Juan Pablo Varsky: “La política es mi próximo mundial”
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Juan Pablo Varsky: “La política es mi próximo mundial”

Nació en 1970. Se recibió en el Nacional de Buenos Aires, colegio del que “no tiene orgullo ni vergüenza”. Lidera el programa de noticias más escuchado del prime time de la FM. En Alemania 2006 se aburrió de la cobertura puramente deportiva y dio el salto al periodismo integral. Responde sobre todo: economía, CFK, la no re-reelección y lo que viene en Brasil 2014. Por qué piensa que la política es su próxima meta.

Por José Del Rio 19 de Diciembre 2013




Lunes a viernes. 6 AM en punto. La voz en off dice: “No somos nadie” (NSN); y él saluda: “Bienvenidos”. La pila de diarios, lista sobre la mesa de trabajo. La tevé encendida con las noticias de último momento y la música preparada para las cuatro horas y 20 minutos de aire que quedan por delante. La primera media hora está solo en el estudio, pero no hablará solo: los diarios son la excusa para una lectura que va mucho más allá de los títulos. Su cuaderno prolijamente anotado tiene la agenda de noticias del día, datos adicionales de lecturas que complementan lo que viene, infinidad de disparadores que investigó o se le ocurrieron y una especie de fixture propio de un DT.

Su computadora es la puerta de entrada para la interacción 3.0: e-mails, sms, tuits que se multiplican de forma exponencial ante los impulsos más diversos. Desde una canción que elige personalmente para la sección Gobernar bien, hasta un tema despertador con el que los oyentes eliminan el snooze para arrancar la mañana. Desde un blog con una reflexión que le llamó la atención hasta una entrevista a alguien a quien estratégicamente elige escuchar.

Varksy IMG UNOParadójicamente, fue durante un Mundial cuando sintió que era el momento de dar el salto del periodismo deportivo al que se había dedicado full life al periodismo generalista, pero con mayor foco en la política y la economía. “Alemania 2006 fue un punto de inflexión para dar el salto. Me había aburrido de la cobertura tradicional del Mundial y tenía ganas de cambiar”, explicará luego. La primera mañana de FM Aspen, el puntapié inicial. Dos temporadas primero, un ascenso a tres temporadas de Rock & Pop después y un nuevo despegue en Metro 95.1 hace dos años transformaron a NSN en un clásico del prime time. Clásico con el que cierra otro año alzando la copa del programa de noticias más escuchado de la FM.

En los 90 minutos de juego con Clase Ejecutiva, Juan Pablo Varsky no le escapa a ninguno de los temas de la agenda: reservas, dólar, inflación, CFK y su futuro político. También, claro está, habrá lugar para el fútbol, a 6 meses de Brasil 2014.

¿Cómo ves al país?
Es un fin de año áspero, con un conflicto que irrumpió. No es casualidad, seguramente, que haya emergido en diciembre, pero no me quedo sólo con esa parte. La incluyo en el análisis, pero creo que la cuestión de la remuneración de las fuerzas de seguridad es clave también. No es normal que se admitan recomposiciones del 100 por ciento. Esto trae un problema que estaba hace mucho y que evidentemente se activó con la fecha y una situación de desesperación, de “no podemos más”. Creo que poner el foco exclusivamente en el mes significa no mirar el inconveniente entero en un contexto de economías provinciales deficitarias, con una dependencia del Estado nacional. También, que esto obliga a los distritos a buscar otras fuentes de financiamiento, con lo que puede impactar en la cuestión impositiva.

¿Cuál es el principal problema macro hoy?
Creo que hay una cuestión vinculada con la distribución de los recursos, la relación entre el Estado nacional y las provincias. Me parece importante hacer la distinción entre lo que es seguridad social y lo que es empleo público. Creo que hay una diferencia importante en eso. El Estado nacional es una cosa y los provinciales son otra. La relación que tienen es a través de los impuestos. Falta plata, básicamente; y, al haber faltante, hay reclamos. El Estado nacional reclama, los estados provinciales reclaman, los municipios reclaman y, sobre todo, las personas reclaman.

¿Cuáles son los desafíos de corto y de mediano plazo?
Bajar el gasto. Y la palabra ajuste aparece inmediatamente. La otra es aumentar los ingresos. ¿Cómo podría hacerse? Por un lado, con mayor recaudación a partir de nuevos impuestos, algo para lo que parece no haber mucho margen. Para lo que puede haber margen es para hacer pagar a los que evaden. Otra alternativa es que vengan inversiones que generen empleo y más ingresos. La otra es el financiamiento, pero para ello necesitás cerrar un par de problemas o de asuntos pendientes que trajo el default, como el Club de París, por ejemplo. En los ‘90 hubo un financiamiento vicioso para cubrir el déficit que generaba la convertibilidad. Hoy corrés el riesgo de que el financiamiento sea sólo para cubrir la salida de reservas. Volver a hacer crecer las reservas es la cuestión de fondo. Veo claramente un problema de dinero desde lo económico.

Varsky DOSY desde lo político, ¿cómo afecta?
La situación económica se da en un contexto distinto del que podías tener con posibilidad de reelección. No hablo sólo de Cristina, porque también se van Macri y Scioli. El combo, o la mezcla, entre una situación económica de “falta plata” y una incertidumbre de qué es lo que viene después. No es una cuestión apocalíptica: es puramente incertidumbre. Macri no se presenta en la ciudad, ni Scioli en la provincia y ni Cristina en la Nación. Entonces, ¿quién viene?

¿Qué balance hacés de la derrota oficialista en las legislativas?
Una derrota en las legislativas aporta más incertidumbre. Si hubiera ganado el Gobierno, venía el delfín de Cristina y punto. Acá, a la derrota se le suma también la cuestión de que falta plata y de saber que un Kirchner no será el sucesor. Después de una década, 12 años en realidad, que se denominó kirchnerista, que haya uno que no se llame así impacta también.

¿Por qué te apasionan la economía y la política?
Estudié Economía y Ciencias Políticas. No terminé ninguna de las dos carreras, pero siempre me gustaron esos temas. Leí mucho. Cuando arranqué, empecé por el lado del periodismo deportivo, pero inclusive cuando dejé la facultad leí muchos libros de formación, también periodísticos, y después se me dio todo muy natural, muy fácil. Cuando empecé a pensar que el deporte me aburría o, mejor dicho, que no quería dedicarme todo el tiempo al periodismo deportivo, apareció la posibilidad de hacer No somos nadie. Me gusta la competencia deportiva, no lo que pase entre las competencias. En cambio, de la política me encanta el día a día.

Los ciclos y los mundiales
“Quizás el ciclo que arranque en 2014 tenga que ver con la política”, dispara, convencido. Es que cada cuatro años, cuando la pelota del Mundial empieza girar, JPV analiza su carrera y baraja de nuevo. “Inicialmente pensaba estar dos años en la primera mañana e irme. Pero la verdad es que disfruto mucho del día a día del programa. No sé por cuánto tiempo más, pero ya no hago predicciones”, se ríe. Levantarse a las 5 AM no es para cualquiera. Supone un entrenamiento y constancia propios del mundo deportivo: irse a dormir temprano, preparar lo que viene y estar al día. “Todo lo que ganás con el esfuerzo está vinculado con tu trabajo, con el deleite, con el placer de hacer el programa. Tenés que regular las cosas de la noche. No es sólo el cuerpo el que se cansa, sino también la mente”, grafica quien en sus inicios bautizó No somos nadie al programa porque debutaba en la liga del periodismo integral. “Ahora somos alguien. ‘Pero a no creérsela’, podría llamarse ahora”, imagina un rebranding cuando se le pregunta si 7 años no fueron suficientes para pasar de ‘nadie’ a ‘alguien’.

Precisión con velocidad, lo definen algunos. El hombre de los datos, lo reconocen otros. Ya en 1993 había comenzado a diferenciarse de algunos de sus colegas con un particular crossover. Por entonces era columnista de Telenoche y cerró un informe de una pelea de Diego Armando Maradona con Carlos Salvador Bilardo, en Sevilla, con el título de una novela de Osvaldo Soriano: “Será este triste, solitario y final”, dijo, por entonces. En ese orden, tal cual estaba escrito. Luis Clur y Carlos D’Elia, las máximas autoridades de noticias de Canal 13 en aquellos años, lo alentaron a que siguiera en esa línea. Clur, incluso, le preguntó si había leído el libro. Cuando le dijo que sí, recibió el pedido de avanzar. Hoy tiene 650 mil seguidores en Twitter. Y creó Varskysports en la misma red social, con el objetivo de construir el primer canal de noticias de deportes en 140 caracteres. Todos los días encara cuatro horas y 20 minutos de radio, en la semana escribe también una columna para La Nación y lidera dos programas por DirecTV, además de las transmisiones de partidos. Por si fuera poco, juega al tenis y al fútbol. “Correr 7 kilómetros es una terapia activa”, se entusiasma quien también es padre de dos: Valentín y Benjamín.

¿El riesgo de haber arrancado tan joven y con tanto reconocimiento es creérsela?
Ya me disparé. Ya la viví esa. Era inevitable porque empecé muy joven, a los 19; y a los 25 tenía la cara en Telenoche. Era el yerno ideal de las señoras, el ‘hijo periodístico’ de Mónica y César. Empecé en VCC cuando el cable era un experimento emergente: mi madre necesitaba alguien para asistencia de producción, me preguntó y le dije que sí.

¿Siempre fuiste tan autoexigente?
Influyó mucho haber entrado a trabajar por influencia familiar. Por entonces había mucha gente que creía que estaba solamente por ser el hijo de la directora. “Bueno -pensé- tengo muchas bocas por cerrar”. Soy un tipo competitivo. Necesito desafíos. Inclusive en los deportes soy más exigente conmigo jugando al tenis que al fútbol. En fútbol no peleo con mis compañeros: no me gusta, pero sé perder. Me ganás y te doy un abrazo y te felicito, por más que por dentro piense “¿cómo pudo ganarme?”.

Quizás el ciclo que arranque en 2014 tenga que ver con la política.
 

¿Cómo te llevás con la crítica?
Bien. Una cosa es la crítica y otra es la agresión. Si opino algo sobre lo que no estás de acuerdo y te sentís desilusionado, ahí no tengo mucho para hacer. La crítica que tomo en cuenta es la que te dice: “Estás diciendo algo que es incorrecto desde el punto de vista académico”. Si hablo de coparticipación y un especialista en impuestos me dice: “Mirá, no estás diciendo algo preciso”, eso me encanta. Después, hay mucha crítica que es de una mesa de café: “No sabés nada, no entendés nada”. Qué voy a hacer con ello... ¡Nada!

¿Ese estilo de crítica viene del mundo del fútbol?
Claro que sí. Para mí, la política se ha futbolizado mucho. Los comentarios sobre la política se han futbolizado, también. Hoy, el no estar de acuerdo es “no sabés nada”. Pero no es culpa del kirchnerismo. Es preexistente.

¿Se potenció, en todo caso, con el kirchnerismo?
Es probable. Causa y efecto. No lográs la polarización si no hay una parte de la sociedad dispuesta a hacerlo. El negocio del país dividido es para quienes les sirve la polarización. No importa del lado que estés: les sirve a los dos. Muchas veces es funcional. El tipo que te dice: “Estás pago por Clarín”, tiene muchos más puntos en contacto con el tipo que te dice: “Estás pago por el kirchnerismo”; la matriz es la misma. Pero esto no es hacer una apología de la equidistancia. No estoy en el medio de nada.

¿Por eso decidiste entrar a la política?
No voy a estar en un equipo en el cual esté de acuerdo con todos y todo lo que se plantee. No sé cuál es, todavía. Me vinieron a ver muchos...

Ya con traje de funcionario electo, ¿cuál sería para vos el principal problema económico?
La cuestión macroeconómica es que falta plata. Después, la inflación. Supongamos que Augusto Costa tenga razón mostrando los yogures y la cadena de valor: no explica la inflación, sino un ejemplo de una cadena que vende un yogur a cinco pesos y te muestra uno a dos pesos. No significa que él explique la inflación con los yogures. No es un fenómeno monocausal. La emisión monetaria, tener plata en el bolsillo, genera presión sobre la demanda y, si no hay oferta suficiente para contenerla, se genera inflación. Es como la jugada de un centro al primer palo, que uno la peina y llega otro al segundo palo y la mete. Son cosas que uno ve en el fútbol de hace 50 años y también en la economía. Son de libro algunas, y otras no. Ojo, no es un tema con Augusto Costa, sino un fenómeno creciente que lo solucionabas con más plata, pero ahora resulta que te falta.

En economía, ¿sos ortodoxo o heterodoxo?
Depende del tema que trate. Hoy se simplifica mucho. Volviendo al tema de financiamiento, podés tener uno muy parecido al de los ‘90. Es un financiamiento vicioso porque no pasás de 30 mil a 40 mil millones de dólares y debés 10 mil millones más con reservas que no crecen.

Soy un tipo competitivo. Necesito desafíos. Inclusive en los deportes soy más exigente conmigo jugando al tenis que al fútbol.

¿Estás convencido de entrar a la política?
Sí. Y, cuando eso pase, algunas cosas voy a dejar. Para mí, una carrera política es incompatible con un programa de primera mañana. ¿De qué voy a hablar? Del espacio político al cual represento, no.

¿Pensaste en el costo de cambiar de barco?
Sí, algunos me van a putear. Hoy también lo hacen.

¿Cómo te llevás con la inseguridad?
No me puedo poner en el lugar de personas que la han vivido porque afortunadamente no me tocó. Sé que una víctima de la inseguridad puede reaccionar de cualquier manera y no la juzgo.

¿Cómo evaluás la gestión CFK?
Creo que este segundo mandato, tengo la sensación, no formaba parte del plan inicial. Hay dos frases que rescato de ella. Una, cuando es reelecta con el 50 % y dice: “Ya no quiero más nada”. Tres meses después dice: “Vamos por todo”. Me hubiera gustado que el segundo mandato tuviera más que ver con aquella primera frase. Creo que la corrida financiera de octubre influyó mucho. Le dio una intencionalidad política que para mí no tuvo y pasó del “no quiero más nada” al “vamos por todo”.

Estudiaste en el Nacional y hoy gran parte del Gabinete surgió de tu colegio. ¿Qué te genera?
A mí me pasa algo con el Nacional de Buenos Aires: no siento ni orgullo ni vergüenza de haber estudiado ahí. Rechazo el concepto de élite intelectual. Creo que estudiar mucho no te hace más inteligente y, a veces, la falta de contacto o el roce de la calle te quita perspectiva. Detesto esto de “somos la élite intelectual y vinimos acá para decirles a todos cómo salvar a este país”. Hace poco me llamaron para leer un texto. Dije que sí porque el colegio me dio mucho. Pero me pareció muy enrevesado, no me gustó. Si me pedís definirte de qué lado estoy, no estoy del lado del orgullo. Pero, te repito; ni orgullo ni vergüenza.

La copa posible
Por obra del azar, la Argentina encabeza finalmente el grupo más accesible de Brasil 2014. Jugará en Río de Janeiro, Belo Horizonte y Porto Alegre. El sorteo en Costa Do Sauípe sorprendió aún a los más optimistas: distancias cortas, se evita el calor del Nordeste y, en caso de superar las distintas etapas, Brasil no aparece hasta la final.

Bosnia, Irán y Nigeria serán finalmente los rivales en el Grupo F del Mundial...
Mejor sorteo imposible para el país. Es buenísimo.

Escribiste que si la Argentina y Brasil ganan en su grupo, se cruzan sólo en la final…
Sí, eso puede pasar. La Argentina tiene muy buen equipo y en junio va a tener uno aún mejor. Hay un trabajo pendiente de Sabella (Alejandro, DT) que sólo lo podrá hacer con 40, 50 entrenamientos. No tuvo ese privilegio, primero porque la Argentina lo tiene antes de un Mundial o de una Copa América y Sabella asumió después de la Copa América. Todavía no tiene trabajo de campo.



Se dice mucho que, en los mundiales, la Argentina es enemiga de su propio equipo…
Hay una tentación de hablar de eso. Volvemos a los fenómenos monocausales. Sí, hubo equipos más unidos que otros. Para mí, por ejemplo, en 2006 la Argentina hizo casi todo para eliminar a Alemania y quedó afuera por penales. Y José Pekerman hoy te explica que en el cambio de Cruz no entró Messi porque Cruz aguantaba la pelota igual que Crespo. Ahora, en 2010, a los dos minutos Maradona puso de lateral a un jugador que era central. La primera jugada, el central que estaba en un costado no pudo marcar a un win que sabía que el que tenía que marcar no era lateral, o sea, que no tenía oficio o capacidad para la marca en ese sector de la cancha. Faul, tiro libre, gol. El 4 a 0 de Alemania es recontra lógico; la eliminación de la Argentina contra Alemania en 2006 no fue lógica, terminó siendo azarosa. Cuando decís “eliminado con el mismo equipo en la misma instancia”, entonces, es, ¿con las mismas causas? No.

7 partidos hacen un Mundial.
Son 7 partidos. Te toca un grupo difícil y la frase es “hay que ganarles a todos”. Mentira. Más fácil es el grupo mejor. No me des un grupo como el que le tocó a Uruguay con Italia e Inglaterra. De Italia, Inglaterra y Uruguay uno no llega a octavos porque se eliminan entre ellos.

Sin embargo, muchos dicen que el riesgo de un grupo tan fácil es subestimar a los rivales...
Es un problema de la cultura argentina, que excede al fútbol. Es fácil, sé que no hay que confiarse, que hay que jugar. Prefiero jugar contra Bosnia y no contra Inglaterra, contra Irán y no contra Italia. Tenemos posibilidades de ser campeones.

¿Cuál es para vos el grupo más difícil?
Hay dos grupos, que tienen a sudamericanos, que son bravos: España con Holanda y Chile y el de Italia, Inglaterra y Uruguay. El más bravo es el de Portugal, Alemania, Ghana y Estados Unidos.

¿Qué rol jugará Messi?
Desde hace cinco años Messi es el mejor jugador del mundo. Creo que Diego no lo aprovechó en 2010, no lo hizo sentir que era el mejor. La presencia de Tevez en el equipo supone un desafío que él no quiere. Sabella entendió que este muchacho tiene que ser el líder, el capitán. Ahora a Messi el cuerpo, lamentablemente, le llamó la atención por un desgarro y está haciendo lo que debió hacer en agosto: descanso y recuperación. Pero Lio es un animal competitivo y va a estar a la altura del Mundial.

¿Y cómo ves el campeonato local?
El fútbol argentino necesita una refundación. Vos en 2009 tenías violencia, deuda, espectáculos muy malos, y apareció más plata. Se fue Torneos y entró Fútbol para todos. Los clubes empezaron a recibir más plata y nada cambió. Los problemas se profundizaron. Pierden más plata, hay más violencia. Queda claro que el fútbol argentino tiene problemas en la organización de los partidos. Ha mejorado el tema de infraestructura en algunas cosas de primera división, pero falta mucho.

A esta altura, el partido entró en tiempo de descuento. Aire no le falta. Varsky tiene la pelota y el entrevistador le pide un cierre en 140 caracteres. Una definición de sí mismo. Piensa. Mira. Se alista y dispara: “Se la doy a un compañero y gambeteo las etiquetas”. Ni más, ni menos.



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