Las cinco cafeterías de la nueva generación
Lifestyle

Las cinco cafeterías de la nueva generación

Los cafés de especialidad suman cada vez más spots y fans en Buenos Aires. Su propuesta: materia prima de calidad, del grano a la taza; una experiencia de consumo gourmet y el asesoramiento de baristas, las nuevas estrellas de la gastronomía local. 

Por Eleonora Biaiñ 09 de Agosto 2016

"¿Cómo puede haber haters del café?”, se pregunta un usuario de Twitter, acaso iluminando las tantas veces que esa infusión es mencionada en la red del pajarito. En poemas, saludos e invitaciones de 140 caracteres se expresan los coffee lovers. Mientras tanto, en Instragram, se pueden coleccionar las mejores fotos del arte en la taza, con espuma de espresso y leche batida.

Pero este exhibicionismo no es sólo una pose para la foto. En los bares de Buenos Aires, los porteños siguen cumpliendo con el ritual cotidiano, una costumbre que se redefine en los cafés de especialidad, opción que suma cada vez más spots y fans en la ciudad. “Son una tendencia en el mundo y ahora también en la Argentina, por la creciente búsqueda de productos exclusivos y de calidad”, explica Maco Lucioni, sommelier, consultor de Nespresso Argentina y jurado del Concurso de Baristas Exigí Buen Café.

“El café de especialidad es una tendencia que crece con fuerza en el país. Afianzado desde hace tiempo en mercados mundiales, este segmento está dando un importante salto a nivel local, con una oferta cada vez mayor de propuestas ancladas en la calidad del producto”, coincide Agustín Quiroga, maestro tostador y coffee hunter. También fundador de Café Puerto Blest, Quiroga detalla que “un kilo de especialidad en grano actualmente tiene un valor promedio de $ 500. Esa cantidad permite elaborar unos 100 pocillos a un precio de venta al público de $ 35 por taza, lo que implica un potencial de facturación importante”. El experto asegura que, conforme la cultura del café avanza, “cada vez más consumidores migran del commodity a una experiencia nueva y completa, que surge del cuidado de la materia prima, los procesos y el servicio. Un local que quiera servir un buen café no sólo debe ofrecer granos de calidad, sino contar con equipamiento acorde, con molinos y máquinas de espresso de excelente rendimiento, y baristas formados que no sólo puedan preparar excelentes bebidas sino, especialmente, comentar la procedencia de la especialidad y sus atributos. Esa mayor información naturalmente contribuirá a que el consumidor, de a poco, descubra matices, compare y siga explorando”.

Efectivamente, la oferta se diversificó en los últimos años, en parte, por la apertura de bares que invitan a degustar un café elaborado con granos cuidados desde la planta hasta la infusión en la taza; pero también esa opción se volvió atractiva para un público joven que, tras ser conquistado por la cadena con el logo de la sirenita, sofisticó su paladar y demostró madurez para dar el siguiente paso en el consumo.

“Aunque su fuerte es la venta de bebidas en base a café, la presencia de esa franquicia ayudó a que se hable más de esta infusión en un país en el cual compite por una porción de mercado con el mate. Actualmente, por año, se consumen 6 kilos y medio de yerba per cápita mientras que, de café, casi un kilo”, apunta Lucioni. Y precisa que “el hábito local tiene sus particularidades, si se compara con otros países. A nivel mundial, el consumo se divide, a grandes rasgos entre los que optan por la taza pequeña –italianos, franceses, austríacos– y los que prefieren la grande, como estadounidenses y nórdicos. Aquí, no hay encuadre posible: en el hogar, para el desayuno, se prefiere la taza; y en el bar, el pocillo. Además, por ejemplo, el italiano toma café solo y el argentino, cortado, lágrima, mitad y mitad. Desde lo cultural, también hay diferencias: en Buenos Aires implica sentarse, compartir un tiempo, una conversación; mientras que en los Estados Unidos se compra para llevar y en Italia se hace una breve pausa para el espresso”.

Los expertos sostienen que la tradicional variante porteña tiene, en general, defectos organolépticos: porque se compra una materia prima que no es muy buena, porque se la maltrata en el tueste y, para colmo, también al momento de hacer la infusión. En cambio, quien se anime a explorar la nueva generación de cafeterías, descubrirá no sólo un sabor muy distinto al acostumbrado sino, además, que puede disfrutar la experiencia en sí misma sin necesidad de leche, azúcar ni vasito de agua del final. A continuación, una selección de cinco reductos donde iniciarse en el sibaritismo cafetero.


Lattente / Palermo

“¡Olvidate del jugo de paraguas!”, es el lema de Lattente. Turistas y habitués se dan cita en este pequeño espresso bar, relajado e informal –donde el reggae es la banda de sonido– en el corazón de Palermo, a pocas cuadras de la Plaza Cortázar. Tanta pasión por la infusión tuvo premio: tres de sus baristas fueron ganadores del concurso Exigí Buen Café entre 2013 y 2015, entre ellos su propietaria, Zehan Nurhadzar. Estos profesionales dominan el arte de preparar la infusión: saben qué tipo de molienda utilizar según el método de elaboración, cómo funcionan las distintas máquinas, los tiempos de preparación y temperatura de la bebida, la óptima limpieza de los utensilios. Sirven café de Colombia: dos variedades 100 por ciento de origen y dos blends. También hay 9 opciones en base a espresso, más las que se preparan en las icónicas cafeteras Hario V60 o Aeropress. Para sentarse a beberlo están las mesas bajas en la calle o las mesas altas y comunitarias en el interior.

Bonus track: En el distrito hay otras cuevas cafeteras, como Full City Coffee House y Lab, donde se tuesta el café que sirven en Lattente.


¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas