Miguel Ángel Solá: “La gran batalla de la democracia se perdió en los medios”

Volvió a las tablas porteñas con El veneno del teatro, una dramática reflexión sobre la pulsión por el poder como –quizás– la más auténtica expresión de humanidad. Residente en Madrid desde hace 15 años, confiesa que rechazó una propuesta de Adrián Suar en favor de protagonizar una miniserie sobre el creador de El eternauta, que se emitirá en breve por la Televisión Pública.

Por Andre del Río 17 de Abril 2013




Pasaron 15 años desde que Miguel Ángel Solá se subió por última vez a un escenario argentino para interpretar una obra de texto. El diario de Adán y Eva fue, quizás, su mejor carta de despedida: una reivindicación del amor como esa zancadilla original que permitió que hombres y mujeres se hicieran un paraíso a medida. Despuntaba el cambio de siglo cuando el actor –cuyo rostro se convirtió en sinónimo del cine nacional de la democracia, con títulos como No habrá más penas ni olvido, Los chicos de la guerra, El exilio de Gardel, Sur, Una sombra ya pronto serás– se instaló en las afueras de Madrid, junto a su por entonces esposa y colega Blanca Oteyza. Allí, crearon su propia compañía y, durante 5 años, protagonizaron y financiaron (a fuerza de hipotecas sucesivas sobre la vivienda familiar) El diario..., un suceso inédito en las tablas de habla hispana: una década de telón arriba y cerca de 1.500.000 de espectadores a uno y otro lado del océano. Pronto, el talento de Solá fue requerido por la pantalla chica española, donde ganó popularidad con las series Desaparecida y Unidad Central Operativa.

Y así sus compatriotas volvimos a verlo en acción, cediéndole sus facciones trajinadas, su mirada implacable y su tono de voz envolvente a una de las dos caras de la luna: la de Bruno Sierra, a cargo de un grupo de élite de la Guardia Civil especializado en crímenes contra la integridad sexual. Hoy, tres lustros después de su partida, Solá se reencuentra con la platea porteña cediéndole sus facciones implacables, su mirada envolvente y su tono de voz trajinado al lado oscuro de la luna. Porque en El veneno del teatro le presta cuerpo y alma a un perverso millonario que decide explorar los límites del poder humano a través de un experimento donde ficción y realidad son dimensiones que desafía quien sólo juega si puede imponer las reglas.

¿Cómo fue su reencuentro con Buenos Aires?
Llevo pocas semanas aquí, estoy viviendo en un hotel, me quedo mucho escribiendo e-mails para mis hijas, para Paula (Cancio, actriz española con la que espera un hijo) y mis amigos. Mi rutina es todos los días hacer teatro, practicar un poquito de gimnasia y caminar... Pero me resulta bastante difícil hacerlo por estas calles. Buenos Aires es una tierra de nadie: salvo los lugares cuidados de siempre, está asquerosa. Caminar por la zona del Obelisco, de Lavalle o de Florida es peligroso: hay mucho lumpenaje, gente en estado muy deteriorado. Y los que pasean no están relajados.

¿La ve peor ahora que cuando se fue, a fines de la década del ‘90?
Particularmente, para reconocer a Buenos Aires, la miro del primer piso para arriba: la planta baja, el nivel de convivencia, me parece hecho para que la gente termine matándose por suicidio involuntario -por culpa de un bache en la vereda- o porque otro saca un arma. Dirán que en las grandes ciudades siempre ocurre esto. ¿Esto? No, no, no. El correlato con los años ‘90 es que no hay gente que se ocupe de la ciudad, o lo hace mal. Quizás no la viven o no la caminan, y por eso no se dan cuenta de lo que es vivir así para muchísima gente que debe estar desesperada porque sale a la calle y se siente presa del pánico. Si los que gobiernan esta ciudad no puede hacer nada, que se vayan.

Hace 15 años que reside a 50 kilómetros de Madrid, ¿por eso lo sensibiliza tanto aquello que las mega urbes naturalizan?
Hubo un tiempo, que recuerdo muy bien porque tengo 62 años y viví 50 en este país, que esta ciudad era una cosa completamente diferente: aquí se convivía. Ahora, los que tienen negocios se ven invadidos por gente durmiendo en la puerta, drogada y borracha hasta el culo. Se está atentando contra el trabajo de esos comerciantes. Y no hay derecho, porque la ciudad no la mueve el intoxicado. No le veo solución a partir de estas tácticas y estrategias para manejar la ciudad: esto no sirve, esto no lo hacen bien. Claro que hay algunos barrios, volcados a lo que significa la capacidad del nuevo rico, que gozan de una determinada seguridad. Pero los baches son los mismos para todos y las veredas están todas hechas mierda.

Pese a todo, Buenos Aires sigue teniendo una intensa vida cultural puertas afuera...
Pero hay lugares tomados por donde ya no pasea nadie. Claro, la delincuencia y la marginalidad no se acerca por Avenida del Libertador o Palermo Chico porque los echan de otra manera. Pero si estás limitado para caminar por tu ciudad, para gozarla y mostrarla a tus seres queridos, es feo. Tenés que decir: “Mirá del primer piso para arriba: ese fue el sueño”. Sí, pero la realidad es la de la planta baja...

Pero el diferencial de la ciudad como plaza especialmente teatral sigue vigente.
Es muy notoria la diferencia respecto de otras, claro. Ninguna se le compara. Quizás un poco Londres, pero de lejos. Venimos de los barcos y algo nos tiene que devolver la cultura de donde venimos. Para mí, el tiempo maravilloso fue el de la radio, en los años ‘20, porque aglutinó un país. Me acuerdo que un censo de 1967 dio 6.500 salas de teatro en un país de 17 millones de habitantes. ¡El 25 por ciento consumía teatro! Eso lo hizo la radio: le devolvió palabras y música a la gente. Ahora, la radio degeneró en un tinglado de periodismo político y futbolero, sin ficción ni creatividad. Y la televisión, con esa eterna lucha de los siempres contra los jamases, donde la mayoría de lo que se hace es basura... Creo que la gran batalla de la democracia se perdió en los medios de comunicación.

Estará al tanto del debate en torno a la nueva ley de medios...
No he tenido tiempo de leerla, pero lo haré y opinaré. En teoría, la pluralidad de expresión es mucho mejor que el copyright de una empresa.

En todo caso, ¿cree que alcanza una ley para generar contenidos plurales?
Nunca, en un país como este, que se ha especializado en quebrantar todas las formas legales, alcanza una ley. Lo que alcanza es la voluntad de la gente. Veo mucha división, como si hubiera dos orillas y se dedicasen a tirarse piedras.

¿Qué opina del episodio Darín-CFK?
Yo no soy quién... Esa te la contesto por escrito. Si querés, me decís la extensión, con caracteres con espacios, y te la contesto por escrito según lo que pienso (ver aparte).

¿Al menos puede decirme si nota un tono o fondo de debate más o menos distinto al que se daba en otras épocas?
Lo veo con menor contenido. Y, además, con mucha menor excusa. Mirá que acá ha habido épocas como para hacer mermelada... Se están llevando las cosas a términos extemos que no necesitan ni el país ni la gente.

¿Son los actores los nuevos referentes ante la crisis de representatividad de los políticos?
El actor es alguien absolutamente menospreciado en este momento del país. Se lo utiliza como vocero de opinión para decir lo que los que preguntan no se atreven a decir directamente. Y, cuando no dicen lo que quieren, el copyright editorial es el que manda. No se puede vivir en una sociedad en la que nadie cree. Desgraciadamente, expresiones como el 15-M terminan infiltradas. La apuesta es que ya se van a cansar, porque el poder puede resistir siempre. Justamente, el eje de El veneno del teatro es la pulsión básica humana por el poder... Uno nunca le ve la cara al poder, sino sus máscaras utilizables y a utilizar a través del copyright editorial, que es la manera de mandarnos a escuchar y leer.

¿Fue por ser catalizador de otras voces que rechazó una oferta de Adrián Suar?
He hecho muy poca televisión en la Argentina, pero muy buena. Ahora grabé Germán, últimas viñetas, una miniserie sobre los últimos tiempos de Oesterheld, el autor de El eternauta, que pronto va a salir por la Televisión Pública. Es de una productora muy pequeña, con poco presupuesto pero con unas ganas enormes de contar una historia muy bonita. Tuve la suerte de que en ese mismo momento me llamara Adrián Suar para un ciclo en el 13, donde hace 30 años que no hago nada. Me mandó unos libros muy buenos, escritos por Javier Daulte, pero ya había leído el otro y me había encantado. ¿Ves? Si tenés la posibilidad de elegir, te decantás por lo que más te gusta hacer, y ganar menos te da exactamente lo mismo. Venía de estar anímicamente muy dolorido (se refiere a la separación de Oteyza, tras 20 años de matrimonio) y físicamente muy cansado (alude a un gravísimo desgarro en la médula ocasionado por una ola que lo aplastó en 2006 y a un accidente doméstico que, en 2010, obligó a reconstruirle un pómulo). Y me vino muy bien saber que podía elegir según lo que dijera mi corazón a los 62 años.

¿También ser padre grande fue producto de una elección?
Sucedió. Me entristece que tengo menos vida para ofrecerles a María Luz (17), a Cayetana (12) y al que está por llegar. Además, a medida que va pasando el tiempo, cada vez hay más problemas de la salud. Y menos lucidez, que es otro polo de lucha: tratar de seguir siendo íntegro. Y me refiero a pensar, decir, sentir y hacer lo mismo, sin tener conciencias divididas.

Darín-CFK: “Hay que bancarse la respuesta democrática que originan las opiniones democráticas”.
Tal como Miguel Ángel Solá requiriera explícitamente en el transcurso de la charla mantenida hace unas semanas en el lobby del hotel InterContinental, donde se encuentra hospedado, Clase Ejecutiva le remitió, vía correo electrónico, dos preguntas que el actor se comprometió a responder a posteriori, solicitando que se le informara el espacio exacto –medido en caracteres con espacios y palabras totales– del que disponía para explayarse. Aquí, la transcripción fiel de sus reflexiones –suyos son también los entrecomillados y la puntuación–, recibidas en tiempo y forma junto con un pedido de disculpas por haberse excedido en cuatro vocablos respecto de la extensión asignada: ¿Qué opina del episodio Darín-CFK?

No le encuentro lógica a Darín. Descarto que lo haya hecho por promoción ante el estreno de su película; él no la necesita, tiene un público fiel. Descarto que lo haya hecho por notoriedad; Darín es una persona avalada por un éxito personal que no puede cuestionarse. Descarto que lo haya hecho por curiosidad social; jamás, Darín, cuestionó fortunas adquiridas por ninguna cara del poder en 40 años. Y aunque en esta sociedad pastara a sus anchas el espanto; él jamás fue arte ni parte indignada. No sé qué le hizo cambiar de actitud por unas horas, ésas que la señora presidenta se tomó para contestarle con pasmosa y educada sencillez que “para tirar la primera piedra...”, recordándole ambiciones legalmente abortadas de juventud. A mí, lo de ella, me vale. Y, me vale como mentís al “aquí no se puede opinar” que tan livianamente escucho repetir por ahí. Se puede, claro. El problema es bancarse con entereza la respuesta democrática que originan las opiniones democráticas. La posterior actitud de Darín, sí, me parece coherente con el Darín conocido que se mimetiza con las paredes de la cero mala intención.

¿Y de las repercusiones que tuvo la respuesta de la presidenta a las palabras de su colega, planteando dudas respecto de su situación patrimonial?
El éxito de Darín es genuino. Y eso es dinero. Suyo. Y lo que él declare es de su íntima competencia y responsabilidad. Y, lo que de él digamos sus colegas, es carnada periodística para producir el pro-contra que “vende”, e importa nada. Yo no escuché a la señora presidenta poner en duda la situación patrimonial de su curioso ídolo; en cambio, sí, escuché, que admiraba a Darín. Por último, se permitió recordarle un pecado de juventud verídico, pero que no ha sido mayor que el de cualquier argentino practicando la “viveza criolla”. Giménez, –de mayor fortuna personal que Darín, supongo–, tras esconder su Mercedes importado bajo una montaña de heno, también fue pescada y condenada –durante quince larguísimos años–, a hacer la televisión que le gusta y a protagonizar casi todas las portadas de la revista que decidió titular: ¡Seguimos ganando!, horas antes de nuestra rendición en Malvinas. Nunca se conoció al responsable que así banalizaba la mutilación, humillación y muerte de nuestros soldados. Y no pasa nada. En este país del “ya pasó”, la desmemoria y la injusticia alientan la falta de escrúpulos.



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