Julio Bocca:
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Julio Bocca: "La política nunca me interesó porque soy artista”

A 6 años de su retiro, el mayor bailarín de la historia argentina vuelve al Teatro Colón. En una única función, mostrará su trabajo como director artístico del Ballet Nacional del Sodre, compañía uruguaya que dirige desde 2010, con récord de funciones, espectadores y recaudación. Su experiencia en la gestión pública. 

Por Andrea del Río 29 de Agosto 2013




“Hoy, justamente, retomo el psicólogo después de un par de años”. Me lo dice Julio Bocca. No se le escapa. No se lo sonsaco. Me lo dice. Así. Clarito. Sin dramatismo, divismo ni victimismo. Sabe que ya estamos en modo entrevista, si tengo una mano ocupada con dos grabadores y la otra aferrada al combo de anotador/lapicera/tarjeta personal/ejemplares de Clase Ejecutiva donde fueron personajes de portada sus amigos Lino Patalano y Eleonora Cassano (me doy cuenta que las apretujo como si fueran estampitas).

Con tal de aprovechar el encuentro pautado hace ya dos meses –que hace apenas un ratito pareció estar en peligro–, me acoplo a su andar. Huracanado. Atrás la oficina, la sala de ensayos, el vestuario. A través de pasillos gélidos y escaleras desangeladas. Abordo de un ascensor de servicio. Así llegamos hasta la terraza del montevideano Auditorio Nacional Adela Reta, sede del Ballet Nacional del Sodre (BNS/Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica) del que es director artístico desde 2010. 

Sopla el viento. Con esa enjundia típica del que se empeña en dejar huella hasta la próxima vez que lo llamen a escena, sopla el viento. Sopla desde el río, ahicito nomás. Bocca se aferra a su taza térmica, se prende el botón central de su chaqueta de cuero, le tira un manotazo a los cabellos que se agitan y agradece –sin dramatismo, divismo ni victimismo– resolver al mismo tiempo la entrevista y la sesión de fotos porque el día se le complicó. “Decí que hoy retomo terapia”. Me lo dice otra vez. Como quien fragua un mantra exprés que le permita sortear lo que queda del día...


Clases magistrales. Julio Bocca no solo baila, también enseña. 

Un día particularmente agitado en la agenda de Bocca, enfrascado en los ensayos generales y pruebas de vestuario finales de El lago de los cisnes, producción que a mediados de julio y 15 días antes de su estreno, cuando se realizó esta entrevista, ya batía récords históricos con 18 mil localidades vendidas para sus dos semanas en cartel. Al frenesí propio de esa instancia definitoria, y justo cuando Bocca abre la puerta de su despacho, donde lo espero, se suma lo inesperado: una comisión sindical lo intercepta e increpa allí, en medio del pasillo, frente a sus bailarines. ¿La razón? Su decisión de realizar el espectáculo enteramente con música grabada, desafectando de hecho a las orquestas Sinfónica y Juvenil en virtud de una serie de problemas burocráticos internos que anteceden –y quizás incluso trasciendan– a su gestión.

¿Justo hoy, justo ahora? Enseguida, la preocupación por qué talante tendrá Bocca cuando finalmente nos encontremos es reemplazado por la curiosidad de ver, en vivo y en directo, cómo sortea uno de los aspectos menos gratos de su rol de director de una compañía estatal de danza. Porque, a dos meses de asumir oficialmente su cargo, debió suspender una función debido a una huelga, trance tras el cual se ocupó de dejar en claro: “La próxima, hago la función como sea. Y si no, me retiro a mi casa muy tranquilamente”. Tuvo ocasión de demostrar que hablaba en serio en octubre de 2011, cuando se convocó el primer paro general de 24 horas contra el gobierno de José Pepe Mujica: no sólo se llevó a cabo la función programada de Giselle, sino que el presidente uruguayo fue el invitado de honor a la velada.

JULIO BOCCA - img DOSNobleza obliga, nueva prueba superada: Bocca escucha a los delegados aunque le griten al unísono, argumenta aunque le retruquen en simultáneo, mantiene el tono de voz aunque lo chicaneen altisonantes, ofrece una instancia posterior de intercambio aunque lo tienten con encender la mecha corta de zanjar la discusión con un “porque lo digo yo”. Claro que cuando finalmente entra a su oficina, luce traspuesto. El autocontrol se cobra cada centavo de su cotización en alza en los manuales de liderazgo. Evidente: hay cero chances de mantenerlo allí adentro, sentado, charlando. A jugar con las cartas que tenemos. “¿Le parece, Julio, que lo deje tomarse un tecito tranquilo y lo venga a buscar cuando esté armado el set para las fotos en la terraza?”. Ni me mira. Pero asiente. Allá, donde el viento sopla con enjundia, hace rato que está todo dispuesto. Pero arriesgo el comodín de la media hora que quizás le amaine el revire.

El compás de espera invita a repasar los méritos que ya le han ganado a Bocca un lugar en la historia cultural uruguaya equivalente al logrado en nuestro país... y en apenas tres años. El BNS, cuerpo creado en 1935, es una de las instituciones de la danza pioneras de la región. Con un pasado glorioso –que incluye el fichaje de las principales étoiles internacionales de la época, así como multitudinarias galas populares en el Parque Rodó–, la compañía entró, a partir de la década del ‘70, en un cono de sombras tras una serie de calamidades político-burocráticas pero también estructurales (un incendio la dejó prácticamente sin sede activa por casi 20 años). En 2009, el BNS volvió al centro de la agenda cultural montevideana cuando estrenó su sede de 25 mil metros cuadrados con capacidad para 2 mil personas, bautizado en honor a Adela Reta, penalista colorada especializada en minoridad que fue ministra de Educación de Julio María Sanguinetti.

Meses después de ese corte de cintas, el presidente Mujica aprobó la designación de Julio Bocca como director artístico del cuerpo de baile y manifestó: “Es apostar a un país de primera. Estoy muy contento, creo que es una incorporación muy importante que va a revitalizar, sin ninguna duda, la escena nacional”. No le erró al vaticinio. Con un ambicioso programa de funciones (pasó de 25 a casi 100 anuales) y giras por el interior del país (visitan regularmente cada departamento y actúan en teatros pero también en escuelas o canchas de básquet), Bocca ha popularizado el ballet en Uruguay como nunca se había visto. En términos de espectadores, mientras que en su primer año de gestión convocó a 71.775 personas, en lo que va de 2013 acumula 314.096. Y, en recaudación, entre junio de 2010 y marzo de 2013, las planillas que puntillosamente se acumulan en la pizarra de su austera oficina destacan la cifra de u$s 2.486.169.

Tiempo cumplido. “Ya está todo listo. ¿Vamos, maestro?”. Me acoplo a su andar. Huracanado. Atrás la oficina, la sala de ensayos, el vestuario. A través de pasillos gélidos y escaleras desangeladas. Abordo de un ascensor de servicio. Y entonces: “Hoy, justamente, retomo el psicólogo después de un par de años”. No se le escapa. No se lo sonsaco. Me lo dice. Así. Clarito. Vamos por ahí.

¿Es cómún este clima previo a los estrenos?
(Revolea los ojos, sonríe, bebe de su taza térmica)

¿Cómo lo maneja? Dígame que es té de tilo...
Decí que hoy retomo terapia.

Me está tentando a titular que el BNS mandó a Bocca de vuelta al diván...
No el BNS, sino algo más complejo y complicado de lidiar, como son las instituciones estatales.

Tras haber fundado y dirigido su propia compañía, Ballet Argentino, ¿qué diferencias encuentra entre la gestión privada y la pública?
La gestión privada siempre es mucho mejor porque te asegura agilidad y productividad. Si pudiéramos sacar lo mejor del Estado y de lo privado, sería maravilloso. Pero nos cerramos: todo en uno o en otro. Ese es el problema. Y es complicado tratar de manejarse en ese límite. Claro que lo privado tiene lo suyo, pero el Estado tiene un nivel de burocracia que implica que todo te lleva tiempo. A veces necesitás solucionar los problemas en dos horas, pero los trámites, los permisos, las autorizaciones y el papeleo te llevan dos meses, y quizás eso implica que te perdiste la oportunidad de contratar a alguien. Por suerte, dentro del BNS tenemos un esquema de gestión mixta. Desde el comienzo me dieron libertad para manejarme en base a lo que aprendí después de haber estado casi 30 años en compañías como el American Ballet de Nueva York. No tendré la agilidad administrativa para resolver algunas cuestiones de un día para el otro, pero tengo la tranquilidad de saber que, respetando los procesos y los controles, en tres semanas puedo estar pagando un contrato de un coreógrafo, una compra de vestuario o los pasajes para una gira. Esas cosas son las que me permiten haber logrado lo que se hizo hasta ahora. Y haber renovado contrato hasta 2015.

¿Y qué nudo todavía no pudo desatar?
Del ballet no me puedo quejar. Además, tengo el apoyo de la gente, del público, del staff, de las autoridades. Pero dentro de toda institución estatal siempre tenés un grupo que no quiere el cambio, que quiere mantenerse en una estructura que es vieja, que no era mala sino que, lamentablemente, es de otra época. Hoy, en nuestros países, un mes la economía está bien y al otro es un desastre. Y esos cambios te impactan, te piden ser ágil y rápido para adaptarte. La traba con que me encuentro es gente que se encierra, que no abre la cabeza y que no entiende que no tiene que tener miedo al cambio. Quizás piensan que se van a quedar sin nada, pero en realidad mi planteo es para mejor.


En acción. Reconocido en el mundo, Julio Bocca es sinónimo de ballet. 

¿Cambió su manera de encarar esos conflictos?
Los voy encarando con mayor madurez, entendiendo al otro lado. Al principio, había cosas que quizás no sabía. Tené en cuenta que es la primera vez que trabajo dirigiendo una compañía estatal, y encima de un Estado que no conozco, porque puedo tener una idea de cómo funciona la burocracia argentina, pero de la uruguaya no estaba tan al tanto. Y lo estoy aprendiendo. De todas maneras, estas cosas a mí me dan más fuerza, las capitalizo, me dan más seguridad en adónde y cómo quiero llegar. En ese sentido, esos planteos no me quitan la tranquilidad. Lo lindo de esta etapa de mi vida es poder llevarla de modo más fácil, sencillo y menos complicado... haciendo más de lo que quizás me proponen. Si hay roces, es porque a veces la gente quiere tener más haciendo menos. Y no es así como se consiguen las cosas.

¿Nada de llevarse los disgustos a la almohada?
Frente a los planteos, mi visión es seguir trabajando, ensayando, probando vestuario. Al margen, llevo el tema a mis superiores y espero su decisión. Y, ya en casa, con un vinito tinto, mi champancito o una cerveza, me relajo y paso hoja. Bueno, hoy lo hablaré en terapia... ¡Qué lindo lugar eligieron para las fotos! Sabía que acá viene la gente a almorzar, pero no me había acercado... Bueno, a esta cornisa hay que tenerle respeto (risas).

¿Cómo es su esquema de trabajo cotidiano?
Estoy todos los días, de 8 a 17. En general, entre las 11 y las 16 estoy con los bailarines, y el resto del tiempo me dedico a lo administrativo, que implica resolver temas como programación, publicidad, contratos, compra de materiales. Me gusta involucrarme en esos temas, especialmente con los sueldos, y tratar de que sean lógicos.

¿Qué quiere decir que sean lógicos?
Que todos tengan las mismas posibilidades, que las diferencias no existan. Desde que asumí, logramos que los contratos fueran anuales, que accedieran a aguinaldo y seguro de despido, cuestiones que no estaban contempladas.

Uno de los temas todavía en discusión tiene que ver con la jubilación temprana a la que se ven expuestos los bailarines, cuya vida laboral es quizás 20 años más corta que...
La jubilación es la común y corriente, a los 65, como cualquiera en cualquier país del mundo. Pero justamente están reclamando por el gap entre que se retiran, a los 40 o 45 años, y el momento en que efectivamente pueden acceder a la jubilación. Estamos trabajando en el proceso de ayudar a los más jóvenes a planificar su carrera para que vean qué pueden hacer una vez que se retiran de la danza y hasta que se jubilan, que es distinto. Pero los que ya tienen 40 años no son niños que no sabían qué se les venía: tienen que hacerse cargo. Mi orgullo es que los bailarines de 18 ahora tengan contrato por un año, más aguinaldo, sueldo y, si se los desafecta, cobren unos meses extra. En este contexto, no se pueden quejar. Además, tienen acceso a este teatro, a los camarines, a los maestros, a los repertorios, a los viajes. Si se quejan es porque somos así de quejosos nomás los latinos...

BOCCA _ IMG UNOCuidado. A esta cornisa hay que tenerle respeto, dice Bocca mientras se toma las fotos. 

Hablando de lo latino, ¿qué tan competitivos somos en comparación con las grandes potencias de la danza?
Estamos atrasados en un montón de cosas: preparación, responsabilidad, disciplina, estructura, escuela, constancia. Sigue habiendo nuevos talentos, buenos maestros y grandes bailarines, pero no hay un cuidado global ni un proyecto a largo plazo, y eso se siente mucho. Voy a seguir diciéndolo, aunque me odien: esa cosa latina, tan parte nuestra, de querer más dando menos, no nos hace ningún bien. Si acepté este puesto es porque me aseguraron las condiciones para llevar a cabo mi ideal, que es convertirla en una de las mejores compañías del mundo. Esa es mi visión. Y no la voy a cambiar para conformarla a la de otros. Mi objetivo es generar oportunidades, aunque se parta de menos en relación a otros mercados. Pero para eso necesito que cada profesional entienda que también tiene que dar para llegar y competir. A mí me motiva luchar para tener más. Y eso es lo que incentivo como director, no la comodidad.

¿Está apostando a generar un semillero regional?
Sí, con jóvenes que quieran trabajar, evolucionar, mejorar, tener una responsabilidad y disfrutar de lo que están haciendo. Porque el nuestro es un trabajo que se elige, nadie te obliga. Y creo que, si tenés la posibilidad de hacer lo que te gusta, es tu deber lucharla. Lucharla y mejorar hasta el último momento. Ya sabemos que tenemos una carrera muy corta, entonces hay que prepararse para el día después, saber si te vas a querer enfocar como maestro, director, coreógrafo... o cocinero. Porque hay un montón de otras carreras maravillosas a las que te podés dedicar ya que nadie te garantiza que por ser un buen bailarín podés ser un buen maestro, director o coreógrafo. Por eso me propongo inculcarles a los más jóvenes que no se encierren en la danza y que, cuando tengan una base sólida como bailarines, empiecen otra carrera para tener una perspectiva de vida cuando se retiren a los 40 o 50. En ese momento empieza tu otra vida, y tenés que seguir comiendo.

En contrapartida a toda esa inversión en formación, ¿cómo se retiene el talento?
Es imposible. En nuestros países no tenemos ninguna chance de competir con las grandes compañías, al menos por ahora, en términos de sueldos. Puedo competir con maestros, funciones, giras, programación. Eso es lo que uno puede ofrecer: calidad de trabajo, enseñanza, excelencia técnica y artística. Es lo que uno tiene para luchar. La compañía del BNS no está mal paga, en absoluto, pero por supuesto que, si la comparás con el American Ballet de Nueva York o la Ópera de París... Claro que estamos hablando de otra historia, cantidad de público, funciones, espónsores... Aunque también es cierto que sus gastos son mayores y, muchas veces, no tenés un contrato anual asegurado sino que te pagan 32 o 34 semanas al año y arreglate...

¿Está apostando a generar un semillero regional?
Sí, con jóvenes que quieran trabajar, evolucionar, mejorar, tener una responsabilidad y disfrutar de lo que están haciendo. Porque el nuestro es un trabajo que se elige, nadie te obliga. Y creo que, si tenés la posibilidad de hacer lo que te gusta, es tu deber lucharla. Lucharla y mejorar hasta el último momento. Ya sabemos que tenemos una carrera muy corta, entonces hay que prepararse para el día después, saber si te vas a querer enfocar como maestro, director, coreógrafo... o cocinero. Porque hay un montón de otras carreras maravillosas a las que te podés dedicar ya que nadie te garantiza que por ser un buen bailarín podés ser un buen maestro, director o coreógrafo. Por eso me propongo inculcarles a los más jóvenes que no se encierren en la danza y que, cuando tengan una base sólida como bailarines, empiecen otra carrera para tener una perspectiva de vida cuando se retiren a los 40 o 50. En ese momento empieza tu otra vida, y tenés que seguir comiendo.

En contrapartida a toda esa inversión en formación, ¿cómo se retiene el talento?
Es imposible. En nuestros países no tenemos ninguna chance de competir con las grandes compañías, al menos por ahora, en términos de sueldos. Puedo competir con maestros, funciones, giras, programación. Eso es lo que uno puede ofrecer: calidad de trabajo, enseñanza, excelencia técnica y artística. Es lo que uno tiene para luchar. La compañía del BNS no está mal paga, en absoluto, pero por supuesto que, si la comparás con el American Ballet de Nueva York o la Ópera de París... Claro que estamos hablando de otra historia, cantidad de público, funciones, espónsores... Aunque también es cierto que sus gastos son mayores y, muchas veces, no tenés un contrato anual asegurado sino que te pagan 32 o 34 semanas al año y arreglate...


Infancia. Toda su vida la dedicó a la danza y, el 8 de octubre, vuelve al Teatro Colón. 

¿Esos argumentos para retener talento son también válidos para repatriar figuras?
Los que se fueron ya saben que afuera no es que se vive de maravillas. Al margen, muchos eligen volver porque llegaron a un punto de sus vidas en que quieren también desarrollar su vida personal y apuestan por su lugar. Para mí es un orgullo haber repatriado a María Noel Riccetto, primera bailarina del ABT, que tiene una experiencia, calidad de trabajo y formación igual a la mía. Su ejemplo me ayuda a que los más jóvenes vean la disciplina y el respeto que se debe tener en la carrera.

El 8 de octubre vuelve a la Argentina, nada menos que al Colón. Será la primera vez que mostrará, en su país, el trabajo que está haciendo con el BNS...
Será sólo una función. Pero es importantísima porque es la primera vez que el BNS va al Colón, siendo las dos instituciones de la danza más antiguas de la región. Va a ser una cita bastante trascendente, con invitación al presidente Mujica para que viaje y asista y todo...

¿Tiene trato asiduo con el presidente uruguayo?
Viene a alguna función y quizás lo veo, pero nada más. Yo con la política no quiero nada.
 

La gestión privada siempre es mucho mejor porque te asegura agilidad y productividad.

Más allá de su regreso, validado en un rol institucional, ¿qué le genera a Julio Bocca volver al Colón?
Primero, la emoción de mostrar el trabajo que estamos haciendo con el BNS. Y muchos nervios, al mismo tiempo, porque el Colón es una institución con una historia enorme, un teatro mundial, con un peso muy fuerte. Se que los argentinos van a ir a la función pensando: “A ver qué es lo que está haciendo este allá...”. Así que espero que todos los uruguayos que están viviendo en Buenos Aires saquen entradas así tenemos un público mayoritariamente a favor (risas). En verdad estoy feliz porque, para la imagen de nuestra compañía, actuar en el Colón es importante. Esperemos que, a partir de ahora, se vuelva algo más cotidiano. Me gustaría hacer un intercambio de los dos cuerpos para que hubiera más funciones y variedad para ambos públicos. Ya estamos en conversaciones, en ese sentido, con el American Ballet y con el venezolano Teatro Teresa Carreño, pero con el Colón no hemos avanzado.

Me quedó picando eso de que, con la política, no quiere nada... ¿Es porque nunca le interesó o porque ahora que ocupa un puesto en una institución del Estado necesita poner distancia?
Nunca me interesó. Yo soy artista.

¿Al menos cruza el río para votar?
Si puedo, voy.

¿Y alguna vez alguien se desubicó y lo tentó con alguna candidatura, aunque fuera testimonial?
No, nunca. Seguramente porque ya saben la respuesta (risas). Tengo claro que voy a hacer lo que pueda, como ciudadano, por la danza. Ese es mi aporte. Por supuesto que se que la política es parte de la cultura. Lo que me desconcierta es que, cuando te cambia el partido que gobierna, te cambia todo y tenés que empezar de nuevo. Y así cuesta proyectar y tener continuidad. Por ejemplo, acá tengo un plan de trabajo hasta 2016 o 2017, aunque mi contrato se vence en 2015. Y no se que va a pasar porque el año que viene hay elecciones...

¿Cree, como tantos, que esa idiosincrasia pendular es un mal regional?
No creo que ser latinos sea determinante para que, cada vez que cambia una gestión, cambie todo. Es cierto que mi estructura mental y profesional es otra porque a los 19 me fui a los Estados Unidos. Pero también es cierto que, mientras me formé en la Argentina, ya me habían enseñado lo que era la disciplina. Ahora, por una cuestión de educación, las nuevas generaciones ya no tienen ese punto de partida: les impacta venir a trabajar 8 o 9 horas en vez de 5 o 6, tener que aprender 6 ballets en una semana y no uno en dos meses... ¡Hasta tuve que poner un cartel aclarando que no pueden entrar con el celular al estudio! Entiendo que hay cuestiones generacionales, pero también compruebo que hay una diferencia enorme en la forma de trabajar y concentrarse entre nuestros países y las potencias. Y por eso siempre vamos y venimos, somos una mecedora, nunca podemos superar ese pequeño escalón que nos permita estar un poquito mejor, con los talentos que tenemos...

Volviendo a las políticas culturales, ¿cómo debería orientarse la inversión pública en el arte para que seamos competitivos?
Uf, yo metido o hablando de esos temas, no me veo... A mí dejame con la danza. Claro que tengo una mirada sobre la educación en el sentido de que me gustaría que todos tuvieran las mismas posibilidades. Y, en lo que hace a la danza, me gustaría que un bailarín que quiera tener una buena carrera también pueda tener una buena educación general. Pensá que empezamos a los 7 años ya como profesionales y que a los 17 tenemos que estar en una compañía o fuimos. Esa dedicación exclusiva hace que quede en el camino, quizás, la educación general. Y es un problema cuando no tenés la chance de entrar a un cuerpo o no podés seguir por temas de salud.

Desde hace pocos meses, la Fundación Julio Bocca integra el listado de instituciones que pueden recibir aportes en el marco de la ley porteña de mecenazgo. ¿Cree que estas medidas de promoción fiscal son una solución posible a la falta de financiamiento oficial?
Agradezco que nos hayan incorporado... Igual, en la Argentina, es difícil cambiar la ecuación porque las empresas comprometen ayudas puntuales y no globales, como en otros países de la región. Ojalá que con estas medidas algo empiece a cambiar, especialmente para la danza, que es muy fuerte, muy popular, que tiene su peso y su público en el país. En el BNS tenemos cinco espónsores, tres públicos y dos privados Es la primera vez que se permite y ha sido resultado de un cambio en las disposiciones. Entonces, por ejemplo, el Estado uruguayo paga los sueldos y mantiene el edificio, y todo lo que es financiamiento de producciones y giras tenemos que recaudarlo a través de la venta de tickets o esponsoreo. No es tan fácil lidiar con variables como productividad, eficiencia y rentabilidad... Son palabras que estoy trabajando (risas) pero, básicamente, se trata de generar ingresos para seguir.

¿Qué otra ventaja advierte en el esquema de gestión mixto en que trabaja?
Que todos los años hago audiciones para renovar al plantel, algo que no pasaba antes y es fundamental para crecer y mejorar. Actualmente, el 70 por ciento de los bailarines son uruguayos, y el resto vienen de la Argentina, Brasil, Perú, Paraguay, Venezuela, España y Estados Unidos. Desde luego, mi ideal es que sea una compañía 100 % uruguaya, pero para eso tienen que estar en el nivel que tienen que estar. Este año encaramos la reestructuración de la escuela, que venía muy mal, de la mano de nuevos directores en las orientaciones de lírica, folclórica, clásica. Yo necesito bailarines y la escuela debería alimentarme de ellos. Aunque siempre haré audiciones abiertas a profesionales del mundo porque es bueno mantener el espíritu competencia para que los locales no se sientan cómodos. Igual, para mí, todos los días mi equipo está audicionando. Todos los días los observo cómo se desarrollan, cómo se comportan, cómo se manejan entre ellos y con el resto del personal del teatro...

Se hace cargo de su fama de líder durísimo...

Soy terrible, muy exigente. Pasa que a los latinos nos cuesta mantener la concentración en lo que estamos haciendo. Acá, en la región, se habla mucho, se habla siempre. Y para ser profesional hay que estar atento, concentrado. Soy más malo de lo que quisiera ser, pero es la única forma de que entiendan la disciplina y el respeto que hay que tener en esta carrera. Soy bastante duro y exigente, lo siento, pero se tienen que acomodar al nivel que quiero. Para eso me dieron este puesto, no me lo dieron para no hacer nada. Siempre les digo a mis bailarines que todos tienen las mismas posibilidades, que nadie tiene un rol asegurado. Pero tienen que entender que, en gran parte, el crecimiento depende de ellos. Por eso, si a fin de año no llegaron a las exigencias físicas, artísticas y técnicas, no les renuevo el contrato. Cuando me quedo con alguien, es porque se, por su conducta cotidiana, que va a seguir en un camino de excelencia.

¿Es comparable el disfrute de esta etapa de maestro y director con la de bailarín?
Es diferente, pero es disfrutable. Ver que un espectáculo sale bien, que los bailarines dieron artísticamente lo mejor y sentir el aplauso de la gente al caer el telón, es muy satisfactorio.

¿Y esa satisfacción alcanza para que se proyecte en este nuevo rol más allá de 2015, cuando vence su contrato con el BNS?
La verdad es que no lo se. Esta etapa sigue siendo algo nuevo y diferente en mi vida... Lo que más me cuesta, todavía, es lidiar con la responsabilidad a la hora de tomar decisiones. Esa fue una de las razones que me llevaron a retirarme. Y es uno de los puntos que pienso retomar en terapia. En eso estoy, viendo si es por este lado que quiero seguir o sólo como maestro ensayador y tener un jefe que decida y yo me limite a transmitir todo lo que se. No tengo problema con laburar 24 o 48 horas seguidas sin al final tener que dar la última palabra... Es algo que estoy masticando, porque me gusta la tranquilidad. Cada vez me gusta más.

¿Y si le ofrecieran un puesto en el Colón?
No sé, no sé, no sé. En la Argentina tengo la Fundación que tiene mi nombre, pero cuya gestión ya derivé completamente a mi madre. Volver a Buenos Aires, a esa locura... Cuando era más joven y estaba en ese ritmo de vida, todo bien. Pero ahora, no se... Allá me quedó la familia y los amigos, pero aparte de eso, no tengo más nada.

¿Y qué tiene acá, en Montevideo?
Estoy cómodo, en pareja hace 6 años, con mi historia armada... Pensá que es la primera vez que vivo tanto tiempo en un lugar.

¿De verdad no aceptaría un puesto en el Colón?
A veces no se si aceptaría un cargo en el American Ballet, mirá lo que te digo. Claro que, tanto el Colón como el American serían desafíos interesantes, pero también sería mucha la presión de pensar qué renovaría en semejantes lugares... En cambio, con el BNS, lo que me atrajo fue la chance de empezar de cero para renovar completamente el proyecto artístico, la estructura, la programación.

¿Se aburrió cuando colgó las zapatillas?
Para nada. Descubrí que me gustaba cocinar, y lo hacía a full. Ahora que trabajo ya no tengo tiempo ni ganas, llego muerto de cansancio. Por suerte, encontré por internet un servicio de viandas saludables y frescas, que te mandan a tu casa, y es mucho más barato que ir al supermercado y todo. Así que como rico, variado y me cuido, porque son 600 calorías.

¿Todavía vive con 600 calorías por comida?
¡Pero antes y después pico siempre! (risas). Nunca me falta el quesito y el vinito cuando llego.

Si la pasaba tan genial, ¿por qué tres años después de retirarse volvió a la actividad?
No aguanté porque caí en la cuenta de que... ¡Pucha, era joven, todavía podía hacer alguna cosa! Es que llega un momento en que es aburrido no hacer nada, especialmente para una persona que siempre ha trabajado y que lo ha disfrutado. Al mismo tiempo, empecé a sentir la necesidad de devolver lo que había aprendido. Y, también, pensé: “Con todo lo que laburé para que el ballet fuera popular en la Argentina y para que el ballet argentino fuera importante en el mundo... No quiero perder mi lugar”.

¿Entonces volvió por una cuestión de ego?
Es que la gente enseguida se olvida...

Y, sin embargo, tampoco quiere que lo tengan tan presente como en Buenos Aires...
Ni me fui ni dejo de volver por la gente, si estoy agradecido por cómo han sido conmigo. Pasa que en Montevideo no son tan intensos, entonces puedo caminar y sentir que tengo todo para mí. Mi necesidad ahora pasa por la tranquilidad de ir por ahí y que no venga el pedido de la foto y el autógrafo, que son maravillosos mientras estás en ese ritmo, pero cuando ya te bajaste... Igual, quizás es un mambo mío eso de creer que en Buenos Aires me están siempre sacando fotos con el celular. 

 



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