magia flotando en el ambiente. Se la percibe. También, se acerca el fin del primer mes de Radio Rana en el aire. Clima agónico, después del éxtasis. “La siguiente gente morirá”, anuncia Pettinato, con tono solemne, antes de leer, uno a uno, quiénes hacen posible que el programa esté al aire. Juega con Homero, quien improvisa fechas  –y, en algún caso, también circunstancias – en sus augurios de defunción, a medida que nombra a cada miembro del equipo. Queda un nombre, para el final: Roberto Pettinato. “¿Saben por qué no muere?”, pregunta el aludido, con fingida inocencia. Él mismo responde, con suficiencia: “Porque… ya-ga-nó…”. Croac.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

1 Comentario

Victor B Reportar Responder

Me tomé el trabajo de leer la nota para saber que fue de la vida de un tipo que en los 90s enjabonaba pizzas en la playa para agregarles arena... por tv.. un bolu2 importante parece

Videos

Notas Relacionadas