Leo Mayer:
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Leo Mayer: "En el grupo de la Copa Davis se juntan muchos cracks y es difícil manejarlos"

Es el tenista del momento y forma parte del equipo argentino. Tras haber ganado su primer título, el Abierto de Hamburgo, frente al español David Ferrer, escaló al puesto 25º del ránking mundial.  Por Lorena Obiol 12 de Septiembre 2014

 

 

El sol afiebrado de las cinco de la tarde hace creer que la primavera está más cerca. Y, quizás por esa insólita tibieza, Leonardo Mayer estiró un poco más la impostergable siesta que forma parte de su rutina diaria. Dicen que los poquísimos días en que no consigue dormirla, su humor cambia como ángulo llano. Dicen también que es parco y muy reacio a hablar con los medios. Suponer, entonces, que una siesta prolongada lo tendrá de buen talante le agrega una dosis extra de esperanza a la vigilia en el Club del Centro de Graduados del Liceo Naval, donde entrena habitualmente.

Ahí viene. Su enorme sonrisa antecede a su figura alta y delgada, que se abre paso por el caminito de ladrillos. “Entreno primero y luego hacemos la entrevista, ¿dale?”, suelta, mientras no deja de andar. Entra al bar, saluda y habla con varias personas. Vuelve: “Buenas noticias: hacemos la nota ahora”. En desmedro de los pronósticos agoreros, el Yaca (NdR: Su apodo alude a los yacarés que habitan en su Corrientes natal) se deja retratar, aunque no posa largamente.

¿Qué significa haber obtenido, en Hamburgo, tu primer triunfo ATP y el ránking individual más alto en tu carrera?

Es el premio a muchos años de esfuerzo. Porque hay muchos años de trabajo y también mucha gente que me ayudó detrás de este premio que recién ahora se me dio, con esta edad (NdR: cumplió 27 en mayo). Si bien no soy tan viejo, la vida del jugador profesional no es muy larga.

¿Cómo superaste las épocas en que sufriste tanto por tu espalda?

Eso fue muy duro, realmente. Eran lesiones muy dolorosas: me costaba dormir, manejar el auto. Se me hacía todo muy lejano. Entrenaba bien y jugaba bien, pero de pronto venía el problema en la espalda y me obligaba a empezar de cero con el entrenamiento. Y eso me cansaba muchísimo.

Cuando volviste al país, dijiste que no esperabas el título. ¿Modesto o realista?

Es cierto: no lo esperaba, aunque venía jugando bien. Pero es que creo que cuando uno cuando gana, no siempre se lo espera. En mi caso, realmente fue así. Hamburgo es un torneo muy grande y, además, la final fue con Ferrer (NdR: El español está 6º en el ránking). El día anterior, cuando vi la cantidad de finales que él había jugado en comparación a mí, noté que era una diferencia enorme. Realmente pensaba que era muy difícil ganarle. Ferrer jugó esa instancia en otros torneos y para mí era apenas la segunda vez en mi carrera.

Y ahora que saltaste 19 escalones y quedaste en el puesto 26º: ¿qué más cambia para vos?

No creo que vaya a cambiar mucho. Los jugadores quieren ganarte aunque estés 15, 20 u 80. Creo que quizás ahora me tengan más respeto. Pero después, es igual: hay que jugar de la misma forma y transpirar adentro de la cancha, jugando a full.

¿Cotizás mejor ante los espónsors?

Todavía no se me acercó nadie. Pero creo que sí, me pone en otro lugar. Aunque el problema es que no hay muchos espónsors para el tenis acá.

Tras tu triunfo, ¿te llamó alguna figura extra tenística? CFK, por ejemplo...

Nooooooo (se ríe). Llamaron mis amigos y gente del tenis.

¿Y te llamó Gabriela Sabatini?

Sí. Me gustó muchísimo que llamara. “Felicitaciones, Leo. Te lo merecés”, me dijo. Y fue algo muy groso su llamado para mí.

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Competencia. Desde el puesto número 25, Mayer promete dar pelea en la Davis. Foto: Clase Ejecutiva.

Gabriela te ayudó mucho en juveniles, ¿dirías que es tu madrina?

Ayudó mucho a mi generación y por eso mismo es que estoy acá. También me alegró que me felicitara después de Hamburgo porque hace años que no hablamos. Pero no sé, realmente, si decirte que es mi madrina tenística, aunque me ayudó muchísimo cuando era junior.

Un muchacho como yo

Salvo su repentina fama, esa que le provoca cierta incomodidad y lo hace responder sin mirar a los ojos (o de reojo), nada parece haber cambiado en la vida de Leonardo Mayer. Sigue su rutina y su entrenamiento diario de la misma manera que siempre, supervisado por Leonardo Alonso, su coach manager, que lo acompaña desde hace 11 años. Gimnasio de 9 a 11, entrenamiento de tenis hasta las 13. Luego del almuerzo y la ineludible siesta, el ejercicio continúa en el turno tarde. Su equipo tampoco parece haberse modificado: trabaja desde hace 8 años con Mario Duré, su preparador físico; y su team se completa con Diego Méndez, su kinesiólogo; Juanjo Grande, el psicólogo que incorporó hace cuatro años; y un amigo que lo entrena y acompaña en sus viajes, Javier Jachu Hernández. Si bien anticipó que de política y de su vida privada no hablaría, dejó trascender que vive con su novia y que las cosas del deporte las resuelve en el trabajo y las de su vida personal, con ella. “Aunque también a veces pregunto a mi equipo si conoce algún restorán”, dice, entre sonrisas.

Viajás mucho. ¿Cómo ves el país a la distancia? ¿Qué te preguntan cuando se enteran que sos argentino?

No sé, no hablo de política porque tampoco entiendo nada. Lo que más me preguntan, en serio, es por la carne. ¡Todo el tiempo me preguntan por la carne argentina!

Bueno, no hablemos de política. Pero contame de qué estás orgulloso y qué cambiarías...

Me da orgullo la garra que le pone el argentino, la pasión que tiene por lo que hace, y no sólo hablo del deporte. Y... No sé si cambiaría algo. Somos lanzados, hablamos fuerte en cualquier lado, hacemos lío... Pero eso también es lindo a veces, así que no sé si lo cambiaría.

¿Cómo ves a las nuevas generaciones del tenis? ¿Por qué no aparecen nuevos talentos?

Hay muchos, pero la Argentina se malacostumbró con los mejores del mundo y entonces no es fácil tener todo el tiempo jugadores que estén dentro de los primeros 10 o 15, o menos, como sucedió en una época, que éramos increíbles. Digo que se malacostumbró con jugadores tan buenos porque pareciera que es común que haya varios jugadores argentinos en la final de Roland Garros, por ejemplo, o que tengamos cuatro top ten, como sucedió. Pero no es lo común: es rarísimo que ocurra y no pasa todos los años, ni todo el tiempo. Ojalá volviese a suceder, pero es muy difícil. Fijate que no hay ningún país así.

Es difícil tener amigos en el tenis porque es un deporte de mucha competitividad.

¿Cómo se podría generar el semillero?

Creo que necesitamos que se empiece a difundir más el deporte, que se muestre más en la tele, que haya más torneos. Esa es la forma: mostrar que es un deporte hermoso. Acá no hay inversión. Pero la falta de plata hace que los jugadores le pongan más garra a un partido y no quieran perderlo. Así que eso suma, de alguna manera. Pero, claro, lo mejor sería que hubiera un incentivo. Ojalá lo haya...

¿Tenés amigos en el tenis?

Es difícil, porque es un deporte de mucha competitividad. Pero me llevo muy bien con todos los argentinos. En Corrientes y acá tengo amigos, pero que no son del tenis. Son de la vida, nomás...

Sos muy querido en el ambiente, ¿por qué?

No sé, pregúntale a ellos (se ríe, nervioso). Lo que único que te puedo decir es que no tengo nada de maldad: nadie me cae mal, no me molesta la gente y soy muy trasparente con todos.

¡Serías un líder positivo ideal en la Asociación Argentina de Tenis o al frente del equipo de Copa Davis! ¿Te ves?

No, como dirigente, no. No me interesa en absoluto. Yo estoy más para enseñar a jugar que para estar ahí arriba, manejando otras cosas. Y, como capitán del equipo argentino, tampoco... ¡Olvidate! No soy la persona para eso: yo no quiero ningún problema. En el futuro, quiero vivir tranquilo en Corrientes, con una familia y nada más. Me veo retirándome a los 32, volviendo a mi provincia y dedicándome a pescar dorados.

¿Y si a los 32 te dieran ganas de seguir?

Por ahí a los 32 me den ganas de seguir jugando un tiempo más... Aunque ojalá pudiera no trabajar más e irme a pescar todos los días. Pero por pasión, no como un trabajo. Igual, veremos. Todavía me faltan años.

En Twitter te definís como tenista y pescador. ¿La pesca te la tomás profesionalmente?

Me gusta mucho pescar y, cuando voy a Corrientes, hago doble turno en el día de pesca: voy a la mañana y a la tarde vuelvo, con mi viejo o con mi hermano. Pescamos boga, dorado, surubí. Pero eso es diferente del tenis. Pescar hace que me calme, porque ahí no tengo un match point, un break point arriba, no tengo otro que me corre todas las pelotas. Y, si no saco nada, no pasa nada. ¡Aunque igual me caliento! Pero como no es un deporte que practique para vivir, no pasa nada. Voy a relajarme y nada más.

¿Tenés una escuelita de tenis en Corrientes?

Sí, pero no es mía: tiene mi nombre porque yo nací en ese club. Voy cada tanto, juego o entreno con los chicos. También charlo con ellos, les cuento cosas y, cuando termine acá, quizá trabaje ahí para enseñarles a los chicos.

Sos fanático del fútbol. ¿Tu balance de la Selección? ¿Y qué jugador destacás?

Mascherano, para mí, fue, lejos, el mejor jugador: por la garra, porque puso todo, porque jugó, porque se la bancó solo. Y hace algo que nadie hace: el trabajo que no se ve, de marcar, de correr, de molestar, de pelearse. Y del desempeño de la Argentina, ¿qué te puedo decir? Salió segundo, llegó a la final. ¡Qué mejor que haber llegado hasta ahí! El que dice que haber perdido es malo, tiene dos neuronas en la cabeza. Llegar a la final es lo máximo que te puede pasar: apenas dos equipos en todo el mundo llegan. Ganarla ya es lo máximo, es lo más lindo. Pero perderla tampoco está tan mal. Yo prefiero que hayamos perdido la final a habernos ido en alguna otra ronda.

Yo estoy más para enseñar a jugar que para estar ahí arriba, manejando otras cosas.

¿Te imaginaste futbolista alguna vez?

Sí, al principio. Quería, pero no se dio. Atajaba en el equipo del colegio. Si naciera de nuevo, no jugaría al tenis: sería futbolista. Porque el tenis es un deporte muy difícil, muy sacrificado. Para jugar al nivel que ahora juego, hay que remarla mucho y muchos años. El día a día es muy duro: a veces parece que pasan los años y no te movés.

¿Y eso te bajonea?

No, porque uno se acostumbra, pero hay a veces que parece que no mejoraste nada. En cambio, en el fútbol tenés 10 jugadores más que te ayudan. Acá, si haces algo mal, es tu culpa.

¿Qué es lo más lindo de ser Leo Mayer?

Arranco por lo más feo: que tenés que entrenar todos los días y correr mucho, todo el tiempo. Y lo más lindo: que te reconozcan en la calle. Ojo, a veces te putean. Me pasó que me digan: ‘Che, tenés que mejorar el saque, tenés que pegarle mejor el revés’. Y yo pienso: ‘¡Andá a jugar vos, agarrá una raqueta a ver si podés hacer lo mismo!’.

Hablemos del equipo para la Davis, ¿por qué crees que, cada tanto, se generan ciertos malestares en la convivencia o en el armado del equipo?

Porque se juntan muchos cracks y es difícil manejarlos. Lo mismo que pasa a veces en el equipo de fútbol o en cualquier deporte. Por eso, a veces, la convivencia es muy difícil. Pero para mí no lo es, pero yo no soy como otros...

¿Cómo sos vos?

Un buen jugador.

¿Cómo planeás capitalizar tus ingresos? ¿Tenés algún negocio en paralelo?

No, por ahora no. Es difícil meterse en otra cosa que no sea el tenis...

Y si te propusieran un puesto político, como para desde ahí ayudar al deporte...

No, te dije que no me interesa ningún tipo de cargo de nada.

Ahora que ganaste en Hamburgo, ¿te pesan las expectativas ajenas?

No. Soy el mismo Leo de siempre. Cambié en elránking, pero no cambié yo.



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