Felipe Contepomi:
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Felipe Contepomi: "Nos acostumbramos a convivir con la inseguridad"

Luego de 13 años jugando en Europa, el máximo goleador de la historia en Los Pumas volvió a la Argentina. Se retiró el año pasado, pero sigue despuntando el vicio en Newman, el club donde debutó. Mientras tanto, espera la reválida del título de médico traumatólogo, que cursó —con mucho sacrificio y tesón— en paralelo con su carrera internacional. Por Esteban Lafuente 28 de Agosto 2014

 

 

Cuando la carrera de muchos empieza a declinar, la de Felipe Contepomi toma envión. O, mejor dicho, se renueva. Poco habitual en los deportistas de élite, el exjugador de Los Pumas supo desarrollar, en paralelo a su carrera en el rugby profesional, su formación como médico. Dos grandes vocaciones que marcaron su vida desde chico y que hoy, a los 37 años, siguen guiando sus pasos. Con el firme deseo de convertirse en galeno, aquel joven Felipe que, junto a su mellizo Manuel, empezó a jugar en las divisiones inferiores del club Newman, probablemente no imaginaba todo lo que el deporte le permitiría conseguir. Cuatro Mundiales —con un tercer puesto en 2007—, 13 años en clubes de Inglaterra, Irlanda y Francia, la capitanía de Los Pumas y hasta el mérito de convertirse en el goleador histórico del seleccionado argentino son algunos de los logros que acumula el doctor Contepomi. Sí, doctor: cuatro años y medio como estudiante de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, interrumpidos por su partida al Bristol inglés, se completaron con otros tres en el Royal College of Surgeons de Irlanda para recibirse, oficialmente, como traumatólogo.

Su retiro de Los Pumas, en 2013, fue el cierre de su carrera como deportista profesional. Instalado con su familia en el país, sigue disfrutando del rugby en la primera de Newman, mientras se enfoca en su otra gran vocación. A la espera de la reválida de su título para ejercer, continúa su formación con un posgrado en Medicina del Deporte en la Universidad Católica Argentina (UCA) y dirige el Centro Médico Contepomi, dedicado a esa especialidad, que creó en 2011 junto a su padre y colega, Carlos. El consultorio, entre pesas y camillas, es el lugar elegido para el encuentro con Clase Ejecutiva. “Estoy muy contento porque, después de 13 años, he recuperado muchas cosas que por ahí uno da por obvias en el día a día pero que cuando está afuera no las tiene, como la familia, los amigos, el club. Obviamente, uno puede ponerse a hablar de lo que extraña de allá, pero siempre trato de vivir más el presente y disfruto las cosas lindas de estar acá”, comenta.

Volviste a vivir a la Argentina el año pasado. ¿Cómo ves al país, hoy?
Creo que el país tiene algunos problemas, especialmente en temas sociales y económicos. Es difícil hablar de la gestión de este Gobierno porque yo no estuve aquí en la última década y tampoco soy un experto. Me parece importante destacar que los argentinos tenemos la posibilidad de votar dentro de 12 o 13 meses, y creo que eso, en una democracia, es importante. Espero que el que venga adopte políticas que sean lo más abarcativas posibles, para tener un mejor país. Del tema de los fondos buitre y la economía no entiendo mucho. Siento que, tal vez, habría que trabajar con más conocimientos de economía en las escuelas.

Hay deportistas que hacen su carrera en el exterior y se quedan a vivir allá tras el retiro. ¿Lo pensaste?
No, por un hecho muy simple. Yo me fui a jugar al rugby. Incluso, cuando decidí irme, lo tomé como algo de un año, para no arrepentirme en el futuro. Traté de crecer en eso e hice todo lo que tenía que hacer con las posibilidades que me dio el estar allá. Jugué al rugby profesionalmente hasta que pude y, después de eso, elegí volver. Creo que el lugar para empezar a desarrollar mi otra vocación es acá.

Tus hijas nacieron en Irlanda y Francia. ¿Cómo fue para ellas empezar una nueva vida en el país?
Se han insertado muy bien. Para ellas, estar con la familia materna y paterna, los primos y abuelos diariamente es positivo. Desde lo cultural, además, tener el idioma que hablan sus padres en el colegio y tener nuevas amigas es un cambio grande y lo han aceptado muy bien. La inseguridad era uno de los temas que más me preocupaban al tomar la decisión de volver, y creo que es triste decirlo, pero uno se acostumbra a convivir con ella. Si uno lo ve desde afuera, es una locura, pero es lo que ocurre. No es algo que me pasa sólo a mí, sino que nos tiene preocupados a todos los argentinos. Ojalá se lleven a cabo medidas para que se solucione. Mientras, uno trata de tomar los recaudos necesarios.

¿Qué hábitos tuviste que cambiar?
La escuela de mis hijas acá, por ejemplo, queda un poquito más lejos que en Francia, pero antes iba caminando y ahora tengo que llevarlas en auto. Allá podías dejar la bicicleta en la puerta y cuando salías, estaba: acá no podés. Son cosas a las que hay que adaptarse. Es sólo un aspecto de la vida cotidiana, pero hay muchas otras. Ahora tenés que cerrar la puerta con llave y no podés irte sin dejar las persianas bajas. A mí, por suerte, no me ha pasado nada, pero familiares cercanos han sufrido la inseguridad. Es cierto que en todas partes te roban, pero el nivel de violencia acá es más grande.

Y a nivel de tu carrera deportiva, ¿cómo fue volver a un contexto amateur después de tantos años en el más alto nivel profesional?
Al volver a Newman algunos me decían: “¡Qué bueno lo que hiciste!” o “¡Qué ejemplo!”, pero yo lo tomo desde un lado bastante egoísta, por así decirlo, porque el que se está sacando el gusto y está disfrutando de esto soy yo. Está buenísimo que a la gente de mi club le guste que yo juegue para Newman o que gente de otros clubes lo tome de esa manera pero, sinceramente, fue muy simple. Nunca pensé que iba a volver a jugar para Newman, pero dejé de jugar en Europa, volví, fui a entrenar y me sentí bien. La apertura de los chicos hacia mí fue increíble y me recibieron como si nunca me hubiese ido. Eso me incentivó a hacer un esfuerzo y jugar un año más, con la adición de que Manuel, mi mellizo, es el entrenador. Me parecía una oportunidad linda para vivir algo que por ahí me había faltado en los últimos 13 años. Muchos de los que hacen la vida de club lo dan por obvio, pero desde adentro se valora mucho lo que se gana en ese aspecto.

Desarrollaste una exitosa carrera como jugador profesional y te recibiste de médico. ¿Cómo lo lograste, Felipe?
En realidad hoy, retrospectivamente, veo que pasa más por los deseos. Cuando uno desea algo fuertemente, lo logra porque hace cosas extrahumanas para eso. Los tiempos han cambiado y, hoy, cuando agarrás a los chicos de 15 años en un club, seguramente haya muchos que te digan que quieren ser profesionales del rugby. En mi época, eso no existía. A los 15 años mi deseo era ser médico, no jugador de rugby. Que después la vida me haya presentado situaciones y yo las haya aprovechado, fue algo inesperado; pero mi deseo íntimo y fuerte estaba muy arraigado en ser médico. Habiendo hecho cuatro años y medio de Medicina en la UBA, me fui un año a jugar en Bristol para probar y no arrepentirme cuando fuera grande, pero me quedé 13 años. Después de un tiempo, me surgió el deseo de terminar la carrera. Antes, iba a a la universidad como concursante, pero no podía cursar oficialmente por las reválidas y demás. En ese momento apareció la oportunidad de ir a Leinster, en Irlanda, donde me aceptaban que pudiera estudiar. Arreglé con la universidad cuando aceptaron transferir y revalidar mis estudios para empezar el ciclo clínico, y ahí firmé mi contrato con el club.

¿Cómo administrabas el tiempo para cumplir con las distintas responsabilidades?
Cuando uno desea las cosas, puede administrar lo que sea. Cuantas más cosas uno tiene que hacer, más tiempo tiene. Es así. Cuando uno no tiene nada que hacer, no le alcanzan las horas para dormir, jugar a la Play o mirar televisión; pero cuando estás con muchas responsabilidades, dejás esas cosas frívolas. Dormir sí es muy importante (risas), pero uno puede no jugar a la Play y la vida continúa. Yo no creo mucho en las casualidades. Si me remonto a mi vida exclusivamente deportiva, mis mejores años en el rugby fueron de 2003 a 2009, cuando me lesioné (NdR: Sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda). Ese período fue cuando estuve en Irlanda, donde estudiaba o trabajaba, porque después de recibirme en 2007 trabajé dos años en un hospital mientras jugaba al rugby. Eso que se dice de “mente sana en cuerpo sano” me parece que es una verdad absoluta.

En tu carrera tuviste muchos éxitos y también situaciones difíciles, como esa lesión que te dejó varios meses sin jugar. ¿Cómo lograbas mantener tu motivación?
Tuve la suerte de tener entrenadores y compañeros que me enseñaron a transformar momentos difíciles o no tan buenos en algo positivo. También lo logré leyendo mucho. A mí me gusta Marcelo Bielsa, y él es claro cuando dice que una victoria se festeja y se disfruta, pero que de una derrota se aprende. Es un poco así: hay que tener claro que, cuando ganás, es consecuencia de muchos factores y no de que vos hiciste algo extraordinario. Hay muchas cosas que influyen en el resultado, y lo mismo ocurre cuando uno pierde. Es mucho más importante la forma, el proceso, lo que uno hace para llegar al resultado. Lo que uno puede controlar depende de cuánto uno le quiera meter a ese proceso, a esa metodología y forma de trabajo, con sacrificio, planificación y destreza. Eso se puede controlar, y ahí es donde uno tiene que ser riguroso y tratar de hacerlo de la mejor manera para que después el resultado, si es positivo, sea entendido como producto de ese proceso, para replicarlo y seguir mejorando. No hay que creérsela.

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Aaaadeeeentro. Como jugador de Los Pumas y, ahora, como médico, sigue distinguiéndose. Foto: Clase Ejecutiva.

Y en cuanto a los estudios, ¿pensaste en algún momento en dejar la universidad?
Cuesta, no es algo fácil. Para mí no fue sencillo y natural. Más de una vez me pregunté si estudiar Medicina era realmente lo que quería, porque jugar al rugby estaba seguro de que era algo que disfrutaba. Me sentía afortunado de ser uno entre tantos que tenía esa posibilidad, porque esa es la realidad. Hay muchos que querrían ser deportistas profesionales, pero pocos pueden; entonces, cuando uno tiene esa dicha, tiene que hacer el esfuerzo para poder llevarlo a cabo de la mejor manera. Sí me he preguntado muchas veces cuánto más fácil hubiera sido todo si me gustara Administración o Márketing y no Medicina, que es una carrera, larga, dura, difícil, tediosa. Obviamente no fui medalla de oro ni estuve cerca de serlo, pero logré recibirme y ahora retomé mi carrera en la Argentina.

¿Cómo nació el proyecto del Centro Médico Contepomi, que liderás junto a tu padre?
Empezó como un emprendimiento con mi papá, con la idea de hacer algo en conjunto. Mientras estaba afuera, yo lo apoyé más a él porque era el encargado de llevarlo adelante. Ahora que ya estoy en el país, me puse un poco a cargo. Hoy no estoy ejerciendo específicamente de médico porque todavía estoy esperando la revalidación del título, pero sí me encargo de la dirección y de distintas tareas organizativas. En un poco el camino para insertarme en la que es mi otra vocación. Además, estoy estudiando un posgrado en Medicina del Deporte en la UCA, así que estoy contento.

¿Qué efecto tiene el contexto económico en la gestión del emprendimiento?
Obviamente que la situación económica no es fácil para una empresa que recién empieza. La inflación y la inestabilidad son las grandes dificultades financieras que tenemos que asumir. Lo bueno es que, cuando uno empieza, tiene mucha energía para suplantar otras cosas, pero la realidad económica no es fácil desde ningún aspecto, más en una disciplina como la medicina del deporte donde, si bien hay mucha gente que está practicando deportes y toma sus recaudos, es algo más nuevo. Me parece que lo importante es creer en el proyecto y no pensar que es algo a corto sino a largo plazo. Hoy está más difícil en cuanto a la situación económica, pero ya llegará el momento en que el país acompañe desde ese aspecto.

Fuiste capitán de Los Pumas, ahora dirigís una empresa, ¿cómo te definís en tu rol de líder?
No me gusta mucho definirme... Sí creo que mi forma de liderar es hacerlo con ejemplos más que con palabras. No soy una persona que arenga o que tiene un discurso emblemático, como Invictus (NdR: Se refiere a la película) o Bruce Willis. Hay todo tipo de líderes: hay algunos que con la palabra te convencen y hay otros que influyen más con los actos. No sé cuál es la mejor fórmula, pero sí que lo importante de un líder es que tiene que intentar sacar lo mejor de las personas que tiene alrededor. Me parece que, como líder, cuando me tocó ser capitán de Los Pumas, los primeros años fui un mal capitán. Después, fui aprendiendo.

¿Por qué esa autocrítica?
Dentro del equipo yo tenía una función de liderazgo, pero cuando uno es el capitán tiene la última palabra. Y ahí hay que tomar decisiones que tienen que ser coherentes con los actos propios. Entonces, en ese momento, a veces pedía seriedad pero también era el primero en hacer un chiste. Ese es un ejemplo chico, pero que lo demuestra bien. Cuando a mí me tocó ser capitán, tenía una diferencia generacional con muchos de los chicos y, como es lógico, cada uno tenía distintas costumbres y hábitos. Los chicos de hoy son distintos a cuando yo tenía 20 años. En ese momento no existía Internet y, en mis primeras giras, para comunicarse con una novia o un familiar, era por fax. Uno a veces pretende que las personas sean como uno, pero entendí que más que pretender eso hay que entender su idiosincrasia para después sacar lo mejor de cada uno. Cuando uno no comprende a las personas, se aferra a las cosas que le molestan y no a las virtudes, y termina viendo lo malo y no lo bueno. Como líder creo que es justamente la inversa. Hay que ver lo bueno de las personas.

¿Cómo lo fuiste mejorando?
Creo que lo primero es la madurez que uno va adquiriendo como persona. A mí me gusta leer mucho y trato de sacar cosas de los libros. Después, hay que tratar de analizar qué es lo que uno hace bien y lo que uno considera que hace mal para tratar de corregirlo. Ser autocrítico con las acciones de uno mismo te lleva a mejorar.

Y ahora, ¿cómo te desempeñás en ese rol?
Para mí, la clave es ser justo. Cuando uno dice algo, es porque cree que eso es lo mejor para el grupo; y el primero que lo tiene que hacer es uno mismo para, desde ahí, impartir justicia. Si uno pone reglas de convivencia, el primero que las tiene que respetar es el líder, porque si él no las respeta, de ahí para abajo, ¿qué se le puede pedir a los demás? Más que si uno es blando o duro en términos de personalidad, hay que ser justo y ser consecuente con lo que uno dice y pregona. Es actuar en consecuencia con los pensamientos y los actos, que para mí es lo más difícil de la vida.

Volviste a tu club, el Newman, después de 13 años. ¿Cómo manejás la diferencia generacional con tus compañeros?
Desde que volví, no soy capitán ni vicecapitán. No lo pretendía ni lo quiero ser. Los líderes tienen que conocer muy bien a las personas, y en el equipo hay muchos chicos a los que, en su gran mayoría, no los conocía ni por su nombre. Incluso hoy hay algunos que me cuesta reconocer pero porque somos 150 en el plantel superior. Cuando me fui, en 2000, había algunos que no sé si habían empezado primer grado. El líder tiene que conocer a su gente y dedicarles el tiempo que se merecen. No es que mi influencia pasa por ser o no capitán. Al ser el más adulto del plantel, uno tiene mucha experiencia y la puede transmitir. Hay cosas que ya las viví en mi carrera y trato de sumar desde ese lugar.

¿Te ves como entrenador?
Sí, puede ser... Hay que ver dónde y cómo. También hay que formarse e ir aprendiendo para ser entrenador. Hoy pienso que puede ser que lo haga, obviamente comenzado en mi club, disfrutándolo. Me parece que uno puede entender y saber mucho del juego, pero la clave está en cómo lo transmite. La parte humana es un factor que por ahí muchas veces se da por obvia, pero que para mí es fundamental. De hecho, en el rugby, que es donde más conozco, no es casualidad que gran parte de los mejores entrenadores hoy en día fueron profesores y estaban abocados a la enseñanza, a la comprensión de un grupo de gente, los alumnos en este caso, y se enfocaban en inculcar conocimientos. Para mí, cuanto más arriba de nivel vas, mayor importancia cobra el factor humano que el técnico. Los buenos entrenadores son más managers que entrenadores.

Sí creo que mi forma de liderar es hacerlo con ejemplos más que con palabras

¿Qué enseñanzas del rugby aplicás en tu vida cotidiana, como padre y médico?
El deporte es un excelente medio para transmitir valores. Muchas veces se habla de los valores del rugby... Y yo soy un poco crítico con ese discurso, porque no es que doy un pase y adquiero respeto, o que metí un tackle y ahí hay sinceridad. Los valores son de las personas. El rugby tiene la particularidad de que es un juego de contacto grupal en donde todos esos valores que queremos para una sociedad —como el respeto, la honestidad y el sacrificio— se deben aplicar porque, si no, es una batalla campal. Creo que los valores los fui adquiriendo primero en mi casa, con mi mamá, mi papá y mis hermanos, y después en el colegio. El rugby me ayudó a fortalecer esos valores y hacerlos propicios en mi vida. Hoy, por ahí agarrás a un chico en el colegio y estudiar no lo motiva tanto, pero el deporte, sea rugby o cualquier otro, sí. Entonces, la motivación para inculcarle el valor del sacrificio la canalizás a través del deporte. Es difícil decirle que estudie la tabla del 6 porque con eso va a poder tener una herramienta para algo en el futuro, pero con el deporte se le puede decir que vaya, se entrene, que sea prolijo, sacrificado y ordenado. Lo veo con mis hijas, también: ellas hacen equitación y el caballo es lo mejor que les puede pasar en la vida. Entonces, cuando quiero transmitirle cosas, trato de hacérselas entender a través de eso.

¿Qué cosas te alegran de la Argentina?
Y... Es mi casa. Me pone contento que tengamos muchas virtudes y que haya costumbres que se siguen manteniendo. Me gusta el fútbol: soy hincha de Independiente y, cuando puedo, voy a la cancha. Me gustó cómo jugó la Selección en Brasil, lo que transmitió y todo lo que se vivió en el país. Algo bueno también es la cantidad de gente que está preocupada por el de al lado, que hace cosas voluntarias sin conocer al que lo necesita. Eso es muy rescatable.

¿Cómo viviste la designación de Jorge Bergoglio como Papa?
Estaba en Francia, y fue una alegría enorme. Uno de mis hermanos, Juan Pablo, es cura, así que la elección de Francisco fue algo que me llenó de orgullo como argentino. Además, después de su primer año, es algo aún más grande, por todas las cosas que hizo y cómo las hizo. La simpleza, la humildad y el predicar con el ejemplo son cosas difíciles de hacer y él lo logra en un lugar donde está en el ojo de todos.

Contepomi x Contepomi

Primeros pasos

“Mi debut en primera división de rugby en el torneo de la URBA con Newman fue en marzo de 1996. Tenía 18 años y fue en un partido contra Deportiva Francesa”.

Segunda vocación

“En mayo de 2007 me recibí de médico en el Royal College of Surgeons de Irlanda. Me llevó un poco más de lo normal... Hice cuatro años y medio en la UBA, hasta que me fui a Europa en septiembre de 2000. Tres años después, en noviembre de 2003, retomé  después del Mundial de Australia, y estudié tres años más”.

Querido papi

“Dos momentos de los más importantes de mi vida fueron los nacimientos de mis dos hijas. Catalina nació en 2006, en Dublin, mientras jugaba en Irlanda. Manuela, la segunda, nació en 2009, en Toulon. Francia”.

Puma mundialista

“En mi carrera como jugador de rugby profesional, los momentos más importantes fueron los cuatro Mundiales que jugué con Los Pumas: Gales 1999, Australia 2003, Francia 2007 y Nueva Zelanda 2011”.

Regreso a casa

“A nivel personal, también destaco el regreso a Newman el año pasado. Nunca me había imaginado que iba a poder terminar mi carrera donde empecé. Hoy pienso que me retiro este año, pero en 2013 dije lo mismo y seguí un año más. Hay que ver qué sucede este año...”.

Trayectoria internacional

“A nivel clubes, lo más importante de mi carrera en el exterior fue con Leinster. Si bien de cada club en el que jugué me llevé algo, lo máximo fue ganar la Copa Europea de la temporada 2008-2009. Entre 2004 y 2009 fueron mis mejores años a nivel deportivo”.



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