La mujer detrás de Change.org, el sitio más popular para hacer reclamos a políticos y multinacionales
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La mujer detrás de Change.org, el sitio más popular para hacer reclamos a políticos y multinacionales

Susana Fernández Garrido, directora para América latina de la famosa plataforma, revela por qué la publicidad no sirve sólo para vender pasta de dientes y habla sobre el impacto de los argentinos en la red social de peticiones que ya suma más de 100 millones de usuarios a nivel global.

Por Carolina Potocar 25 de Febrero 2016

A María Victoria Rodríguez, viuda y madre de tres hijos, el gobierno de la provincia de Buenos Aires le debía cinco años de pensión de su difunto marido; mientras tanto, la modelo XL Brenda Mato se sentía agredida cada vez que entraba a Facebook y se topaba con la frase “Me siento gorda” como opción predeterminada para actualizar su estado. Aunque recibir la respuesta del ex gobernador Daniel Scioli y de la firma liderada por Mark Zuckerberg fue una sorpresa para ambas argentinas, la directora para América latina de Change.org, Susana Fernández Garrido, está convencida de que hoy ese grado de alcance ya está en manos de las más de 100 millones de personas que usan la plataforma de peticiones a nivel global.

De visita por el país, la ejecutiva española que dirige las oficinas de Change en México, Brasil y Argentina habló con Apertura.com sobre la importancia que tiene el sitio en la actualidad, qué aporta su rol como publicista en el ámbito de la lucha por causas sociales y el éxito que tienen los reclamos originados en el país, “uno de los que cuenta con la mayor proporción de victorias sobre peticiones en Change.org a nivel mundial”.

¿Cómo evolucionó el impacto que Change.org genera desde su creación en 2007 al día a hoy?

Te doy un ejemplo: la Casa Blanca determinó que si una petición de Change.org llega a las 25 mil firmas debe ser tratada directamente por el presidente. Hay otro proyecto que se llama Ciudades que responden del que ya participan Nueva York y Londres, entre otras ciudades, y por el cual se está trabajando para que sea implementado en la región. A través de él, las legislaturas o parlamentos de cada ciudad se comprometen a tratar una petición cuando se consigue un determinado número de firmas. Y este tipo de respuestas crecen a diario.

¿Cómo funciona en la Argentina el concepto de Change? ¿Su uso es mayor o menor que en otros países?

Desde que desembarcamos en 2012 la adopción y el crecimiento de la plataforma tuvieron prácticamente el mismo desarrollo que en Europa. Hoy, Argentina tiene más de 3 millones de usuarios, ya suma casi 600 victorias conseguidas y es uno de los países con la mayor proporción de victorias sobre peticiones. Si a nivel global, un tercio de las personas que utiliza Change consigue una victoria alguna vez en su vida, a nivel local ese porcentaje asciende al 65 por ciento. En el caso de Argentina, mi principal temor era, en un principio, lo que escuchaba hablar sobre "un mundo polarizado en el que la gente no se escucha", y entonces muchos decían que no se iba a poder conseguir nada aquí. Yo decía “bueno, mientras que a los poderes públicos y privados les importe lo que piense la gente, nosotros tenemos campo de trabajo”. Porque en el fondo Change es eso, es la presión de la ciudadanía sobre temas en los que es muy difícil limitar la legitimidad de una persona cuando habla, por ejemplo, desde su rol de madre. Teníamos debates muy interesantes sobre cómo la población argentina iba a afectar el funcionamiento del sitio y realmente no pasó.

¿Qué tipo de peticiones caracterizan a los usuarios argentinos?

Si Change tuviera una nube de tags, salud y animales serían las palabras que aparecerían en grande, pero hay de todo. Sabés que funciona bien cuando leés el diario y ves peticiones en la plataforma que tienen que ver con lo que pasa en el día a día, y eso hoy sucede. Lo que ocurre en Argentina es que la gente entiende que la salud, por poner un ejemplo, es un derecho universal, y que el sistema, que existe y debería funcionar bien, está lleno de agujeros. Entonces eso fomenta que la gente tenga clara su capacidad y derecho de reclamo. Pero eso no sucede en todos los países. Tiene que ver con una consciencia de los derechos propios.

En lo personal, ¿cómo explicás que una publicista lidere una organización netamente social?

Mi madre todavía me sigue preguntando ‘¿Cuándo te vas a dedicar a lo tuyo?’. Lo que muchos no entienden es que puedes organizar campañas para vender más pastas de dientes o hacerlo para cumplir el objetivo de una organización social. Durante la universidad fui voluntaria por seis años en una cárcel de hombres y trabajé otros seis años más en Amnistía Internacional, donde en 2002, casi la prehistoria de Internet, iniciamos una campaña para salvar a una mujer condenada a ser lapidada en Nigeria y reunimos 12 millones de firmas. Es raro encontrar a gente dentro de las organizaciones que venga del mundo de la publicidad, pero es absolutamente necesario. Cuando me tocó trabajar en mi primera campaña contra la tortura yo les decía a mis compañeras investigadoras que ‘con comisiones de las Naciones Unidas no puedes movilizar a nadie, eso es política, la gente necesita entender por qué tiene que actuar’. Entonces ahí lo que necesitás es gente. Tenés que mostrar la cara de quién está sufriendo para hacerle entender a tu público cuál es la consecuencia de que eso ocurra, cuál es la solución y a quién pedirle una respuesta. Ahí es cuando estás convenciendo a la gente para que te apoye. Por eso, Change para mí significó poner a disposición de todos el conocimiento y la tecnología para realizar campañas exitosas. Ese es el valor que da Change; es una caja de herramientas para convertirte en campaigner.

¿Cómo se tratan las peticiones de tinte más agresivo?

Change se basa en la libertad de expresión, en realidad funciona como una red social. Hemos ido desarrollando sus límites en base a la experiencia. Lo que es básico y esencial, como que una petición no incite al odio o la difamación, está vigente. Cualquier persona puede denunciar una petición. Pero son muy pocas las que necesitan de intervención. Hace poco una persona creó una petición para que el Papa sea declarado como persona no grata por haberle enviado un rosario a Milagro Sala, y es legítimo pedir eso. A unos les gusta, a otros no, como la reedición del libro “Mi lucha” de Hitler. Pero hacemos una distinción entre ese tipo de peticiones y las que afectan directamente a una persona, e intervenimos sólo en las segundas.



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