Madres que trabajan: cómo lograr el equilibrio
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Madres que trabajan: cómo lograr el equilibrio

Cada vez más mujeres postergan la maternidad para afianzarse laboral y profesionalmente, mientras que otras tantas reenfocan su carrera a partir de la llegada de los hijos. Cómo conciliar vocaciones y obligaciones sin que el multitasking afecte la calidad de crianza y la realización personal.

Por Gabriela Ensinck 31 de Octubre 2013




La llegada de los hijos no impacta de igual manera en la trayectoria laboral de mujeres y varones. Es un hecho que la maternidad suele implicar una pausa y un quiebre en su vida profesional. “Aproveché ese tiempo para generar un proyecto que me permite flexibilidad”, plantea Denise Abulafia, bioquímica (UBA) y doctorada en biología celular (University of Miami), emprendedora digital y madre de Gabriel (7), Matías (5) y Daniela (11 meses). “Tuve a mi primer hijo mientras hacía el doctorado en los Estados Unidos. Ahí aprendí a distribuir los tiempos de otra manera para poder terminar la tesis”, cuenta.

Con su segundo hijo en camino, una oportunidad laboral de su esposo la llevó a México: “Ahí me tomé un año para ver qué me pasaba siendo mamá full time... Y me di cuenta de que extrañaba trabajar”. Entonces empezó a germinar la idea de Educatina.com, un sitio de aprendizaje online, colaborativo y gratuito para niños y adultos, que incluye la plataforma de clases particulares virtuales pagas Aulaya.com. Hoy trabajan en este emprendimiento unos 150 docentes en varios países de la región y tiene convenios con universidades en la Argentina, Chile, México, Perú, Colombia y Uruguay. “Con mi esposo hacemos equipo para atender a los chicos y tenemos apoyo familiar. Hoy trabajo la misma cantidad o más horas que antes, pero elijo cómo distribuirlas: estoy presente cuando los chicos lo necesitan, aunque después me tenga que quedar trabajando por la noche”.

FOTO MADRE DOSTener hijos y también una carrera, emprendimiento o proyecto por fuera de la maternidad no es incompatible, pero exige un enorme esfuerzo. “Las mujeres padecen ciertas desventajas respecto a los hombres, así como las madres respecto de las mujeres sin hijos, no porque ellos sean una carga sino porque la organización familiar y social no se adapta a su nueva realidad”, apunta Carina Lupica, directora del Observatorio de la Maternidad. “Si bien hoy las mujeres comparten con los hombres el tiempo de trabajo remunerado, no hubo una redistribución de las tareas domésticas: ellas siempre son las responsables finales de esas labores, sean amas de casa o trabajen percibiendo un salario”, afirma Lupica.

“A veces hago malabares”, confiesa Lorena Amarante, madre de Lola (10), publicista y cofundadora de Online Marketing Latam, una plataforma de aprendizaje bajo demanda para profesionales del márketing interactivo. Cuando nació su hija, trabajaba en una pyme, donde tomó tres meses de licencia. Al volver, acordó estar en la oficina con su beba... y la niñera: “Lo pude hacer porque tenía buen vínculo con la dueña de la empresa”, reconoce. Luego trabajó en Despegar.com, donde tuvo que conciliar sus tareas con la empresa y consigo misma: “No podía extender la jornada laboral, así que me llevaba trabajo a casa”. Para esta mamá y jefa de hogar, “tener una niñera que sea tu mano derecha es súper importante. Ahora que Lola es más grande, he vuelto a viajar por trabajo, algo que durante un tiempo no hice. Siempre trato de participar de sus actividades escolares y extraescolares, aunque tenga que correr o salir eyectada de una reunión”, asegura.

Carrera versus trayectoria
Tras cuatro años de espera, la psicóloga Alejandra Calcagno recuerda muy bien el día en que se comunicaron del juzgado para decirle que Daniel (hoy 9 años) estaba esperando una familia. Fue una sensación de temor y alegría que se repetiría cuando, dos años más tarde, la llamaron para que fuera a encontrarse con Víctor (8). Calcagno es evaluadora técnica en el Ministerio de Educación, y su marido es médico. Habían buscado el embarazo durante 8 años, en los que invirtieron “el equivalente a un monoambiente” en infructuosos tratamientos de fertilización. La crisis de 2001 y el corralito terminaron de licuarles los ahorros, pero no las esperanzas de ser padres. Así es que cada peso ganado se invirtió en viajar a algún punto del país para anotarse en el registro de adopción. “Pude hacerlo porque tuve jefes y compañeros solidarios y comprensivos”, agradece Calcagno, en referencia a la infinidad de permisos y licencias que debió tomarse para cumplir con los trámites en aquellos tiempos en que no existían registros unificados.

Finalmente, el esfuerzo se vio recompensado: “Debuté como madre a los 42. Lo bueno es que tuve tiempo de hacer muchas cosas. Pero también tuve que empezar a renunciar a otras tantas”. Dejó la capacitación y la docencia, actividades con las que complementaba su trabajo en el Ministerio porque “trabajar todo el día y estudiar de noche no es compatible con el cuidado de los chicos. Durante muchos años dicté clases, pero no me dieron licencia cuando los adopté ni cuando se enfermaban y terminé renunciando”, cuenta. Con todo, este año retomó su actualización profesional haciendo cursos online: “Para no restarle tiempo a mis hijos, me levanto una hora antes y me acuesto una hora después”.

FOTO MADRE UNOPara Victoria Alvarez Benuzzi (39), “trabajar por mi cuenta para no tener jefes ni horarios” fue una de las claves. Creadora de Contame que lo escribo, un servicio de redacción para ejecutivos, y mamá de cinco hijos –Felipe (11), Joaquín (10), Josefina (8), María (6) y Alfonso (4)–, además se ocupa de un labrador cachorro al que bautizaron Six para recordar su orden de llegada a la familia. A partir de su experiencia como madre y emprendedora múltiple, elaboró su manual de organización: “Armar una lista de prioridades porque no todo es tan urgente e importante como parece; delegar o tener ayuda doméstica por más que en eso se vaya buena parte del salario; buscar colegios doble jornada y cerca de la casa para simplificar los traslados; tener oficina móvil y –sobre todo– relajarse y aprender a reírse de una misma. He salido con el buzo al revés, puse cuadernos en el bolso del bebé y pañales en la mochila del nene de cinco. Pero no se puede ser mamá, trabajar, estar cómoda y hacer todo perfecto”, desdramatiza. “Sin dudas, de no tener hijos, mi carrera sería muy diferente, también viajaría y leería compulsivamente. Pero no cambio por nada la familia que tengo”.

María Gabriela Hoch (39), presidenta de la Fundación Vital Voices y madre de cuatro, reconoce que “hasta el día que nacieron mis hijos, era bastante workahólica: trabajaba en relación de dependencia y pasaba muchas horas fuera de casa”. Inauguró su maternidad a los 28, con los mellizos Bautista y Conrado. “Pasé de soltera a familia tipo de un día para el otro”, cuenta. Luego llegaron Denisio (7) y Esmeralda (4). “Cuando sos madre, tu tiempo cotiza más. Me di cuenta el día que volví llorando del trabajo porque había perdido tres horas en el viaje”, confiesa. Ese mismo día tomó la decisión de instalar su propia consultora de comunicación en el barrio de Núñez para estar más cerca de su casa en Tigre.

Tener hijos y también una carrera, emprendimiento o proyecto por fuera de la maternidad no es incompatible, pero exige un enorme esfuerzo.


Este año, Hoch dio un paso más al mudarse a Fort Lauderdale (Florida, Estados Unidos) con su marido y sus cuatro hijos, y adoptar el home-office: “Sé que, trabajando desde casa, en cualquier momento puede interrumpirme alguno de mis hijos. Pero eso ya no me preocupa. Antes priorizaba la carrera, que es algo que te deja sin aliento. Hoy, priorizo la trayectoria, que es un recorrido al que vos podés ponerle el ritmo. El balance entre vida personal y familiar es difícil de sostener en el mundo corporativo: los premios y ascensos no son para las que cumplen el horario a rajatabla y no atienden el teléfono después de las 6 de la tarde”, afirma. Esa fue una de las razones que la llevó a crear el capítulo argentino de Vital Voices, una ONG dedicada a promover el liderazgo de la mujer como motor para el progreso económico, político y social de la comunidad.

Cuestión de prioridades
“El trabajo remunerado es fuente de mayor prestigio que el trabajo doméstico, pero está pensado para personas sin responsabilidades familiares. Basta aludir a la extensión de las jornadas laborales y el carácter excepcional que se le atribuye a las responsabilidades familiares”, sincera Lupica, del Observatorio de la Maternidad. El problema es que la vida familiar y el tiempo personal son cuestiones cotidianas, no excepcionales... Quizás sea por ello que muchas mujeres optan por trabajar en forma independiente o crear su propio emprendimiento a partir de la maternidad. Esta fue la elección de Luciana Jagodnik, licenciada en Administración y mamá de Candela (6) y Josefina (4); y de su socia y amiga Luciana Niños, diseñadora gráfica y mamá de Tatiana (8) y Katia (5).

Se conocieron trabajando en una empresa de mapas pero, a partir de las licencias por maternidad de cada una, dejaron de verse un tiempo. Hace dos años se reencontraron y fundaron Uniquebook, un emprendimiento de libros personalizados para regalar. La idea partió de Jagodnik: “Encargué un libro para el Día del Padre pero no me gustó cómo quedó. Y pensé que se podía mejorar mucho para realmente contar una historia con lindas fotos y textos”. Le comentó el proyecto a su amiga y tocaya, quien no sólo la alentó sino que decidió sumarse. Hoy ambas se dedican al emprendimiento tanto como a sus hijas: “Cada una trabaja desde su casa, y estamos conectadas por Skype y mail todo el tiempo. Nos cubrimos cuando tenemos reuniones del colegio o las nenas se enferman, y esto implica trabajar de noche o los fines de semana”, dicen las emprendedoras.

FOTO MADRE TRES“A las madres nos toca acomodar la profesión a medida que nuestros hijos crecen”, reflexiona Flavia Delego (54), directora de la Escuela de Diseño y Moda Delego, y madre de Valentina (24 años) y Camila (23 años), a quienes sigue cuidando y mimando con la cena lista todas las noches. Trabajó desde los 17 en la institución creada por su padre, Donato Delego. Pero, al nacer Valentina, interrumpió su labor durante casi 8 años, y retornó cuando Camila tenía 3, a raíz del fallecimiento del fundador. “En ese momento sentí que no sólo tenía que volver sino hacerme cargo de la escuela, y fue difícil con mis hijas aún pequeñas. Arreglaba los horarios para poder llevarlas e irlas a buscar al colegio y a las actividades extraescolares pero, al estar a cargo de una empresa, es inevitable llevarte problemas del trabajo a casa y viceversa”, comparte.

Entrada la adolescencia de sus hijas, Flavia se separó: “Por más que el padre cumplió siempre con las visitas y la cuota alimentaria, tuve que asumir el doble rol. Al estar ausente durante casi todo el día, muchas veces se me fue la mano con las prohibiciones y el control. No es fácil ni divertido poner límites. Pero siempre tuvimos mucho diálogo: les contaba mis problemas, ellas me contaban los suyos. Creo que lo más importante que les inculqué fue el valor del esfuerzo. Y que no dejen de trabajar aunque estén bien económicamente”.

• 23,2 años es la edad promedio en que las mujeres tienen su primer hijo/a. Aquellas con estudios universitarios postergan la maternidad hasta los 27 años.
• Las madres que trabajan ganan en promedio 82 % de lo que perciben las mujeres sin hijos y el 40 % de lo que perciben los varones con o sin hijos.
• La situación educativa de las madres supera a la de los hombres que conviven con hijos: el 21,3 % de ellas tiene estudios universitarios o superiores frente al 14,4 % de
los varones.
• Las mujeres suelen abandonar el mercado laboral cuando llegan los hijos. Participan de la población económicamente activa (ocupados y desocupados) el 59,9 % de las madres frente al 98,1 % de los padres. La participación laboral es más baja en aquellas con menor nivel educativo.

Fuente: Observatorio de la Maternidad

 



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