Los ejecutivos que se animaron a los deportes extremos a los 50
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Los ejecutivos que se animaron a los deportes extremos a los 50

En primera persona, los secretos.

Por Lucila Lopardo 08 de Septiembre 2016

Vos sos de esos a los que les agarra el ‘bobazo’ a los 50”, le dijo el médico a Esteban Galuzzi (46), gerente general de Intel para la Argentina, Chile, Colombia y Perú, luego de revisar un exhaustivo chequeo general. Galuzzi salió del consultorio angustiado. “No fumo, no soy obeso, no tengo antecedentes graves en mi familia”, pensó. Pero el doctor le había señalado que sus arterias eran más gruesas de lo normal y que debía hacer algo al respecto.

Seis meses más tarde, se encontró en un avión con sus amigos de toda la vida con destino a Saint Croix –la mayor del archipiélago de las Islas Vírgenes de los Estados Unidos– para correr su primer medio Ironman, la prueba más exigente del triatlón, que consiste en recorrer 3,86 kilómetros nadando, 180 en bicicleta y 42,2 a pie, en un promedio de 10 horas.

“Cuando empecé a hablar en mi entorno sobre el viaje, me miraron con cara de loco porque me había anotado, por primera vez, en el torneo más difícil”, comenta Galuzzi, quien, como muchos otros ejecutivos argentinos, encontró en los deportes extremos y de alto rendimiento un espacio para superar a su peor enemigo: él mismo.

“Iba bordeando la costa, con la montaña de un lado y el mar turquesa del otro. De repente, me embargó la emoción, se me cayeron algunas lágrimas y me conecté con mi familia, empecé a agradecer el aguante que me hicieron con el entrenamiento, especialmente, los fines de semanas, que no bajaba de cuatro a seis horas por día. La simpleza del momento me conectó con las cosas simples e importantes de la vida. Pedaleaba sin hacer fuerza, los kilómetros pasaban sin darme cuenta”, escribió Galuzzi en “La historia de mi primer medio Ironman”, un texto personal en donde relata su experiencia en Saint Croix y que compartió con APERTURA.

Galuzzi no es el único aficionado a los Ironman que arrancó de grande. También, Roberto Nobile, ex subgerente General de CableVisión y hoy a cargo de la dirección general operativa (COO) de Telecom. “Empecé en 2011, corriendo carreras de triatlón olímpico. El último fue el Half de Concordia y, ahí, ya supe que quería hacer mi primer Ironman largo, que fue en Houston, Texas, en mayo de 2012, en un tiempo de 11 horas y 46 minutos”, dice.

Tras su primera experiencia, Galuzzi volvió al médico. “Estás mejor  que nunca. Sea lo que sea, seguí haciéndolo”, escuchó. Actualmente, entrena para el primer medio Ironman que se hará en Nordelta. Se pondrá al hombro una doble responsabilidad: llegar a la meta y, al mismo tiempo, superar sus marcas, dado que, por cada minuto que mejore su tiempo, quienes acuerden con él deberán donar $ 10 a la Fundación Powerchair Football Argentina, que ayuda a niños con discapacidad a jugar al fútbol con sillas de ruedas a motor.

A Nobile, en tanto, los entrenamientos le enseñaron a disfrutar del tiempo personal. Pero llama a evitar el fanatismo: “Uno trabaja, es marido, padre de familia, amigo... Y, entre todos esos roles, a veces, se deja a uno mismo de lado. Fortalece el alma, la cabeza y el cuerpo. Es terapéutico. Obviamente es, además, un cable a tierra importante en momentos de mucha tensión. Pero puede volverse una obsesión. Eso no es bueno. Hay que buscar un equilibrio entre el trabajo, la familia y el deporte”.

 

Nota publicada en la edición 264 de la revista Apertura.



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