Noemí Erejomovich, alma máter de Mimo & Co:
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Noemí Erejomovich, alma máter de Mimo & Co: "La explosión se dio con mis hijos, que quisieron hacer una empresa grande"

La historia de una mujer que decidió dar rienda suelta a la creación de artesanías y que luego dio vida una marca presente en 24 países. 

Por Laura Mafud 16 de Octubre 2013




Ya alejada de las cuestiones menores del día a día de la compañía, Noemí Erejomovich, alma máter de Mimo & Co., la marca de indumentaria infantil que tiene presencia en 24 países, disfruta de viajar con los suyos y de compartir tiempo con sus nietos. Rodeada de su familia, atraviesa esa etapa de goce vital en la que puede brindar por los logros alcanzados. Así y todo, no se detiene.

Erejomovich tenía 25 años, vivía en Paraná, estudiaba Psicología Social y, al quedar embarazada de su primer bebé, comenzó a dar rienda suelta a la creación de artesanías y tapices para Sandra, que estaba por nacer. Todo empezó como un juego, allá por mediados de la década del ‘60. “Poco a poco, me fui dando cuenta de que me producía mucho placer hacerlo y fui ocupando cada vez más lugares de la casa. Primero la cocina, luego el living; después, un tallercito en un dormitorio... Y, en el mientras tanto, nacieron mis otros dos hijos, Daniel y Ariela”, comenta.

Menos sencillo y bucólico fue cómo pasó de fabricar artesanías en su hogar a comandar una empresa que tiene más de 160 puntos de venta en la Argentina y el exterior. El crecimiento fue lento, ya que durante mucho tiempo se trató de un proyecto unipersonal. En ocasiones, Erejomovich contó con la ayuda de dos o tres asistentes: “Estaba muy sola en Paraná. En Buenos Aires había dejado 8 hermanos. Pero no tenía familia directa en Entre Ríos. Quizá eso ayudó a que hiciera la empresa. Después de 15 años, regresamos a Buenos Aires, y ahí fue donde empecé a tener contacto directo con el público”.mimo madre

Hoy, la compañía posee una fábrica de 18 mil metros cuadrados y exporta el 7 por ciento de su producción. “La explosión se dio con mis hijos, que quisieron hacer una empresa grande. Si bien, cuando se incorporaron, la compañía ya tenía muchos años, yo nunca había aspirado a tener una gran firma. El primero en integrarse fue mi exyerno, Gerardo, quien hoy sigue trabajando con nosotros, junto a Sandra, que está a cargo de Márketing. Después, se sumaron Daniel (Comercio Exterior) y Ariela (diseño de Mini Mimo, foto). Y, recientemente, desembarcaron dos de mis nietos: Emanuel, que es fotógrafo y hace las gráficas para las campañas, y Sofía (foto)”, dice.

No obstante los lazos de afecto, la convivencia laboral de las distintas generaciones del clan lejos está de ser idílica. “Mucha gente me dice: ‘¡Qué lindo es que tus hijos trabajen con vos!’. Es hermoso, pero también es complicado. Es un desafío muy grande”, observa. Y se refiere al aprendizaje que conlleva entender cómo gestionar la vida laboral y personal sin que se mezclen los tantos, acompañando a sus hijos en la adolescencia y orientándolos en el comienzo de la carrera.

"Ellos llegan a la empresa sin una experiencia previa: son dueños de entrada. Es lindo tenerlos cerca pero, al mismo tiempo, es difícil”, reconoce. Por ello, desde hace 25 años cuenta con consultores externos para gestionar esas cuestiones que hacen a la dinámica de una empresa familiar.

En el nuevo milenio, la meta de la compañía está orientada a la resposabilidad social. A través de Unicef, Mimo & Co. colabora con Un sol para los chicos, organizando una campaña de recaudación voluntaria en sus locales. También colabora con Casa Garrahan, donde apadrina un cuarto y organiza shows musicales para reunir fondos. “Cuando hace 10 años empecé a ver que mis hijos iban a ocupar mayores espacios en la compañía, comencé a pensar en otras cosas, como la solidaridad con las escuelas del interior. Consulté cómo hacer una fundación. Y una persona idónea en el tema me sugirió comenzar por casa. Hice un insight inmediato y armamos un jardín maternal”. Según Erejomovich, la apuesta es que las empleadas tengan la tranquilidad de tener a sus hijos en un ambiente cálido y familiar, a cargo de diferentes profesionales, como docentes, médicos, psicopedagogas, cocineras y personal de limpieza. El jardín tiene cuatro salas, un SUM, dos cocinas de leche y un patio; funciona durante la jornada laboral y está abierto a todos los hijos de los empleados, de entre 45 días y tres años.

Pero no es todo. El año pasado, se sumó al Plan Crecer, una iniciativa enfocada en brindar enseñanza de nivel secundario a los empleados que no tengan sus estudios completos. El proyecto arrancó con 57 personas que asistirán a clases dentro de los establecimientos de la firma.

“Antes me costaba dejar la empresa pero ahora no, porque están mis hijos y otra gente de confianza, por lo que sé que está todo muy organizado”, comenta respecto de este tiempo de revancha que aprovecha para disfrutar, plenamente, de sus nietos más pequeños, de 3 y 7 años, a quienes acompaña a los parques, museos... y jugueterías.

Sobre la mesa

El hecho de hablar de trabajo en la mesa es algo que, asegura Erejomovich, está superado en su familia. “Cuando mis hijos eran chiquitos y yo sacaba algún tema laboral mientras comíamos, se molestaban mucho. Ahora, los que hablan de trabajo son ellos y nadie se enoja. Por una cosa u otra, la marca está presente todo el tiempo. Es mucho lo que vivimos juntos adentro de la empresa.



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