Juan Llach versus Lucas Llach
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Juan Llach versus Lucas Llach

Dos generaciones de economistas unidos por un apellido. Padre e hijo se prestan a una entrevista exclusiva con Clase Ejecutiva en la que analizan la economía actual pero también la que viene. Los riesgos del efecto Moreno y la falta de inversión. Los pecados capitales del modelo y las posibles correcciones, en un mano a mano imperdible.

Por José Del Río 13 de Junio 2013

Esta nota fue publicada en Clase Ejecutiva, en junio de 2013. 


Juan es sociólogo y economista. Profesor de Economía y director del Centro de Estudios de Gobierno, Empresa, Sociedad y Economía del IAE. Lucas es doctor en Historia por Harvard University y economista por la Di Tella, universidad en la que hoy es profesor a tiempo completo y director de la Maestría en Economía Urbana. Juan nació en los ‘40. Y Lucas tiene menos de 40. Forman parte de una familia en la que Magdalena (madre de Lucas y mujer de Juan) y sus otros tres hijos (Santiago, Felipe y Federico) y sus tres nietos (León, Benita y Manuela) están acostumbrados a los debates de fondo sobre economía, política, historia y futuro que Juan y Lucas mantienen cada vez que se encuentran. “Los primeros minutos nos prestan atención.

Cuando es un tema que les interesa particularmente, nos escuchan; después se aburren y se van yendo para otro lado de la casa”, ironizan ambos en una entrevista exclusiva con Clase Ejecutiva. Claro: son pocas las familias en las que Paul Krugman es un tema de agenda. “Soy claramente krugmaniano”, describe Lucas, mientras Juan asegura que, en términos profesionales, hubo cambios “enormes” en la manera de ver el análisis económico que tienen con su hijo. “En la época de él había una juventud más idealista, que buscaba cambiar la realidad. Hoy discutimos ideas pero ya no buscamos cambiar el mundo”.

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Padre e hijo. Ambos con una fuerte pasión por lo académico, explicaron cómo ven a la Argentina en tiempos de cepo.

Fueron exactamente 60 minutos de entrevista. El ámbito no podía ser mejor: un aula a puertas cerradas del flamante edificio de la Universidad Di Tella frente a River, en la que los roles de profesor y alumno se cruzaban intermitentemente entre sí. Los Llach se prestaron al juego y tocaron todos los temas: inflación, Gobierno, fortalezas y debilidades del modelo. Lo hicieron en un tono claro, informal y relajado. Manejan los mismos códigos y disienten en algunos puntos, pero desde una admiración profunda. La misma que los lleva a respetar sus espacios y estilos.

“A Lucas no lo sigo en Twitter, pero sé que es muy polémico”, se divierte Juan con relación a la acción 2.0 que tiene el creador de La Ciencia Maldita. “Mejor así”, se ríe Lucas. Padre e hijo también coinciden en otra pasión: el fútbol. Rosario Central y Messi son dos temas en los que no tienen siquiera mínimas diferencias. Bienvenidos al mundo de los Llach. Presente y futuro de dos generaciones.

¿Cómo ven hoy la situación económica del país?
Lucas: Es preocupante, porque mirás los datos y sos el número dos en inflación de Sudamérica y el número 9 o 10 en crecimiento. Estamos parejos con Brasil. Eso ya es un dato contundente de que no te está yendo bien. ¿Y por qué no te está yendo bien? Por un problema, sobre todo, de precios relativos. Es un país donde es caro el trabajo en dólares y es caro el capital. La tasa de interés es altísima, también la más alta de Sudamérica, y la situación cambiaria es complicada. Además, están todas las cuestiones institucionales que siempre tienen una influencia sobre la inversión: acá tenés un problema de rentabilidad, de hacer la cuenta y que no te da para hacer inversiones en este país. Y, si además sumás el cepo y el problema de todo el mercado cambiario, poner un dólar en la Argentina es perder plata instantáneamente, porque te dan 5 pesos por algo que vale en realidad 9.

¿Y por qué no se combate la inflación si es un mal que afecta supuestamente a los votantes?
Lucas: A veces, se exagera eso de que la inflación les pega a los pobres. Eso depende de qué pasa con los salarios al mismo tiempo. En los últimos años, la inflación en la Argentina, los salarios y los precios van parejos; incluso, en algunos años, los salarios iban más rápido que los precios. Por eso, fue una inflación bastante tolerada políticamente, porque no es que se estaba perdiendo el poder de compra sistemáticamente en los últimos años. Los daños que tiene esta inflación se ven en un atraso del dólar, de las tarifas, y eso quiere decir que poca gente va a querer exportar y que poca gente va a querer producir energía, o buen transporte, porque las tarifas de eso son muy bajas. Son problemas que se van acumulando a futuro y que te van llevando a un crecimiento más bajo, pero no es que inmediatamente el votante esté asociando inflación alta a ‘estoy mal’ de una manera tan directa. Mientras estés, como ahora, aumentando la asignación por hijo un 30 %, no percibís tan directamente que las cosas que se mueven, te perjudican.

¿De qué errores del pasado hablaban puntualmente al momento de analizar la economía?
Juan: Primero, creo que hay un autoengaño. Algunos, mismo la Presidenta y sus funcionarios, han hecho todo el esfuerzo por convencerse de que los números no son los que dicen las consultoras. Lamentablemente, la capacidad de autoengaño del ser humano es muy grande, y después que se mira cómo la Argentina tuvo 30 años de lo que llamamos inflación latina, que era alrededor de 25 al 30%, mal que mal del ‘45 al ‘74 hubo subas y bajas, pero el promedio te da eso y, como decía Lucas recién, hay muchos amortiguadores del impacto de esto, vamos para adelante. Ahora, lo que no se ve es que, en ese período de 30 años, cada más o menos 5 años había un plan de estabilización. Cada vez que la inflación llegaba cerca del 30 %, metían un plan. Y una devaluación.

Lucas: Cada tanto había una devaluación también. El dólar queda por un tiempo quieto y después pega un salto. Ahora están tratando más o menos, con el dólar oficial, de acompañar a la inflación, pero ni siquiera lo logran del todo. Y bueno, se te sigue acelerando la inflación si vos la acompañás demasiado con el dólar. Entonces, es un dilema muy difícil qué hacer con el dólar si antes no tratás de hacer algo con la inflación. Es un dilema entre el atraso cambiario o acelerar todavía más la inflación.

¿Realmente el Gobierno cree en los índices?
Lucas: Respecto a lo que te decía Juan de si se lo creen o no, es posible. Considero que gente del Gobierno claramente sabe. Kicillof publicaba índices de inflación con las provincias que eran iguales a los de las consultoras privadas... Y ese tipo de gente me parece que tiene clarísimo que la inflación es el 20 y pico que sabemos que es. Y quedó claro que Hernán Lorenzino también sabe que la inflación no es 10,2. Le costó muchísimo decir 10,2.
Juan: Era notable que no se acordaba de cuánto fue la inflación. Fue impresionante.

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Juan dixit.
"Algunos, mismo la Presidenta y sus funcionarios, han hecho todo el esfuerzo por convencerse de que los números no son los que dicen las consultoras". 

¿Y cuál es el rol de Guillermo Moreno?
Lucas: Creo que hoy la figura de Moreno, si uno mira todo este Gobierno, del 2007 para acá, es muy importante. Si se acuerdan, Martín Lousteau, por ejemplo, creo que tenía una idea eventualmente de corregir el tema del Indec, pero su límite fue Moreno. Entonces, me parece que a partir de ahí, y sobre todo después que muere Néstor, quien impide que se haga algo con el Indec y que claramente está a favor de que los números sean adulterados, es Moreno. No sé si Kicillof, él sólo, elegiría manipular las cifras del Indec. Ahora, también es cierto que, una vez que lo empezaste a hacer, es difícil darlo vuelta.

¿Por qué es difícil salir de lo del Indec? ¿Cuál es el costo hoy de admitir eso que todos cuestionan?
Lucas: Primero dijimos que sería difícil salir sin admitir que estás mintiendo porque enseguida te empezaría a subir la inflación. Entonces, podrías decir dos cosas: o que subió la inflación, que es una mala noticia, o que siempre mentiste. Creo que el día que se metieron en este esquema, no pensaron todo esto. Y salir es una cosa muy difícil, el costo es grande. Estoy convencido que, en muchas cosas, la política económica del kirchnerismo fue buena. Pero el cepo cambiario, por ejemplo: pusieron estas trabitas, pero después, una vez que se metieron, es muy difícil salir. Porque si sacás el cepo, todo el mundo te va a pedir los dólares. Entonces, tratando en todo momento de no hacer lío en el corto plazo, te metiste en esquemas que generan costos grandes a la larga.

El tema del cepo, Juan, ¿cómo lo ves?
Juan: Es un fracaso evidente. Y Moreno es el gestor, de nuevo. A él le preocupaba el tema de que veía la cuestión de la energía, la crisis global, los impactos y que iban a faltar dólares y, claramente, en el país hay una sensación de que al Gobierno que le faltan dólares, termina yéndole mal. Y sobre todo un Gobierno como éste, cuya característica es la subordinación de la economía a la política.

¿Cuál es el costo?
Juan: Que, en el fondo, lo que quiere decir es renunciar al largo plazo porque cada medida que ha tomado este Gobierno, si me dijeras que formaron un plan concebido que busca ciertos objetivos... Pero es puro inmediatismo. Puro inmediatismo en función de los problemas que van apareciendo. No hay ningún libreto que se siga para llegar a tal tipo de país, no hay nada de eso. Absolutamente nada de eso. Entonces, es todo por reacción. Y uno de los objetivos fundamentales que tenía el cepo era, claramente, lograr que aumentaran las reservas, o por lo menos que no disminuyeran. Y eso claramente no se ha conseguido. El cepo es producto de que acá se ha perseguido de manera sistemática a toda forma de ingreso de capitales. Empezando por la exportación, que ha sido la más perseguida de todas. Créase o no, este país todavía tiene impuestos a las exportaciones industriales. Es una cosa absolutamente insólita.

Ahora se intenta repatriar capitales con los Cedines y el bono de hidrocarburos...
Lucas: Creo que va a ser bastante irrelevante este sistema para los fines que se proponen.

¿Pero suma un blanqueo de capitales así?
Lucas: Hay un problema a la larga entre la cultura tributaria y que nadie va a querer pagar impuestos, o querés pagar menos impuestos en un país que hace estas cosas. Pero, además, la técnica que usaron para el blanqueo es mala y no consigue reactivar el tema inmobiliario. No hay nada que garantice que la plata que entra se use para energía o se use para YPF, si vos ves cómo está diseñada. Simplemente, lo que va a pasar es que estos papelitos que circulan se usarán para pagar transacciones inmobiliarias que se iban a hacer de todos modos; entonces, todo el beneficio es fiscal. Pero para eso podrían haber hecho un blanqueo como el de 2009.

Juan: Era pago el blanqueo del 2009.

Lucas: Sí, pero éste también va a ser pago porque vos comprás un bono al 4 % cuando rinde 12 y el Cedin en el mercado no va a valer un dólar. Por eso creo que es un buen ejemplo... Acá hay un matiz con lo que decía Juan. No es sólo un tema de ideología o de populismo. Yo creo que la misma ideología y el mismo populismo se pueden hacer con instrumentos más razonables. Los mismos objetivos que por ahí tenía este Gobierno se pueden lograr de manera que generen menos daño en la economía. El cepo cambiario no es un tema ideológico. Y nadie puede estar ideológicamente a favor. Si estás a favor de la justicia social, la asignación por hijo la podías haber tenido con una economía bastante mejor también. Y en ese sentido uno se pregunta porqué llegamos a esta situación de mala administración de la economía. Creo que terminamos justo con un equipo económico, Moreno-Kicillof, con una visión muy peculiar, yo diría exótica, de la economía. Y creo que le está haciendo bastante daño al país.

¿A Marcó del Pont la ponen en la misma liga?
Lucas: Personalmente, la meto en la misma bolsa porque es una persona que varias veces ha dicho, como mérito de su gestión, que tenemos la moneda que más se desvaloriza del continente. Por algo fue votada, varias veces, como la peor banquero central del mundo.

Juan: Igual, ahí hay un matiz, me parece. Ella tiene escuela desarrollista, ella viene de FIDE. Originariamente viene del desarrollismo, de todo un grupo que era muy del frondizismo y que, la verdad, era muy laxo en lo monetario pero no perseguía la inversión. Al contrario: si era inversión productiva, la querían atraer. Creo que ella no se debe sentir cómoda.

Lucas: Pero de ahí a bajar el cartel de ‘Preservar el valor de la moneda’, como hicieron con el Central... Vos podés cuestionar el poner o no un cartel que dice ‘Preservar el valor de la moneda’ en el Banco Central, pero ir y sacarlo... Fijate.

Juan: Pero después no ven algo... Mismo la Presidenta ha criticado las metas de inflación, y duramente. Alguien se lo dijo, y ella criticó. Ahora, cuando algunos colegas me hablaban mucho de los problemas de Brasil, yo decía: “Pero Brasil puede sacrificar la dama. Y puede devaluar”. Y, efectivamente, eso ocurrió. Brasil tiene un grado de libertad para devaluar cuando hace falta: mandó al real de 1,50 a 2,10 en un momento dado. Le trajo un pequeño momento de inflación. Ahora de nuevo vuelven a subir la tasa. No sé si hacen del todo bien, tengo mis dudas. Pero quiero decir: lo que no advierten es que, cuando te metés en este jardín de la inflación, te lleva a que, en realidad, esa virtud del dólar competitivo la vas perdiendo, salvo que quieras llegar a una megainflación, mucho más alta que la actual. Pero si vos querés mantenerla en esto, tenés que atrasar el tipo de cambio y las tarifas.

¿El nivel de emisión actual es peligroso?
Juan: Uno trata de ilusionarse también, a veces. Por ahí yo veo que, un mes, el Banco Central desaceleró una semana de 37 a 29. Y después voy con ansiedad la semana siguiente y veo que está de nuevo en 35 anual el aumento de la base monetaria o de la circulación. O sea que son amagues que, en definitiva, no se concretan. Ha sido muy errática, tal vez a propósito, la política que está conectada con eso, lógicamente de depreciación. Ahora están tratando de acelerarla. Creo que estamos promediando un año con una devaluación del 20%.

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Lucas dixit. 
"Hay un problema a la larga entre la cultura tributaria y que nadie va a querer pagar impuestos, o querés pagar menos impuestos en un país que hace estas cosas".

¿Qué implica el dólar blue?
Lucas: Ahí el termómetro de esta emisión es el dólar blue. Más o menos, si vos mirás la línea de tiempo, la relación emisión-reservas con un dólar blue es bastante estrecha. Y, de hecho, lo que ha pasado en estas semanas aparentemente es que, de manera heterodoxa, había un poco de absorción monetaria con bonos tipo Anses. Lo que haría un país normal es absorber pesos con títulos del Banco Central. Acá, vamos con títulos de la Anses. Siempre hacemos las cosas medio raras...

Juan: Quizás fue porque no tenían suficiente ofertas las licitaciones y no querían subir tanto la tasa. Entonces, de esta manera, por lo menos se disimula el hecho de que convaliden...

Lucas: Pero te revela que por lo menos se dan cuenta que hay una relación entre dólar blue y emisión. Y entonces que si no querés que la brecha cambiaria sea enorme, tenés que moderar de alguna una manera lo monetario.

¿Y el tema de demonizar la inversión extranjera?
Juan: Creo que, lamentablemente, lo que se está demonizando es la inversión a secas, porque todo esto que está ocurriendo, si alguien cree que va a ser inocuo, no será así. Esto de querer llevarse por delante a los jueces toca la inversión de cierto volumen. La inversión de mantenimiento, ampliaciones, estiramiento, de aumento de la demanda, todo eso puede ocurrir, pero te hablo por ejemplo del caso de Vaca Muerta, que creo es el más elocuente. Acá tendría que haber una cola de las 20 compañías más grandes del mundo peleándose para poder entrar a Vaca Muerta, y a duras penas se ha conseguido, aunque todavía no conocemos ni la carta de intención, un compromiso de una compañía que a su vez no está en condiciones de invertir porque tiene pendientes embargos. El gas y el petróleo, en todos lados, cuando aparece van a explotarlo, claramente.

¿Qué opinan del modelo como tal?
Juan: Yo lo que quisiera que me expliquen, la Presidenta o Lorenzino o Kicillof, cuál es, de acá para adelante, la política de crecimiento de la Argentina. Eso creo que en el fondo es la cuestión. Porque esto de la inflación es muy importante, pero si vos tuvieras, a lo Frondizi, una política, aunque sea que de manera muy desordenada, que lograse aumentar la inversión. Yo lo que veo es que eso también se está agotando y no veo cuál es el futuro. Para mí, es el principal interrogante: por dónde sigue la Argentina. El sector agropecuario ha bajado su rentabilidad de manera muy importante.

Pero el camino de Frondizi era otro...
Lucas: Justamente, hablando de Frondizi, una cosa importante que hace es unificar el mercado cambiario después de 28 años en la Argentina, por la inversión. Porque vos no le podés dar a los dólares que entran un tipo de cambio mucho menor. Y mucho menos hoy, porque hoy los argentinos son como extranjeros desde el punto de vista de la inversión, porque sus ahorros están en dólares y piensan en dólares. Entonces, la única inversión que puede haber es con los flujos de pesos que tienen acá las empresas. Pero, con control de cambios y con brecha cambiaria, ningún dólar entra en la Argentina. No hay inversión extranjera y no hay inversión de argentinos tampoco.

¿Y cuánto pesa nuestra cultura atada al dólar?
Juan: Esto del Gobierno de decir que el problema era la cultura... Kicillof dijo algo distinto el otro día, y me pareció un avance hacia la realidad. Dijo: “No hay que criminalizar a los tenedores de dólares, porque eso es producto de muchas décadas de políticas económicas equivocadas”. Es obvio que el tema de la inflación acá, mismo en 2003-2004, cuando la inflación estaba al 3 por ciento anual, la economía se estaba pesificando claramente, y no había salida de capitales. O sea que no es un tema cultural. El tema es que, si te empiezan a poner un impuesto inflacionario, vos te rajás al dólar. Y como esto en la Argentina se hizo de manera sistemática, ya ni bien ves eso, volvés a ir al dólar. No hay ninguna economía, ni por lejos, que tenga el grado de bimonetarismo que tiene la Argentina.

Lucas: ¿Vos creés que eso es cultural? Es como un gordo que dice: “Soy genéticamente gordo”. ¡Dejá de comer 10 pizzas por día y vemos! Y si dejás de comer pizza y seguís siendo gordo, lo analizamos. Pero acá nunca probamos con una política monetaria que considere metas de inflación. Si vos ves las últimas tres décadas de la Argentina, y más atrás también, nunca tuvimos políticas monetarias habituales. Tuvimos la convertibilidad para salir de la híperinflación, pero también con sus peculiaridades. El día que probemos una política monetaria normal, hoy es metainflación, veamos si la gente empieza a pensar más en pesos o no.

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¿Por qué no hay crédito hoy, en el largo plazo?

Juan: La Argentina tiene uno de los sistemas financieros más chicos del mundo, en países de cierto tamaño. En comparación con el PIB no existe. Yo creo que ahí es la inflación, pero no solamente la inflación. Acá ha habido reiteradamente muchas metidas de mano. Si vos hacés la historia de la cantidad de veces que los activos financieros que vos tenías en la Argentina han sido tocados, te han sacado un pedazo...

Lucas: Pero la gente reacciona a los cambios en ese sentido. Los mercados financieros en general miran para adelante. Después de la reestructuración de la deuda, la Argentina tuvo un riesgo país como el de Brasil, y hacía tres años que había hecho un default. El tema es que vos mirás para adelante acá, en la Argentina, y poner plata a largo plazo en un banco no sabés cuánto va a valer lo que te va a devolver. La tasa es 20, ¿pero 20 es mucho, es poco? No sabés. Y no sabés porque no sabés qué va a pasar con el dólar. No es 20, si fuera, digo. Es menos, 16-17.

¿Qué temas de fondo no están y deberían incluirse en la agenda?
Juan: Hay discusiones importantes que tampoco se dan. Por ejemplo, toda América latina tiene un problema de excesiva exposición a los commodities. Y esto genera una serie de fenómenos, y no todos son positivos. Eso no se discute en la Argentina, no se habla, ni siquiera cuáles son los antídotos. Teóricamente, con un sistema que consiste en sacarle muchos recursos al sector agropecuario, para transferirlo de distintas maneras a los sectores urbanos, pero que ni siquiera se está dando el resultado ese. Lo pongo como un ejemplo de que los problemas de estrategia en la Argentina están totalmente ausentes. El cortoplacismo es total y absoluto. Y, en cuanto a futuro, por ahora lo que veo es que la Argentina va a seguir en un estado crítico con, eventualmente, algún pico de crisis.

Lucas: Creo que es un Gobierno cortoplacista, creo que casi todos los gobiernos lo son. A veces hay grados y hay diferencias en qué recibís. Lula recibió una cosa funcionando, y dijo: “Bueno, sigo con este equipo que va ganando”. Pero no sé si estaba pensando a 10 años o 20, como a veces se dice de Brasil. Este gobierno, en este instante, en esta situación que tiene, va a seguir siendo cortoplacista. Y está en un momento donde está con problemas. Entonces, su cortoplacismo va a consistir, básicamente, en apagar los focos que aparezcan. Por ejemplo, sube el blue. Bueno, hacemos alguna cosa como esto que comentábamos de política monetaria porque no queremos que eso se vaya al diablo. Y lo mismo con las reservas, que es otro dato clave. Lo que va a pasar es que, como es un sistema con pocos incentivos para exportar el que hay ahora, las exportaciones mucho no van a crecer. Por lo tanto, lo que vas a ir manejando es la perilla de volumen de las importaciones. Y eso lo que quiere decir, porque eso va a ser mejor que tener una crisis de reservas, es achicar las importaciones si lo necesitás. Esa es una economía que funciona muy mal, porque estás apagando esos problemas que tiene el modelo de la manera que es menos costosa, en el corto plazo, pero que en ningún caso te resuelve los problemas de la competitividad, ganas de hacer inversiones en el país, etcétera.

¿Y qué país se está llevando la oportunidad que pierde la Argentina?
Juan: La estrella latinoamericana del siglo XXI es Perú, sin la menor duda. La Argentina, tradicionalmente, estaba tercera en recepción de inversión extranjera, y ahora está quinta o sexta. Nos pasaron Chile, Colombia y, a veces, Perú. México y Brasil lógicamente siempre han recibido mucho más por tamaño. Perú es el caso más notable, porque es un país que, realmente, ahí vos tenés cuatro presidentes de ideologías muy diferentes a lo largo de su vida: Fujimori, Toledo, Alan García y Humala. Juntar ese póker y que los cuatro han hecho más o menos la misma política económica... Brasil yo creo que está bastante inflado.

¿Lucas, vos en su momento desmitificaste el modelo como tal?
Lucas: Son modas. Me parece que lo de Perú... De alguna manera, saber que Perú hoy paga un punto y medio porcentual más de tasa de interés, que en los Estados Unidos para mí se llama burbuja... Sos Perú, con todo respeto. Si vos me decís Chile, sí, es un país que viene 20 años o más con la misma política.

Juan: Yo a Perú lo veo sólido, lo que pasa es que está muy anclado en los recursos naturales.

Lucas: Seguimos siendo un poco relevantes y, si hiciéramos las cosas que hay que hacer, recibiríamos inversiones, y no necesariamente irían menos inversiones a Colombia, a Perú o a Chile. Cualquiera se puede sumar. Y es una pena que Argentina no esté sumando. Por otro lado, lo que quiero decir es que, con poco que hicieras, un gobierno que llegara en 2015 suponemos, lo que aumenta el valor de la Argentina como país es muy grande.

Juan: La Argentina, en los últimos años, se ha convertido cada vez en una economía más bíblica, en el sentido que nuestro nivel de dependencia, respecto del precio y la cantidad de la soja, es creciente.

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Se dice de ellos, por Hernán Iglesias Illa

Cuando estábamos en quinto año, a Lucas se le ocurrió que el colegio tenía que tener un torneo de fútbol de alumnos y exalumnos. Lo organizó él mismo, casi imponiéndoselo a las autoridades. En aquella primera época, los capitanes llamaban los sábados a la mañana a la excasa de los Llach, en Vicente López, para preguntar horarios o si los partidos se habían suspendido por lluvia. Los atendía el viceministro de Economía (o su mujer, Magdalena) con las indicaciones dejadas por su hijo de 17 años: “Os Colossos juega a las 11:15; Judas Buchón, a las 12:30”. Durante años, Juan y Lucas jugaron en el mismo equipo. Juan al arco, sin hablar mucho, con una vieja camiseta amarilla de manga larga; Lucas en toda la cancha, dando órdenes, queriendo ganar cada partido. Eran el economista famoso y el economista estudiante que (ya lo sabíamos todos) podía llegar a ser igual de famoso. Pero esos sábados era más probable escucharlos hablar de fútbol (es decir, de Central) que de economía o política.

El autor es periodista, fue editor de The Wall Street Journal y redactor de El País y El Cronista. Autor de Golden boys (Seix Barral, 2008) y Miami (Seix Barral, 2010). Amigo y excompañero de colegio de Lucas Llach. 



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