Helle Thorning-Schmidt, primera ministra danesa:
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Helle Thorning-Schmidt, primera ministra danesa: "El mercado es un mal amo, pero un buen sirviente"

La primera ministra danesa fue lanzada al candelero internacional por sacarse una autofoto (selfie), y en actitud festiva, en el funeral de Nelson Mandela junto a Barack Obama y David Cameron. Retrato de una líder política que se niega a hablar de las dificultades que encuentran las mujeres para acceder a las altas esferas de poder. 

Por Richard Milne 16 de Mayo 2014

 

 

Hace más de 24 horas que está nevando y una alfombra blanca cubre a Copenhague. Frente al neobarroco Palacio Christianborg, sede del Parlamento y de la oficina de la primera ministra de Dinamarca, también conocido como Borgen, un empleado barre la nieve. No hay aquí una entrada como la del 10 de Downing Street, en Londres: apenas una puerta de aspecto común y un ascensor estrecho que lleva a los visitantes hasta la oficina de la premier. Adentro hay una extraña calma, y sólo cada tanto un miembro del personal cruza los anchos pasillos.

Tres días después de mi visita, el gobierno danés se hundió en una crisis: uno de los tres partidos de la coalición minoritaria se retiró en medio de un escándalo público por una inversión de 8 mil millones de krones o coronas danesas (u$s 1.400 millones) de Goldman Sachs en la empresa pública de energía, Dong Energy. La conmoción condujo a la séptima reestructuración del gobierno de centroizquierda, que llegó al poder en septiembre de 2011.

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Problemas. La primera ministra danesa fue lanzada al candelero internacional por sacarse una selfie. Foto: Bloomberg.

Ahora, sin embargo, todo está en calma. De pie en la puerta de su oficina está Helle Thorning-Schmidt, primera ministra de Dinamarca. A los 47 años, es una rara avis por muchos motivos: es una ‘rareza’ socialdemócrata en un mar de gobiernos europeos de centroderecha, y en gran medida por ello se la considera como posible titular de la Comisión Europea en Bruselas; además, su imagen se disparó enormemente a partir de diciembre del año pasado, cuando se viralizó la selfie que se tomó con Barack Obama y David Cameron en el funeral de Nelson Mandela. Si se agregan más referencias a la cultura pop, como el estrecho paralelo que existe con la serie televisiva danesa de culto Borgen (en la que se retrata, justamente, a una primera ministra), el hecho de que sea nuera del exdirigente laborista británico Neil Kinnock, y el apodo Helle Gucci, la fascinación internacional por Thorning-Schmidt se intensifica.

Ella decidió que fuéramos a la cantina interna del edificio para pedir el almuerzo y que lleváramos los platos a su oficina. Bajamos por la escalera majestuosa, seguidos por un custodio, y atravesamos lo que parece un depósito con un metegol (“Nadie juega”, dice Thorning-Schmidt) y equipos de cocina abandonados. La cantina es pequeña, y limitada la carta, aunque la comida parece atractiva. Pedimos una entrada de camarones y, mientras me sirvo un plato caliente de arroz y curry, la Primera Ministra conversa con uno de los chef acerca de cierto buen pescado que comió. De vuelta en el piso superior, comemos en la gran mesa de reuniones ubicada en su oficina. Thorning-Schmidt declara, a modo de guiño cómplice: “Estoy muerta de hambre”. Los dos liquidamos los camarones en cuestión de segundos mientras hablamos del clima. Dice: “Cuando aquí empieza a nevar, las cosas se ponen confusas”, frase en la que pienso unos días después, mientras arrecia la tormenta política en Copenhague.

Si quieres gobernar, tendrás que hacerlo con otros partidos. Si estás en una coalición minoritaria, tendrás que encontrar una mayoría a favor de tus políticas. 

Thorning-Schmidt se quita el saco gris y se sube las mangas de su pulóver morado. El mensaje es claro: ahora vamos a lo concreto. Antes del almuerzo había decidido empezar con preguntas sobre la cultura popular para, luego, avanzar hacia temas más serios. Arranco: ¿cuánto le molestó la reacción a la selfie? La acusaron de incurrir en un comportamiento indigno de un jefe de Gobierno en un funeral, y hasta de flirtear con Obama...

Termina un bocado de curry y reconoce: “Me sorprendió bastante. La gente estaba literalmente cantando y bailando, había un ambiente celebratorio. Y los jefes de Estado y de gobierno no teníamos asientos fijos, así que tuvimos que buscarnos un lugar cuando llegamos. Por eso, todo era bastante relajado. Luego, la gente empezó a reunirse en el extremo donde estaba yo, pero no por mí sino por la persona que tenía al lado. Sacaban un montón de fotos, pero es más divertido sacarse una selfie porque la gente posa de modo más alegre y, casi siempre, alguno queda como un tonto... Por eso me gustan las selfies”.

Algunos defendieron la foto por ser una muestra de que los políticos también pueden soltarse el cabello, algo que la fotogénica Thorning-Schmidt procura recalcar: “Soy una persona seria, trabajo mucho y me reúno con gente en un plano muy profesional, pero también me gusta divertirme”. Señalo que algunas de las críticas fueron directamente ofensivas, como la de Andrea Peyser, del diario New York Post, quien llamó a Thorning-Schmidt ‘la ramera danesa’. Elige las palabras con cuidado: “Creo que eso dice más de ellos que de nosotros. No lo tomo en forma personal y no me afecta para nada”.

Insisto: ¿no muestran esas reacciones las dificultades que afrontan las mujeres en la política y el doble rasero de los medios?. “Sin dudas hay diferencias entre los hombres y las mujeres en la política, y claro que muchas de las críticas no se habrían formulado si yo hubiera sido hombre. Pero eso no es nada nuevo. Así son las cosas, y no quiero pasar mucho tiempo analizándolo”.

Thorning-Schmidt está acostumbrada a destacarse en la multitud. Su padre fue profesor de matemática y economía en una escuela de negocios y Helle fue estudiante estrella en la escuela secundaria a la que asistió en Copenhague. Después estudió Ciencias Políticas y trabajó en Bruselas con los socialdemócratas daneses en el parlamento europeo. Más tarde se convirtió en asesora internacional de la Confederación de Sindicatos Daneses, antes de ser elegida a la Eurocámara en 1999.

Primera socialdemócrata en una familia de votantes conservadores, Thorning-Schmidt se transformó en 2005 en la primera mujer en conducir el venerable partido Social Demócrata de Dinamarca, y la primera jefa de Gobierno, en 2011.

Sin dudas hay diferencias entre los hombres y las mujeres en la política, y claro que muchas de las críticas no se habrían formulado si yo hubiera sido hombre. 

Al igual que Margaret Thatcher en su época de apogeo, tuvo que soportar una enorme atención de los medios por sus carteras. Freddy Blak, quien entonces era legislador socialdemócrata, le puso el apodo de ‘Helle Gucci’... Y el sobrenombre prendió. “Si te ponen un apodo divertido, queda”, responde con sencillez. Pero, según un libro del periodista danés Jakob Nielsen, la reacción inicial de Thorning-Schmidt fue más extrema. Cuenta que irrumpió en la oficina de Blak y lo increpó: “No me digas ‘Gucci’ sólo porque no soy un pedazo de mierda como vos”. Después se amigaron, y hoy ella se refiere así al episodio: “Eso muestra que soy real. Le dije eso a un colega, lo que indica que soy de las afueras del sur de Copehnague”.

En un viaje para visitar a soldados daneses apostados en Libia, poco después de convertirse en primera ministra, a Thorning-Schmidt la fotografiaron vestida con un chaleco antibalas camuflado, tacos altos y una cartera rojo brillosa. Uno de los diarios más serios de Dinamarca, el Berlingske, tituló su artículo: “Helle llevó a la guerra su cartera de diseñador”, le recuerdo. Ella apoya el tenedor y deja el plato principal a medio terminar mientras hablamos sobre la elevada cantidad de mujeres que trabajan en el sector público de los países nórdicos, y del hecho de que Noruega (donde vivo) tiene a la vez una jefa de Gobierno y una ministra de Finanzas.

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¡Sonría! La selfie que se sacó con Obama disparó críticas en todo el mundo. Foto: Bloomberg.

Decido hacer una última pregunta sobre la selfie: ¿por qué generó debate en todas partes menos en Dinamarca, donde la reacción fue tan apagada? Me mira con intensidad: “Para ser sincera, no quiero seguir hablando de ese tema. Me parece que es una lástima que, si entrevistas a una política mujer, la primera parte del reportaje tenga que estar dedicado a cómo es ser una mujer en la política. Casi que no tiene sentido”.

Le pido disculpas. Es un momento incómodo. Para avanzar, opino que, en vista de los planes de austeridad europeos de los últimos años y de la falta de gobiernos afines de centroizquierda, no debe ser una época fácil para una socialdemócrata. “Es verdad”, acepta. Y señala que sucede por dos motivos. Uno es que la crisis financiera, que golpeó más a Dinamarca que a los otros países escandinavos, hace más atractiva la posición de la extrema izquierda, “esa de ‘odiamos todo tipo de economía de mercado’”, que la de los socialdemócratas, que se niegan a condenarla de manera esencial. El segundo es que “la clase trabajadora normal”, durante mucho tiempo la base tradicional de su partido, ya no nace socialdemócrata. “Sigue siendo verdad que el mercado es un mal amo pero un buen sirviente, y eso implica que debemos mantener la economía de mercado pero controlarla y regularla para beneficio de todos. Esa es mi idea. Y eso es lo que pienso sobre la socialdemocracia”.

Thorning-Schmidt asumió como primera ministra cuando Dinamarca se recuperaba de las secuelas de la crisis. Varios bancos habían quebrado, mientras que los niveles de endeudamiento familiar eran los más altos del mundo. Ante ese panorama, el nuevo gobierno impulsó reformas que irritaron profundamente a los votantes de centroizquierda, como aliarse con la oposición de centroderecha para aprobar un paquete impositivo que beneficiaba a algunos de los más ricos a expensas de los jubilados y los subsidios por desempleo. Eso, combinado con una serie de promesas electorales incumplidas, llevaron a los socialdemócratas al más bajo resultado electoral en al menos un siglo. “No ha sido fácil para nosotros. Pero fue necesario. Y tengo la idea de que en el centro de la plataforma socialdemócrata siempre tendrá que estar el hacer algo para crear una economía equilibrada. Eso implica reformas”, explica. Aparta su plato y prosigue diciendo que a la centroderecha le gustaría usar la crisis como excusa para replegar el fuerte papel del Estado en Dinamarca. Es enfática al decir que eso no debería suceder. “¿Qué hacer entonces? Lo único obvio es ser harto diligentes en la reforma del Estado. Si la gente paga impuestos altos (Dinamarca tiene una de las tasas más elevadas de impuesto a las ganancias del planeta) esperará recibir el mejor servicio de salud del mundo”, afirma.

La crisis financiera, que golpeó más a Dinamarca que a los otros países escandinavos, hace más atractiva la posición de la extrema izquierda.

Aunque sus reformas han sido bastante impopulares en la centroizquierda de Dinamarca, fuera del país recibieron comentarios más positivos. Expertos en Bruselas mencionan a Thorning-Schmidt como posible candidata socialdemócrata para encabezar la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la Unión Europea. Pero ella no quiere hablar del tema: “Me siento una privilegiada por ser la Primera Ministra de este país fantástico. Hay tanto por hacer todavía... Y, si puedo, voy a tratar de seguir sirviendo a los daneses”.

Desde que se formó, hubo preocupaciones acerca de la longevidad de su gobierno, y ahora la coalición minoritaria de tres partidos quedó reducida a un esquema incluso más frágil de dos partidos: sólo quedan los socialdemócratas y los socialiberales. Le pregunto sobre el pragmatismo que debe acompañar a un gobierno de minorías, que apenas domina un tercio de los escaños del parlamento. “Si quieres gobernar, tendrás que hacerlo con otros partidos. Si estás en una coalición minoritaria, tendrás que encontrar una mayoría a favor de tus políticas. Y puede ser muy arduo porque demanda de largas discusiones. Pero, en muchos sentidos, ¿no es mejor crear las cosas de manera pragmática y tener que escuchar otros puntos de vista para encontrar la mejor solución?”. Es un método muy nórdico, desde luego.

Menciono que en el mundo parece haber una suerte de fascinación inagotable por el modelo social nórdico, y me responde en términos asombrosamente personales: “Es un modelo muy interesante para la persona común porque, gracias a lo que hemos creado aquí, una niña de padres divorciados del sur de Copenhague, como yo, puede, sin dinero ni nada, conseguir un título, ir a buenas escuelas y convertirse en Primera Ministra. Creo que, en el mundo, debo ser la primera que tal vez vive la vida más normal: me lavo la ropa y la de mis hijas”.

Me ofrece café. Cuando le pido té, me muestra la mejor selección que he visto hasta ahora en la región. El despliegue al estilo británico me trae a la mente a su suegro. ¿Le da muchos consejos políticos Lord Kinnock? “Me ha dado algunos, pero lo más grande que recibí de él y de mi fantástica suegra (la baronesa Kinnock, exmiembro del parlamento) es que siempre tienen los pies en la tierra. No se preocupan demasiado por las cosas. Y se apoyan mutuamente”. Thorning-Schmidt conoció a su esposo, Stephen Kinnock, cuando eran estudiantes en el Colegio de Europa, en Bélgica, y se casaron en 1996. Él trabaja en Londres durante la semana y ella cuida sola a sus dos hijas adolescentes de lunes a viernes (no tienen niñera). “En verdad agradezco que tenga que concentrarme en la vida cotidiana, que en tantas formas es como la de cualquiera: hablo con los padres de los compañeros de mis hijas, voy a reuniones del colegio, hago las compras, cocino, hablo con mis vecinos”. En otra muestra de su normalidad, más tarde la fotografiaron barriendo la nieve acumulada frente a su casa.

Su esposo intenta presentarse como candidato laborista en Aberavon, un distrito galés conocido por sus industrias pesadas, como la planta siderúrgica de Port Talbot. ¿Ella le da consejos? “Hablamos de todo. Me fascina. Y creo que el hecho de que yo sepa de política y él también, hace que nuestras conversaciones sobre esas cosas sean tan fáciles”.

La charla se acerca a su fin. Señala, con picardía, lo que dejó sin comer: “Comimos demasiado rápido. No puedo hablar y comer al mismo tiempo, así que no pude terminar mis verduras, algo que obviamente es culpa tuya. Pero sí tengo unos bombones que vos no tenés, según veo”. Algo fácil de remediar... Mientras caminamos hacia la puerta me doy cuenta de que nos falta algo por hacer: sacarnos una selfie. “Sí, por supuesto. Si estoy yo, va a ser grandiosa”.



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