Martín Jaite: “Los argentinos vivimos confrontando”
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Martín Jaite: “Los argentinos vivimos confrontando”

Es el capitán del equipo argentino de Copa Davis que, tras vencer a Francia, acaba de conseguir un histórico pase a semifinales, donde se probará frente a República Checa, en septiembre. Mano a mano con un experto en gestión de equipos con fuertes individualidades.

Por Federico Cornali 25 de Abril 2013




Mario lo tenía (casi) resuelto. Sólo le hacía falta una razón que cargase, definitivamente, con el peso de una decisión que cambiaría la historia de su familia. El secuestro de su mujer, Miriam, a mediados de 1975, fue más que suficiente. Él, psicoanalista; ella, psicóloga, estaban acostumbrados a observar, analizar, evaluar. De pronto, no fue necesario pensar más. En febrero de 1976 zarparon del puerto de Buenos Aires hacia Barcelona, dejando atrás un pasado feliz, un presente confuso y un futuro turbulento. No les explicaron demasiado a los chicos, de 13 y 11. “Me acuerdo que nos subimos al barco y aprovechamos esos 15 días de viaje como si fueran vacaciones, como si estuviéramos en un crucero aunque, en realidad, no era nada parecido”, ha confesado Martín, el menor de los Jaite, con los años convertido en uno de los emblemas de los equipos argentinos de Copa Davis –desde mediados de los ‘80 hasta principios de los ‘90– y quien hoy persigue ese sueño esquivo desde que colgó la raqueta: ser el capitán del dream team que salde una de las grandes deudas pendientes del deporte nacional.

¿Cómo hubiesen sido las cosas –se habrá preguntado más de una vez Jaite– si su madre no hubiera decidido regresar al país, ya separada, en 1981? ¿Y si él no se hubiese topado con la belleza magnética de Diana, aquella muchacha que conoció –y que jamás volvió a ver– en una de sus cada vez más frecuentes visitas a Buenos Aires? Cuando finalmente decidió él también instalarse en su país natal, en diciembre de 1983, desató un conflicto con su padre que necesitó del poder curativo del tiempo para solucionarse.

30 años después, el apellido Jaite parece predestinado a la Copa Davis. Como jugador, confesó alguna vez su disposición a entregar “partes sagradas” de su cuerpo si, a cambio, le garantizaban levantar ‘la ensaladera’ con la camiseta argentina. Ya retirado, repitió incansablemente que su máximo anhelo era ser el capitán del equipo nacional. Pasaron uno, dos y hasta tres ciclos. En 2008 creyó que había llegado su turno. Pero otra vez debió guardar sus aspiraciones bajo llave. “Me hubiera encantado que me tocase en ese momento, pero las cosas no se dan cuándo o cómo uno quiere. Sí, en ese momento, pensé –y estuve casi seguro– que podía ser el capitán de Copa Davis, pero no. Y la pasé mal. Aunque enseguida supe que ya iba a tener otra oportunidad. Ahora que finalmente llegó, si me preguntás qué daría por ser campeón como capitán, no se... Pero te aseguro que es algo que me haría eternamente feliz”, confiesa Jaite.

Mano a mano. Antes de ser capitán del equipo de la Davis, Jaite ponía su mejor juego en las canchas. Aquí cuando se enfrentó a Yannick Noah, en Washington, en 1985.

En septiembre se cumplirán 20 años de su despedida como tenista profesional. Sin embargo, como les sucede a tantos colegas, eso no significó un paso al costado, sino un reenfoque de la carrera, siempre con los pies en el polvo de ladrillo. “Es muy difícil desvincularse para quienes toda la vida hicimos tenis y nada más que tenis. Se nos hace imposible despegarnos, por eso seguimos como managers, entrenadores o comentaristas. No te podría decir cuánto duró mi duelo por dejar el circuito, pero sí que hay una especie de vacío cuando uno deja de jugar. Me ayudó que, a los tres meses de mi retiro, empecé a trabajar en otros proyectos. Me sirvió para seguir adelante sin pensar en lo que había dejado atrás”. 

Entre esos nuevos motores de búsqueda se contaron algunas participaciones como comentarista televisivo y su recordado rol como entrenador de dos figuras tan polémicas como talentosas del tenis nacional, caso de Gastón Gaudio y David Nalbandian, experiencia que lo curtió de cara al desafío que actualmente enfrenta. En la misma época fundó Alma Producciones, su empresa promotora de eventos tenísticos, con oficinas en el corazón del mismísimo Lawn Tennis Club de Buenos Aires, allí donde supo ser tan feliz aquella tarde de 1990, cuando derrotó al imperturbable Michael Stich en una recordada serie ante Alemania, de la cual se retiró en andas y a llanto pelado.

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En la cancha. Martín Jaite asegura que "no fue fácil llegar" adonde está, pero que de todo aprendió algo.

“¿Si me molestó que se haya discutido mi capitanía por supuesta incompatibilidad con mi condición de empresario? Sí, me jodió. De hecho, me pareció una soberana estupidez. Sinceramente, a mí nunca se me pasó por la cabeza que fueran incompatibles”, desliza Jaite, desde ese lugar de seguridad en sí mismo que ostenta quien ha salido fortalecido de polémicas y experiencias difíciles. No olvidemos que es el hombre que supo moldear el carácter de Nalbandian en sus días de furibunda juventud.

“No fue fácil llegar aquí. Pero de todo aprendí”, concede. Por eso, tal vez no le sea tan complicado lidiar ahora con un seleccionado de players que no están acostumbrados, precisamente, a caminar en manada ni mucho menos a cederle parte de su casillero a los egos del compañero –debido a que apenas caben los suyos, y bien apretados–. “La gestión de un grupo de tenistas no es para cualquiera. Creo que esto de ‘agarrarnos’ en duelos históricos, como Vilas-Clerc, Jaite-De la Peña, Coria-Gaudio o Del Potro-Nalbandian es cultural. Los argentinos siempre vivimos confrontando, necesitamos una antítesis. Es una cuestión educacional”. He allí, quizás, la razón por la cual la Argentina dejó pasar su oportunidad más clara de quedarse de una vez por todas con la Davis, en 2008. “Se dio, primero, la disputa por la sede, entre Córdoba y Mardel; después, por ver cuánto dinero se llevaba cada uno... Pero ya han pasado muchos años y, como capitán, no me corresponde hablar tanto de aquello, por respeto a los jugadores, que fueron quienes más lo sufrieron”, zanja.

Desde que empuñó aquella primera raqueta que le regaló su abuela Berta hasta hoy, Martín Jaite ha logrado –casi– todo lo que se propuso. “Disfrutaré de esto hasta que termine mi ciclo. Y luego, veremos. No me pongo metas para el día después?”, esquiva uno de los líderes deportivos argentinos con mejor imagen. “¿Qué pasaría si algún partido político me tentara con una candidatura o un cargo público, en virtud de mi perfil? (risas) La verdad, jamás lo evalué. No creo. Aunque tampoco lo descarto”.

Mini Bio. Martín Jaite nació en Buenos Aires en 1964, donde vivió hasta el exilio de su familia en España, en 1976. Regresó a la Argentina en 1983. Triunfó como tenista profesional entre las décadas del ‘80 y ‘90. Jamás pudo superar la instancia de cuartos de final en un torneo de Grand Slam, pero sí ganó 12 campeonatos ATP. Como jugador, fue uno de los pilares del equipo argentino de la Copa Davis en la era post Vilas, con participación ininterrumpida entre 1985 y 1992. Llegó al puesto 10 del ránking mundial en 1990. Se retiró en 1993.



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