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Martín Bossi: "Si Cristina hace un gol de rabona y nos convierte en Suecia, la voto"

Saltó a la fama por su imitación de CFK en ShowMatch. Alejado de la televisión, asegura que reírse de los políticos ya fue. Por qué tomaría un café con la Presidenta. Inseguridad, drogas y pobreza, los temas de agenda que le borran la sonrisa.

Por Andrea del Río 30 de Enero 2014




Un escritorio presidencial con rueditas y un teléfono candelero blanco. El frac, el moño, la peluca y los anteojos. Martín Bossi ya es Tato Bores. Desde ese cielo que habita hace 18 años, el ‘Actor Cómico de la Nación’ repasa, con su verborragia legendaria, todo lo que sucedió en la Argentina desde su partida. “Si con Menem fuimos al proctólogo, con De la Rúa nos hicieron una colonoscopía”. Risas en el Astral. “Después tuvimos una seguidilla de cinco presidentes. Parece que se nos trabó la máquina de escupir boludos”. Aplausos en el Astral. “Acá me los crucé a Perón y a don Arturo Illia. Y, al fondo de una nube, lo veo a Néstor. ‘¿Qué hace ahí, como escondido?’, le digo. ‘Es que me tuve que venir acá para que Crishtina no me cague a pedos’, me dice”. Risas y aplausos en el Astral. “Y, preocupado, sigue: ‘Las casherolas le piden que entregue hasta el caracú... ¡Muchachos, yo no lo logré ni con la libreta de casamiento! Además, Crishtina no tiene idea de lo que es una casherola. Se los digo yo, que vivía a delivery”. Ovación en el Astral. ¿No era que Bossi, quien alcanzó la popularidad en 2009 con sus caracterizaciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri en Gran Cuñado, en ShowMatch, ya no quería reírse más de los políticos?

Acaba de subir el telón de Bossi Big Bang Show, un megaespectáculo humorístico con 14 músicos, 5 bailarinas y 6 maquilladores en vivo, más la dirección musical y participación especial de Manuel Wirtz, que se promociona como un salto evolutivo en la carrera del cómico que, en los últimos años, batió récords de recaudación con M, el impostor y El impostor apasionado (500 mil personas en la Argentina, Chile y Uruguay). Esa superación profesional se traduce -según las reglas del juego que ahora elige en tanto emprendedor del showbiz con control absoluto sobre contenidos y producción- en que no incluye, en las dos horas de una performance que lo consagra como un showman tan integral como único en su especie, a ninguna de esas criaturas que le valieron tanto el cotizado padrinazgo de Marcelo Tinelli como las sospechas de integrar un complot desestabilizador del Gobierno nacional desde el programa de mayor ráting de la televisión argentina en la era K.

Martín Bossi - PRODUCCIÓN 2013En cambio, propone “un recorrido por los últimos 50 años de historia de la música, la televisión, el cine y el teatro”. Así, representa a figuras internacionales de todos los tiempos (Frank Sinatra, Axl Rose, John Lennon, Freddie Mercury, Louis Armstrong, Michael Jackson) y también rinde homenaje a los capocómicos argentinos Pepe Biondi, Tato Bores y Alberto Olmedo en composiciones inéditas. Pero, entre sketches y números musicales, los momentos de stand-up impactan. Y encadenan ovaciones. Porque son espacios editoriales explícitos.

Allí, sin máscaras, opina sobre la tecnología (“Twitter hace boludos a los famosos y famosos a los boludos”), la cumbia villera (“Agapornis es el Barreda de la cumbia que escuchábamos de chicos: te caga a balazos temas hermosos que bailábamos en familia”) y el flagelo de la droga (“En mi época, Paco era una colonia, pepa era una galletita y el éxtasis era jugar con los amigos en la vereda”). Entonces, cuando Bossi asegura que su nueva apuesta “plantea una mirada desde atrás hacia adelante con el fin de recuperar valores artísticos y culturales hoy ya perdidos o en vías de extinción”, también -por mucho que (se) lo niegue- quiere seguir riéndose de los políticos.

¿Por qué no hacés más a la Presidenta?
Porque hoy me interesa hacer reír desde un lugar un poco más profundo.

Pero tu imitación de CFK no era precisamente light...
No soy un buen imitador. Soy un actor, y soy muy bueno haciéndote creer que lo que estoy haciendo, es. La actuación es convencimiento. Y si mi versión de Cristina pegó, o la de (Mauricio) Macri, Fito (Páez) o Marcelo (Tinelli), es porque actué lo que opino que ellos son.

¿Esa opinión era tuya o había alguna bajada de línea?
No, siempre actúo según lo que pienso que el personaje es. Igual, se ubicarme en el contexto. Y, si eso que opino coincide con lo que considera la sociedad, es porque soy un actor de pensamiento popular: veo lo que ven los demás, y luego lo digo con el cuerpo y con el humor.

¿Qué satisfacción te dio caracterizarla?
Que me dieron el Martín Fierro como mejor labor humorística en televisión.

¿Y qué fue lo más ingrato de imitarla?
Cierta superficialidad. Me decían: “Ay, la sacás re bien, el tonito igual, el pelo igual”. ¡Flaco, eso se aprende en las escuelas de teatro desde la época de los griegos! Se perdió de vista que mi trabajo era una consecuencia de lo que a mí me pasaba con ese personaje. Si me hubieran dicho: “Sos Cristina”, me habrían demostrado que mi mensaje se estaba entendiendo.

¿Por eso las imitaciones de políticos son un ciclo cerrado?
Empecé con eso porque me lo pidieron en ShowMatch y tenía que llenar la heladera. Ahora que puedo subir a un escenario en mis propios términos, puedo decir lo que pienso.

¿Antes no podías?
Siempre me dieron libertad, pero funcionaba más según lo que me pedían.

¿Y ahora no imitar a los políticos es tu manera de opinar sobre ellos?
Los políticos ya son graciosos por sí mismos. No necesitan que los siga imitando.

¿El descrédito de la clase dirigente es la causa de que ya no haya capocómicos políticos?
El humor político es una categoría que se murió con Tato Bores. Guillermo Francella, Enrique Pinti y Antonio Gasalla son maravillosos en lo suyo, pero el país cambió. Hoy, estamos condenados a hacer un zapping de la angustia: ya no encontramos más lo que buscamos.

BOSSI Big Bang Show 1Impostor. Como el gran Tato Bores, en plena función. Foto: Clase Ejecutiva. 

Quizás también tus espectadores se desilusionen al no encontrar en el teatro eso que te hizo conocido en la tele...
¡Pero hace años que no hago tele! No reniego de ese lugar porque me dio la posibilidad de hacerme conocido masivamente. Pero no es mi objetivo estar ahí. En el teatro, soy feliz; a la tele, voy. Y cuando me invitan a dar notas, me lo tomo como un trabajo: meto contenido, meto acting. Pero soy singlista: no me gusta depender de nadie. Lo hice cuando no tenía otra, pero ahora puedo manejar mi proyecto y definir mis contenidos. Y eso no lo cambio ni por un punto de ráting. Me conviene más una temporada de teatro por las mías que un mes de súper éxito en la tele según la bajada de línea de otro.

Pero en el teatro impactás a menos audiencia que en la tele...
No se trata de llegar, sino de perdurar. Si voy a la tele y me descartan en un mes, no voy a poder llegarle nunca más a nadie. A mí me hace feliz no estar en la tele.

Sin embargo, aceptaste volver al programa de Tinelli este año.
Vivo como un honor que Marcelo todavía me convoque. Este año vuelvo a ShowMatch pero con participaciones especiales. Lo disfruto porque es como ir a un club a encontrarme con amigos. Y me encanta ponerme una máscara para hacer reír a Marcelo un ratito. Pero, después, sigo con lo mío.

¿Y si Tinelli quiere que vuelvas a imitar a la Presidenta u otra figura política?
No, eso no lo volvería a hacer.

¿No querés que te encasillen o te parece que ahora la coyuntura se lo banca menos?
A ver: quizás un día puedo salir a hacer un político... Pasa que no creo en ellos, no los admiro, ni aquí ni el mundo. Putin, Kennedy, Obama, Gorbachov, CFK: no les creo. Mis 39 años de vida me han demostrado que no les debo creer. No soy de ningún partido. Entendeme: si mañana viene el Partido Tupperware y hace las cosas bien, salgo con los plásticos a la calle. 

El humor político es una categoría que se murió con Tato Bores. Martín Bossi

 

¿Y qué sería que un gobierno haga las cosas bien en la Argentina?
Hoy, que no hubiera tanta inseguridad, ni tantos chicos pobres en la calle, que hubiera trabajo real para todos, que se recuperase el nivel cultural. A mí me va bien: vengo de una clase media baja, la luché y me banco con lo que me pagan. Pero ningún gobierno me regaló nada: me rompo el traste trabajando desde pibe. Simplemente prefiero no creer en los políticos, es lo más sano para mí. Pero también miro alrededor. Y por eso sí me considero un tipo comprometido.

¿Lo aclarás porque algunos te han tildado de tibio al evitar definirte políticamente en la era K, que coincide con la época de tu mayor éxito profesional?
Estoy comprometido con hacer reír a la gente. Eso no significa que sea un tipo al que le importa todo un huevo: miro a mi alrededor y, justamente por eso, no creo en los políticos.

¿Y en la política?
Sí, en la política sí que creo. Es más, todos hacemos política, todos somos básicamente animales políticos. Si yo no fuera político, estaría encerrado, desde que me levanto hasta que me acuesto, 8 veces por día por cosas graves (risas).

¿Te tomarías un café con Cristina?
¡¡¡Sí!!! Y también con Macri, con Scioli, con Alfonsín. Y si baja Perón, ¡con Perón también! Me parecen seres sumamente interesantes...

¿Y de qué hablarías con ella? ¿Le pedirías explicaciones por algo?
No, cero, ¡¿qué le voy a pedir que me rinda cuentas?! Le preguntaría por el poder. Eso es lo que hace interesantes a los políticos: si llegan tan alto, es porque son gente especial. Y me da curiosidad.

Entonces, si te interesan la política y también algunos líderes políticos, ¿tu problema son los partidos?
Mirá, tengo una postura muy pelotuda con respecto a los partidos políticos... Muchos me han tratado de liviano, porque siempre apoyo al Gobierno de turno, que puede estar de acuerdo con mi línea de pensamiento o no. A mí me interesa que nos vaya bien a todos, y para eso les tiene que ir bien a los que gobiernan. Entonces, si mañana se levanta Cristina y hace un gol de rabona y nos convierte en Suecia, ¡la voto! A mí me quedan, como mínimo, otros 30 años de vida: quiero vivirlos en un buen país y que a los hijos que algún día tenga también les vaya bien. Entonces, si mañana asumen Fabián Doman y Evelyn y nos transforman en Noruega, estoy con ellos. No me importa quién sea gobierno porque no pretendo que prevalezca mi idea por sobre el bienestar de todos.

¿Te incomoda el clima de confrontación?
Los argentinos siempre hemos sido así: menottistas o bilardistas. Me voy a morir sin entender esa estupidez. ¡La confrontación es algo que no puedo ni ver! Amo a mi pueblo, pero es un rasgo que no puedo entender. Igual, nos pasa desde siempre y en todos los ámbitos: peronistas y antiperonistas, pero también Vilas verus Clerc... Soy medio antiguo, mirá el ejemplo que te doy (risas). Por favor, entendeme: al que agarre la presidencia en 2015, quiero que le vaya bien. No, no quiero eso: ¡quiero que la descosa!

No militás y evitás definir siquiera una simpatía partidaria. ¿Cómo explicitás tu apoyo al gobierno de turno?
Con todos los gobiernos, como ciudadano, hago todo bien, siempre. Por eso les reclamo lo mismo. Que se entienda: detesto únicamente a los militares. Estoy hablando de otra cosa: que no crea en los políticos no significa que piense que son malos tipos, para nada. Es como si te digo que no creo en un jugador de fútbol: como persona, no lo juzgo; pero sí opino sobre su actividad. Hago mi parte: me ocupo de ser buen ciudadano y cumplo con mis deberes. Y, como artista, soy muy político, pero en el buen sentido: me pusieron en este mundo para generar sonrisas y transmitir un mensaje sano, de unión.

¿Esa es función de los artistas o se cubre así un vacío que deberían llenar los políticos?
Los actores tenemos que dejar un mensaje. Es nuestra obligación. En ese sentido, es igual que los políticos, los médicos y los periodistas, porque todos trabajamos para la gente: yo entretengo, el médico cura, vos informás y el político tiene que organizarnos como debe ser. Así entiendo el apoyo. Jamás me vas a ver hablar mal de un gobierno de turno porque quiero que le vaya bien, que la gente esté feliz con quien esté en la Rosada: que Cristina sea Evita y que, si mañana asume Alfonsín, sea Maradona. Es la única manera, para mí, en que la Argentina va a poder salir adelante. Claro, después me critican: “Utópico, boludo, ¿no te das cuenta de lo que pasa en el país, pendejo de mierda, todo el día con tus peluquitas?, pecho frío, ¿te creés que la vida es disfrazarse?, puto, a vos te c... Tinelli”. Y bueno, así estamos. 

¡Ahí está por qué no querés hacer más imitaciones de políticos!
Somos una democracia joven, inmadura. Me hice conocido por hacer imitaciones críticas de los políticos. ¿Por qué prendió? Porque son masivos. Cuando vos tocás a una personalidad como Cristina o Macri, la identificación social con eso que vos marcás en ellos es importante. Y si lo hacés en un programa de tanta llegada como el de Marcelo, todo se magnifica. Pero no soy un imitador político. Y no es mi deseo.

Insisto, ¿si te hacen una propuesta que no podés rechazar para que vuelvas a imitar a la Presidenta?
Si lo tengo que hacer, lo encararé con humor y sin temor. Porque no soy tendencioso: cuando imité a Cristina, no le puse nada, apenas me agarré de ciertas características suyas que tenían potencial actoral. ¿Sabés lo que es imitar a una mujer con un poder tan absoluto? ¿Y tener la chance, a través suyo, de manipular a Tinelli en cámara? Actoralmente, me permitió tocar dos cuerdas: la autoridad de la figura presidencial y la condición de mujer con poder, cuando históricamente han sido víctimas. Cristina misma toca muy bien esas dos cuerdas, es un personaje fantástico. La pasé bien, pero ya fue. Hoy todo el mundo la imita.

¿Y te parece bien que se bromee con la muerte de Néstor o sus propios problemas de salud?
Yo no me metería jamás con esos temas.

No te escapás de otros tópicos calientes de agenda, de las drogas a las redes sociales...
Porque son los temas que hoy me llaman la atención. Tengo una gran crítica respecto a cómo vivimos. Estudié Comunicación cuatro años en Lomas de Zamora... Bah, me dedicaba a estar en los pasillos (risas). Y me acuerdo de un estudio sociológico que explicaba que el mejor recurso para obligarnos a consumir más en los boliches era mantenernos agitados e incomunicados con la marcha y las pastillitas, así no nos poníamos de novios y seguíamos yendo a bailar. Capaz me volví un viejo choto, pero hoy veo una mesa con tres chicas mirando todas para abajo mientras tuitean y siento que nos están haciendo lo mismo. Me desespera. Desde ese lugar critico a las redes sociales.

¿Por eso tuiteás poco?
Lo uso para comunicarme, pero con inteligencia, con sensibilidad. Elijo compartir frases que me inspiran, como “El arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo”, de Albert Einstein, porque así doy un mensaje. No puedo creer que la gente ahora se pelee por Twitter: ¡andá a agarrarte a trompadas o sentate a tomar un café, pero hacé las cosas en 4D!

Entonces, algo utópico sos...
(Risas) Sí, porque creo que todo lo que necesitamos es amor. Yo me muero en el escenario, Andrea, porque no me guardo nada. Puede no gustar lo que hago, pero quiero transmitir que todo es válido en la medida en que lo hagamos con pasión. Esa también es la mejor forma de hacer política: con amor.

0461 Martín Bossi - PRODUCCIÓN 2013 BISTe reivindicás siempre como un pibe de barrio. ¿Cómo ves a Lomas de Zamora, tu pago chico?
La veo y no la reconozco: Lomas se parece a Manhattan, con tantos edificios que levantaron. Igual, sigo encontrando mi pedacito de vereda, la cancha de Los Andes, algunos olores. En Lomas aprendí el amor a los viejos, que la madre es sagrada, el respeto por los oficios artesanales, la fidelidad al club.

¿Seguís yendo a ver a Los Andes?
Sí, cada vez que puedo. El barrio cambió mucho, pero el ritual del fútbol es igual: el olor a maní quemado, que me vuelve loco; ir a la cancha con apenas un buzo atado a la cintura y sentirme despojado, libre, porque no llevo ni documentos; sentir que pertenezco a un movimiento...

Ahí sí sos un poco militante...
¿Sabés que te lo estaba por decir? Sí, me siento parte de algo más grande. Me siento el Che Guevara cuando defiendo los colores de mi equipo, con tantas injusticias que nos bancamos con el descenso... Si lo trasladamos a la política, yo sería como esos peronistas que dicen (con voz arenosa y la boca ladeada): “Perón era lo máximo, pibe. Menem, la puta que te parió” (risas).

¿Aceptarías un cargo, si de eso dependiera el futuro del Mil Rayitas?
¡¡No!! Los dirigentes del fútbol argentino no distan mucho de lo que son los políticos. En ellos tampoco creo.

¿Cómo ves la economía?
Mirá, con esos temas soy un tipo muy limitado. Hace 10 años, cuando ganaba $ 3 mil, me gastaba mil en teléfono... Qué se yo, era medio cabeza (risas). Hoy, sigo gastando lo mismo. Era un descocado antes, pero ahora no modifiqué mi nivel de gastos. Listo, ya me compré mi casa. Quizás en un tiempo me pueda comprar una propiedad más para tener una renta. Y si me va muy bien, ahí tendré que tomar una determinación para ver qué hago con mi dinero porque, sinceramente, no me veo comprándome 10 departamentos. Entonces, más que en qué invertir, decidiría a quién ayudar. No me estoy haciendo el modesto: ya me estoy dando el gusto de ayudar a mi vieja y también me encantaría comprarle una casa a mi hermana, que es abogada y la pelea. Eso me gustaría más que invertir o viajar, porque no le doy bola a esas cosas.

Pero como empresario teatral debés sufrir este contexto inflacionario...
Mirá, con Diego Djeredjian, que es amigo de infancia, mi representante y mi socio en la productora MD, le damos trabajo a 60 personas con este show. Podría haber hecho, como tantos profesionales del stand-up en Estados Unidos, un espectáculo solo. Pero aposté a este camino, aunque no pueda dormir de noche pensando en los números, en las bocas que tenemos que alimentar. El margen de error de que el show sea malo, es mínimo; el margen de error de que la gente no venga, es máximo. Pero, como empresario, no soy boludo: hace cuatro meses que ensayo y se lo que hago es lo mejor. Por eso me dan bronca los políticos: le pongo tanta pasión a lo que hago que no entiendo cómo ellos no se mueren de ganas de ser honestos. Entonces, si me das a elegir -y por favor, que se entienda que no lo digo desde la remera ni la bandera-, si tengo que nombrar a alguien de la historia argentina a quien admire, te lo digo clarito: Evita Perón.

¿Por qué Evita?
Por la pasión... Quizás porque venía del palo de la actuación y sabía tocar otras cuerdas con su oratoria. Veo o escucho material de ella, y se me eriza la piel.

¿Y quiénes son tus referentes de hoy?
El papa Francisco, sin ninguna duda. Ahí tenés: si me preguntabas hace un año, te hubiera respondido igual que en relación con la política. Pensé que nunca más iba a creer en la Iglesia porque está hecha por los hombres. Nunca me creí el cuentito de la manzana, el arcángel Gabriel, la Última Cena, todo eso... Sí sabía que hubo un tipo que fue Jesús, que fue el primer Che Guevara porque se plantaba y hablaba. Y que lo mataron, no se si lo crucificaron. Pero en él siempre creí. No se si tenía barba de pocos días y ojos verdes, qué se yo, esa imagen me hace acordar más a Batistuta que a Jesús (risas). Pero me jodían la Iglesia y sus rituales. Hasta que vino este señor, Francisco, que me partió la cabeza: me unificó mi creencia en Dios con eso que no me supieron explicar nunca, o que quedó antiguo, y me renovó la fe. Lo escucho y digo: ¡sí (aplaude), esto es lo que necesitaba para seguir creyendo! Porque además lo dice de modo coloquial, cotidiano.

¿Influye que sea un argentino?
Y sí, pensá que ya teníamos a Maradona y a Messi (risas). En mi sketch como Tato Bores, digo: “Si el resto del mundo confía y venera a un argentino como Francisco, nosotros también tenemos que empezar a creer y confiar en nosotros mismos”. Somos buenos nosotros, tenemos buena madera. ¡Poné que soy militante de lo argento!

¿Maradona y Messi son ídolos equivalentes?
Diego fue un gran artista. Y Messi es el mejor actor que conocí. Punto.

En tu show rescatás a Biondi, a Olmedo, a Tato. ¿Todo capocómico pasado fue mejor?
Mi espectáculo no habla de lo que perdimos, sino de lo que tenemos que ganar. Sólo necesitamos poner más pasión y amor para que las cosas mejoren. Esos ídolos nos pueden inspirar, pero hoy son irrepetibles.

Si Tato viviera, ¿acusarían a su programa de desestabilizador?
Es que Tato no decía: sugería. Ahora te dicen todo. Ahí está la diferencia principal con los que hoy hacen humor político.

 

Hobbies: Exjugador de tenis, rankeó en juveniles nacionales hasta sus 19 años, durante 10 fue profesor y todavía pelotea con amistades que le dejó el circuito, como Horacio Zeballos, Martín Vasallo Argüello y José Acasuso. Nacido en Lomas de Zamora en octubre de 1974, es hincha fanático de Los Andes.

Premios: En 2010 recibe el Martín Fierro por mejor labor humorística en tevé (frente a Humberto Tortonese y Antonio Gasalla) y el ACE para M, el impostor, como mejor espectáculo de music hall. En 2001, su protagónico en ese show le permite conquistar el Estrella de Mar en la categoría mejor labor cómica masculina.

Trayectoria: Teatro: Bailando por un voto, con Nito Artaza (2007), El impostor (2010); M, el impostor apasionado (2011). Televisión: Vale la pena (2002), La niñera y Los Roldán (2005), Patito feo (2007), Este es el show (2008), ShowMatch (2005 a 2010), Los únicos (2011). Cine: Viudas (2011). El año pasado comenzó la filmación de una película sobre la vida de Alberto Olmedo, que lo tiene como protagonista, pero el rodaje fue interrumpido por razones presupuestarias.



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