Francella y Suar, los reyes de la comedia 2014
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Francella y Suar, los reyes de la comedia 2014

El cómico más popular de la Argentina vuelve a la pantalla grande. Junto a Julieta Díaz, protagoniza Corazón de león, una comedia dramática sobre el amor y los prejuicios, que se estrena en agosto. En exclusiva, anticipa que en abril próximo vuelve al teatro, junto a Adrián Suar.

Por Jesica Mateu 03 de Mayo 2013




El encuentro exclusivo con Clase Ejecutiva se realizó a pocos días de concluir la filmación de Corazón de león, una comedia romántica de Marcos Carnevale en la que Guillermo Francella interpreta a un hombre de tan baja estatura –1,36 metros– como carismática personalidad, quien se enfrenta a ese escáner suspicaz que implica la mirada de los otros. “Me sedujo la propuesta porque habla de los prejuicios que tenemos como sociedad, de la discriminación, los preconceptos y de muchas cosas que suceden cuando alguien se relaciona afectivamente con otro”, señala en relación al filme, que se estrenará en agosto, y donde comparte protagónico con Julieta Díaz.

Hablando de prejuicios, ¿sintió una mirada juzgadora por parte de la industria ante los nuevos rumbos que tomó su carrera?
No, eso no lo viví. Fue un riesgo mío, más que nada. Llevo más de tres décadas en esta profesión y la conozco mucho. Me hice muy popular desde la comedia y jamás renegaré de eso. Pero, a medida que pasaban los años, como actor, tenía ganas de componer personajes distintos.

Francella Guillermo IMG


¿Productores y directores nunca intentaron disuadirlo de dar ese vuelco en su carrera dado el éxito asegurado que había logrado en la vena humorística?
Es que siempre fui un defensor a ultranza de que el éxito puede venir cuando tenés un gran guión, bien dirigido y bien interpretado. Se fue dando. Fue una búsqueda mía permanente. Intenté hacer comedias musicales, que en mi vida había pensado encarar, como Los productores y El joven Frankestein. Cualquiera diría: ¿por qué correr riesgos? Pero me preparé como un animal para poder afinar y entonar: trabajé tres veces por semana con canto y baile durante un año. Desde muy joven estudié teatro, y la comedia fue una circunstancia. En mis comienzos, lo único que quería era trabajar y tener continuidad. Y, a medida que la fui consiguiendo, y que fue cada vez mayor, dije: “No toco nada”. E, incluso, muchas veces los productores me dijeron: “No toques nada, hay un público cautivo que te sigue. ¿Ahora querés ser el malo de la película?”. Yo siempre insistía con que se podían hacer cosas diferentes.

¿Cómo fue el proceso interno que lo guió en esa búsqueda de nuevos desafíos?
Estaba muy seguro de lo que hacía. El tema era que algunos directores tienen el temor de que, cuando sos muy conocido, tu sola presencia distraiga de lo que ellos han escrito. Pero, si al minuto y medio logro que el público se olvide de que soy yo, es un mérito personal y del director que confía en lo que puedo dar. Siempre expresé que, sin tener asignaturas pendientes, me gustaría que la camada de nuevos directores me convocase. Sabía que a muchos les gustaría trabajar conmigo, pero siempre estaba eso de: “Hay una marca registrada de Francella con esa mirada cómplice a cámara. ¿Se sacaría el bigote? ¿Se pelaría?”. ¡Por supuesto que lo haría! Si vale la pena, claro.

¿Cuáles son sus planes inmediatos?
En julio empiezo el rodaje de El misterio de la felicidad, de Daniel Burman, una historia que habla de sueños y asignaturas pendientes. La coprotagonizo junto a Inés Estevez, quien vuelve a la actuación luego de su alejamiento, en 2006, para dedicarse a la literatura. Y en abril del año próximo vuelvo al escenario: con Adrián Suar vamos a hacer la versión teatral de Dos pícaros sinvergüenzas.

¿Y la tele? ¿Acaso la repetición hasta el infinito de Poné a Francella y Casados con hijos lo aleja de la pantalla chica?
Sí, me aleja porque estoy convencido de que soy el único al que lo repiten hasta el hartazgo. Intentaron repetir Mi cuñado, y no caminó. Por eso digo que el tema es conmigo: hay algo de feeling... Entonces, firmar un contrato con un canal de televisión es a perpetuidad. Pero también tengo sentimientos encontrados, porque veo en la calle el grado de felicidad de la gente a partir de productos que están en el top five del ráting del día, cosa que es muy poco probable que suceda con una repetición. Cuando, después de muchos años, quise volver al medio con El hombre de tu vida, inmediatamente después de que terminara, la repitieron. Sé que a los directores de programación les asiste ese derecho: pero, después de 100 horas mensuales al aire, tampoco te regodeés poniendo los sábados y domingos películas como Los bañeros más locos del mundo: ¡son cosas que hice hace 20 años! Es otro producto, otro registro. Respetame, cuidame como artista. Si no, no vuelvo.



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