Linda Peretz:
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Linda Peretz: "Querría que el Gobierno fuera honesto y no me tomara el pelo”

Acaba de caer el telón para "No seré feliz pero tengo marido", el unipersonal femenino más exitoso de la cartelera porteña, que protagonizó durante 14 años. De bajísimo perfil mediático, la actriz asume su simpatía de base por el kirchnerismo, pero señala la corrupción y la inseguridad como cuentas pendientes que la preocupan. 

Por Alejandra Canosa 22 de Abril 2014

 

 

Barajar y dar de nuevo. Si bien la actriz Linda Peretz celebró este verano la despedida triunfal de la 14º temporada de su unipersonal No seré feliz pero tengo marido, en la marquesina de la vida el cartel dice otra cosa. Separada hace 6 meses del empresario teatral Carlos Rottemberg, con quien estuvo en pareja durante casi tres décadas, está en una etapa de plenitud absoluta. “¡Estoy llegando en 15 minutos!”, promete Linda al otro lado del teléfono, al mismo tiempo que nos recibe su mucama –amable, trenza colorada y un atuendo impecable, como en las mejores telenovelas– y ofrece un café, un cortadito, un té, un vaso de agua.

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En la espera, Clase Ejecutiva se deleita con el buen gusto de la decoración del living: bellos cuadros decoran las paredes, otros esperan la última pincelada, asoman títulos fascinantes de las bibliotecas empotradas en la pared, portarretratos con fotos de todos los tiempos y una fragancia envolvente que invita a permanecer, allí. “¡Hola, me demoré un poco porque extendí la caminata!”, asoma Linda, quien se brinda de lleno a la entrevista. “Soy poco sociable, retraída, pero lo disimulo a pura simpatía”, comenta entre risas. Jamás habló de su vida privada. Y hoy no será la excepción. Aunque, si se trata de su hijo, se sale de la vaina: “Tomy cumplió 29 años hace poco. Es adorable, buen hijo, preparado, educado y está en pareja hace cuatro años. ¡Muero de ganas por ser abuela!”, expresa orgullosa, al mismo tiempo que presenta a George Clooney, su perrito. “Me lo dejó Tomy de regalo cuando se fue a vivir con la novia”. Tanto ladraba el pichicho que hubo que abrirle la puerta de la cocina para que esta nota se pudiera concretar...

¿Te sentís sola entre tanta inmensidad?

No, para nada. Hago meditación, spinning, estiramiento, pinto, leo, estudio francés, hago largas caminatas. Descubrí que tengo capacidad para muchas cosas. Y me sigo sorprendiendo. Una puede fabricar las ganas. ¡Lo he comprobado! Estoy en una etapa donde me sumerjo en otros espacios, no pierdo el tiempo y hago cosas. ¡Una tiene que ser feliz con marido o sin marido! La Kabalá, la Toráh y mi poder superior me protegen.

Algunos sostienen que el matrimonio es una vocación, pero las relaciones de pareja son cada vez más cortas...

Es como en el teatro: a veces, una obra dura 14 años, tres meses o nada. Todo depende de cómo se den las coordenadas. En el matrimonio pasa lo mismo: si vos crecés muchísimo y tu compañero no creció espiritualmente, la cosa no funciona y, en algún momento, ya no se puede sostener.

¿A qué atribuís tantas crisis?

Creo que hemos llegado a una crisis espiritual muy grande. Por eso hay tantas catástrofes, por eso faltan situaciones milagrosas, por eso son pocos los que se aferran a la espiritualidad. Estamos viviendo una coyuntura planetaria adversa, por eso hay tantos rayos, incendios, inundaciones...

¿Qué cosas te duelen de lo que ves a diario en las calles porteñas?

Yo camino ligero y trato de no mirar a nadie, pero me llama mucho la atención la gente que vive y duerme en la calle y está a la deriva. Ese sector me detiene a pensar y necesito saber porqué esa gente llegó a ese estado tristísimo. Es un círculo vicioso y me gustaría que fuese virtuoso. ¡En una ciudad organizada estas cosas no suceden! Las personas tienen que estar en su ámbito, que es su casa, su luna, su útero. En hebreo, casa y útero se dicen de la misma manera: ¡más claro imposible!

El matrimonio es como en el teatro: a veces, una obra dura 14 años, tres meses o nada. Todo depende de cómo se den las coordenadas.

¿Cómo educaste a tu hijo con relación al consumo de drogas?

Siempre estuve muy atenta porque la droga es un sustancia tóxica que tapa otra toxicidad. A los jóvenes no hay que darles cosas que los toxifiquen en su etapa de crecimiento. Cuando mi hijo era adolescente, lo aconsejaba y le decía dónde no era conveniente meterse, y discutíamos. Tomy es criterioso, tiene sentido común, no caretea, no es narciso, es sano. No me da mucha bola, pero sabe que nos dedicamos y nos ocupamos.

¿Seguís admirando a Woody Allen luego de que Dylan, su hija adoptiva, lo acusara de abusador?

No puedo prejuzgar. Pero quiero ser clara: admiro a Woody como director de cine, me divierten sus películas, me parecen muy profundas, es muy inteligente, su cara me divierte, tiene ideas brillantes aunque no se si es buen actor. Pero lo que puede pasar entre las cuatro paredes con su mujer, sus hijos adoptivos y los propios, ¡no lo sé! Los simpáticos e inteligentes que dentro de su casa son psicópatas no me interesan.

¿Y qué opinás de los políticos?

A mí me interesa mucho la política: me pongo a favor, en contra, leo un diario que está a favor y otro que no está tanto, escucho distintas campanas. Pero, por momentos, me mareo mucho.

¿Qué te enoja de las ya consagradas divisiones políticas de la última década?

Esta guerra del Gobierno con una empresa multimediática –la guerra entre el poder político y el económico en la que yo estoy en el medio– no me gusta. Me confunde mucho el tema del dólar blue y de todos los colores. Lo que veo es que la gente no tiene plata. Estuve muy a favor de este Gobierno porque tengo tendencia democrática, un poco de izquierda, pero me gustaría que fueran honestos y no me tomasen el pelo.

¿Qué pensás del modelo económico?

Al principio me gustaba, pero ya no sirve. Mi política es arriba del escenario: trabajar, ser honesta, sincera, ética en todos los órdenes de mi vida, adentro y fuera de mi casa. El discurso tiene que ser compatible con los hechos.

Todo sigue aumentando ¿qué comprás hoy con $ 100?

Consumo muchas verduras y frutas. El otro día, con $ 100 sólo pude comprar un kilo de ciruelas y algunos duraznos. Primero pensé en dejarlos en la góndola, pero me dije: ¿a esta altura de mi vida, y trabajando, tengo que dejar la fruta? Más que bronca me dio tristeza, porque pensé en los que no pueden comprar ni fruta, ni verdura ni lo elemental para su alimentación. Es un círculo vicioso: cuanto menos comemos, menos intelecto tenemos, menos salud tenemos, más delinquimos, más bronca acumulamos, más se potencia el malestar. Cuando la serpiente te muerde, hay que atacarla. El tema es que estamos metidos en este círculo vicioso y no se sabe dónde está la cabeza de la serpiente.

Me llama mucho la atención la gente que vive y duerme en la calle y está a la deriva. 

¿Cómo se frena la inseguridad?

Si tus hijos tienen para comer, pueden leer un libro, tienen una prepaga, están contenidos. Para que se termine la inseguridad hay que implementar sistemas socioeconómicos que revisen el sistema social. ¡Para eso suben al poder!

¿Y qué opinás de la Franciscomanía?

Me parece un personaje elegido. No soy católica y no lo idolatro porque dentro del judaísmo no hay idolatrías, pero creo que es un enviado de Dios, un iluminado, muy inteligente y humilde de verdad. ¡No actúa el personaje de humilde! Es sorprendente leer cosas de él todos los días. A algunos les debe resultar peligroso porque es un revolucionario y ojalá que pueda hacer cosas, porque hay muchos intereses creados en la Iglesia, la política, la mafia...

¿Qué opinás de CFK?

Me encanta: es muy fuerte, inteligente. Me encantó la propuesta desde los tiempos de Néstor. No se cómo será personalmente, pero me encantó tener una presidente mujer, la apoyé mucho. Ella es tan víctima como nosotros de ciertos intereses que hay en el país. Pero no estoy de acuerdo con esta guerra: es como una pareja que se tira platos y el chico tiene que agachar la cabeza para salvarse.

Además. En los últimos 14 años, el unipersonal récord No seré feliz pero tengo marido recorrió la Argentina, España, México, Perú, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Chile, cosechando más de 500 mil espectadores. “Este texto me permitió recrearme, ser distinta todos los días. Fue desintoxicante”. En la obra, se puso en la piel de una mujer que, después de 27 años de matrimonio, revisa su vida  conyugal con ironía.



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