Pablo ‘Polito’ Pieres: “No nos importa perder plata con tal de jugar en Palermo”
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Pablo ‘Polito’ Pieres: “No nos importa perder plata con tal de jugar en Palermo”

Pertenece a la exclusiva élite de 9 jugadores que ostentan 10 de hándicap en el mundo, pero su parecido con el prototipo del jugador tradicional de polo termina en el apellido: le gusta la cumbia, es bostero, embajador del fernet con cola en el exterior, y confiesa que recién hace poco pudo comprar su primera casa.

Por Cecilia Filas 24 de Noviembre 2016

A través de los años, el polo ha logrado mantener su carácter primario como un juego, esencialmente, para privilegiados, haciéndole honor al título de ser el deporte de reyes (y de sultanes, mogoles o patrones millonarios, en su faceta más prosaica y reciente). Entonces, cuando Pablo Polito Pieres (30) –o Polisha, como lo llama su entorno más íntimo– cuenta que fue sólo hace poco que pudo “ahorrar un poquito” y comprarse su propia casa, es inevitable distraerse y preguntar qué fue lo que falló en la ecuación. “Salvo los jugadores de 10 goles, creo que todo el mundo se gasta más de la mitad de la plata en los caballos, en la cría, en la organización... Después, si vendés algún animal te va a quedar algo de plata. Hace un par de años, gastaba todo. Y cuando estás en números rojos le pedís plata a tu papá, a un tío, le pedís un préstamo al patrón. Porque invertís todo”.

Más allá de sus cualidades genéticas, un caballo de polo “se hace” a través de un proceso que dura aproximadamente 7 años –la mitad de su vida activa promedio– en el que intervienen criadores, veterinarios, entrenadores y petiseros, entre otros. Aunque en lo que se refiere a este tipo de equinos los números son inciertos –es improbable que un jinete se deshaga de un campeón, por lo tanto no hay cifras comprobables–, se calcula que pueden alcanzar precios de venta de entre u$s 10 mil y u$s 100 mil.

Un polista necesita, aproximadamente, un lote de entre 10 y 15 ejemplares para un torneo como el Campeonato Argentino Abierto de Polo, ya que cada animal juega sólo uno o dos chukkers de 7 minutos por partido. Además, en el exterior, los jugadores mantienen lotes de dimensiones similares para cada una de las polo seasons: el año empieza con Palm Beach en enero, Gran Bretaña a partir de mayo y luego la Argentina desde septiembre. Todo ello sumado a la montaña de recursos que se destinan a alimentación, caballerizas, pretemporada, entrenamientos a medida, logística, tratamientos de rehabilitación... Porque un polista de alto nivel –o que aspira a serlo– no puede escatimar gastos a la hora de cuidar a su compañero de fórmula. Así, los números escalan rápidamente.

Polito ingresó en este mundo cuando tenía tres años y su padre, Pablo Paul Pieres –de quien recibió el apodo– lo subió a un caballo, taco en mano. Si bien relativiza la presión del mandato familiar –actualmente hay 10 jugadores de apellido Pieres en los registros de la Asociación Argentina de Polo (AAP)–, desciende de una dinastía que incluye a su abuelo Álvaro Bary Pieres, su tío Gonzalo y sus primos Nicolás, Facundo y Gonzalo. “Es un buen apellido –admite con orgullo–. Y en el polo pasa: están los Heguy, los Novillo... Creo que está bueno”. Pero, más allá de los árboles genealógicos, los inicios en este deporte son complicados, y sobre todo costosos, para quienes no cuentan con la maquinaria de una organización poderosa a sus espaldas. Y Polito lo deja en claro: “Sí, vengo de una familia polera, ¡pero no de Ellerstina! –advierte–. Papá siempre se las rebuscó. Cuando dejó de jugar, tuvo que vender caballos, así que cuando empecé me tuve que comprar todo de nuevo”. Porque los apellidos se repiten, pero las organizaciones son pocas. Y no es lo mismo ser Pieres dentro de Ellerstina que fuera. Santiago Garrahan, su manager, cuenta: “Le costó mucho ese salto al principio. Cuando (Adolfito) Cambiaso o alguno de los otros Pieres estaban en 7 goles, ya tenían una organización increíble. Y él tuvo que armar su equipo de trabajo, elegir sus caballos, qué comprar, qué gastar, qué no gastar. Por ahí él tenía una yegua muy buena pero el padre le decía ‘Yo vivo de esto y la tengo que vender’ y se le iba de las manos. Él nunca tuvo una organización atrás que lo apoyara y que le diera 10 animales para jugar Palermo. Por eso cada integrante de su lote tiene su historia para él, porque los ha conseguido con mucho sacrificio y mucho trabajo. Después, por suerte, cuando ya tuvo 9 goles, el padre lo pudo ayudar”.

Tras su debut, y en poco tiempo, ese Polito de 7 goles, ambicioso y certero con el taco, se convirtió en el Most Valuable Player del Abierto Británico, en el protagonista de la histórica campaña de Alegría en el Abierto de Palermo de 2013 y en la cuarta pata de la Ellerstina que, al cierre de esta edición, se quedó con el 123º Abierto de Hurlingham, quebrándole a La Dolfina su histórico récord de 39 partidos invictos.

El flamante número 2 de Ellerstina –una posición que estrena esta temporada, ya que su estilo con la bocha lo había llevado, hasta ahora, a desempeñarse como goleador, un puesto de 1 nato que tuvo que resignar ante su primo Facundo– comenzó a jugar profesionalmente a los 18 años, aunque su relación con el polo había empezado mucho antes. De hecho, Polito nació –casi de casualidad– en Connecticut, mientras su padre disputaba la temporada estadounidense defendiendo los colores de White Birch. Eso lo convierte en el primero de esa nacionalidad en alcanzar los 10 goles de hándicap desde Adam Snow en 2003, aunque él haya vivido toda su vida en Pilar, provincia de Buenos Aires, y su paso por su país de origen no se extienda más allá de lo que dura la temporada en Palm Beach.

¿Cuál es la diferencia entre lo que se cree que es la vida de un polista y la realidad?

Creo que los que no conocen nuestra vida están equivocados, seguro. Por ahí piensan que el polista está de joda o con los más ricos, y la verdad que no es así. La vida del polista es re tranquila: estás con tu familia y convivís con tus petiseros, que es tu gente, la que te cuida los caballos. Estás todo el día en las caballerizas con ellos, tomando mate, comiendo asado. O sea, es una vida re tranquila y no de tanto lujo como parece. Sí, viajás bastante a lugares increíbles, pero después es una vida muy tranquila.

¿El éxito de un jugador se define en la caballeriza?

Y sí, es una parte básica. Estás al lado de tus caballos, que son tu herramienta más grande. Querés estar ahí con tu gente y saber qué pasa, por más que no estés haciendo nada o tomando mate desde las 9 de la mañana hasta las 12. Por ahí no jugás por cuatro o cinco días y te dicen: “Che, ¿por qué no te vas a Miami o la playa?”. Pero creo que hay que estar ahí y ver qué pasa con los caballos, qué hacen, si están entrenando bien... Por más que vos no los saques a la mañana, creo que tenés que estar ahí, con tu gente. Cuanto más cerquita estés, mejor van a trabajar, más van a rendir y más contento va a estar el equipo.

Los patrones, en su mayoría, son empresarios, ¿alguna vez te ofrecieron invertir en algún negocio por fuera de tu deporte?

No, por ahora no. Empecé hace poquito y tengo que gastarme todo en caballos, la verdad. En esto, no podés estar pensando en otra cosa porque sino no vas a llegar a los 9 ó 10 goles. Es muy duro cuando tenés 6 ó 7 de hándicap: ganás poco y todo tenés que usarlo para comprar animales, sino te pasan por arriba. Por más bueno que seas o habilidad que tengas, sin caballos no llegás.

¿Estás más tranquilo desde que tenés 10 de hándicap?

¡No, al revés! (se ríe). Cada vez tengo que estar mejor. Ahora estoy entrenando más y tengo que estar mucho más montado de lo que estaba antes. Se complica mantener el 10, hay muy pocos y es difícil (NdR: De hecho, Polito pertenece a una exclusiva lista de sólo 9 jugadores que ostentan 10 goles en el mundo).

Si con los 10 goles no alcanza, ¿cuándo se logra la estabilidad en tu disciplina?

La verdad que no sé... Porque ahora tengo 10, pero es muy difícil mantenerlo. Aunque llegues, si no estás bien montado no vas a jugar 10 goles. Y si no seguís invirtiendo, los de abajo te pasan por arriba. Así que no sé... ¡En un par de años te digo! (se ríe). Pero voy a tratar de seguir, obviamente, organizándome en todos lados donde pueda.

Organización es tu palabra fetiche. ¿Por qué?

Es muy largo el proceso desde que empezás a criar y hacer caballos para jugar el Abierto, así que necesitás una organización por detrás que sea grande y exitosa. Para mí, al estar empezando recién, no es tan fácil. Creo que Ellerstina está haciendo bien las cosas: siempre saca caballos nuevos y buenos, por eso es uno de los equipos grandes. Obviamente, estoy aprendiendo. El año pasado estaba con mi organización, pero ahora decidí llevar todo para lo de Mariano Aguerre (NdR: Expolista y actual coach de los Pieres) y aprender de él, de su experiencia. Además, aporta caballos para nuestro equipo.

Adolfito Cambiaso ha contado que en el exterior juega para ganar dinero y que en la Argentina pierde plata, ¿coincidís?

Sí, obvio. Acá por ahí jugás algún que otro torneo para tratar de pagar los gastos... Pero, para un polista, el Abierto de Palermo es lo más lindo que hay, lo que uno soñó de chico cuando iba a ver los partidos con el taquito. Creo que no nos importa perder plata con tal de jugarlo. No digo ganarlo, porque cuando venís con 6, 7, 8 goles, no estás ni cerca. Lo divertido es ir al estadio porque, después de todas las veces que fuiste de chiquito a alentar a tu equipo, ahora estás yendo a jugar. Es una sensación linda.

¿Cómo es la relación que se establece con el patrón?

Estoy con Orchard Hill y el patrón es Steve Van Andel. Tengo una relación fantástica con él. Este año me caí y me tuvieron que operar: me llevó a Michigan, donde vive, y estuve una semana con su familia, así que es como un amigo. Me tratan como parte de su familia y está buenísimo.

¿Es habitual establecer ese vínculo afectivo con quien sostiene financieramente al equipo?

Todos los patrones son diferentes. Están a los que les divierte ganar y no tocar la pelota y a los que le divierte jugar nomás y no ganar. Y también están los que se quedan con algunos jugadores, los hacen parte de su familia y juegan con ellos por 10 años; y hay otros que van cambiando: si ganás, seguís; si perdés, no. Es, por ejemplo, el caso de nuestro patrón con Lucas Criado: están juntos hace 20 años y por ahí él no juega el US Open con nosotros pero sí otros torneos o es como el coach. Van Andel se vincula mucho con los profesionales que elige. Cuando me caí, me sorprendió su actitud. Es un tipo que trabaja mucho: viene, juega y se vuelve. Cuando me accidenté, podía pasar que me dijera: “Bueno, suerte. Mejorate y nos vemos en Disney”. Pero no: su mujer, Amy, me llevó al hospital; de ahí me trasladaron en su avión a Michigan, me consiguieron el mejor cirujano, me acompañaron en la operación y me hicieron quedar en su casa. La verdad que es un flaco que tiene mil empleados y podría ni haber venido, pero tuvo un gesto impresionante. Eso habla de la buena persona que es.

¿Es difícil no marearse al tratar con los patrones?

No. Creo que está bueno porque un poco experimentás la vida del patrón pero, al otro día, estás tomando mate con tus petiseros en las caballerizas, tranquilo. Como que no terminás de acostumbrarte a esa vida de lujo.

¿Dirías que el polo te abrió puertas por fuera del polo?

Un poquito, sí. No hubiese terminado en un avión privado y atendido por el mejor cirujano, por ejemplo. Hay cosas, lugares y gente que, si no estuviera en el polo, no conocería nunca.

¿Y qué fue lo que más te impresionó hasta ahora?

Un viaje a Filipinas, cuando tenía 21 años. El patrón era como que manejaba bastante poder allá: llegué y ni siquiera hice Aduana, pasé por un costadito y me estaban esperando dos guardaespaldas que no hablaban inglés y me hicieron subir a un auto. Me miraron y me dijeron: “¿Vos? Subite ahí”. Al principio me asusté un poquito, porque no sabía si los flacos eran los que me tenían que ir a buscar o no... Desde el aeropuerto pasé por lugares de mucha pobreza y, después, terminé en un hotel tremendo. Como que me shockeó un poquito.

 

Polo, Boca y fernet

Los ratos tranquilos en las caballerizas y su destreza para dirigir la bocha en pleno galope pueden ser de las pocas cosas que comparte con el jugador tradicional. Su alta actividad en las redes sociales contrasta con su bajo perfil. A veces se calza el sayo de modelo, aunque relativiza el tema de la fama: “Somos conocidos dentro del polo, pero después voy tranquilo por la calle porque nadie me reconoce. Veo que a  otras personas las vuelven locas y eso no me gustaría nunca. Por ahí hay gente que necesita la exposición y la busca pero, la verdad, no me interesa para nada”. Sus apariciones en la noche porteña y su renovada soltería –recientemente terminó un noviazgo con la actriz Calu Rivero– lo diferencian de la mayoría de sus compañeros. Es amigo del futbolista Ezequiel Pocho Lavezzi y bostero. Como jugador, algunos lo tildan de tribunero. Y fuera de la cancha es un fanático del fernet, pasión que le valió el título de Especialista Fernet Branca: “Lo empecé a tomar porque al otro día te sentís bien. Antes tomaba vodka o cerveza y al otro día era un desastre. Pero el fernet es más tranquilo que las bebidas blancas... Afuera lo consigo en varios lugares pero, si no, me lo llevo. Y a los extranjeros les gusta”.

¿Cómo es un año típico de Polito?

Estados Unidos, Inglaterra, agosto por ahí Europa o vuelvo a los Estados Unidos y después la Argentina.

¿Y cómo te llevás con esa vida nómade?

Está buena. Me gusta viajar. Por ahí para los que tienen familia y chicos es más complicado cuando empiezan el colegio y el jardín, porque se tienen que llevar a la maestra y a quienes cuidan a sus hijos, pero creo que es una vida linda. Yo lo hice cuando mi papá jugaba y está bueno. Ahora me toca hacerlo solo. El año pasado viajamos con mi entrenador, que es como un amigo, un cocinero, todo. Y siempre trato de llevar a algún Pieres o familiar que esté sin trabajo para que me ayude con los caballos y esté ahí para jugar juntos. Siempre me armo un grupo porque me gusta que en la casa seamos varios.

¿Pesa estar todo el tiempo viajando?

No, porque ya me acostumbré. La verdad es que las pocas veces que me tocó estar acá, sin hacer nada, no me divertí. Es lindo el descanso, a veces, porque jugás todo el año, pero ya a las dos semanas sin hacer nada me aburro.

¿Te sentís más cómodo en la Argentina o afuera?

Antes me gustaba más estar acá, pero ahora con el tema de la inseguridad y todo eso, cada vez me gusta más estar afuera, porque estás un poquito más tranquilo. Estados Unidos está bueno: tenés las caballerizas a dos minutos, el súper, el club, las casas. Está todo en un mismo punto y no te movés de ahí. En ese sentido, me gusta más Palm Beach que Gran Bretaña porque, como juego la Copa de la Reina en Windsor y la Copa de Oro en Cowdray y hay una hora de diferencia entre los dos lugares, tengo que elegir uno para pasar toda la temporada.

¿Sufriste algún episodio de inseguridad acá?

Sí, en 2014 hubo un robo en mi casa. Estaba ahí cuando entraron cinco flacos y estuvieron como una hora. Eso te shockea un poquito. Fue en Pilar, en un campito. Ahora me mudé a otra casa, pero quedás bastante asustado. Algo así no te lo olvidás fácil.

¿Cómo ves el país?

Y... Está bravo, ¿no? Creo que es una época de cambios. No va a ser fácil cambiar todo lo que dejó el otro Gobierno. Por ahí todo el mundo piensa que Macri lo va a solucionar rápido, pero no es fácil. Yo esperaría. Y estoy contento con lo que me parece que va a venir. Obviamente, en este momento está bravo todo, pero tengo fe en que va a cambiar.

No llevás el estilo de vida de un polista tradicional, ¿te considerás un outsider?

Sí, puede ser, porque casi todos con los que me toca compartir equipo están casados y tienen hijos. Yo estuve de novio un año, pero ahora estoy solo. Y sí, qué sé yo, estás con un poquito más de tiempo libre y salís y te divertís más que tus compañeros. Pero, la verdad que ya tengo ganas de mi familia, de estar tranquilo y disfrutar de otras cosas, ¿no?

¿Los viajes no son un obstáculo para ese proyecto de armar tu propia familia?

Es difícil. Nos pasó con Calu (Rivero), mi exnovia. Ella tiene su trabajo, su sueño de hacer películas... Nunca le pedí que deje su carrera por mí, porque me parecía una guachada y porque creo que a ella le hace bien cumplir su sueño. Pero es difícil conocer a una mujer viajando tanto. Y si deja todo por vos y después, por ahí, la relación no va... Esa parte es difícil, por eso creo que muchos polistas se casan jóvenes. Pero como a mí no me pasó... (se ríe). ¡No sé cómo voy a hacer para conocer a alguien!

Joven promesa

El presente de Polito –también su futuro, según vaticinan quienes lo conocen– está en Ellerstina, la organización en la que soñó jugar desde chiquito. De hecho, probablemente sean su fanatismo por ese equipo y la ilusión de festejar, finalmente, una victoria en la Catedral de Palermo con sus primos –es el único de los cuatro que aún no ganó ese Abierto– las únicas razones por los que haya accedido a cambiar su puesto de 1 por el de 2, una posición más esforzada, menos descollante y en la que nunca jugó. En 2014 venía de una racha memorable: llegó a la final de la Copa de la Reina en Gran Bretaña y un año antes había disputado la CV Whitney Cup, levantó la Copa de Oro en Deauville y peleó la final del 120º Abierto de Palermo contra La Dolfina luego de dejar atrás a Ellerstina. Proclamado “la próxima promesa del polo”, era el protagonista de un cuento de hadas como líder de Alegría, el equipo chico y joven que, a fuerza de pura actitud, había galopado sobre la larga sombra que proyectaban los favoritos. Finalmente, perdieron en los mimbres. Pero esa derrota tuvo sabor a victoria, especialmente para Polito. Porque después llegó la oferta de Ellerstina que había esperado toda su vida. Una convocatoria que ganó no por portación de apellido sino por prepotencia de goles. Finalmente, era el turno del Pieres que faltaba. Pero cuando ese runrún –que escuchaba correr desde hace años mientras eran otros los que se probaban la camiseta negra– se materializó en una oferta concreta, Polito no dijo nada. Estuvo una semana callado, indeciso, pensando. Tenía que elegir entre el sueño y la comodidad. “La verdad es que recién pude jugar el Abierto en 2011, que fue hace poquito, así que tenía que agarrar juego, experiencia, montarme un poquito más, organizarme en caballada. Tenía la presión de jugar bien para que, en algún momento, me llamaran. Y sabía que, si lo hacía mal, no por ser Pieres me iban a convocar. Me lo tenía que ganar”.

Si fue lo que esperaste siempre, ¿por qué dudaste a la hora de sumarte a Ellerstina?

No sentí presión... Pero la verdad es que estaba muy cómodo en Alegría. Me sentía bien con cómo habíamos andado: nos faltó un poco de caballos, pero si no fuera por eso creo que estábamos a la altura de Ellerstina y La Dolfina. Por eso lo pensé: había agarrado mucha onda con Lucas (Monteverde) y con Hilario (Ulloa), con sus familias, con los petiseros y con toda la gente que nos apoyó por ser un equipo chico. Eso me llegó bastante y me daba un poquito de tristeza irme. Sí, estuve una semana pensándolo, aunque en Ellerstina también tenía familia. Lo consulté con mis viejos, con mis hermanas, y después dejé que pasasen unos días. Me decidí cuando sentí que no podía dejar pasar una oportunidad con la que había soñado toda mi vida.

¿Qué es lo más lindo que te dio el polo?

Jugar con el equipo que siempre soñé. Eso es impagable: hacer lo que te gusta y estar en el equipo de tu familia.

 

Leé la nota completa en la edición de noviembre de Clase Ejecutiva, la revista de lifestyle de El Cronista Comercial.



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