Joaquín Furriel: “No me identifico con quienes están fanatizados con el Gobierno
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Joaquín Furriel: “No me identifico con quienes están fanatizados con el Gobierno"

Lejos de su rol de galán, el actor sorprende con su descarnado protagónico en El patrón. La película, basada en un caso policial muy resonante en los ‘80, lo mueve a reflexionar sobre la actualidad del conflicto central de la historia: la desigualdad de oportunidades como disparador de la violencia cotidiana.  Por Lorena Obiol 23 de Febrero 2015




Mucho más que una metáfora del encierro. El libro El patrón. Radiografía de un crimen, publicado en 1988 por el criminólogo Elías Neuman, relata el caso real de abuso, padecimiento y humillación sufrido por Víctor Saldívar, un hachero de Santiago del Estero que llegó a Buenos Aires en busca de una mejora laboral jamás encontrada. En la película homónima, que se estrena a mediados de febrero, Joaquín Furriel iba a interpretar el papel del abogado penalista. Sin embargo, desde que leyó el guión, el protagonista de Sres. Papis —telecomedia de Telefé que terminó en noviembre—, se conmovió tanto con lo que le pasaba a ese peón sometido por su jefe, que no dudó en doblar la apuesta.

“Si bien Sebastián Schindel (NdR: Director de los documentales Mundo alas, El rascacielos latino y Rerum Novarum, que debuta en el género de ficción) me ofrecía un personaje buenísimo, sentí que no iba a poder hacer bien al letrado sabiendo que me había pasado algo tan fuerte con Hermógenes (NdR: Saldívar)”, explica el actor sobre el rol del carnicero que, explotado hasta la esclavitud, desata una tragedia que tuvo gran repercusión en la década del ‘80.

¿Qué aspecto de la historia lo interpeló tanto?

Lo que siento es que, si el capitalismo termina llevando a una situación de explotación, imaginate lo que es ese capitalismo fuera de un marco legal, donde el trabajo es informal, donde los arreglos son de palabra, donde un patrón puede abusar a piacere de su empleado. Y otro detalle, que no es menor: no es lo mismo el patrón de un empleado educado, con educación formal me refiero, que el de un analfabeto.

¿Siente que ese lado en sombra del sistema capitalista sigue vigente?

Para Estados corruptos, donde hay coladores sociales sin contención, este tipo de personalidades —ambiciosas, impunes, corruptas— son ideales porque así se puede desarrollar un sistema particular y egoísta de poder, donde se explota a una persona al punto de quitarle todo lo que tiene. En el caso de Hermógenes, siento que termina siendo el chivo expiatorio: le pone el cuerpo a esa situación y su vida es una tragedia, consecuencia de la ausencia del Estado y la falta de regulación laboral. Son tantas cosas las que fallan para que Hermógenes termine viviendo de la manera en que vive... Y, lamentablemente, en el mundo hay tanta gente como él...

¿Es más duro ser marginal en la ciudad de Buenos Aires que en el interior?

No puedo decir que Hermógenes sea un ser marginal. Para ser marginal, tenés que estar al margen de algo, y él directamente está afuera del sistema. Es una persona que está a la intemperie, que vive en Santiago del Estero, una de las provincias más pobres de la Argentina. Hoy hay muchos lugares complicados y muchas provincias con problemas porque las corporaciones sojeras están corriendo a los que vivían de esos hábitats.

El conflicto que refleja la película se resolvió de manera violenta. ¿Cuál cree que será el debate que disparará, con un clima social tan crispado?

Al director lo conmovió esta historia porque invita a reflexionar sobre un caso real. Para la media, si mató al patrón, es malo: mató y tiene que ir preso. Sería bueno empezar a preguntarnos por qué. Creo que los debates no pasan por donde deberían: estamos en la pavada, estimulados por los medios también. Ahora, encima, está la polarización. Nos han querido decir que la Argentina está polarizada y que la gran mayoría desea lo que esa minoría quiere: analfabetismo para que haya sometimiento laboral, enriquecimiento a costa de la corrupción y de no pagar impuestos. 

¿Qué solución ve viable?

Voy a hablar de la clase media, que es la que conozco. La falta de autocrítica que tiene es increíble: le exige a los políticos algo que no se exige como ciudadana. Hay mucha gente que hace lo posible por evadir la mayor cantidad de impuestos y habla de que los políticos son corruptos. Pero en cualquier país del mundo la evasión es corrupción y vas preso. Entonces, es como quejarnos de que somos un país sucio mientras tiramos papeles en la calle. Creo que, mientras siga habiendo directores como Schindel, periodistas a los que les interese cubrir este tipo de historias y actores que sigan interesados en actuarlas e invitarnos a pensarnos como argentinos de una manera diferente, la solución va a venir por ahí. Va a ser muy lento y muy de a poco, pero es parte de nuestro ejercicio como país democrático. Tenemos apenas 31 años de democracia y nos exigimos y nos comparamos con el modelo escandinavo. Personajes como Hermógenes nos dicen que, mientras siga la segmentación, difícilmente podamos convivir bien. En alguna época ocurría algo que hoy resultaría extraño: al mismo colegio iban el hijo del gerente de la empresa y el del empleado. Creo que si Hermógenes hubiese tenido acceso a la educación y a ser amiguito del hijo de alguien, no hubiese llegado a una decisión trágica. No es que la película justifique el asesinato del patrón, sino que señala que al poderoso no le alcanza con tener poder: se tiene que devorar todo. Y no se da cuenta de que, en el camino, va generando un dolor social que, cuando llega al punto de quiebre, estalla.

¿Cómo ve al país?

Está muy lejos del que soñaron mis abuelos. Hoy tenemos barrios cerrados con gente que tiene dinero y tenemos las villas, otra clase de barrios cerrados, que son guetos para pobres. Cuando se da el cruce, hay tiros, uno mata al otro. Es, para mí, el peor de los mundos donde vivir. La película, en ese sentido, tiene mucho para decirnos. ¿Hasta qué punto una persona puede explotar a la otra? ¿Cuál es el límite? Vivimos en un mundo en el que, para que algunos estén muy bien, muchísimos la tienen que pasar muy mal. Para que Hermógenes vea como progreso el vivir en la parte de atrás de una carnicería, es porque lo compara con el lugar de donde viene. Para mí, que la película esté basada en un hecho real de 18 años de sometimiento hace que estemos viendo nuestra historia. Y que se visibilice lo peor de nuestra sociedad en los medios de comunicación es una herramienta para ver que se puede encarar la vida de otra manera. Igual, hoy vemos que sigue habiendo esclavitud, como en los talleres textiles clandestinos, por ejemplo.

Entonces, si lo volvieran a convocar como imagen de una marca de indumentaria, ¿chequearía que no trabaje con mano de obra no declarada?

No. Bueno... Lo que pasa es, y de verdad te digo, que si empezás a escarbar y escarbar... ¡Deberías cuestionarte todo! Entiendo lo que preguntás, pero hay que encontrar un equilibrio porque, si no, mi sensación es que te vas a terminar aislando, porque naturalmente todo es bastante complejo. Creo que es bueno no ser ingenuo. Desde ya, sé que nunca haría una publicidad de cigarrillos. Sin embargo, lo sé, hice una campaña para una marca de bebidas, pero duró poco, un verano nomás... Entiendo que se generan propuestas que van por fuera de la actuación, pero tengo en claro que no quiero ser modelo de marcas sino vivir de la actuación.

En pleno fin de ciclo K, arrecian las denuncias por corrupción. ¿Qué le produce?

Conozco mucho la Argentina porque viajé de mochilero intensamente. Y también elegí conocer países pobres. Por eso te puedo decir que, así como en África hay pobreza geográfica, en Sudamérica la pobreza es la corrupción. Con respecto a tu pregunta, creo es muy difícil dar una respuesta mientras este gobierno siga estando en el poder. Recién ahora estoy entendiendo los ‘90... Para poder analizar, necesitamos cierta distancia. Sí te puedo decir cosas concretas, del orden de lo cotidiano. No soy nada extremista, ni siquiera en el fútbol: hoy por hoy, no me identifico con quienes están fanatizados con el Gobierno ni con quienes hablan de una manera totalmente agresiva y en contra de esta gestión. Cualquiera de esas posturas me distancia porque siento que ahí no hay ninguna reflexión posible. También podría decir que la política volvió a ser un tema: en los ‘90 no me preguntaban estas cosas y ahora es un tema que sale en casi todas las entrevistas. A veces contesto, como ahora, pero muchas veces prefiero no hacerlo porque los medios también terminan simplificando todo lo que uno tiene para decir y eligen algún título que puede ser bien leído para un lado o mal leído por el otro. Como no me interesa ser utilizado, prefiero no opinar la mayoría de las veces. Tengo muy clara cuál es mi postura, pero no la comparto públicamente. Soy un actor que trabaja como actor.

El patrón. Radiografía de un crimen, llegará a las salas porteñas a mediados de febrero, precedida por el premio en la sección Work in Progress del último Festival de Cine de Mar del Plata. La producción del filme enfatiza que “Furriel entrenó intensamente durante un mes en carnicerías para conocer a fondo el oficio, y se sometió a una auténtica transformación física para caracterizar a un humilde hachero de los quebrachales santiagueños”. Especial motivo de orgullo para el actor: “Es mi trabajo. No digo que sea fácil, pero es mi trabajo. Trabajé la tonada, la posición física y todo lo que me exigió el guión. No tuve dobles de mano ni nada: todo lo que se ve en la película, lo hice yo”.



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