Green vivants, la nueva ecotribu urbana
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Green vivants, la nueva ecotribu urbana

Cada vez más personas eligen vivir en la ciudad, pero de forma sustentable. Optan por la bici en lugar del auto, separan los residuos, crean una huerta en su casa y compran en mercados orgánicos y tiendas de comercio justo. Cómo habita y consume la nueva generación de bon vivants eco-friendly.

Por María Gabriela Ensinck 07 de Marzo 2014




Hace algunas décadas, el ideal era irse al campo, a la montaña o a una casita en la playa para vivir saludablemente y en armonía con la naturaleza, lejos del ruido y las luces de la ciudad. Hoy, muchos eligen quedarse en los centros urbanos, buscando mantener una alimentación sana y cuidando el medio ambiente con pequeñas acciones, como comprar productos orgánicos y cocinar en casa, reciclar la basura o moverse en bicicleta. Son los green vivants, personas que “combinan el buen vivir con prácticas naturales, saludables y amigables con el entorno”, describe Adrián Montesoro, captador de esta tendencia urbana y creador del sitio web de referencia Greenvivant.com.

Frecuentar los mercados orgánicos en busca de productos naturales, comprar local y estacional, separar los residuos, armar una huerta en casa o en el balcón, usar la energía racionalmente y cuidar los recursos sin privarse de una comida sofisticada o un mueble de diseño son actitudes características de esta ecotribu urbana. Por sobre todas las cosas, los green vivants consideran al cambio climático, la contaminación y la depredación de los recursos naturales como un problema prioritario. Y deciden tomar cartas en el asunto. “Se trata de un modo de vida que promueve valores relacionados con la salud propia y del planeta”, afirma Montesoro, quien hace un par de años comenzó a recopilar información sobre alimentación natural, almacenes orgánicos, arte y turismo sustentable, lo que dio origen a su portal.

huerta ecológica en casaTendencias. La sustentabilidad y la ciudad conviven sin problemas. Foto: Clase Ejecutiva. 

La movida suma adeptos. Y las marcas ya están apuntando a este nuevo y prometedor mercado con productos que enfatizan su condición de natural (como las bebidas endulzadas con estevia) y utilizando packaging reciclable cuando no pueden eliminarlo. Cada vez más líderes de opinión –reconocidos chefs, artistas e intelectuales– promueven la alimentación vegetariana, irrumpen como activistas ecológicos o lanzan líneas de bienes y servicios ecofriendly.

“Cada gota de agua que no se pierde, cada residuo que no se genera, cada planta que se mantiene viva, hace del planeta un mundo mejor para todos”, proclama Aleandra Scafatti, fundadora de Ecomujeres, una ONG que promueve la sustentabilidad a partir del cambio de hábitos cotidianos. “Se puede llevar adelante una vida sana y con bajo impacto ambiental en cualquier lugar. Lo importante es estar en armonía con el espacio donde uno vive, ya sea una zona urbana o rural, y para eso debemos ser conscientes de nuestras acciones y hábitos de consumo. Hoy, el buen vivir implica satisfacer nuestras necesidades tomando sólo lo necesario y con el horizonte de perdurar”, señala. Las pequeñas acciones son las que cuentan: evitar el consumo innecesario de energía, papel, bolsas plásticas. Al final del día, hacen la diferencia. “Desde nuestro lugar, cada uno puede ayudar al medio ambiente”, coincide el chef Pedro Lambertini, quien a comienzos de año recorrió 16 ciudades y pueblos de Alemania en bicicleta, buscando recetas para su programa en Elgourmet.com. “Reciclar la basura, cerrar el grifo cuando nos lavamos los dientes, apagar las luces que no usamos y no abusar de los aires acondicionados y la calefacción son aportes posibles”.

Somos lo que comemos
Adriana Nielsen descubrió la alimentación viva (raw food) cuando nació su segundo hijo, que hoy tiene 25 años. Actualmente es una de las impulsoras de este movimiento desde Raw Club, una entidad con sede en Palermo donde se ofrecen cursos de cocina natural, respiración y reiki. “La corriente raw (crudo o sin cocción, en inglés) propone consumir alimentos en su estado natural, y lo más próximos a su cosecha, para mantener sus propiedades nutricionales intactas”, explica. Frutas, vegetales y semillas son la base de esta alimentación que se sirve en platos fríos o, a lo sumo, deshidratados o calentados hasta 42ºC. “Siento que al alimentarme de esta manera tengo más energía y conexión directa con la naturaleza. Al principio, podría parecer una complicación. Pero cada vez es más fácil conseguir productos naturales y orgánicos, o tener información para armar la propia huerta”, asegura Nielsen, co-organizadora del Buenos Aires Raw Fest que se realizó en el Faena Hotel & Universe a mediados de febrero con la presencia de gurúes de la sanación espiritual y chefs nacionales e internacionales que se sumaron a esta movida.

No hay dudas de que una vida sana tiene mucho que ver con una buena alimentación. Pero a la hora de perseguir este ideal “hay que tener cuidado con no obsesionarse, porque puede ser frustrante”, advierte el cocinero Lambertini: “Comer rico y sano no es pensar en calorías o en lo que es light, sino en elegir productos variados, de buena procedencia, que nos nutran. También, habituar a nuestros niños a alimentarse de esa manera: si el nene probó una vez la remolacha y no le gustó, hay que insistir”.

Hoy, la calidad de vida se mide por la disponibilidad de tiempo. “Tomar vacaciones, trabajar desde casa, compartir más con los hijos, la familia y los amigos. Vivir de manera simple y en contacto con la naturaleza: ese es el buen vivir. Y es una meta posible”, define Angie Ferrazzini, creadora del mercado de productos naturales Sabe la Tierra. La emprendedora entró en contacto con la realidad de los productores y emprendedores rurales durante casi 10 años de trabajo como periodista especializada en asuntos del agro. En 2009 convocó a un grupo de ellos para crear un espacio donde vender sus productos en forma directa y bajo la modalidad de comercio justo. Ahora, Sabe la Tierra convoca a más de 10 mil visitantes mensuales y reúne a unos 130 productores de frutas, verduras, granja, alimentos aptos para celíacos, comida macrobiótica, plantas e insumos para huerta, diseños sustentables y cosmética natural, entre otros. “El ritmo de vida acelerado en las ciudades nos lleva a estresarnos, trabajar mucho, comer mal y no hacer ejercicio. Nos cuesta mucho desconectarnos para disfrutar el aquí y ahora”, describe. Y profundiza: “Creo en el pequeño cambio de hábitos. Algunos empiezan mejorando su alimentación, otros por hacer compost, una huerta o andar en bici. Uno de los puntos más importantes es reducir el consumo porque, si seguimos a este ritmo, vamos a quedarnos sin planeta”

ADN Green
-Vive en la ciudad, pero busca mantener el contacto con la naturaleza creando su propia huerta o jardín, aunque sea en macetas.

-Es consciente de su impacto ambiental y trata de reducirlo: usa la bicicleta, separa y recicla residuos, racionaliza el consumo de energía.

-Disfruta de la buena mesa y el confort, pero su consumo es sustentable: frecuenta mercados y restós orgánicos, y prefiere el ecodiseño.

-Predica con el ejemplo, militando en causas ambientales.



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