Los 10 lugares para hacerse una escapada de fin de semana
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Los 10 lugares para hacerse una escapada de fin de semana

Muchos lugares próximos a la ciudad de Buenos Aires invitan a la aventura, la historia o la gastronomía.

Por Pierre Dumas 10 de Febrero 2016

SUIPACHA

A 130 kilómetros del Obelisco, donde el campo tiene una larga tradición de producción lechera, esta pequeña localidad es el centro de la Ruta del Queso. A lo largo de un día como mínimo –pero mejor si son dos– se recorren varios kilómetros de la Ruta Nacional 5 visitando establecimientos productivos. Entre ellos, la histórica La Suipachense; la boutique de productos artesanales Quesos de Suipacha; la Cabaña Piedras Blancas, dedicada a la producción de leche y quesos de cabra sobre modelo francés; la finca de quesos de campo Fermier; la plantación de arándanos Il Mirtilo y el criadero de jabalíes La Escuadra. La visita puede ser guiada y en grupo (en auto propio es el modo más recomendable, para garantizar el acceso a todas las fábricas combinando bien los horarios de visita) o en forma independiente. Concebida como una experiencia gastronómica, incluye muchas degustaciones, además de un almuerzo en algunos de los restaurantes locales.

En Suipacha también hay algunos hoteles y posadas de campo para quienes quieran pasar la noche y extender la visita a dos días.

CARHUÉ

Veinte años atrás, el lago Epecuén, en el sudoeste bonaerense, era uno de los destinos turísticos más visitados de la provincia. La trágica inundación de 1985 sumergió el balneario. Y solo un par de años atrás, cuando las aguas empezaron a bajar, Villa Lago Epecuén volvió a surgir, ahora como una ciudad fantasma que atrae a los visitantes, con su perfil misterioso y desolado. Hoy se puede caminar por lo que queda de los hoteles y la antigua avenida principal. Pero hay más: el lago Epecuén –que brilla en los atardeceres y es ideal para el avistaje de flamencos– tiene propiedades curativas y ofrece un raro paisaje de troncos blanqueados por el agua salina, con orillas cubiertas de sulfato de potasio que simulan una inédita nevada.

Además, sus aguas, muy mineralizadas, se templan para los spas de los hoteles y se utilizan en productos cosméticos naturales. En la vecina Carhué, que hoy concentra la actividad turística, se puede recorrer el Museo Alsina y la casa de la última fortinera, hoy convertida en un museo que abre los fines de semana. El principal orgullo de la ciudad es el Palacio Municipal, obra de Francisco Salamone.

CAMPANÓPOLIS

¿Una aldea medieval en las afueras de Buenos Aires? Más ecléctica que antigua, despierta auténtica intriga este conjunto de construcciones que parecen surgidas de una imaginación sin temor a la yuxtaposición arquitectónica.

Es obra de Antonio Campana, hijo de italianos y oriundo de Avellaneda, quien solía dibujar castillos... Hasta que un día decidió hacerlos realidad. A la cabeza de un equipo de albañiles levantó, en parte con sus propias manos, un conjunto de 40 edificios en un terreno de 200 hectáreas ubicado en González Catán. Calles pavimentadas con adoquines, campanas de un convento de clausura, majestuosos vitrales, columnas de mansiones porteñas, el primer carro de bomberos tirado por caballos, románticas estatuas de mármol.

Hay de todo, como en botica. Objetos de los más diversos materiales y procedencias, que Campana fue consiguiendo pacientemente en remates, decoran el predio y sus respectivos museos, dedicados a la madera y el hierro. Se visita mediante paseos guiados y únicamente algunos fines de semana, dado que el resto del tiempo funciona como locación de filmaciones y fotografía.

GUERRERO

La pampa tiene el ombú. Pero, sobre todo, tiene castillos. Son la herencia de una aristocracia agrícola que, sin reparar en distancias ni gastos, decidió replicar –en sus cascos de estancia sudamericanos– las mansiones de la nobleza francesa.

Bella Vista, cerca de Castelli, fue una de las fincas de la ya mítica Felicitas Guerrero, asesinada por un amante despechado en 1872. Sobre la construcción original se levantó, en 1916, el edificio actual, hoy cuidadosamente restaurado. Es posible alojarse, andar a caballo, pescar en el río Salado y pasear en carruaje entre aves y ciervos dama.

Pero también es buen lugar para escuchar una canción que relata una insólita historia de amor nacida en el cercano paraje de Samborombón: el romance entre el sueco Evert Taube –uno de los principales cantautores de su país– y la hija de un pulpero de la zona. Dice una canción de Taube, cuyas huellas buscan los turistas suecos que llegan de vez en cuando de visita por la región: “Samborombón, en liten by förutan gata, den ligger inte långt från Río de la Plata” (Samborombón, un pequeño pueblo sin calles, que se encuentra no muy lejos del Río de la Plata). Aquella historia fue a principios del siglo XX, cuando el futuro cantante trabajaba en la excavación de canales en la provincia de Buenos Aires, pero sigue siendo famosa en su tierra natal.

URIBELARREA

Hace mucho tiempo que solo se escuchan pájaros en la vieja estación. El tren es un recuerdo de otra época, como Uribelarrea, un pueblo que es una suerte de túnel hacia el pasado. No por la distancia, sin embargo, porque se encuentra cerca de Cañuelas y es de muy fácil acceso desde Buenos Aires. No por el aislamiento, porque cada fin de semana se convierte en un destino de salidas verdes o gastronómicas para muchas familias que abandonan la ciudad por unas horas para reencontrarse con el campo.

Es un destino para cinéfilos también, que buscan –en torno a su plaza, a la silueta de su iglesia o a lo largo de las fachadas de sus viejas casas– algunos escenarios de películas famosas. Allí Alan Parker filmó parte de su largometraje dedicado a Evita, con Madonna y Antonio Banderas. Es el más famoso de una cartelera que incluye también obras de Lucas Demare (El viejo hucha), Leonardo Favio (Juan Moreira), Alejandro Agresti (Boda secreta) o William Graham (El hombre que capturó a Eichmann).

La colonia agrícola fue fundada, como muchas otras, a fines del siglo XIX gracias a la llegada del ferrocarril. El Palenque data de entonces: con más de un siglo y cuarto de existencia, este restaurante de campo fue anteriormente una posta, un albergue y un depósito. Es una parada obligada durante la visita, junto a una pequeña fábrica de cervezas artesanales.

AZUL

Esta pequeña ciudad que se levanta junto a las primeras sierras bonaerenses, 200 kilómetros al sur de Buenos Aires, encierra varios tesoros insospechados. El principal es la Biblioteca Bartolomé J. Ronco, que posee una de las principales colecciones cervantinas de América. Allí se conservan más de 300 colecciones de Don Quijote –como las ilustradas por Gustave Doré y Salvador Dalí– y numerosas obras, desde los siglos XVII a XX. Este patrimonio le valió a Azul ser declarada segunda Ciudad Cervantina de América, luego de Guanajuato (México). Lo recuerda cada año en un festival y también una escultura del artista Carlos Regazzoni: realizada en chatarra, reversiona a los personajes cervantinos en la pampa. También es importante su patrimonio arquitectónico vinculado con la obra del redescubierto Salamone, sobre todo la plaza principal –donde diseñó las luces y el curioso pavimento– y el frente monumental del cementerio. Para los amantes de la naturaleza está la Reserva Natural Boca de la Sierra; y para los más contemplativos, el monasterio trapense Nuestra Señora de Los Ángeles.

TIGRE

Es el reino del agua. Y admite todas las formas para descubrirlo. Sin embargo, los paseos en kayak o canoa –con la posibilidad de tomar clases para los principiantes– son la opción que mejor combina el deporte con la inmersión natural y el avistaje de aves. Hay escuelas que organizan salidas individuales y grupales, a la luz del sol o bajo la luna llena, cuando el Delta toma un romanticismo especial.

Si se pasa la mañana en el agua, se puede almorzar en alguno de los restaurantes de la ribera o las islas, para luego descubrir la actividad de Marta Mattone, una apicultora que recibe huéspedes y los lleva a visitar sus colmenas, con traje protector y todo. Es un descubrimiento y un desafío, que termina en una merienda con nueces tostadas y té con miel.

Pero no es todo: entre los brazos del río se encuentra la reserva natural Delta Terra, con un centro de rescate de fauna y un pequeño museo; el parque de agua Aquafan, con su pileta de olas y vertiginosos toboganes; el parque de tirolesas y juegos en altura Euca Tigre y las tradicionales posadas para dormir a orillas del agua color melena de león.

TANDIL

Sus relieves están entre los más antiguos del mundo. Y se hicieron famosos en las postales de hace un siglo gracias a la Piedra Movediza. Pero hay mucho más, sin contar la réplica de aquella curiosidad, repuesta en su lugar hace una década.

Tandil es famosa por la producción de quesos artesanales –se pueden probar especialmente en Época de Quesos, una pulpería de histórica arquitectura– y por las actividades deportivas en las sierras, desde la escalada al rapel. En Semana Santa se convierte en epicentro de una multitudinaria peregrinación del vía crucis del monte Calvario y su monumental Cristo. Durante todo el año, la aventura se concentra en el ecoparque del Valle Picapedrero, donde funcionaba una cantera, y el complejo del cerro Centinela, donde se organizan cabalgatas, paseos en bicicletas todo terreno, escalada, paintball y –cuando el calor acompaña– se habilitan los toboganes de agua.

Además, allí funciona la única aerosilla bonaerense y hay un circuito, el Camino del Aventurero, para enfrentarse a desafíos como el cruce de puentes de cuerdas y troncos. ¿Otra curiosidad? El viejo tanque de agua, equipado con aspas que lo asemejan a un molino de viento, acompañado por las estatuas de Don Quijote y Sancho.

SIERRA DE LA VENTANA

Este macizo montañoso supera al de Tandilia –tiene la cumbre más alta de la provincia de Buenos Aires, el cerro Tres Picos, de 1.239 metros– y es célebre por el cerro Ventana y su hueco, probablemente una antigua gruta a la que se le derrumbó el techo. Pero no hace falta llegar hasta ahí –la subida es bastante esforzada– para disfrutar los numerosos paseos serranos (auto)guiados del Parque Provincial Ernesto Tornquist. Para chicos y grandes, la estancia Mahuida-Co ofrece un lindo día de campo con un recorrido guiado en un trencito, entre antílopes y burros, subiendo hasta llegar a un refugio de piedra con vista al cerro famoso. En otras estancias se visitan plantaciones de lavandas y aromáticas. Hay ríos y arroyos a cuyas orillas se puede cabalgar. Y en la bucólica Villa Ventana se descubre la lujosa historia del antiguo Club Hotel, que alojó a terratenientes acomodados y a los marineros del Graf Spee, pero del que hoy solo quedan ruinas habitadas por loros barranqueros.

ROSARIO

La ciudad del Monumento a la Bandera es ideal para los que quieren naturaleza sin alejarse del ritmo urbano, porque hay navegaciones que invitan a cambiar de aire descubriendo los rincones más agrestes entre las islas del Paraná Viejo.

Recientemente se inauguró un circuito en homenaje a uno de sus hijos ilustres, el escritor Roberto Fontanarrosa, que tiene epicentro en el bar El Cairo y su ‘mesa de los galanes’. El paseo incluye los cafetines Sunderland y La Sede, así como el tradicional restaurante Escauriza, sobre la ribera norte, un imperdible por sus picadas y opciones de tablas de pescado de río a la parrilla para caranchear.

Gracias a las bicisendas, Rosario es ideal para movilizarse en bicicleta. Y resulta también una buena opción cultural gracias a la Plataforma Lavardén, el Museo Juan Castagnino y el Museo de Arte Contemporáneo, que funciona en los coloridos silos cerealeros del puerto. A cualquier hora, siempre debe haber tiempo para probar un carlito, el sánchwich de miga con ketchup, jamón y queso que se convirtió en símbolo de la gastronomía local.

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2 Comentarios

Andrea Gomez Reportar Responder

Las sierras más lindas de la provincia son las de La Ventana. En segundo lugar Balcarce.

Andrea Gomez Reportar Responder

Tandil la única aerosilla bonaerense? Yo anduve en Luján. No recomiendo Tandil. Es un pueblo aburridísimo. Los quesos de Teresa Inza tienen olor a pata de gaucho sucio

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