Kim Dotcom: “No soy un pirata”
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Kim Dotcom: “No soy un pirata”

En plena batalla legal con Estados Unidos, donde quieren penarlo con 50 años de cárcel, el fundador del sitio megaupload, sigue refugiado en Nueva Zelanda. En un lunch con ensalada y tostados en su mansión alquilada de u$s 24 millones, dice que sus días locos quedaron atrás.

Por David Pilling 12 de Junio 2013




Kim Jong-eum no es el único villano de dibujos animados lanzando lobby verbal como granadas de mano a los Estados Unidos desde el santuario de su reino ermitaño. Kim Dotcom, el emprendedor de Internet acusado por el Departamento de Justicia estadounidense (DoJ, por sus siglas en inglés) de apoyar la piratería online masiva, encaja bastante bien en la misma descripción. Excepto que su reino ermitaño es la tierra de Mordor (N. de E.: En alusión a la saga de El señor de los anillos), también conocido como Nueva Zelanda. Y, a diferencia del líder norcoreano, Dotcom está, ante los ojos de muchos, más cerca de ser un héroe que un villano.

Arreglé un almuerzo con el hombre descripto como ‘rey de los hackers’ y ‘payaso gángster’ en su mansión alquilada de u$s 24 millones en una finca de 60 hectáreas en las afueras de Auckland. Es donde este alemán de 39 años, fundador del ahora difunto Megaupload, un servicio para compartir archivos online, se ha refugiado desde su liberación bajo fianza el año pasado.

Dotcom está peleando contra su extradición a los Estados Unidos donde, junto con 6 socios, es buscado por haber facturado más de u$s 175 millones en supuestas maniobras ilegales mediante lo que el FBI describe como una gran operación de piratería online. Acusado de violación de copyright, asociación ilícita y lavado de dinero, se enfrenta a una pena de hasta 50 años de cárcel.

En su punto cúlmine, Megaupload representaba hasta el 4 por ciento de todo el tráfico de Internet, con 50 millones de usuarios por día. La mayoría, según los fiscales, descargaba, de forma ilegal, películas, música y juegos. Los abogados de Dotcom insisten en que un proveedor de servicios no puede ser acusado por las actividades ilícitas de terceras partes.

Mano a mano. En una entrevista televisiva, Dotcom explicó por qué cree que podrá ganar esta pelea.

El caso está al frente y en el centro de una furiosa controversia sobre dónde trazar la línea entre la libertad de Internet y la protección de los derechos de propiedad intelectual. Los proveedores online, como YouTube, están protegidos por la legislación conocida como safe harbour, que significa que no se los puede considerar responsables por el material que infringe las leyes de copyright mientras no sepan que está ahí y actúen rápidamente para removerlo cuando se les informe lo contrario. Los legisladores estadounidenses trataron de cerrar esa laguna jurídica con la Stop Online Piracy Act, pero retrocedieron por la furiosa oposición pública.

Kim Dotcom fue acusado la misma semana que murió el proyecto Sopa. De este modo, se convirtió en la más reciente personalidad envuelta en el debate sobre la libertad de Internet, junto con Aaron Swartz, un programador de computación y activista que se suicidó este año, y Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, quien también enfrenta un pedido
de extradición.

Entonces, en este prístino día de abril, me encuentro manejando rumbo al norte de Auckland a través de un bosque templado de helechos y palmeras. 30 minutos después estaciono en una pintoresca garita de piedra con el cartel ‘Mansión Dotcom’. Aparece un guardián, vestido de negro. Hace una llamada y aprieta un botón. Las rejas se abren lentamente. El auto sigue por un camino empedrado hasta frenar abruptamente en un terreno inclinado decorado con letras de 2,4 metros que forman la palabra Mega, la nueva empresa de Dotcom (las actitividades de Megaupload fueron congeladas en enero de 2012 y sus bienes, valuados en alrededor de u$s 50 millones, embargados).

Un segundo guardián, también vestido de negro, me recibe cálidamente en la mansión y me lleva al interior. Las paredes son blancas, pero gran parte de los muebles son negros, igual que las cortinas y una araña de estilo gótico. Hay una mesa de póquer y una pecera de casi 5 metros de largo. Hay cuero y cromo en todos lados. Incluso los jugadores del metegol de pub son de cromo.

Dotcom entra dando zancadas, un imponente hombre de 2 metros de altura y cerca de 165 kilos. Él también está en total black: chaleco negro suelto, camisa negra, pantalones negros holgados y Crocs negras. “Me gustan las cosas simples, así que tengo 100 de estos chalecos de cachemira, 100 pares de estos pantalones y 100 camisas”, explica con su leve acento alemán. “Es un buen color y no me veo muy grande”, agrega, señalando su complexión gigante. Su voz es suave, incluso gentil.
Cuando está entretenido, emite una risa explosiva.

Caminando a su lado, minúsculos en comparación, están dos de sus cinco hijos, el mayor de los cuales tiene 6 años. Su mujer, Mona, una exmodelo de Filipinas a quien conoció en una discoteca de Manila en 2007, me recibe con una sonrisa radiante. Todos caminamos al patio, donde está armada una gran mesa, con las servilletas dobladas con precisión. Casi inevitablemente, son negras.

Los chicos corren a jugar en algún lugar de la vasta propiedad. Le pregunto a Dotcom sobre el controvertido allanamiento policial en su propiedad en enero del año pasado. A las 6:47 comenzó la operación militar, cuando el primero de dos helicópteros aterrizaron en su jardín. Más de 70 policías armados, incluyendo miembros del cuerpo de élite antiterrorista Armed Offenders Squad, llevaron a cabo un asalto monitoreado por el FBI vía video. Pese a todo, durante más de 10 minutos no pudieron ubicar al hombre que habían ido a apresar. Dotcom se había escondido en un ático secreto, oculto tras un armario.

En junio, un juez de la Corte Suprema de Nueva Zelanda dictaminó que las órdenes judiciales del allanamiento eran ilegales, y en diciembre se descubrió que la agencia de espías de Nueva Zelanda había instalado micrófonos para escuchar ilegalmente a Dotcom. “Usaron el mismo número de helicópteros y algunas personas menos en el operativo contra Osama bin Laden”, resopla. “Todo fue un gran show para presentarme como una mente criminal maestra”.

De película. El operativo policial en el que fue detenido Dotcom se asemejó a una escena de acción. 

Llega una mucama y pone un vaso de leche delante de Dotcom. Sirve dos pequeñas botellas plásticas de Samoa Water. Dotcom dice que su estilo de vida lo convirtió en un blanco fácil para las autoridades estadounidenses. Internet está llena de imágenes suyas con armas, autos rápidos y mujeres semidesnudas. Entre lo incautado por la policía durante el allanamiento hay 15 Mercedes, varias motos, un Rolls-Royce Phantom Drophead Coupé y un Cadillac rosa de 1959. “Soy un personaje al que es fácil vender como villano”, dice. “Por mi extravagancia”.

Mona y la mucama reaparecen con nuestro primer plato. “Lo hice yo”, se sonroja Mona, indicando una ensalada de lechuga y zanahoria con finas tiras de carne marinada. Pregunto si es típico de Filipinas. “No. Lo busqué en Google recién”, responde.

Criado en Kiel, al norte de Alemania, Dotcom –bautizado como Kim Schmitz– descubrió los videojuegos a los 11 años y el hackeo al poco tiempo (cambió su nombre a Dotcom en 2005). Su madre finesa había dejado a su marido alcohólico y violento cuando Kim tenía 6 años. “Mi mamá tenía tres trabajos. Limpiaba y cocinaba sólo para tener comida en la mesa y pagar el alquiler”, dice. Le pregunto después si su padre todavía está vivo. “No me importa”, responde.

De adolescente, se volvió adepto a vulnerar los firewalls de organizaciones como Citibank, la Nasa y el Pentágono. “En ese entonces no había seguridad. Era como un palacio con las puertas sin llave”, dice, con los ojos nublados. “Uno podía entrar ahí, mirar en los armarios, dormir en la cama de la reina”.

Armó una estafa para derivar llamadas falsas a una línea de conversación de pago por minuto, y llevaba ganados 75 mil marcos alemanes cuando la policía alemana lo atrapó, en 1994. Le dieron una sentencia en suspenso. En 2002 fue arrestado de nuevo, esta vez por el uso ilícito de información privilegiada, un crimen que era nuevo para los estatutos germanos. Había intentado evitar la acusación volando a Tailandia, pero cuando las autoridades locales, trabajando en conjunto con Alemania, lo metieron en la cárcel, optó por volver a casa y llegar a un acuerdo con la parte acusadora. Le dieron una sentencia de 20 meses en suspenso, pero ahora dice que su capitulación fue un terrible error, porque les permitió a sus enemigos ponerle el mote de criminal de carrera.

“Nunca subí ni compartí una película en mi vida”, dice. “Siempre compré todo mi contenido. Gasté más de u$s 20 mil en los últimos años en iTunes. No soy un pirata”. No es así como lo ve el DoJ, o el “Departamento de Payasos”, como se refiere Dotcom a ellos en Twitter. Entre toneladas de evidencia, se citan e-mails mostrando lo que se argumenta es complicidad intencionada para la violación de copyright, incluyendo uno del Chief Technical Officer de Megaupload: “No somos piratas, sólo les estamos proveyendo de servicio de envíos a los piratas :)”. Dotcom dice que al DoJ le falta sentido del humor.

Es todo parte, dice, de una batalla pagada por Hollywood contra Silicon Valley. De repente se frena. “¿Eso es una gallina en mi casa?”. Exactamente: una gran ave blanca está pasando por el living, hacia nosotros. “Es la primera vez. Podés mencionar que la gallina apareció justo cuando empezamos a hablar de Chris Dodd”, refiriéndose al CEO de Motion Picture Association of America, el grupo de lobby de Hollywood que Dotcom considera una de las fuerzas detrás de su persecución.

Con la interrupción terminada, le pregunto cómo se supone que las empresas ganen dinero si no pueden cobrar por el contenido. ¿No es robo la violación de copyright? “No, no es robo”, dice suavemente, como si todas las personas razonables pudieran coincidir en ese punto básico. “La sociedad tiene el deseo de intercambiar información y compartir lo que les gusta”.

¿Pero cómo van a sobrevivir los proveedores de contenido? “Coincido con vos: especialmente en el ámbito editorial, Internet es un desafío. Pero esto es algo bastante nuevo. Por supuesto que los modelos de monetización en algún momento tendrán que evolucionar. Habrá soluciones”.

Dotcom todavía está picoteando su ensalada, que encuentro agria y deliciosa. La mucama regresa con sándwiches tostados, servidos con papas fritas crujientes y de llamativa tonalidad naranja. Es algo bastante modesto para un entorno tan opulento. Recuerdo, sin embargo, que Dotcom, con sus bienes congelados, tuvo que recortar su staff de 50 a 8.

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Como en casa. En su mansión alquilada por US$ 24 millones, Dotcom habla sobre la posibilidad de ser encarcelado. 

En otra victoria legal, una corte de Nueva Zelanda, en agosto, dictaminó que podía tener acceso a u$s 4,8 millones de sus fondos, pero que el dinero no se podría usar para contratar abogados fuera de Nueva Zelanda. En un momento, dice Dotcom, le dijo al DoJ que voluntariamente se enfrentaría a los cargos en los Estados Unidos si le garantizaban fianza y acceso a su dinero.

Es la necesidad de pelear por sus fondos, agrega, lo que lo llevó a lanzar su nueva empresa, Mega. Cuando se le otorgó la fianza, prometió no relanzar Megaupload. Insiste con que Mega, un sitio de almacenamiento en la nube que automáticamente encripta datos, es enteramente diferente. La encriptación no sólo provee privacidad a los más de 3 millones de usuarios de Mega, sino que es potencialmente un argumento de defensa más fuerte frente a acusaciones. ¿Cómo puede ser responsable Dotcom por contenidos que ni siquiera puede leer?

En la fiesta de lanzamiento de Mega en enero, realizada en los jardines de la propiedad, repleta de ‘guardias de seguridad’ en minifalda y donde se escenificó un allanamiento policial, Dotcom habló con aparente pasión sobre la privacidad. Los humanos tienen una necesidad básica de “refugiarse”, de esconder cosas de la comunidad, incluso de la familia. “En términos simples: no andamos corriendo por ahí desnudos”, me dice. “Cerramos la puerta cuando vamos al baño. Eso es privacidad. Hay ciertas cosas que uno quiere guardarse para sí”.

Está posicionando a Mega como un bastión contra la intrusión estatal. “Mi ambición, mi misión, es encriptar la mitad de Internet. Voy a lanzar un servicio de e-mail que estará totalmente encriptado, y un servicio de Skype encriptado”. ¿Eso no hará más fácil que terroristas y pedófilos hagan de las suyas? “Esas personas ya encriptan todo igual”, dice.

“El gobierno espera que cada individuo esté abierto. Pero cuando se trata de sus propios secretos, arrestan a personas y las acusan, como a Julian Assange. Tengo que pelear con el enemigo épico, los Estados Unidos”, añade, como si se refiriera a un videojuego. “Desde el 11-S, los Estados Unidos se convirtieron en un gran peligro para la paz mundial. Pueden torturar personas, pueden tener cárceles secretas, pueden espiar a cualquiera”.

¿Realmente tengo que creer que tiene motivos políticos? ¿Su estilo de vida no sugiere intereses más frívolos? “Nunca me emborraché en mi vida. Y no soy un chico salvaje desde que conocí a Mona. La locura se fue. Ahora soy un hombre de familia, y es algo que amo completamente. Soy el tipo más aburrido del mundo”.

De sus años salvajes, dice: “Llevo a un gran niño dentro mío. La razón por la que tengo tantos autos es porque me gustan las patentes vanidosas. Tenía tres autos deportivos y uno de ellos tenía la patente Good (Bueno), otro And (y) y el último Evil (Malo). Salíamos a correr con ellos. Ves a los tres autos juntos –Good and Evil–, y es genial”.

Me doy cuenta que casi no tocó su sándwiche. Cambiamos al tópico de sus problemas de salud relacionados con el peso, incluyendo sus rodillas y un dolor de espalda crónico. “Tomo medicamentos para controlar la presión en sangre y el azúcar. Tengo hijos. Quiero estar alrededor de ellos y verlos crecer”. Perdió 20 kilos en el año que pasó desde su arresto, pero dice que todavía le queda mucho. “Soy una persona perezosa. No me gusta hacer ejercicio. Si hiciera más, creo que no tendría estos problemas”. ¿No podría, simplemente, caminar en este lugar divino? “Pero es tan aburrido. Capaz es divertido un par de veces”, dice despectivamente. “Prefiero sentarme en la sala de la Xbox y jugar o trabajar en mi computadora. Me aburro rápido. ¿Y caminar sin razón? Si quiero sentir el aire, me subo a mi carrito de golf”.

Da un par más de mordiscos y nos ponemos a hacer un tour en carrito de golf, manejando más allá de lagunas y fuentes, incluso de un viñedo. Es temprano en la tarde y las colinas tienen una luz gloriosa. Volvemos al tema del allanamiento. En la habitación en la que lo encontró la policía tenía una escopeta de caño recortado pero el arma, dice, estaba en una caja fuerte y registrada a nombre de su guardaespaldas. “No tengo ni un hueso violento en mi cuerpo. Estaban viniendo a la casa de este amable gigante con pistolas automáticas y perros de ataque”.

Con Mega en marcha y sus abogados confiados en que pueden vencer, tiene buen ánimo. “Volví a nacer. Soy fuerte y las perspectivas son realmente positivas”, dice, acercándose a un terraplén. “Mis abogados creen que al final de la ruta habrá daños significativos. No sólo contra el DoJ, sino contra la Motion Picture Association of America también”.

Dotcom ya puede saborear la venganza. Limpiará su nombre, demandará a sus enemigos y se reposicionará. Ya no será un bufón pirata sino un guerrero de la privacidad personal. También será rico de nuevo, libre de vivir la vida como quiera. Podría terminar siendo una fantasía, pero en su mente ya lo está viviendo. “Quizá falten kilómetros”, dice. “Pero esa es mi expectativa. Eso es lo que estoy esperando”.



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