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Lanata: "Hay dos encuestadoras que me miden arriba de Cristina"

Está en su pico de popularidad, pero aclara que no quiere hacer política. Su programa de TV superó este año los 30 puntos de rating y enfurece al kirchnerismo. Cree que la presidenta va a ir por la re-reelección y que el modelo se encamina hacia una democracia autoritaria. 

Por Maximiliano Poter 25 de Julio 2013




Cuando ataca o se defiende; cuando en su verborragia quiere dejar en claro sus argumentos, destacar ideas y remarcar opiniones; o cuando revela sus pensamientos íntimos, Jorge Lanata remata con una muletilla que puede pasar desapercibida, pero es uno de los elementos que más lo definen: “¿Me entendés?”. Más que su enorme figura. Incluso más que su tradicional pose, frente a cámara, de periodista severo / galán conflictuado, cual Humphrey Bogart del cuarto poder. Y aun más que los lentes y sacos estridentes que usa para su actual rol de showman político o periodista opositor –según de qué lado se mire la tevé en la Argentina de hoy–. Su tag line revela un temor, un deseo y una duda existencial.

“Me preocupa que lo que haga no se entienda. Siempre pregunto después de escribir algo si se entiende. Hay periodistas que hacen de lo críptico un valor y, para mí, eso es un fracaso. Yo creo que tenemos la obligación de ser populares. Ojalá yo llegara a más gente. Ojalá hiciese 60 puntos de rating y no 30”, ambiciona, mientras enciende su ¿cuarto?, ¿quinto? cigarrillo en 50 minutos, en el estudio de su casa donde tiene las paredes forradas de diplomas, premios, distinciones y cuadros con las tapas de las revistas que lo pusieron en su portada.

Muchos interpretan su preocupación por el rating desde su supuesta egomanía, pero él responde: “No, no tiene que ver con eso. ¿Cómo no voy a querer llegar a más gente si creo en lo que hago? Y que se entienda lo que digo es importante, porque tengo que hacer que gente muy distinta me lea. En la televisión más, porque es muy popular: necesito que me vea la señora de 80 años y el chico de 14. Ese es mi desafío profesional”. 

Bien arriba. Así empezó su ciclo en 2013 Jorge Lanata, con el informe que relacionó a Leonardo Fariña y Federico Elaskar con el empresario Lázaro Báez.

En su cruzada hacia la comprensión masiva, está en su mejor momento. Todos los domingos a la noche, por Canal Trece, es capaz de reunir a 5 millones de argentinos desde Periodismo para todos, el show de periodismo y entretenimiento político que mezcla stand up, imitaciones y sketches donde se disfraza, juega al capocómico y, al mismo tiempo, realiza investigaciones y denuncias que dan que hablar durante toda la semana. Es el programa más visto de la televisión vernácula.

Con Lanata, el Grupo Clarín logró reinstalar un debate, que parecía olvidado, sobre la corrupción en la Argentina. A tal punto se ha transformado en una molestia para el Gobierno, que desde la Casa Rosada ordenaron atrasar el horario del último encuentro de fútbol para que su televisación intente (en vano) restarle espectadores.

Con Clarín, Lanata está atravesado su mayor éxito, aunque desde el oficialismo lo acusen de traicionarse por trabajar en el multimedio que alguna vez él mismo definió como monopólico. “Yo era yo antes y lo seré después de Clarín, que es sólo un trabajo. Clarín fue kirchnerista durante toda la primera etapa del gobierno de Néstor. En realidad, Clarín fue siempre clarinista, tampoco se puede decir que fue kirchnerista, porque Clarín es poder en sí mismo. Si mañana el Gobierno cambia y Clarín se hace del partido, qué se yo, verde, y yo por algún motivo estoy en contra, me iré. Yo trabajo donde sea mientras pueda hacer lo que tenga ganas. Hoy, el Gobierno nos terminó uniendo”, se defiende.

¿Está en el mejor momento de su vida?
En términos de popularidad, sí. Es increíble la repercusión. Llegamos a hacer 34 puntos de rating, un delirio. Físicamente, estuve mal hasta hace un tiempo. Ahora bajé como 30 kilos, lo cual me mejoró los parámetros químicos, y salí de diálisis. Y con la gente estoy bien. Que la calle sea amable y exprese estar con uno es, para mí, súper importante.

¿Qué le dicen?
De 100 tipos, 98 me gritan ‘genio’ y dos me putean. Y, en general, el que putea después dice ‘aguante Cristina’. Así que es un insulto político, no es contra mí. Que digan lo que quieran.

Lanata3_crop_1374775638621.jpgEmprendedor. Fundó dos diarios: Página/12 y Crítica. Para el primero, críticas; el segundo dejó de existir.

Teniendo en cuenta esa popularidad, ¿se presentaría como candidato político?
No, no. Ni en pedo. Es algo que le encantaría al Gobierno, pero no le voy a dar el gusto. Hoy hay dos encuestadoras que me miden arriba de Cristina. Pero no quiero hacer política, no es mi rol. Yo no sirvo para eso. No me interesa.

¿Ni siquiera si el escenario indica un nuevo triunfo del kirchnerismo?
Bueno, la gente votará al kirchnerismo, ganarán y yo me quedaré acá haciendo periodismo. No me importa nada.

¿Cómo ve el escenario para las elecciones de 2015?
Hoy el Gobierno está muy preocupado con saber si alcanza, o no, el 35 por ciento. Creo que se les va a complicar porque, en 2009, estábamos mejor que ahora y con Néstor Kirchner como candidato llegaron al 31%. No sería raro que ahora bajen de eso y no creo que sigan teniendo el control de las Cámaras.

¿Cree que la intención de reflotar la posibilidad de una re-reelección está en la agenda del Gobierno?
Sí, a pesar de que Cristina lo niegue, porque ellos creen que están haciendo la revolución. Este es un gobierno que habla para la izquierda y ejerce para la derecha. De hecho, la plata en la Argentina sigue estando en las manos de los mismos de la época de Carlos Menem, más dos millonarios del Sur. No hubo un cambio en la estructura económica. Sí hubo paliativos, como la Asignación Universal por Hijo, pero no más que eso. Y una revolución tiene que seguir, no van a rifarla en una elección. Ellos tienen que generar las garantías para que Cristina siga en el poder porque no tiene relevo. Si se va, el kirchnerismo desaparece. Lo lógico sería que intente modificar la Constitución. Si los votos no le dan, puede hacer una Constitución por encima de la actual, como en Venezuela. Decir que la presente es neoliberal, que no expresa los nuevos procesos de América latina y bla, bla, bla, y hacer otra arriba que le garantice la re-reelección. Perdería si hace esto, pero no le queda otra porque es el camino en el que está.

¿Y si eso no sucede?
Creo que ganaría el peronismo de derecha. El monopolio del discurso electoral pseudoprogre lo tiene el kirchnerismo. Entonces va a ser difícil ganarle por ese lado. Lo lógico sería que pegara el discurso más conciliador y moderado; que trate de mantener las supuestas conquistas del peronismo. Sería bastante probable que ganara (Daniel) Scioli o (Sergio) Massa o algo así.

 

Mano a mano. Miriam Quiroga, ex secretaria de Néstor Kirchner, habló en PPT sobre los bolsos de dinero. 

¿Y cómo analiza a la oposición?
Me parece que la oposición no entiende que la discusión hoy no tiene que ver con la política; tiene que ver con la República. Creo que hay democracias de distinto tipo. Guillermo O’Donnell hablaba de ‘democracias de baja intensidad’ para referirse a democracias no tan democráticas. Yo hablaría de democracias militares, como la de Venezuela, con una gran impronta y poder del Ejército; y de democracias autoritarias, modelos que no respetan a las minorías ni a la división de poderes. Me parece que ese es el esquema hacia el que este gobierno va.

Profesión, dinero y obsesión
El primer hecho que construye el mito de Lanata como ese ‘animal periodístico’ con el que muchos lo identifican, es una ya famosa anécdota infantil. Cuando tenía 11 años, su maestra de primaria encargó al curso una biografía del escritor Conrado Nalé Roxlo y él no tuvo mejor idea que llamarlo por teléfono y hacerle una entrevista. El gordito tímido y aplicado, usual víctima de bromas pesadas, se ganó así el respeto de sus compañeros.

Desde los 14 años, cuando consiguió su primer trabajo en los medios, construyó una inigualable carrera en gráfica, radio y televisión que también se extendió, con mayor o menor éxito, a la literatura, el cine, el videoclip y hasta el teatro. Pero su mayor mérito será haber fundado y dirigido dos diarios de alcance nacional: Página/12, en 1987, con sólo 26 años, y Crítica de la Argentina, en 2008.

“Página/12 demostró que la renovación de la forma en la comunicación era infinita y no afectaba al contenido. O sea, que podías hacerle un chiste al lector, reírte con él, hacer que completara un sobreentendido, titular con una película y, en el medio de eso, voltear ministros”, recuerda.

Desde sus hojas, una nueva generación vio en él un ícono que inspiraba que ese oficio podía ser inclemente, divertido y, también, épico. Que un nerd víctima del bullying, de infancia triste, con una madre enferma y un padre casi ausentes, podía ser un tipo cool y sex symbol que amenazara a los poderosos detrás de una Olivetti Lexicon 80.

La historia de Crítica de la Argentina es más trágica. Lanata lo presentó como “el último diario de papel”, en una era en que los medios digitales ya se fagocitaban a los impresos, y reclutó bajo el branding de su apellido (que aparecía junto al logo del diario, como un aval de marca) a muchas de las mejores plumas locales. La aventura duró dos años y desapareció entre deudas, desilusiones y traiciones que lo enemistaron con gran parte del gremio.

Este año Crítica cumpliría su quinto aniversario. ¿Lo pensó?
No, no me quedo nunca colgado con el pasado.

Lanata1En acción. Todos los domingos, Lanata hace PPT. En los últimos tiempos, tuvo que competir con los partidos de Fútbol para Todos.

¿Qué fue lo que pasó?
En la primera semana, Artemio López me dijo: ‘Acabo de estar con Néstor (Kirchner) en Puerto Madero y me dijo que te va a fundir’. Después, (Julio) De Vido llamó a los anunciantes para que nos levantaran la publicidad. (Alfredo) Coto tenía una campaña anual firmada y me llamó para darme la plata, aunque no publicáramos los avisos. Le dije: “No, esto no es una extorsión. Métase la plata en el orto”. No era sólo un problema de recaudar, sino de mostrar que el diario tenía avisos y eso contagiara, ¿me entendés? Y, en efecto, Néstor nos fundió. El diario perdió u$s 6 millones. Yo u$s 600 mil, porque no tenía más. A medida que el diario iba perdiendo, Mata y Figueiras (N. de la R: Antonio y Marcelo, respectivamente, sus socios empresarios) hacían el aporte de capital y mi parte se fue reduciendo hasta que me quedé sólo con el 5 %. Y con eso se me cagaban de risa, no me traían ni café, ¿me entendés? Entonces, dije que no podía seguir y, un año antes del cierre del diario, me fui, puteándome con el administrador, un tipo puesto por Mata.

Tiene fama de no ser juicioso con el dinero...
Es verdad. Porque me dejé de preocupar por la plata cuando aprendí cómo ganarla.

¿Y cómo se gana?
Armando diarios, revistas, programas de radio y televisión. Tratando de que sean buenos y laburando mucho. Así.

Hay quienes han dicho que, en la administración de esos medios, por cada $ 100 que ingresaban, usted gastaba $ 200...
No, no, porque no hubieran sobrevivido. De hecho, hubo momentos en los que yo ganaba menos que la gente que tenía. Durante todo el primer año de Página/12, como Director gané menos que Verbitsky. Quien, en aquel momento, pidió cobrar u$s 1.000 y yo ganaba unos u$s 400 o u$s 500.

¿Ser más responsable con el dinero no le permitiría estar hoy en otra situación de poder, como tener su propio medio y no trabajar para un grupo empresario?
Pero yo no hago los medios para tener poder. Igual, nunca hubiese juntado tanto. Hoy, sólo tengo esta casa. He perdido varias con otros proyectos y comprobé que no te cambia la vida. A lo sumo, esperás unos años y te comprás otra. Te cambia la vida hacer un buen libro o un buen programa. Lo otro es plata, nada más. Digo esto desde la clase media y habiendo comido cuando era chico. Si hubiera tenido problemas económicos realmente graves, no podría decirlo. No vivo para la guita y la tengo para lo que es: para usarla. Viajo. A veces gasto en boludeces...

Fito Páez se compró un Rembrandt…
Sí, salió u$s 45 mil el Rembrandt de Fito. Yo no tengo u$s 45 mil para un cuadro.

No, pero quizás sí u$s 2 mil para otra cosa…
Sí, en relojes he gastado dos, tres, cinco lucas. ¿Querés saber lo más caro que tengo? Debe ser este departamento, que lo tengo porque vendí una casa que tenía en Punta del Este.

Y si tuviese mucha, pero mucha plata, ¿qué haría?
Estaría buenísimo tener un avión, porque te da mucha libertad. Podrías decir ‘vamos a Nueva Delhi’ e irte.

¿No compraría Página/12?
No, no (se ríe). Página cerró hace muchos años, cuando se transformó en un boletín oficial. Página nunca podría estar con el poder, porque su esencia es la de un diario libre. Lo que está ahora es una mueca de lo que fue. Es Pravda (N. de la R: así se llamaba un periódico de la antigua Unión Soviética, publicación oficial del Partido Comunista). Es ridículo, es demasiado kirchnerista.

¿Por qué colecciona relojes?
Tengo un quilombo con el tiempo. Es una interpretación de psicología de café, pero mi madre tuvo un tumor cerebral. Vivió 40 años con la mitad del cuerpo paralizado y una lesión en el centro del habla. No podía formar palabras. Podía decir sí o no, y te entendía cuando le hablabas, pero no podía hablar ella. Esto le pasó cuando tenía 40 y tantos años. Y yo, durante mucho tiempo, pensé que me iba a pasar lo mismo a la misma edad. Por eso creo que me apuré tanto en todo.

Si pudiese retroceder el tiempo, ¿cambiaría algo?
Nadie puede estar orgulloso de sus errores, pero son constitutivos, porque aun las cagadas me hicieron lo que soy. ¿Me hubiera gustado tener una mamá? Claro, pero hubiera sido otro. No, no cambiaría nada. Tampoco los malos momentos. Todo fue necesario para ser lo que soy. ¿Me entendés?

Íntimo
Jorge Lanata está casado con Sara Stewart Brown, a quien conoció como una fan que iba a presenciar sus programas de TV a fines de los ‘90 y que no sólo es su compañera desde hace 15 años, sino también la madre de su segunda hija, Lola, de 8. Su primogénita, Bárbara, de 23, es fruto de su primer matrimonio, con Andrea Rodríguez, quien trabaja como productora de Periodismo para todos. Además, estuvo fugazmente casado con la periodista Silvina Chediek. Quienes conocen a fondo su vida saben que tuvo tres matrimonios, pero muchas mujeres.

¿Por qué cree que tantas se enamoraron de usted?
Porque hablo. Si fuera mudo, sería virgen.

Pero tiene algunas armas más de seducción...
No sé. Habrá ayudado que trabajo en los medios.

¿Qué tuvo Sara que otras no tuvieron?
Me siento muy cerca de Sara desde que empezó nuestra relación. Y fue la primera vez que sentí ganas de llegar a casa. Antes tenía más ganas de perseguir y con Sara quise quedarme. Hay algunas relaciones que establecés en la vida que son más permanentes y Sara es eso. 



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